El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

ÍÑIGO ERREJÓN

Tiene que haber algo en el hecho de hoy que sea especialmente grave; en caso contrario, no sentiría este enfado, casi ira.

No sé exactamente qué pretendía conseguir el diputado Errejón con su tuit de hoy, en el que acusa a varios agentes de la Policía Nacional de no respetar los derechos humanos en una detención realizada en Lavapiés. El vídeo ahí está, para quien quiera verlo. Sólo le puede molestar la acción de la policía al que le moleste, en general, la existencia de la policía. No sé si es que el diputado Errejón está abrazando últimamente alguna forma de ideología anarquista, sería la única explicación posible a su opinión sobre dicha detención.

Pero, con la que está cayendo, publicar ese tuit, cuando además eres representante político de los ciudadanos españoles, me parece de una irresponsabilidad que roza la incapacidad mental. O, por lo menos, que imposibilita que se te pueda considerar mentalmente adulto. Y es que no te puedes pasar toda la vida siendo adolescente, a propósito. En algún momento hay que hacerse mínimamente consciente de las consecuencias que pueden tener los propios actos.

Los políticos existen para arreglar problemas, no para crearlos.

El caso del diputado Errejón, su personaje en sí mismo considerado, tiene ciertos visos de desorden psicopático. Su narcisista necesidad de notoriedad y presencia pública siempre le han hecho incapaz de captar adecuadamente la medida de su influencia real. Siempre ha necesitado creerse más importante de lo que realmente ha sido. Él ha insistido hasta el ridículo para alcanzar la fama y la influencia que cree merecer, pero todo ha sido en balde.

Este parece un enésimo intento de convertirse en mesías. A costa de lo que sea. Volver, quizá, al caos originario del 15-M, del que surgió como profeta de una Nueva Política (que cada vez se parece más a la de siempre).

Que arda todo, para que yo pueda brillar en medio del incendio.

Veo difícil el arrepentimiento, porque, insisto, realmente me parece que hay cierto desorden mental en el diputado Errejón.

Sólo espero que los ciudadanos den término a su carrera política en las próximas elecciones. Aunque estoy seguro de que habrá un lugar en el PSOE para él en el futuro.

Y estoy seguro de que el diputado Errejón también está seguro de ello.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (LVI)

Buena experiencia en una peluquería del barrio.

Solía cruzar la ciudad para cortarme el pelo en Argüelles. Peluquería que conocí gracias al padre Gabriel. Me encanta, parece un trozo de los años 50 congelado en el tiempo.

Allí fui a cortarme la coleta, tras veinte años. Para tan magno evento, me hice acompañar, incluso, de mi madre. Sobre todo, porque días después volaba yo a Marsella. Durante el proceso de selección para entrar en la Legión Extranjera iba a estar completamente incomunicado, así que quería compensar un poco a mi madre la inquietud consiguiente.

Al final sí que fue posible una mínima comunicación, a través de un colombiano con hermana en Galicia, que fue eliminado muy pronto, y que nos hizo el favor a unos cuantos de ponerse en contacto con nuestras familias para decirles que estábamos bien.

Desgraciadamente, ni siquiera recuerdo su nombre.

El caso es que, en los últimos años, lo normal ha sido que me cortase el pelo en Ponferrada. En Boya, junto a la Torre del Reloj. Una de esas peluquerías de toda la vida. La típica del paisanaje al uso.

-Parecía que no, pero mira que hemos sacado pelo…

Siempre me decía lo mismo, cuando estaba terminando. Yo sonreía y le daba la razón. Adoro las rutinas.

La situación me ha hecho buscar una opción más a mano, que no implique coger medios de transporte. Bea me recordó ayer que había una peluquería cerca de la oficina de Correos. Aprovechando el paseo de esta manaña con la nena, pedí cita para la tarde.

No parece una peluquería de las de toda la vida, sobre todo por el típico adorno de poste coloreado; que es típico en Anglosajonia, no aquí. Creo que el dueño es de origen paraguayo. Quizá haya recibido el negocio de algún español ya cansado de trabajar.

