El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: TEOLOGÍA POLÍTICA

45 AÑOS

 Mi amigo Paco me pasa este interesantísimo enlace, en el que se puede ver a Nasser reírse de las pretensiones del líder de Hermanos Musulmanes.

Para mí, el dato relevante es la comparación entre las dos fotos que acompañan al artículo. Una está tomada en 1959, la otra en 2004; ambas, en la universidad de El Cairo.

Nasser se reía de Hermanos Musulmanes. Pero la diferencia entre ambas fotos es el resultado de 45 años de su intenso trabajo militante.

Nasser era socialista y trató de cambiar la sociedad desde el estado; Hermanos Musulmanes es una sociedad islámica de base, dedicada, entre otras muchas cosas (terrorismo incluido), a la protección económica de huérfanos y viudas. Una auténtica red social estructurada más allá del estado, con capacidad política en la actualidad para hacerse con el gobierno de Egipto de forma legítima a través de elecciones democráticas (a no ser que haya golpes de estado que los expulsen del poder).

45 años.

Veamos quién se ríe en Europa dentro de 45 años de lo que se ríe ahora.

KNOW YOUR ENEMY

“Protegido por las autoridades, Abdel Wahab comenzó a imponer la nueva teoría, bautizada Dawa lil Tawhid (Invocación al monoteísmo) y resumida en su obra Kitab al-Tawhid. El libro del monoteísmo es más un compendio de ideas que un libro en sí mismo; serán sus sucesores quienes después lo ampliarán hasta convertirlo en un vasto tratado de cuatro volúmenes. En el original, el fundador del wahabismo defiende el monoteísmo absoluto, rechaza la innovación y reduce el islam a una interpretación única de El Corán y el Hadiz, fruto de su propia reflexión personal. Elogia la yihad y subraya que la verdadera religión se difundió gracias a la lucha contra los idólatras y los politeístas. Según Abdel Wahab, todo aquel que no abrace de forma voluntaria su visión de la fe debe ser combatido. El clérigo impuso, además, una serie de normas de conducta que debían ser observadas. El verdadero musulmán, afirmaba, debe jurar lealtad absoluta a su líder religioso; debe respetar sus enseñanzas, tiene obligación de sumarse a la yihad contra los apóstatas, los blasfemos y los descreídos; y debe odiarlos. En recompensa, tiene garantizada la protección de Alá y el amor del Profeta y de los primeros musulmanes. Y, si muere como mártir, las puertas del Paraíso se le abrirán de par en par. No existen más alternativas. El único camino es el amor, la admiración y la ayuda a aquellos que practican el tawhid, y la aversión y la hostilidad hacia los infieles y los politeístas, resume el propio Abdel Wahab.

Los habitantes del Nejd no aceptaron voluntariamente la nueva doctrina. Su adhesión al wahabismo fue, en gran parte, fruto del terror. Apoyado por los jinetes del gobernador, Abdel Wahab ordenó la quema del santuario en el que se veneraba a uno de los supuestos compañeros del Profeta y el arresto de los hombres y mujeres que no obedecieran sus principios. Sus acciones enervaron a los clérigos locales. La gota que colmó el vaso fue la condena a muerte a una mujer acusada de adulterio. Abdel Wahab tuvo que huir de nuevo. Esta vez fue la definitiva. Halló refugio en el oasis vecino de Dariya, donde su gobernador, un guerrero llamado Muhamad Ibn Saud, había acogido con entusiasmo su concepción de la religión verdadera. Como en tiempos pretéritos, los dos hombres sellaron su amistad con un acuerdo matrimonial. Una de las hijas de Abdel Wahab se casó con el vástago mayor de Ibn Saud. En 1744, ambas familias formalizaron una alianza que desvió el derrotero de la historia.

[En 1932], una vez pacificadas y unidas todas las tierras conquistadas, Ibn Saud anunció el nacimiento del nuevo reino de Arabia Saudí. Su mejor asesor, Harry St. John Philby, que había adoptado el nombre de Abdulah, terció para garantizar la explotación de la nueva riqueza a la Standard Oil Company de California, en consorcio con una empresa local, lo que después daría origen al alumbramiento de ARAMCO, una de las mayores empresas de petróleo del mundo, y a la estrecha cooperación entre el nuevo país y Estados Unidos. El fundador del reino moría en 1953, y fue sucedido por sus dos hijos mayores: Saud y, después, Faisal. La cambiante situación regional convirtió a Arabia Saudí en el nuevo bastión del puritanismo. La ascensión del socialismo castrense en Egipto y las revoluciones en otros países de la zona fueron percibidas como una amenaza. El wahabismo se apoderó entonces de la bandera de la defensa de la fe. Fomentó la creación de organizaciones como el Comité Supremo de Propagación Islámica o el Consejo Supremo Mundial de Mezquitas, y se involucró en un feroz proyecto proselitista que, con los años, cambiarían la faz del mundo. El empujón definitivo llegaría con la guerra del Yom Kipur y la crisis de los precios de la OPEP, que en 1973 llenaría las arcas de una casta de fanáticos ulemas dispuestos a exaltar la intransigencia. Los peores presagios se cumplieron. A principios del siglo pasado, el coronel Van der Meulen, cónsul de Holanda en Yeda entre 1926 y 1945, ya había vaticinado que si la religión es utilizada para exaltar los sentimientos de orgullo y de superioridad en almas primitivas, a las que además se les enseña el deber de la guerra santa, el resultado será heroísmo, crueldad, estrechez de mente, atrofia de lo que es humano y de lo que son los valores verdaderos en el hombre y en el pueblo.

Suníes y chiíes. Los dos brazos de Alá, de Javier Martín; Catarata, 2008; pgs. 139-140, 151-152.

TYREESE

El noveno capítulo de la quinta temporada de The Walking Dead es una de esas obras maestras en las que el ser humano da lo mejor de sí, rozando la médula de toda la verdad que nos es posible alcanzar en este mundo.

La lucha de Tyreese para que el vivir no sea un mero y bestial sobrevivir es resuelta por los guionistas en toda su crudeza, sin plantear finales felices de los que nadie puede estar seguro. Y exponiendo desnudamente la esperanza en su furioso combate contra el regular y cotidiano transcurrir de la vileza insospechada del mundo.

Tyreese se niega a rendirse, no sólo como ser vivo, sino como persona. Se niega a no perdonar. Aunque el mundo, en no pocas ocasiones, es inmisericorde con el que perdona. Perdonar es una debilidad.

El perdón, para mí, siempre ha sido la parte más difícil del Credo. Creer en la resurrección de la carne, que tanto molestaba al San Manuel Bueno de Unamuno, a mí apenas me cuesta trabajo. Perdonar. He ahí el quid de la cuestión. La piedra de toque. Porque perdonar es arriesgarse al sacrificio, propio y de la gente que uno ama. Es una victoria mundana que desdeñamos, ¿por qué? Sólo puede haber razones ultramundanas para esta respuesta.

Aunque se niega a ser un mero animal, Tyreese no quiere dejar de ser un montaraz. Y un montaraz ha de permanecer en guardia, en vigilia constante. Atento a las fronteras, donde moran los dragones. Mirando al abismo cara a cara. Como su padre, no deja de escuchar las noticias, para saber cómo es el mundo en el que le toca luchar. Quiere conocer la verdad del mundo, por dura y oscura que ésta sea. Sólo así podrá estar preparado para proteger a los suyos, con la elevada y peligrosa apuesta con la que pretende hacerlo: ser persona, no un vulgar animal.

La Comarca vivía feliz en tiempos oscuros, desdeñando a los extraños montaraces que eran los principales artífices de que los males del mundo no la alcanzasen. Cuando todo el mal de la Tierra Media se abatió sobre ella, fue incapaz de resistir. Sólo el regreso de aquellos hobbits que se habían enfrentado con el estado real del mundo pudo permitir una derrota del mal infiltrado.

No debe existir esa división entre pueblo feliz e ignorante, por un lado, y montaraces duros y sombríos, por el otro. Todo hombre, toda mujer, ha de ser un montaraz. Para que el mundo siga siendo un lugar mínimamente habitable, no un infierno de jaurías humanas, nadie debe apartar la mirada.

Pero, ¿acaso puede hacer el ser humano tal cosa, si sus ojos no son capaces de ver algo más allá de lo que el mundo es? No lo creo.

A pesar de todo, no lo creo.

Y, sin embargo, a veces no hay nada más difícil de creer que aquello que escribió San Pablo en su segunda carta a los corintios, leído por el sacerdote en el entierro de Tyreese:

Pues el peso momentáneo y ligero de nuestras penalidades produce, sobre toda medida, un peso eterno de gloria para los que no miramos las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las visibles son temporales, las invisibles eternas. Sabemos que si esta tienda en que habitamos en la tierra se destruye, tenemos otra casa, que es obra de Dios; una morada eterna en los cielos, no construida por mano de hombres.

HASTA AQUÍ

Últimamente, me he descubierto repitiendo varias veces la misma frase: ¿no hay problemas más graves de los que ocuparse?

Me pasó al leer la noticia sobre un aspirante a gobernar España que pedía la supresión de la retransmisión dominical de la Santa Misa. Y me ha pasado al enterarme de que la Fiscalía se dedica a investigar los chistes sin gracia de una estudiante de 21 años.

