El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: VIRGILIO

PORQUE UN NIÑO QUE NO ES MÍO

“Ayer, domingo, África parecía África. No siempre ocurre. Más bien, ocurre muy pocas veces. El consabido azul y un sol sin misterio: África parecía África, y yo paseaba por Cartago. Al fondo, el luminoso mar de las trirremes. ¡Y es tan fácil recordar a Dido en Cartago! ¡Pobre reina Dido! ¡Cómo destruye el amor, si es amor! De ella, me fue sencillo saltar a Lucrecio… ¡El consuntivo, el inasible amor! Y de Lucrecio, a unos versos de Rilke y a una frase de Levinas (La caricia es solicitar lo que sin cesar se escapa de su forma hacia un porvenir…). ¡Las hambrientas caricias! Y así sucesivamente. En fin, caóticas e inútiles divagaciones de un paseante ensimismado. Algo vale que, en Cartago, también resulta fácil recordar a san Agustín. Los santos son realistas y prácticos, y se sirven del camino recto. Y san Agustín vino a sacarme de todos esos pensamientos que no conducían a nada. Lo hizo con una sola palabra: retractaciones. ¿Por qué no hablar de los errores que has profesado y de las cosas que has defendido y no merecía la pena defender? No me refiero a los errores juveniles, sino a esos otros en los que se insiste cuando ya no hay disculpa. Porque eso, honrar la verdad, siempre será útil.”

La calle de la reina Ester, de Julio Martínez Mesanza; Rialp, 2017; pgs. 142-143.

CIERTOS VERSOS QUE NACIERON EN CUALQUIER MAÑANA

“Consideremos también la impresión diferente que las palabras de un autor clásico como Homero u Horacio hacen sobre los jóvenes o sobre los viejos. Pasajes que para un muchacho no son más que vulgaridades retóricas ni mejores ni peores que otros cien pasajes de cualquier escritor ingenioso; pasajes que el muchacho aprende de memoria y cree que están bien, que imita con éxito, según él cree, en su fluida versificación, a la larga, cuando han pasado largos años y ha tenido experiencia de la vida, penetran dentro de él y atraviesan su alma con su triste seriedad y su exactitud al vivo, como si nunca los hubiera leído. Entonces comprende por qué ciertos versos que nacieron en cualquier mañana o en cualquier atardecer de un festival jonio o entre las colinas sabinas, han durado generación tras generación, durante mil años, con un poder sobre nuestras facultades y una fascinación que la literatura de nuestra propia época con sus obvias ventajas no puede emular. Quizá sea ésta la razón de la opinión medieval que consideraba a Virgilio como un profeta o un mago. Sus frases y sus palabras sueltas, sus patéticos versos truncados, dan expresión, como si fueran la voz de la misma naturaleza, al dolor y al hastío, y al mismo tiempo a la esperanza de cosas mejores, que es la experiencia de los hijos de la naturaleza de todos los tiempos.”

Ensayo para contribuir a una gramática del asentimiento, del San John Henry Newman; Encuentro, 2010; pg. 78.

Retrato del cardenal John Henry Newman, de John Everett Millais

Retrato del cardenal John Henry Newman, de John Everett Millais

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