Ha sido educado, aunque silencioso. Era nuestra primera vez y ninguno de los dos hemos querido tomarnos demasiadas libertades. Además, en algunos momentos he creído percibir cierto aburrimiento en el ademán, como si la tarde de peluquería se le estuviese haciendo demasiado larga. Pero tampoco me hagáis mucho caso: me quito las gafas mientras me cortan el pelo.

El resultado me ha dejado muy contento. Ha hecho exactamente lo que le he pedido, con una gran economía de movimientos. Mi peluquero ponferradino, sin embargo, parecía disfrutar haciendo sonar sus tijeras. Ambos estilos tienen su gracia, me parece a mí.

Así que, Dios mediante, el mes que viene volveré a ver a mi peluquero paraguayo. Quizá entonces nos lancemos a hacer algún comentario sobre fútbol o política. Aunque, por ahora, creo que nos vamos a ir conociendo tranquilamente en el silencio. No hay ninguna prisa.

LOS NOMBRES PROPIOS

No soy hombre de imaginación exuberante. Escribo fundamentalmente desde lo acontecido.

He querido hoy inventar un cuento para dormir a mi hija y he acabado hablándole de los caballos salvajes de los acantilados.

Le he explicado que un acantilado es una montaña junto al mar. Ella ha buscado en El Principito el dibujo de las montañas. Pues ahora imagina que todo esto estuviera rodeado de mar, le he dicho.

Le hablé de las ganas que tenía de llevarla hasta allí. De los potros que miran hacia la puesta de sol.

Y, por supuesto, le hablé de él.

Cuando aún no tenía demasiado claro que le estuviera interesando lo que le contaba, me preguntó: ¿cómo se llama el caballo?

Le dije que no lo sabía.

Ya se durmió. Quizá sueñe con caballos sobre montañas rodeadas de mar.

Yo, mientras tanto, me distraigo dándole vueltas a la importancia de los nombres propios.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (LV)

Resulta curioso que muchos de los que critican al sistema democrático, por ser una mera determinación cuantitativa de lo político, acaben mostrándose entusiasmados por participar en manifestaciones multitudinarias con sus correligionarios.

Esta paradoja se resuelve psicológicamente por la superioridad emotiva del acto de manifestarse, incomparable al anodino recuento de votos en una jornada electoral. La descarga de adrenalina provocada por la dramatización de la idea política, a través de símbolos exteriores que canalizan las pulsiones del ego diminuto, se multiplica al sentir la compañía de otros, quebrando la triste sensación de soledad del creyente (siempre con cierta tendencia a la marginalidad paranoide).

Además, el entusiasmo de la hiperactividad pública permite mantener oculto aquello que la mera aritmética electoral enseguida muestra: el peso real que nuestra Verdad tiene en la sociedad en la que vivimos. En el fervor del grito coreado por miles nadie se ve obligado a hacer caso del silencio ensordecedor de los millones que se han quedado en casa.

Es en este estado delirante autoprovocado en el que uno se puede llegar a creer la auténtica voz de la gente o de la España eterna.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (LIV)

A nivel personal, una de las pocas cosas buenas que ha traído la pandemia es poder recuperar algo de forma física. Tras más de un año sin apenas hacer ejercicio, impedido por el trabajo, las oposiciones y la vida de bus y hostal, este paréntesis obligado me ha permitido volver a salir a correr.

Uno de los grandes placeres de mi vida.

Correr suele ser un buen momento para pensar. Y yo pienso en lo importante que es tener una casa decente para vivir una existencia decente. Y también pienso en lo difícil que es tener una casa decente en Madrid, si no eres rico.

Porque, cuando pienso en casa decente, a mí me viene a la mente la casa de mi tía Marisa. Casa individual de dos alturas, rodeada de campo y huerto. Algo tan típico en Galicia, pero que, en Madrid, es directamente un lujo asiático.

No tengo demasiado claro que algún día pueda escapar de Madrid. En cualquier caso, tengo un sueño de menor calibre, más realizable, pero que me ilusiona muchísimo.

Todos los veranos, me gustaría alquilar una casa durante dos semanas, en algún lugar entre Ferrol y Ortigueira.

A principios de 2020, pensé que, con mucha suerte, quizá podría cumplir ese sueño este mismo año. Los acontecimientos posteriores me hacen dudar de que pueda cumplir ese sueño el año que viene.

Pero, Dios mediante, quizá algún día lo consiga. Porque creo que, a partir de ahora, según vaya cumpliendo años, voy a ir necesitando cada vez más la presencia de mi mar, de mis acantilados. Y también deseo dárselos a conocer a la gente que quiero. Me gustaría reunir a los míos allí. Quiero que los veranos de mi hija tengan esa presencia indeleble en su memoria.

Ese mar. Esos acantilados.

Dos semanas en las que nuestras puertas estarían abiertas a familiares y amigos. Una Taberna Errante pausada, en la que podrían hospedarse tantos caminantes exhaustos. Donde comer y beber y conversar. Yendo cada atardecer a los acantilados, paseando entre caballos salvajes, para gozar de la belleza insoportable de la Creación.

Dos semanas como un rito de agradecimiento anual. Como ingenuos paganos al principio de los tiempos, como niños de un mundo no caído, como diminutos seres que no reparan en su importancia mínima.

En estas cosas pienso, mientras corro por las mañanas por las calles de Madrid.

ESTE MUNDO ESTÁ MUY MEZCLADO

“Discutí alto. Uno, que estaba con su red ahí cerca, que seguro se despertó con mi vocerío, me chistó injuriando. Bajé, pero fui punteando opuestos. Que eso fue lo que siempre me invocó, el señor lo sabe: ¡necesito que lo bueno sea bueno y lo vil vil, que de un lado esté lo negro y del otro, lo blanco, que lo feo quede bien apartado de lo lindo y la alegría lejos de la tristeza! Quiero todos los pastos demarcados… ¿Cómo es que puedo con este mundo? La vida es ingrata hasta en lo que tiene de tierno; pero transtrae la misma esperanza en el medio de la hiel del desespero. A lo que este mundo está muy mezclado…”

Gran Sertón: Veredas, de Joao Guimaraes Rosa; Adriana Hidalgo editora, 2009; pg. 212.

Obra de Paul Ernest.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (LIII)

Por los ángeles de alas verdes de los quirófanos.

Por los ángeles de alas blancas del hospital.

Por los que hacen del verbo cuidar su bandera y tu casa,

y luchan porque nadie muera en soledad.

 

Por esas centinelas que no duermen.

Para que el enfermo sueñe que va a despertar.

Sin temerle a su miedo y usando su piel como escudo,

moviendo las camillas del peligro como un vals.

 

Por los que hacen del trabajo sucio la labor más hermosa del mundo,

y pintan de azul la oscuridad.

Cada noche aplaudimos en los balcones,

la muerte huye con sus dragones,

callamos al silencio un día más.

 

Nunca olvidaremos vuestro ejemplo, nunca olvidaremos la dedicación.

Nunca olvidaremos el esfuerzo, vuestro amor es nuestra inspiración.

 

Por los que nunca miran el reloj mientras curan.

Por los que hacen suyas las heridas de los demás.

Por los que merecen los abrazos prohibidos.

Y se meten contigo en la boca del lobo sin mirar atrás.

 

Por los que hacen del trabajo sucio la labor más hermosa del mundo,

y pintan, y pintan de azul la oscuridad.

Cada noche aplaudimos en los balcones,

la muerte huye con sus dragones,

callamos la boca al silencio un día más.

 

Porque ya os habéis ganado a pulso,

el aplauso más largo del mundo, respeto y dignidad.

Cada vez que salimos a los balcones el miedo huye con sus dragones

y callamos al silencio un día más.

 

Supervivientes sí, maldita sea.

Nunca me cansaré de celebrarlo.

PROCESOS DE FORMACIÓN DE LA CASTA

Si no recuerdo mal, la última vez que nos encontramos fue en el metro.

Ya hacía un tiempo que yo había abandonado la vida política. Fue muy amable, a pesar de la triste amargura con la que hablaba.

Huido de la dictadura argentina, encontró refugio en la Galicia de la que habían emigrado sus antepasados. Su experiencia le permitió hacerse un hueco dentro del emergente sindicalismo nacionalista, aunque siempre estuvo más interesado en la literatura que en la política. Cumplió su papel con la eficacia justa para conseguir un puesto en Madrid, ciudad que prefería mil veces a cualquier rincón de la patria que supuestamente defendía; sobre todo por su condición homosexual, mucho más fácil de llevar en la capital del estado opresor.

