El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: VICENTE GALLEGO

RESECA CICATRIZ DE MI ESTATURA

Todo estremecimiento ante la muerte no parece ya sino flaqueza de mentalidades reacias a admitir la naturalidad causal de todo acontecimiento cualquiera.

Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pg. 43.

“Como la flor cortada que en un cuenco de barro
se resiste a doblar bajo su peso,
sabrás sobrevivirme algunas horas.
Expuesto a la difícil
tarea de mirar lo que es un hombre,
serás solo, otra cosa:
callada acusación en la espalda del tiempo,
silencioso clamor que el clamor de la vida
en el silencio apaga.
Serás, solo, sin mí,
memoria mía que olvidé de golpe,
desdibujado cuerpo para el daño
sólo ya de los otros.

En tu equívoco sueño faltarán mis sueños,
y ensuciarás los sueños un instante
de quien a ti se acerque a despedirme.
Nada serás sino molesta sombra
que golpea en la luz de un sol ajeno.

Qué asombroso es pensar que durarás
un poco más que yo, contorno amado
de doliente tiniebla en que seguir muriendo,
reseca cicatriz de mi estatura,
cuerpo mío sin mí
en el que fue mi mundo.”

Cuerpo presente; poema de Vicente Gallego incluido en su bellísimo libro Santa deriva; Visor, 2002; pg. 89.

'Anatomía del corazón', de Enrique Simonet (1890)

‘Anatomía del corazón’, de Enrique Simonet (1890)

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COMPROMISO

Es oscuro el legado
de quien no mira el mundo con amor.
Nada tiene que ver con una falta
de bondad o nobleza esa triste actitud:
es tan sólo un estigma de los ojos.
Y yo he visto a los hombres
extraviarse en el sótano de su mirada ciega.

Su legado es oscuro y sin embargo
encuentro en él la luz de una enseñanza:
no es quererlo tan sólo
lo más bello que un hombre puede hacer por su hijo;
lo más bello es acaso,
desoyendo el dictado de la angustia y del miedo,
transmitirle esa fe que invencible se empeña
en pagar de la vida
la traición y el favor con igual gratitud.

Es un arduo trabajo amar el mundo,
porque el mundo a menudo no se deja querer;
por eso ahora te prometo, hijo,
que la angustia y el miedo no sabrán someterme
aunque instalen su lepra en mi conciencia
y conviertan mi carne en su refugio,
que encontraré el coraje con que seguir amando,
cuando deje de amarme, la vida que te di,
porque verte gozarla ha de alzar en mi exilio
nuevamente aquel reino.

Aunque así lo parezca,
la luz del mundo no nos pertenece,
por eso yo quisiera no ensuciarla
de rencor ni amargura, para intentar al fin
ofrecértela limpia,
como damos los hombres la alegría,
nuestra única herencia verdadera.

Incluido en el poemario Santa deriva, de Vicente Gallego; Visor, 2002; pgs. 82-83.

'Caritas', de Abbott Handerson Thayer (1895)

‘Caritas’, de Abbott Handerson Thayer (1895)

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Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester