El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

EL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL Y LA SEPARACIÓN DE PODERES EN ESPAÑA

La Constitución Española, en el tercer apartado del artículo 122, dice:

El Consejo General del Poder Judicial estará integrado por el Presidente del Tribunal Supremo, que lo presidirá, y por veinte miembros nombrados por el Rey por un período de cinco años. De éstos, doce entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, en los términos que establezca la ley orgánica; cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados, y cuatro a propuesta del Senado, elegidos en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros, entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión.

De esta redacción, se sobreentendía que Congreso y Senado sólo podían elegir a 8 de los 20 vocales, dejando a la mayoría (12) fuera del alcance de los partidos políticos. Era una forma de proteger la separación de poderes de la democracia española.

Y así lo entendió el primer gobierno democrático surgido de las urnas, como bien explicaban Santiago Sánchez y Pilar Mellado en su libro Organización del estado central y justicia constitucional (Centro de Estudios Ramón Areces, 2004; pgs. 226-228):

 

“La primera LOPJ [Ley Orgánica del Poder Judicial] postconstitucional, de 10 de enero de 1980, estableció el siguiente sistema:

Los 12 vocales serán elegidos entre Jueces y Magistrados pertenecientes a todas las categorías judiciales. Integrarán el Consejo 3 Magistrados del Tribunal Supremo, 6 Magistrados y 3 Jueces (art. 8). Los Vocales serán elegidos por todos los Jueces y Magistrados que se encuentren en servicio activo (art. 12).

La elección se llevará a cabo mediante voto personal, igual, directo y secreto. La circunscripción electoral será única para todo el territorio nacional (art. 13).

Las candidaturas habrán de ser completas, con un candidato titular y un suplente para todos los puestos a cubrir en cada elección. Las candidaturas serán siempre abiertas, pudiendo cada elector combinar nombres dentro de cada categoría, procedentes de candidaturas distintas. Las candidaturas habrán de estar avaladas por un 10% de los electores, que comprenda, a su vez, un 5% al menos, de cada categoría o por una asociación válidamente constituida. El sistema electoral será el mayoritario corregido para permitir la representación de un sector minoritario (art. 14).”

 

Poco duró, sin embargo, este mínimo respeto a Montesquieu, como nos siguen explicando los autores:

 

“El sistema cambió al producirse la victoria abrumadora del PSOE en las elecciones generales de 1982, que dio paso a diversas reformas legislativas varias y, entre ellas, la de la justicia. Reforma que, por lo que concierne al tema objeto de nuestro estudio, no fue más allá de tratar de asegurar un cierto control político de la misma justicia. Con ese fin, el PSOE, que había logrado una nutridísima representación parlamentaria, decidió atribuir también a las Cortes la elección de los Vocales de origen judicial. La (nueva) Ley -6/1985- rezaba su Exposición de Motivos, informada por un principio democrático, partiendo de la base de que se trata del órgano de gobierno de un poder del Estado, recordando que todos los poderes del Estado emanan del pueblo y en atención al carácter de representantes del pueblo soberano que ostentan las Cortes Generales, atribuye a éstas la elección de dichos miembros de procedencia judicial del Consejo General. Y, añadía, la exigencia de una muy cualificada mayoría de 3 quintos garantiza […] la convergencia de fuerzas diversas y evita la conformación de un Consejo General que responda a una mayoría parlamentaria concreta y coyuntural.

La oposición interpuso recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica 6/1985 y el Tribunal Constitucional lo desestimó, no sin advertir del riesgo de frustrar la finalidad señalada en la Norma Fundamental, si las Cámaras, a la hora de efectuar sus propuestas, (atendieran) sólo a la división de fuerzas existentes en su propio seno y (distribuyeran) los puestos a cubrir entre los distintos partidos, en proporción a la fuerza parlamentaria de éstos (STC 108/1986, fundamento jurídico 12).

Cuando el PP alcanzó el poder con una mayoría holgada en el año 2000, (183 diputados en el Congreso), volvió a cambiar el procedimiento de elección de los Vocales del Consejo de procedencia judicial, aunque en esta ocasión se pactó una solución intermedia, que en apariencia satisfizo a los dos partidos mayoritarios, y que es la que actualmente está en vigor.”