Tenía fama de estar un poco trastornado, pero nunca consiguió caerme mal. En realidad, era un personaje profundamente trágico. Fue él quien me llevó por primera vez al Café del Real, cosa que nunca le podré agradecer lo suficiente.

Aquel día, en el metro, se permitió una sinceridad extrema. Se alegraba de que me hubiese ido, antes de que la necesidad me atrapase en una vida en la que no creía.

Evidentemente, hablaba de su propia vida.

Su gallego siempre fue patético; básicamente porque, en el fondo, le parecía una lengua propia de paletos. Pero nunca se atrevería a decir tal cosa en voz alta, porque su sueldo, su vida madrileña, su militancia lejana, dependían de interpretar un papel que, en el fondo, despreciaba.

No sé si siempre fue así. Sé que vi a otros atrapados en la misma situación vital. Y a compañeros de edad y de partido que empezaban a construise una cárcel semejante.

Los que menos horas dedicaban al estudio y más a los actos de propaganda del partido eran los que iban obteniendo puestos que les permitían acceder a una casa, a formar una familia, a pagarse unas buenas vacaciones.

Décadas más tarde, cuando ya nada quedaba de los ideales de juventud, la única lealtad que sobrevivía era aquella que les ataba a los privilegios ofrecidos por el partido. Lo único importante era que el movimiento lograse la mayor base social posible, a través de votos, de liberados sindicales, de subvenciones culturales, de editoriales afines, de universidades donde se colocaba a los intelectuales del aparato.

Era imposible renunciar a aquello en que ya no creías, porque tenías a tus hijos estudiando en universidades muy caras. Probablemente en el extranjero. O porque no tendrías otra forma de pagar la hipoteca de tu casa. O la residencia de tus padres.

Y esa ausencia de libertad producía la triste amargura con la que me hablaba aquel antiguo camarada, al encontrarnos por última vez en el metro de Madrid.

Por eso creo que es mejor que tus ideas no te den de comer. Porque entonces tus ideas no pueden cambiar.

Con lo cual, salvo que la gracia divina te otorgue la sabiduría a muy temprana edad, lo único que habrás logrado es impedirte aspirar a ser en todo momento mejor persona de lo que eres.

REYES-MESÍAS PARA MASAS-INDIVIDUO

“…al oído de Europa solo llegan soluciones ‘totales’, ofrecidas por partidos que se odian mortalmente aunque tengan reglamentos internos idénticos, pues la contienda ha creado una cuenca de atracción donde ningún curso esquiva el sino de desembocar en reyes-mesías como Lenin, Mussolini, Pilsudski, Stalin y Hitler. Todos explotan la propaganda como troquel de reflejos condicionados, todos orquestan fiestas de exaltación colectiva donde la magia recurrente es una masa capaz de moverse con la coordinación del individuo…”

Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad II, de Antonio Escohotado; Espasa, 2018; pg. 636.

EL ANTI-GANDALF

“Shaw, que visitó Rusia en 1931, nunca se desdijo de una carta abierta al director del Manchester Guardian donde declaraba ‘no haber visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos’. Algo después, en el prefacio a su drama Sobre las rocas (1934) explica: ‘¿Pones de tu parte en la nave social? ¿Causas más problemas de lo que vales? ¿Te ganaste el privilegio de vivir en una comunidad civilizada? Por eso los rusos se vieron forzados a montar una inquisición llamada inicialmente Cheka, para liquidar a quien fuese incapaz de contestarlas satisfactoriamente’. Tampoco se desdijo de esto último, e incluso de una mención profética a ‘cámaras letales’ entre las ‘medidas civilizadoras’.

[Nota a pie de página] En una conferencia pronunciada ante la Sociedad para la Educación Eugenésica, Shaw explica: ‘Deberíamos comprometernos a matar muchas personas que ahora se mantienen vivas, y mantener con vida a muchas de las que actualmente matamos […] Parte de la política eugenésica nos llevará a desembarcar en un empleo masivo de la cámara letal. Gran parte de la gente debería ser desalojada de la existencia, sencillamente porque atenderlos despilfarra el tiempo de otros’; cf. Daily Express, 4/3/1910.”

Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad II, de Antonio Escohotado; Espasa, 2018; pg. 615.

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo