El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: VIVALDI

LAS DISCIPLINAS

¿Es el dualismo platónico una reacción resentida e impía (desde el punto de vista heleno) contra el sometimiento del cuerpo humano a los dioses?

¿Y es el pensamiento aristotélico una reacción a esa reacción, que prima el conocimiento de lo divino por encima de su dominio?

Por otro lado, ¿hay mejor forma de dominar que conocer? Conocer hasta dónde se puede dominar. Como dice la bella oración de Niebuhr:

God, give me grace to accept with serenity
the things that cannot be changed,
Courage to change the things
which should be changed,
and the Wisdom to distinguish
the one from the other.

¿No es ésa acaso mi sensación, en presencia de esos dos pilares de Occidente: Aristóteles, el investigador de lo que es, y Platón, el investigador de lo que debería ser?

Hay que llevarlos a ambos dentro. Y eso es lo que trató de hacer la filosofía cristiana.

Aunque es cierto que los primeros mil años de historia cristiana son eminentemente platónicos. Aristóteles sólo es conocido por los tratados lógicos traducidos por Boecio o por las interesadas síntesis neoplatónicas. Aristóteles hará su irrupción en la Cristiandad medieval como principal arma de combate de la teología musulmana. Santo Tomás de Aquino tratará de bautizarlo (en feliz expresión de San Gilberto) e introducirlo en el arsenal teológico católico.

Pero siempre existió el miedo a que en realidad fuera un caballo de Troya. Un virus que acabaría infectando la civilización católica en su totalidad. ¿Es eso lo que percibe Gómez Dávila? ¿De ahí su rechazo a Aristóteles, y su ferviente platonismo? Platón lidera los mil años de ascenso de la civilización cristiana y Aristóteles los mil siguientes de disolución. Una disolución que ha dejado joyas formidables para la historia de la humanidad, todo sea dicho.

¿Es el aristotelismo demasiado condescendiente con El Mundo (con sus dioses/demonios)? ¿Es el platonismo una filosofía mejor preparada para combatir y derribar enemigos, para disciplinar la disoluta somaticidad humana?

Pero, insistimos: quizá la sabiduría realmente sea llegar a conocer cuándo hay que condescender y cuándo hay que eliminar. Y lo más normal es que ni siquiera los más sabios tengan claro cuándo hay que hacer qué cosa.

Como ya le explicó Gandalf a Frodo.

TRINIDAD

Los soles danzando alrededor

de un padre que regala

y un hijo que retorna.

LA SEMILLA DE MOSTAZA, JUAN CLÍMACO Y LAS CUATRO ESTACIONES

Aprovechando que la nena duerme, os escribo para deciros que la última entrada del proyecto-blog La Semilla de Mostaza me ha resultado interesante y, sobre todo, lúcida.

Así que, más allá de las precauciones mostradas, seguiré prestando especial atención al devenir de sus andanzas y aventuras. Quién sabe, quizá un Juan Rilo se encuentre entre ellos.

Por otro lado, también he de recomendaros el nuevo blog de un conocido mío, seminarista católico, que nos irá ofreciendo un relato con cada nueva estación del año. Por ahora, tenemos un Cuento de Verano y un Cuento de Otoño. Están muy bien escritos y creo que pueden ser de vuestro agrado.

Y ya que estamos hablando de las estaciones, he de referirme a mi último descubrimiento musical: la violinista moldava Alexandra Conunova, que me tiene sorbido el seso con esta maravillosa interpretación de la eterna obra de Vivaldi. Espero que os guste tanto como a mí.

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Los cielos y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. La civilización de la antigüedad constituía el entero mundo, y el hombre no soñaba con su acabamiento, lo mismo que no se le pasaba por la cabeza que se acabara la luz del día. No podían imaginar un orden diferente, a menos que fuera en un mundo diferente. Pasó, sin embargo, esa civilización, mientras que aquellas palabras aún permanecen. En la larga noche de la Edad Oscura, el feudalismo era algo tan familiar que no podía imaginarse ningún hombre sin su señor; y la religión estaba hasta tal punto enredada en esa madeja que era impensable que pudieran llegar a separarse. El feudalismo se vio desgarrado y desgajado de la vida social de la verdadera Edad Media; y el poder principal y más lozano de aquella nueva libertad sería la antigua religión. El feudalismo había pasado, y las palabras no. El entero orden medieval -en muchos sentidos un hogar perfecto y casi universal para el hombre- se fue degradando a su vez, y entonces se pensó que las palabras pasarían con él. Pero éstas se abrieron camino a través del abismo radiante del Renacimiento y, en cincuenta años, toda su luz y sabiduría se incorporaba a nuevas fundaciones religiosas, a la nueva ciencia apologética y a los nuevos santos. Se imaginó a la religión definitivamente marchita ante la seca luz de la Edad de la Razón. Se la imaginó por fin desaparecida tras el terremoto de la Revolución francesa. La ciencia pretendió obviarla, pero aún estaba allí. La historia la enterró en el pasado, pero Ella apareció repentinamente en el futuro. Hoy la encontramos en nuestro camino y, mientras la observamos, continúa su crecimiento.

Si nos atenemos a la continuidad de nuestros relatos y testimonios; si el hombre aprende a aplicar la razón ante tal cantidad de hechos acumulados en una historia tan chocante, es de esperar que tarde o temprano sus enemigos escarmentarán ante las continuas decepciones de estar siempre aguardando su muerte. Pueden seguir con su guerra particular, que será una guerra contra la naturaleza, contra el paisaje, contra los cielos. Los cielos y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. Estarán al acecho para proclamar sus yerros y tropiezos, pero no esperarán ya su desaparición. De una forma insensible, incluso inconsciente, ya no contemplarán la extinción de la que tantas veces dieron por extinguida, y aprenderán, instintivamente, a esperar antes la caída de un meteorito o el oscurecimiento de una estrella.”

El hombre eterno, de Gilbert Keith Chesterton; Ediciones Cristiandad, 2004; pgs. 330-331.

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