 

Posteriormente, la Ley Orgánica 4/2013 volvería a modificar la estructura del Consejo General del Poder Judicial, pero sin afectar apenas a la elección de los vocales, que sigue estando en manos, básicamente, de los partidos políticos con mayor presencia en las Cortes Generales.

Fue por tanto el ansia de control de los poderes del estado del PSOE de Felipe González la que provocó esa interpretación torticera de nuestra carta magna, avalada por la vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional de 1986.

Y ningún gobierno posterior ha hecho el más mínimo intento de volver a la letra de la Constitución. Lo que ha llevado a creer a más de uno, por lo que estoy leyendo en las últimas horas, que es anticonstitucional bloquear la renovación del CGPJ. Como si la Constitución defendiese el derecho de los partidos políticos a turnarse en la elección de todos los vocales del Consejo, dependiendo de quién ocupe el poder en cada momento.

Pero no. La Constitución Española, en este tema, fue escrita con otra intención.

Con la intención de mantener el Poder Judicial independiente de los vaivenes de la política de partidos.

Todos aquellos que ahora se rasgan hipócritamente las vestiduras en defensa de la democracia, con el ánimo evidente de exigir su turno de controlar el Poder Judicial (o de mantener el control que ya poseen), son el auténtico peligro para nuestro régimen de libertades.

Sabemos que sólo el afán de poder les mueve, no el respeto a un estado de derecho donde se estructure adecuadamente la tan necesaria separación de poderes.

Lo realmente preocupante es que esos hipócritas parecen ser la inmensa mayoría de la población española.

Que Deus nos teña no seu colo.

COSA DE GUERRA Y DE HOMBRES

“El viejo caíd, que había permanecido acurrucado en la camioneta al lado del veterano rojo que los custodiaba, volvió a cogerle la mano y le preguntó:

-¿Matar moros ahora?

El miliciano asintió gravemente.

-¡Alá es grande! -fue la única respuesta del caíd.

Después de una pausa el miliciano agregó:

-Yo quisiera que tú vivieses. Eres todo un hombre. Pero no puedo hacer nada por ti.

-Yo sabe; yo sabe -decía el caíd oprimiendo suavemente con su mano larga y huesuda la del miliciano-. Moro sabe que tú estar amigo aunque mates. Moro también mataría. Estar cosa de guerra y de hombres. ¡Alá es grande!

 

Los pusieron en fila contra una tapia y los segaron con las ráfagas de plomo de una ametralladora.”

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, de Manuel Chaves Nogales; Libros del Asteroide, 2016; pgs. 185-186.

TRES PATOS

Corriendo bajo la lluvia,
bautizo al amanecer.

Asusto
sin querer
a tres patos
que se elevan a mi derecha
desde el río hasta el cielo nublado.

Mi yo pagano a medio cristianizar
sonríe.

Unas gruesas pinceladas azules en lo alto
cuando regreso a casa.

Gloria de vivir.

“Sunrise”, de John Miller; conocido gracias a https://twitter.com/Art_Vanitas/status/1309098510990573569

TRES CERTIFICADOS

Primero hablé con ella por teléfono. Voz apagada; en algún momento, a punto de quebrarse.

Quería saber cómo podía conseguir un certificado de defunción. Una defunción reciente, claro.

Volvió a llamar pocos minutos después. Para aclarar una duda. La misma voz aplastada.

Finalmente, apareció. Le pregunté el nombre del fallecido. Sacó fuerzas para decirlo en voz alta, audible, a través de todas las protecciones anti-plaga.

Escribí el nombre en el ordenador. Recordé.

Suicidio.

¿Cuántas copias quiere?, pregunté, en el tono más amable que fui capaz de extraer de mi garganta.

El tres estuvo a punto de no salir de la suya.

Al darle los certificados, le dije que lo sentía.

No sé cuál era su relación con el fallecido. Era joven y bella. Y estaba inmensamente triste.

Se fue con sus tres certificados. Y yo atendí al siguiente ciudadano.

“Flutter”, de Henrik Aarrestad Uldalen (2018); conocido gracias a https://twitter.com/Art_Vanitas y a https://twitter.com/lovelydoyo

IN STERQUILINIIS INVENITUR

In sterquiliniis invenitur (se encuentra en la suciedad). Se trata, tal vez, del primer mandamiento alquímico. Lo que más falta nos hace siempre se encuentra donde menos queremos buscarlo. Se trata, realmente, de una cuestión de definición. Cuanto más profundo es el error, más difícil es la revolución -más miedo e incertidumbre se liberan como consecuencia de la reestructuración-. Las cosas que son más informativas también son con frecuencia las más dolorosas. En esas circunstancias, es fácil salir huyendo. Pero el acto de huir transforma lo desconocido ambivalente en aquello que resulta demasiado aterrador para afrontarlo. La aceptación de la información anómala aporta terror y posibilidad, revolución y transformación. El rechazo del hecho insoportable asfixia la adaptación y estrangula la vida. Escogemos un camino u otro en cada punto de decisión de nuestra vida, y acabamos siendo la suma total de nuestras decisiones. Al rechazar nuestros errores, ganamos una seguridad a corto plazo, pero renunciamos a nuestra identidad con el proceso que nos permite trascender nuestras debilidades y tolerar nuestras vidas dolorosas y limitadas.”

Mapas de sentidos. La arquitectura de la creencia, de Jordan B. Peterson; Ariel, 2020; pg. 650.

Comentario de mi hija al libro de Jordan Peterson (en un momento de despiste mío).

GRANDES MOMENTOS DE LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES

“La larga secuencia de contactos personales culminaría con Ahmadinejad besando el féretro de Chávez, y abriendo la caja de Pandora porque la desconsolada madre se echó en sus brazos. Tocar a una mujer que no sea familiar de primer grado está prohibido en cualquier circunstancia, sea dar la mano o tocar la mejilla, recordó el ayatolá Muhammad Taqi Rahbar, que lidera la plegaria del viernes en Isfahán, y ni siquiera se justifica en el caso de una mujer mayor, por contrariar la dignidad del presidente de la República Islámica de Irán…”

Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad, de Antonio Escohotado (vol. III); La Emboscadura, 2018; pg. 617.

SEMÁNTICA DEL ACANTILADO

“La idea del paraíso comprende algo más que el ‘lugar previo de estabilidad’. Es, de hecho, todos los lugares previos de estabilidad, concatenados en una representación simple. Todo lugar previo de estabilidad se convierte, así, en orden como tal, perfectamente equilibrado con potencial: se vuelve existencia sin sufrimiento, en Edén o Paraíso, en el ‘jardín tapiado de las delicias’ (en hebreo, edén significa ‘delicia’, ‘lugar de delicias’… Nuestra propia palabra, paraíso, que deriva del persa pairi (alrededor) y daeza (muro, tapia), significa exactamente un recinto cerrado. Así pues, al parecer, el Edén es el jardín tapiado de la delicia). El paraíso es el lugar en el que la perfecta armonía del orden y el caos elimina el sufrimiento al tiempo que satisface las necesidades y placeres de la vida sin trabajo ni esfuerzo. El caos y el orden están integrados perfectamente en el estado paradisíaco.

Por tanto, el paraíso también participa del estado del ‘cosmos’ antes de su división en los elementos, siempre en guerra, constitutivos de la experiencia. Esa condición o estado urobórico, conceptualizado como una manera de ser que está libre o más allá de la oposición, también es necesariamente ese lugar o estado del ser en el que el sufrimiento -como consecuencia de limitación o de oposición- no existe. Esa forma de representación simbólica parece algo paradójica, pues es el ‘dragón del caos’ el que genera la ansiedad temible cuando se manifiesta inesperademente. Sin embargo, el contexto determina la prominencia -determina el significado- en la mitología también, como en cualquier parte. Las condiciones de la experiencia, es decir, el equilibrio obtenido por las fuerzas del orden, el caos y la consciencia, parecen no con poca frecuencia como intolerables en y por sí mismas (en un estado de ansiedad y dolor caracterizado por una tristeza o una depresión severas, por ejemplo). Desde esa perspectiva, el estado del no-ser (equivalente a la identificación con el caos precosmogónico) es la ausencia de toda posibilidad de sufrimiento. En el estado de ideación que caracteriza el suicidio, por ejemplo, la Gran Madre llama. Un alumno mío, que había pasado por una crisis de identidad bastante severa, me contó la historia siguiente:

Me fui de viaje hasta el mar. Detrás de la playa había unos acantilados. Estaba de pie sobre uno de ellos, mirando las aguas. Mi estado mental era depresivo. Fijé la vista en el horizonte. Vi la figura de una mujer hermosa en las nubes. Gesticulaba para que me acercara. Estuve a punto de caer por el precipicio. De pronto salí de mi ensoñación.

Mi mujer me relató algo parecido. Cuando estaba en su última adolescencia y se sentía algo inestable, se fue a acampar en el margen de un río profundo, cerca de su ciudad. Pasó la noche en un repecho que daba a la pronunciada pendiente. A la mañana siguiente, la niebla se elevó desde el río y fue cubriendo todo el valle. Ella se acercó hasta el borde del repecho.

Veía las nubes más abajo. Parecían una almohada grande y mullida. Me imaginé zambulléndome en ellas, donde estaría abrigada y cómoda. Pero una parte de mí sabía que no.

El estado de no-existencia -el estado anterior a la apertura de la caja de Pandora- puede parecer, en muchas condiciones, un estado digno de ser (re)alcanzado.”

Mapas de sentidos. La arquitectura de la creencia, de Jordan B. Peterson; Ariel, 2020; pgs. 465-466.

CAUTO Y DISCIPLINADO

En una vida anterior, yo empezaba a ser algo bello.

Pero, huyendo del camino del héroe ideológico, aposté todo al ensueño de una civilización que anhelaba estática, mintiéndome una vez más.

Presiento el regreso del héroe, sosegado tras una larga conversación con su padre.

Sonrío, mortal,
y contemplo con curiosidad las revoluciones del caos misterioso;
confiado
más que nunca
en que todo tiene sentido
y es profundamente bello.

LEJOS DE AQUÍ

Tras asaltar nuevamente Follas Novas, me fui de cañas con uno de los pocos camaradas (casi el único) que mantengo de mis años de nacionalismo militante.

Nos hemos vuelto a reencontrar debido a mi llamamiento compostelano y creo que estamos llegando a la conclusión de que podemos continuar la relación donde la dejamos, pasadas ya efervescencias doctrinales adolescentes.

Me volví a escacharrar de risa con sus viejas anécdotas de joven militante revolucionario. De hecho, le dije que debería ponerlas por escrito. Espero que algún día me haga caso.

Entre cerveza y cerveza, no sé cómo, acabamos hablando de Garci, y eso nos llevó a mentar al director Eloy de la Iglesia (culpable de títulos ya míticos como El Pico La estanquera de Vallecas). Al respecto, le dije a mi camarada que, trabajando de lector en el submundo editorial, había informado sobre una novela que me había parecido muy buena, aunque necesitaba un potente trabajo de edición.

Yo ya os he hablado de ella, pero sin que vosotros lo sepáis. Lo hice en esta entrada.

Resultó que mi camarada también la había leído. Yo no daba crédito. ¿Cómo era posible? ¿Había conseguido el autor, finalmente, que alguien se la publicase?

No. Harto de rechazos editoriales, había decidido autopublicar la novela.

Aquí la tenéis. Desgraciadamente, creo que está agotada.

Seguíamos mi camarada y yo fascinados por la casualidad de nuestra común lectura, casi tanto como nos fascinó la novela. Así que me puse a rebuscar entre los correos prehistóricos de mi cuenta de Yahoo para ver si encontraba el dichoso informe que había escrito. Lo encontré y se lo envié al camarada.

En el informe, entre otras cosas, decía yo:

Se trata de una gran novela, con una temática interesantísima y un tratamiento
exquisito de los distintos métodos de aproximación a la verdad de la vida de José Luis
Manzano (está formidablemente documentada). Y a través de ésta, de la verdad de la
época histórica que tan descarnada y verazmente consigue describir: el paso del
franquismo a la democracia, las oscuridades de dicho proceso, las imperfecciones del
estado democrático que se va construyendo, el inicio del consumo masivo de drogas,
el terrorismo; pero también las derivas ideológicas de los militantes y partidos de
izquierdas que se habían enfrentado al franquismo; la creación durante los años 80 de
una cultura de estado, adicta a las subvenciones y, por lo tanto, ideológicamente
inocua frente al poder establecido…

En el fondo, lo que se nos está narrando es el proceso de aparición de esa categoría
sociológica que podemos llamar progresía: una supuesta visión del mundo de
izquierdas, que ya no pretende ningún enfrentamiento contra el status quo de la
modernidad capitalista, sino simplemente disfrutar de ella.

En ese sentido la novela es perfecta.

Y después de tanto tiempo, resulta que ahora tengo la posibilidad de ponerme en contacto con el autor. Mi camarada me ha dado una dirección electrónica.

Verdaderamente, nada hay más fascinante que la realidad.

NO ERA UNA MODERNA ABSOLUTA

Yo era feliz, nunca había sido tan feliz y nunca volvería a serlo tanto; sin embargo, no olvidaba en ningún momento el carácter efímero de la situación. Camille solo estaba de prácticas en la DRAF, inevitablemente tendría que marcharse a finales de enero para reanudar sus estudios en Maisons-Alfort. ¿Inevitablemente? Podría haberle propuesto que dejara sus estudios, que se convirtiera en ama de casa, o sea, que fuese mi mujer, y con la distancia cuando pienso en ello (y pienso en ello continuamente), creo que ella hubiera dicho que sí, sobre todo después de la granja industrial de gallinas. Pero no lo hice y sin duda no podía hacerlo, no había sido formateado para una propuesta semejante, no formaba parte de mi software, yo era un moderno y para mí, como para todos mis contemporáneos, la carrera profesional de las mujeres era algo que debía respetarse ante todo, era el criterio absoluto, la superación de la barbarie, la salida de la Edad Media. Al mismo tiempo yo no era un moderno absoluto, puesto que había podido, al menos durante unos segundos, pensar en eludir este imperativo, pero una vez más no hice nada, no dije nada, dejé que los acontecimientos siguieran su curso, a pesar de que en el fondo no tenía la menor confianza en aquel regreso a París; París, como todas las ciudades, estaba hecha para engendrar soledad, y no habíamos pasado suficiente tiempo juntos en aquella casa, un hombre y una mujer, solos y frente a frente, durante algunos meses habíamos sido el uno para el otro el mundo entero, ¿conseguiríamos mantener eso? Ya no lo sé, ahora soy viejo, no consigo recordarlo bien pero me parece que ya tenía miedo, y que había comprendido, ya en aquella época, que el entorno social era una máquina de destrucción del amor.

Serotonina, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2019; pgs. 140-141.

Escolio:

sin duda el miedo; y ésta es una historia de seres jóvenes. Pero, ¿y aquéllos que ya portan varias vidas sobre la espalda? Su miedo se ha incrementado de forma geométrica, los dolores sufridos los ha convertido en animales condicionados por descargas eléctricas.

Y la electricidad destruye sus cuerpos en el mismo momento en que sus almas se atreven a rememorar sus aspiraciones y deseos más profundos.

Impidiendo precisamente aquello que hace posible la auténtica felicidad: la valentía para arriesgar nuevos dolores, para superar las adversidades que se interponen en el camino hacia lo deseado.

Y nadie se puede engañar eternamente sobre su propia cobardía e impotencia, sin que su cuerpo -materia de su alma- enferme.

Seres ya condenados a la infelicidad y a la tristeza.

Sucesivos amores fracasados los ha hecho desconfiados para siempre.

Mas, ¿cómo amar
sin confiar?

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