El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: VETUSTA MORLA

EL VUELO DE LAS MARIPOSAS VERDES

Dejamos que las escaleras mecánicas nos lleven sosegadamente hasta el sol, mientras aprovechamos el escalón para apretar las distancias y los anhelos.

Como niños jugando a descubrir el mundo, nos colamos en las salas cerradas del palacio; y, para vencer la oscuridad que nos rodea, me enseñas a iluminar -con la linterna del móvil-, el nido donde se ocultan las mariposas verdes.
Son ellas las que nos guían por los corredores negros y los pasados omnipresentes.

Todo es demasiado e insuficiente.

Y mañana no acaba de llegar; para irse, poco después, enseguida.

Y en las noches sueño caballos automáticos que nos llevan por carreteras eternas, persiguiendo el vuelo caprichoso de las bellas mariposas verdes.

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El 18 de mayo de 2008, teniendo yo treinta años, enviaba un correo electrónico masivo a más de cincuenta amigos y conocidos -aunque iba especialmente dirigido a mi maestro, Juan Bautista Fuentes-.

Aquel mensaje decía así:

“Es evidente que algo no marcha bien en las nuevas generaciones a las que pertenecemos: ¿por qué nos coge siempre tan desprevenidos que en la vida hay sufrimiento y cargas difíciles de llevar?

           A las primeras de cambio, en cuanto se deshace mínimamente el espejismo paradisíaco en el que hemos sido criados, y somos asaltados por las sempiternas tribulaciones que todo hombre debe soportar, brotan en nosotros una variopinta gama de ansiedades, depresiones y mundo-fobias; que no son entendidas como oportunidades para aprender, rectificar y seguir creciendo, sino como síntomas tratables con dosis adecuadas de químicas legales.

           Somos los Hijos del Bienestar, pero sólo nos educaron para disfrutarlo, no para cuidar y proteger las condiciones que lo hacen posible. Sólo nos enseñaron un lado de la vida y no nos hicieron demasiado hincapié en los aspectos rudos y esforzados de la existencia.

           Pero la Realidad, finalmente, acaba por mostrar su verdadero rostro.

           Y una leve brisa basta para derribar nuestros espíritus atrofiados.

           Somos el producto típico de una sociedad de nuevos ricos, de padres que mueren por dar a sus hijos todo aquello que ellos no disfrutaron, por evitar que sufran las privaciones que ellos padecieron.

           Una sociedad saturadora de deseos, donde la insatisfacción de los sentidos es el mayor de los pecados y la turbamulta de egos se agolpa, como las carpas del Retiro, a la espera de un nuevo orgasmo que marcar en el fusil.

           Al mirar ahora a nuestros educadores nos damos cuenta, una vez más, de que el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones.

           Nadie nos enseñó a valorar lo que teníamos, a ser extremadamente cuidadosos con la burbuja histórica en la que vivíamos. Y así, Europa se pierde a sí misma en un marasmo hedonista, decadente e irresponsable.

           Somos niños mimados.

           Pero conocer parte del origen de nuestras imperfecciones no debe servir como excusa para perseverar en ellas, para acomodarse en el papel de eterno adolescente atormentado por la desidia y el aburrimiento, acusando a sus padres del engendro que uno es.

           Por graves que hayan sido nuestros fracasos, la virtud siempre queda al alcance de nuestra mano,

                             si hay propósito de enmienda.

           Y la primera señal de redención está en el abandono de la queja,

                             en la alegre asunción de la tarea a realizar.

Benquerido Mestre, os tempos son chegados.”

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (LIII)

Por los ángeles de alas verdes de los quirófanos.

Por los ángeles de alas blancas del hospital.

Por los que hacen del verbo cuidar su bandera y tu casa,

y luchan porque nadie muera en soledad.

 

Por esas centinelas que no duermen.

Para que el enfermo sueñe que va a despertar.

Sin temerle a su miedo y usando su piel como escudo,

moviendo las camillas del peligro como un vals.

 

Por los que hacen del trabajo sucio la labor más hermosa del mundo,

y pintan de azul la oscuridad.

Cada noche aplaudimos en los balcones,

la muerte huye con sus dragones,

callamos al silencio un día más.

 

Nunca olvidaremos vuestro ejemplo, nunca olvidaremos la dedicación.

Nunca olvidaremos el esfuerzo, vuestro amor es nuestra inspiración.

 

Por los que nunca miran el reloj mientras curan.

Por los que hacen suyas las heridas de los demás.

Por los que merecen los abrazos prohibidos.

Y se meten contigo en la boca del lobo sin mirar atrás.

 

Por los que hacen del trabajo sucio la labor más hermosa del mundo,

y pintan, y pintan de azul la oscuridad.

Cada noche aplaudimos en los balcones,

la muerte huye con sus dragones,

callamos la boca al silencio un día más.

 

Porque ya os habéis ganado a pulso,

el aplauso más largo del mundo, respeto y dignidad.

Cada vez que salimos a los balcones el miedo huye con sus dragones

y callamos al silencio un día más.

 

Supervivientes sí, maldita sea.

Nunca me cansaré de celebrarlo.

McNUFFIN, E.T., NUESTRO PROGRE DE LA GUARDA Y LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

-¿Sabes qué? Últimamente, en mi blog, el país desde el que más visitas recibo es Estados Unidos.

-Ajá -contestó McNuffin, sin perder de vista a una señora que trataba de darle la vuelta al paraguas con el que se divertía el viento.

-De hecho, en el último mes Estados Unidos ha superado en visitas a España.

-Esa mujer va a acabar peor que Mary Poppins, como no tenga cuidado…

-Me pregunto a qué se deberá…

-Puede que te vigile la CIA. O un yihadista cabreado. O, bueno, hay mucha gente con mal gusto por allí.

El Escritor se quedó con la mirada fija en la trascendencia.

-Quizá allí estén entendiendo realmente el mensaje que quiero transmitir.

McNuffin le dio un trago a su cerveza.

-¿Tienes un mensaje que transmitir?

-Claro.

-Mira, entonces te pasa lo mismo que a E.T. Y E.T. también era estadounidense, ¿no?

-E.T. era de otro planeta.

-¿En serio? Bueno, nuestro reino tampoco es de este mundo… Pues parecía de allí, el bicho. Con el Jalouín y todo eso que sale en la peli… -McNuffin se quedó pensando unos segundos-. Quizá sea tu progre de la guarda.

-¿Mi qué?

-Tu progre de la guarda. Todos tenemos uno. Seguro que tú también. El típico que te pone comentarios tocahuevos cuando te estás cagando alegremente en la Modernidad en tu perfil de Facebook.

-Muy coherente eso.

-¿Qué cosa?

-Criticar a la Modernidad en Facebook.

McNuffin se quedó mirando al Escritor.

-Tú eres mi progre de la guarda… Y sí, yo también soy un saco de contradicciones. Voy a ayudar a esa señora, que me está poniendo de los nervios… Pero seguramente sea eso. Alguien que se entretiene analizando todas tus incoherencias.

-¿Tú crees? -preguntó el Escritor, algo decepcionado.

-La verdad es que me da igual… -dijo McNuffin, justo antes de salir corriendo detrás del paraguas que se acababa de escapar de las manos de la señora.

EL REGRESO A CASA DE XACOBE GONZALEZ

Es la noche del miércoles 16 de noviembre de 2016.

Xacobe Gonzalez contempla el cielo estrellado sobre el Mediterráneo, enfundado en el chándal blue del ejército de tierra francés.

Reza el Rosario por ella.
Reza el Rosario por su madre.
Reza el Rosario por él mismo.

A la mañana siguiente abandonará con sus tres compañeros la residencia de Malmousque y regresará a Aubagne, donde se decidirá su destino.

Y el de tantos otros.

También el de su hija
cuyo ser mora aún
en la sustancia del futuro
en los cimientos del océano
en el primer color del universo.

En la inquieta nada del misterio.

SOY LO QUE VES

Desayunamos temprano, de madrugada, tras el último biberón, mientras Ana Ofelia duerme.

Ella me pregunta si creo en dios.

Supongo que sí, respondo, aunque no tengo muy claro a qué me obliga tal cosa.

Ella quiere que Ana Ofelia crezca en una casa donde se celebre la Navidad. Y quiere explicarle de dónde viene esa tradición. Hablarle de Jesús y de un dios de amor.

No sé qué pensar al respecto. Por un lado, me parece bien. Por otro, me siento raro ante la idea de un Cristianismo a la carta, en el que uno coge del menú lo que le viene bien.

Si algo tengo claro es que ser cristiano es muy complicado. Sobre todo si uno quiere ser cristiano católico. Pero ella no quiere ser católica.

Y yo tampoco.

Según la doctrina de la Iglesia, si yo ahora muriese sin confesión, iría de cabeza al Infierno. Es un hecho objetivo, que no admite dudas dentro de la estructura de principios del Catolicismo.

Pero lo que sí puedo confesar es que dudo profundamente de que mi actual situación vital merezca tal castigo. Y sé que es una duda que me arrastra definitivamente fuera de la Iglesia católica. No doy la talla como católico. Y no me importa.

A mi hija, si le interesa, le contaré qué hay que hacer para ser católico. Insistiendo en las exigencias y en los sacrificios que tal postura existencial conlleva. Pero mi ejemplo será otro.

Así que, desde la perspectiva católica, siempre seré un cristiano de baja intensidad. O un simple hereje. Y es cierto. No doy la talla, porque no me interesa darla. No creo en ella. No me siento concernido por una religión que, en determinado momento de este último año, me dijo: ¿de qué dragones pretendes proteger a esta pobre niña, que vendrá al mundo sin padre ni madre legítimos, sin una verdadera familia, si el dragón más peligroso que amenazará su alma eres tú mismo y tu mal ejemplo?

Me dijo la verdad. La verdad católica. Y he llegado a entender que no es mi verdad. Mi apuesta es otra. Espero que sea acertada. Sólo hará falta morir, para saberlo. Cuando Dios lo tenga a bien. Mientras tanto, seguiré haciendo lo que creo que debo hacer. Tratando de ajustar mis palabras a mis hechos. Sin exigir a los demás lo que yo no soy capaz de dar.

Poder decir, sin dobleces: soy lo que ves.

LITERATURA ADMINISTRATIVA II

“El proceso se inicia mediante una solicitud o petición. Se trata de una solicitud y no de una demanda, porque no existe aquí actor y demandado, ni una pretensión deducida de una parte frente a otra, sino que los legitimados para pretender la separación o el divorcio (los cónyuges y solo ellos), convienen en ello.

Al escrito por el que se promueva el procedimiento deberá acompañarse la certificación de la inscripción del matrimonio y, en su caso, las de inscripción de nacimiento de los hijos en el Registro Civil, así como la propuesta de convenio regulador conforme a lo establecido en la legislación civil y el documento o documentos en que el cónyuge o cónyuges funden su derecho, incluyendo, en su caso, el acuerdo final alcanzado en el procedimiento de mediación familiar.”

Apuntes de la editorial CEF para la oposición al Cuerpo de Gestión Procesal y Administrativa; tema 30, pgs. 5-6.

SÓLO NECESITO DESPEGAR

Dios poda a veces nuestras ramas como un jardinero impaciente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 280.

“De vuelta en Yucca Avenue, metí el Oldsmobile en el garaje y husmeé en el buzón. Nada, como siempre. Subí el largo tramo de escalones de secuoya y abrí la puerta. Todo estaba igual. El cuarto estaba igual de mal ventilado, soso y desangelado que siempre. Abrí un par de ventanas y me preparé una copa en la cocina. Me senté en el sofá y miré a la pared. Fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera, siempre regresaba a esto. Una pared vacía en un cuarto anodino en una casa anodina.

Dejé la copa encima de una mesa sin probarla. El alcohol no era la solución. Nada era la solución, más que un corazón profundo y endurecido que no pida nada a nadie.

Empezó a sonar el teléfono. Lo cogí y dije con voz hueca:

-Marlowe al habla.

-¿Es el señor Philip Marlowe?

-Sí.

-Le están intentando localizar desde París, señor Marlowe. Volveré a llamarlo dentro de un rato.

Colgué el teléfono lentamente y creo que la mano me tembló un poco. Por conducir muy deprisa, o por dormir poco.”

Playback, de Raymond Chandler; Alianza, 2002; pgs. 183-184.

LA EXTREMA BELLEZA DE UNOS PADRES JÓVENES

Fue al encarar uno de esos eternos túneles subterráneos de algún transbordo del metro de Madrid.

Ellos ya iban a mitad de recorrido en la solitaria galería. A ella le caía la preciosa melena rubia en una lluvia de caracolas hasta las caderas. Cansada de llevar a su hija, se la pasó al fornido ejemplar de hombre que caminaba a su lado.

Al pasar junto a ellos, se me escapó una bendición instantánea, como siempre que me asalta la extrema belleza de encontrarme con unos padres jóvenes.

Pedí la gracia para que sigan siendo durante muchos años el paisaje habitual de ese nuevo evento de la creación que trataba de enfocarme, con sus bellos ojos azules, desde la torre de marfil que formaban los anchos hombros de su padre.

Otra familia sagrada, camino de Egipto o Diego de León, buscando juntos, rodeados de mil demonios, la siguiente estación.

San Miguel Arcángel, defiéndelos en la batalla.

DIME CÓMO ARDER

Rey sol, pon tu voz
Cayó la red que nos cubrió
Rey sol, me entrego a ti
Quebré el timón, no sé seguir

Rey sol, perdí mi tren
Por ser quien soy y ver el mundo del revés
Caí por crecer, callé por hablar
Confundo el agua con la sal

Aprendimos a mirar
Con la duda entre los dedos y a tientas
Descubrimos que al final
Las palabras que no existen nos pueden salvar

Probé a saltar sin red ni hogar
No sé volver, no sé hacia dónde ni con quién
Siembro minas en mi cuerpo y pólvora en la sien
Rey sol, dime cómo arder

Aprendimos a mirar
Con la duda entre los dedos y a tientas
Descubrimos que al final
Las palabras que no existen nos pueden salvar
Sin hablar

Rey de corona rota
Préstame un hilo de luz, voy a explotar
Sólo quiero ir más allá
Sólo quiero que esta herida se prenda
Ser el humo que al final
Escapó de lo que existe por ver qué hay detrás
Más allá

En Compostela

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