El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: THE WIRE

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXVIII)

Mientras veo la última entrevista de Joe Rogan, que os enlazo más abajo, pienso en David Simon.

David Simon es el creador de The Wire, una de las primeras obras maestras que el arte humano ha producido en el siglo XXI.

Posteriormente hizo Treme, una serie cuya acción arrancaba unos meses después del paso del huracán Katrina por Nueva Orleans.

Uno de los muchos personajes que protagonizaban Treme, interpretado por John Goodman, era el profesor de literatura inglesa Creighton Bernette, que daba clases en la Universidad de Tulane. El profesor Bernette consideraba que los males provocados por el huracán su multiplicaron por la incompetencia humana, tanto política como institucional.

En uno de los episodios, comentaba con un compañero el cierre acordado por la dirección de su universidad de dos departamentos. Os traduzco el diálogo:

-Es increíble. Dos departamentos. Como si nada. 160 profesores titulares.

-¿Cómo han podido hacer algo así?

-¿Que cómo han podido? Bueno, pues haciéndolo. Ya no hay vuelta atrás. Fuera: ingeniería civil, ingeniería informática, ingeniería eléctrica, ingeniería mecánica, informática. Porque, claro, ¿dónde se ha visto que la universidad enseñe a la gente a construir cosas? Como, por ejemplo, sistemas informáticos, redes eléctricas, diques… Ya ves tú, qué necesidad hay…

-Es una locura.

-¿Tú crees? Y mira lo que mantienen. Teatro musical, medios digitales, estudios medievales, estudios sobre la mujer, estudios judíos, estudios africanos. Toda va de identidades. Nada que tenga que ver con aprender a hacer algo. Sólo sentémonos a contemplar la gloria de mi yo en todas mis complejidades. ¿Quién soy? Soy una mujer judía negra. Oigan mi rugido.

La serie ya tiene una década, pero anunciaba el delirio que se iba a desatar en los años siguientes.

Nos hemos ido dando cuenta de que un montón de inútiles, con fabulosos currículums académicos sobre la nada, ocupaban puestos de poder en casi todas las instituciones educativas y políticas del país.

No sólo en España. En todo Occidente.

Habían medrado aprovechando la burbuja de irrealidad en la que el primer mundo se sumergió tras la Segunda Guerra Mundial, nacida de un bienestar económico de masas jamás conocido en la historia de la humanidad.

El delirio hiperdesarrollado de varias generaciones de niños mimados.

Los centros de mando se hallan repletos de seres supersticiosos y la búsqueda de la verdad es arrinconada por las más estúpidas ortodoxias ideológicas.

Y en esto, el Bicho ha dado el salto…

LA LITERATURA, ES DECIR, LA VIDA

The Wire es la mejor serie de televisión que yo haya visto. Y, a mi buen entender, una de las cimas del arte (de cualquier arte) en lo que llevamos de siglo XXI.

Si tuviera que dedicar una entrada diaria en este blog a cada una de las escenas de la serie que me parecen soberbias, creo que ya no haría otra cosa en lo que me queda de vida.

Elijo la que enlazo más abajo porque explica por sí misma lo que la literatura significa para mí y para tantos otros. No es un gusto, no es un placer, no es un hobby. Es, como el resto de artes dramáticas (el teatro, el cine, las series… la pintura, cuando no se diluye en abstracciones), la propia estructura de la esencia humana ejercitada para la autocomprensión y la compartición a distancia (a veces miles de kilómetros, a veces miles de años) de experiencias vitales.

En sus mejores versiones y resultados, son hallazgos de búsquedas honestas (por lo tanto, acantiladas), que transforman tanto al autor como a los lectores.

Yo, como tantos otros, puedo decir sin mentir: tras leer tal o cual novela, mi forma de entender la vida cambió.

El que habla sobre buena literatura, habla sobre la vida. Esa es la clave, creo yo, para reconocer la buena literatura: te hace hablar en serio de la vida. De lo que realmente importa. De cómo emplear el tiempo que nos ha sido regalado. Planteando preguntas, ofreciendo respuestas -no pocas veces contradictorias-. Pero obligándote a mirar todos los ángulos de tu existencia en profundidad, sin posibilidad alguna de autoengaño. Sin respuestas fáciles, sin falsas comodidades.

Ojalá algún día pueda decirle a mi hijo (o hija): “hey, me gustaría que vieras una cosa”, mientras le pongo el primer capítulo de The Wire.

“-Es una putada, porque el tío va adonde tiene que ir y la piba no era para tanto. Daisy tenía un polvo y mal echado, ¿me entiende? Lo dio todo por ella y, al final, no sirvió para nada.

-Fitzgerald dijo que no había segundos actos en las vidas estadounidenses. ¿Pensáis que es así?

-Joder, estamos en prisión. Será mejor no creer eso…

-Nos dice que el pasado nos acompaña siempre. De dónde venimos, lo que vivimos y cómo lo vivimos… todo eso importa. Creo que eso es lo que quería decir.

-Continúa.

-Es como al final del libro, con los barcos y las mareas… Uno puede cambiar, ¿no? Puedes decir que eres otra persona e inventarte una vida nueva. Pero lo que hiciste primero es tu verdadera identidad y lo que pasó antes es lo que realmente pasó. Da igual que cualquier idiota se crea distinto, porque lo único que te hace distinto es lo que haces o lo que vives… Tenía un montón de libros en la biblioteca. Le flipaban los libros, pero si cogemos uno de la estantería, ni siquiera lo ha abierto. Tiene un montón de libros y no ha leído ninguno. Gatsby era quien era e hizo lo que hizo. Y como no estaba preparado para aceptar la realidad, esa mierda le pasó factura. Eso pienso, en cualquier caso.”

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