El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: TOCQUEVILLE

UNA NUEVA FISONOMÍA DE LA SERVIDUMBRE

“Si en el lugar de todos los diversos poderes que entorpecen o retardan más de la cuenta el progreso de la razón individual, los pueblos democráticos colocasen el poder absoluto de una mayoría, el mal no haría más que cambiar de carácter. Los hombres no habrían encontrado el medio de vivir independientes; habrían solamente descubierto, cosa difícil, una nueva fisonomía de la servidumbre. Hay en ello, y nunca podría repetirlo demasiado, motivo para hacer reflexionar profundamente a los que ven en la libertad de la inteligencia una cosa santa y odian no solamente al déspota, sino también al despotismo. En cuanto a mí, cuando siento que la mano del poder pesa en mi frente, me importa poco saber quién me oprime y no estoy más dispuesto a poner mi cabeza bajo el yugo porque un millón de brazos me lo presenten.”

La democracia en América, de Alexis de Tocqueville; Trotta, 2018; pg. 717.

“Watch Cap”, de Andrew Wyeth (1974).

SÓLO POR UN MOMENTO SE LE VE VAGAR

“No necesito recorrer el cielo y la Tierra para descubrir un objeto maravilloso lleno de contrastes, de grandezas y pequeñeces infinitas, de profundas oscuridades y singulares claridades, capaz a la vez de hacer nacer la compasión, la admiración, el desprecio y el terror. No tengo más que considerarme a mí mismo. El hombre sale de la nada, atraviesa el tiempo y va a desaparecer para siempre en el seno de Dios. Sólo por un momento se le ve vagar en el límite de los dos abismos en que se pierde.

Si el hombre se ignorase completamente, no sería poético, porque no se puede describir aquello de lo que no se tiene idea. Si se viese claramente, su imaginación permanecería ociosa y no tendría nada que añadir a la descripción. Pero el hombre está lo bastante al descubierto para percibir algo de sí mismo, y lo bastante oculto como para que el resto se sumerja en las tinieblas impenetrables, en las que se zambulle constantemente, siempre en vano, a fin de acabar de comprenderse.”

La democracia en América, de Alexis de Tocqueville; Trotta, 2018; pg. 812.

“Perpetual care”, de Andrew Wyeth (1961)

CONFERENCIAS SOBRE TOCQUEVILLE Y UNA INTERPRETACIÓN DE LA MISA EN SI MENOR DE BACH

El doctor en Ciencias Políticas Eduardo Nolla es uno de los mayores expertos internacionales en la obra de Alexis de Tocqueville. Es el autor de la traducción y edición crítica de La democracia en América de la editorial Trotta.

En la primavera de 2015 dio un par de conferencias en la Fundación Juan March, los días 28 y 30 de abril. Creo que son una buena introducción a la vida y pensamiento del genial francés.

Yo me muero de ganas de tener tiempo para volver a retomar su estudio. Antes tendré que recuperar mis Souvenirs, almacenados en algún lugar de las afueras, que ya han ido apareciendo en este blog, aquí, aquí y aquí.

También le tengo echado el ojo a este libro de Lucien Jaume. Pero, nuevamente, será cuestión de esperar.

Por otro lado, hoy el algoritmo de YouTube me ha sugerido esta magnífica interpretación de la Misa en si menor de Bach que os comparto más abajo. Espero que todo sea de vuestro gusto e interés.

HOME OF THE BRAVE

Seguramente sea cosa mía y de mis sentimentalismos, pero encuentro una belleza peculiar en que una estrella del rock cante el himno del país en el que ha crecido. El país que le ha permitido llegar a ser estrella del rock.

No es cosa rara en los Estados Unidos, país al que admiro en casi todo, salvo en la práctica inexistencia de seguridad social y sanidad pública. Para este tipo de cosas, soy un socialdemócrata europeo (o canadiense) típico.

Más raro es encontrar por estos lares estrellas del rock que expresen su agradecimiento al país en que han nacido (salvo que se trate de españoles nacidos en Galicia, Cataluña o País Vasco, para agradecer que son gallegos, catalanes o vascos y para denostar la opresión española).

Yo, por mi parte, me siento bastante agradecido al hecho de haber nacido español. En esta precisa época histórica. He podido acceder a cosas impensables, en otros tiempos (en casi todos los otros tiempos, si he de ser preciso), para un individuo medio de mi clase social. Y me gustaría que la mayoría de los jóvenes ciudadanos españoles pudieran tener acceso al mismo tipo de cosas que yo he disfrutado. Es decir, me gustaría que nuestro sistema, como mínimo, se mantuviera; si es que no es posible mejorarlo.

No creo que tal cosa sea posible sin el fortalecimiento de la Unión Europea y su futura conversión en un estado federal. Sé que este punto de vista es debatible y estoy dispuesto a escuchar opiniones informadas al respecto. Aunque me resulta difícil pensar que España pueda mantener su estado social y de derecho, en un mundo de súper-estados, sin formar parte de uno de ellos. El asunto es cuál. Yo elijo la Unión Europea. Porque, entre otras cosas, elijo cualquier lugar donde existan dificultades constitucionales para que el poder se convierta en un agente despótico y totalitario.

La guerra que se viene librando para la formación del estado mundial del que hablaba Jünger cada vez es más intensa. Uno puede suicidarse, tratar de mantenerse al margen (si es que tal cosa es posible) o tomar partido por algún nicho civilizatorio. Está en juego qué matices sean los que definan dicho estado mundial.

Soy un demócrata tocquevilliano. Consciente de las debilidades del sistema; pero más consciente aún de los horrores que se pueden desatar cuando todo tipo de mesías exigen acumular poder para construir cielos en la tierra.

Supongo que por eso me emocionan los países en los que hombres orgullosos de su libertad deciden cantar en honor de aquello que les ha permitido gozar de la misma.

NO ES ÉSA MI DOCTRINA

“En la inmensa mayoría de las cuestiones cuyo discernimiento nos importa, no obtenemos más que verosimilitudes, aproximaciones. Desesperar de tal circunstancia, es desesperar de ser hombre, siendo aquélla una de las leyes más inflexibles de nuestra naturaleza. ¿Se sigue de ello que el hombre no debe actuar en ningún caso, porque nunca puede estar seguro de nada? Ciertamente, no es ésa mi doctrina.”

Carta de Alexis de Tocqueville a Charles Stöffels, escrita en Filadelfia, el 22 de octubre de 1831; en Tocqueville. Lettres choisies. Souvenirs, Gallimard, 2003; pg. 240 (traducción propia).

Retrato de su mujer, hecho por Jeremy Lipking (2016)

NADA MÁS NOBLE

Nada más noble que el aristócrata liberal -como Tocqueville- para quien la libertad de todos es el privilegio que compete defender a la clase dirigente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 79.

El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres, por primera vez, un texto cuya redacción había sido encargada a Karl Marx y Friedrich Engels.

Se trataba del Manifiesto Comunista.

Tres días más tarde, en París, una revuelta popular obligaba a abdicar al rey Luis Felipe, el último que Francia ha tenido. Esa misma jornada nacía la Segunda República francesa. El vizconde de Tocqueville, testigo de excepción de estos hechos, escribía en noviembre de 1850:

He vivido con hombres de letras que han escrito la historia sin mezclarse con los hechos y he vivido con políticos que nunca se han ocupado de otra cosa que no sea producir acontecimientos sin pensar en describirlos. Siempre he observado que los primeros veían causas generales por todas partes, mientras que los otros, viviendo en medio del deslavazado acontecer diario, concluían con mucho gusto que todo debía ser atribuido a incidentes particulares y que los pequeños resortes que ellos ponían constantemente en marcha con sus manos eran los mismos que movían el mundo. Me parece que unos y otros se equivocan.

Por mi parte, detesto esos sistemas absolutos que hacen depender todos los acontecimientos de la historia de grandes causas primeras, ligadas unas a otras por una cadena fatal, y que eliminan a los hombres, por así decir, de la historia del género humano. Los encuentro estrechos en su pretendida grandeza y falsos a pesar de su aire de verdad matemática. Yo creo, sin querer ofender a los escritores que han inventado esas sublimes teorías para alimentar su vanidad y facilitar su trabajo, que muchos de los hechos históricos importantes sólo podrían ser explicados por circunstancias accidentales y que muchos otros son inexplicables; en fin, que el azar -o, mejor dicho, esa maraña de causas segundas que así llamamos por no saberlas desenmarañar-, conforma buena parte de lo que vemos sobre el teatro del mundo. Pero creo firmemente que el azar nada hace que no haya sido preparado con anterioridad. Los hechos precedentes, la naturaleza de las instituciones, el rumbo de los espíritus, el estado de las costumbres, son los materiales con los que compone esos impromptus que nos asombran y nos asustan.

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 797-798 [traducción propia].

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LA CLASE MEDIA

“Nuestra historia, de 1789 a 1830, vista desde la lejanía y en su conjunto, se me aparecía como el cuadro de una lucha encarnizada que se había librado durante cuarenta y un años entre el antiguo régimen, sus tradiciones, sus recuerdos, sus esperanzas y sus hombres representados por la aristocracia, y la Francia nueva dirigida por la clase media. 1830 me parecía haber cerrado ese primer período de nuestras revoluciones o, más bien, de nuestra revolución, porque no hay más que una, revolución siempre la misma a través de los diversos rostros y fortunas, que nuestros padres han visto comenzar y que, por lo que parece, nosotros no veremos terminar. Todo lo que quedaba del antiguo régimen fue destruido para siempre. En 1830, el triunfo de la clase media había sido definitivo y tan completo que todos los poderes políticos, todas las franquicias, todas las prerrogativas, el gobierno al completo, se encontraron reservados y como embutidos en los límites estrechos de esa burguesía, con la exclusión, de derecho, de todo lo que estaba por debajo de ella y, de hecho, de todo lo que había estado por encima. No sólo se hizo así la única directora de la sociedad, sino que se puede decir que se convirtió en la dueña. Ocupó todos los puestos, aumentó prodigiosamente el número de éstos y se habituó a vivir casi tanto del Tesoro público como de su propio trabajo.

Consumado lo cual se produjo un profundo apaciguamiento de todas las pasiones políticas, una suerte de empequeñecimiento universal de todos los acontecimientos y un rápido desarrollo de la riqueza pública. El espíritu propio de la clase media se convirtió en el espíritu general del gobierno; dominó tanto la política exterior como los asuntos internos: espíritu activo, industrioso, a menudo deshonesto, generalmente ordenado, a veces temerario por vanidad y por egoísmo, tímido por temperamento, moderado en todas las cosas excepto en el gusto por el bienestar y lo mediocre; espíritu que, él solo, no producirá jamás otra cosa que un gobierno sin virtud ni grandeza. Dueña de todo como no lo había sido ni lo será quizá nunca ninguna aristocracia, la clase media, que es obligado llamar la clase gubernamental, habiéndose acantonado en su poder y, poco después, en su egoísmo, le dio al gobierno un aire de empresa privada, cada uno de sus miembros pensando únicamente en los asuntos públicos en la medida en que pudieran beneficiar todo lo posible sus asuntos privados y olvidando fácilmente en su pequeño bienestar a las gentes del pueblo.”

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 750-751 [traducción propia].

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ISAAC JOHNSON

Para saber que el vizconde de Tocqueville era un hombre extraordinario, basta leer este párrafo de La democracia en América (Akal, 2007; pg. 500):

“A veces [Cotton] Mather combina la austeridad de sus descripciones con imágenes llenas de dulzura y de ternura. Tras haber hablado de una dama inglesa a la que el afán religioso había arrastrado con su marido a América y que pronto sucumbió a las fatigas y miserias del exilio, añade: En cuanto a su virtuoso marido, Isaac Johnson, intentó vivir sin ella, y no habiendo podido, murió.

En esta concatenación de citas -literario juego de muñecas rusas- la belleza de la máxima significación viene regalada por un apunte diminuto: hay tal intensidad de tragedia y verdad en esa frase escasa; tal potencia para comunicarnos con la existencia fugaz de Isaac Johnson; que parece poder aglutinar en su ajeno nombre todos los dolores y tristezas de nuestra condición humana.

Y, por un breve instante, nada ni nadie nos es más conocido y cercano que Isaac Johnson.

'Prigione di lacrime', de Roberto Ferri

‘Prigione di lacrime’, de Roberto Ferri

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