Evidentemente, hay problemas mucho más graves de los que ocuparse. Pero me temo que todo el mundo tiene bastante claro, más de lo que se atrevería a admitir en público, que esos problemas hace tiempo que han quedado fuera del alcance de cualquier acción política humana.

Así que los jóvenes rebeldes españoles se dedican a hacer chistes sobre personas muertas hace 40 años, la Fiscalía española se dedica a perseguir a tales peligrosísimos individuos y los grandes revolucionarios españoles se dedican a la crítica televisiva.

Todo para aparentar que se está haciendo algo. Que se pueden poner vallas en el avance del huracán en el que el planeta vive.

En una conocida entrevista realizada por la revista Der Spiegel a Martin Heidegger, en septiembre de 1966, el periodista le preguntó al filósofo si los individuos podían aún influir con sus acciones en la maraña de necesidades inevitables en la que todos estamos atrapados actualmente. En su respuesta, Heidegger incluyó esta famosa frase: sólo un dios puede aún salvarnos.

Yo creo que Heidegger tenía razón, aunque él no estaría de acuerdo con el contenido que yo le daría a su dios.

Mi buen amigo, el sacerdote católico Gabriel, tiene una forma muy gráfica y bella de expresar el adecuado ámbito de las acciones humanas: extiende su brazo derecho en toda su longitud y dice, moviendo la punta de los dedos: hasta aquí.

Ocúpate de tu gente más cercana. Que tampoco puede ser mucha, si es que le quieres prestar la debida atención.

Y, sobre todo, peléate contigo mismo.

He ahí lo que un hombre puede hacer.

Para todo lo demás, que Dios nos ayude.

…de hecho, que nos ayude sobre todo en nuestros pequeños afanes de cada día.

LUCHAREMOS POR PRODIGIOS VISIBLES COMO SI FUERAN INVISIBLES

“Nosotros, que somos cristianos, nunca nos dimos cuenta del gran sentido común filosófico inherente al misterio cristiano hasta que los autores anticristianos nos lo señalaron. La gran marcha de la destrucción mental proseguirá. Todo será negado.

Todo se convertirá en credo. Es una postura razonable negar los adoquines de la calle; será dogma religioso afirmar su existencia. Es una tesis racional que todos pertenecemos a un sueño; será sensatez mística asegurar que estamos todos despiertos. Se encenderán fuegos para testimoniar que dos y dos son cuatro. Se blandirán espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano. Terminaremos defendiendo no sólo las increíbles virtudes y la sensatez de la vida humana, sino algo más increíble aún: este inmenso e imposible universo que nos mira a la cara. Lucharemos por prodigios visibles como si fueran invisibles.

Observaremos la imposible hierba, los imposibles cielos, con un raro coraje. Seremos de los que han visto y, sin embargo, han creído.”

Herejes, de Gilbert Keith Chesterton; La Editorial Virtual, 2008; pg. 295.

'Las naranjas', de William Adolphe Bouguereau (1865)

‘Las naranjas’, de William Adolphe Bouguereau (1865)

YOU CANNOT OWN A CHILD OF GOD

Solo en la sala.

A veces pasa, en la primera sesión. Suele pasar, en estas vidas que nos hemos dado.

Es fácil entender nuestra esclavitud, viendo esta película. No sabemos hacer nada de lo que esos hombres supieron hacer para resistir el poder de un estado.

Sabemos enviar correos masivos con nuestros CV. Sabemos pagar los máster donde perdemos el tiempo que nos ha dado Dios. Sabemos evadirnos y olvidar.

Pero no sabemos cultivar y criar nuestra propia comida. No sabemos hacer casas.

No sabemos disparar.

No sabemos sufrir. No sabemos amar.

Y como no sabemos nada, nada somos y somos propiedad de otros.

Habrá que buscar esos saberes que nos permitan resistir.

Y el saber primero, es saberse hijo de Dios. Porque nadie puede ser dueño de un hijo de Dios.

PRADO ESTEBAN DIEZMA

Muchas veces se ha hecho explícito en este blog un posicionamiento existencial que comparto con algunas personas, a las cuales trato de mantener todo lo cerca que este mundo permite. Enraizados en el Catolicismo, con posturas morales y éticas que nos encuadran en eso que el común suele catalogar de derechas, nuestra actitud política, sin embargo, podría considerarse furibundamente anti-sistema. Contemplando por igual a estado y mercado como enemigos formidables a los que combatir, nos podemos llegar a sentir más cercanos a la tradición de lucha anarquista que al colaboracionismo con el mundo actual que practica el 90% de la feligresía católica realmente existente.

En ningún caso se trata de una necesidad de epatar, ni de sentirnos extraordinarios. Creemos sinceramente que es pura coherencia con la doctrina social tradicional de la Iglesia Católica; la misma que llevó, por ejemplo, a miles de campesinos españoles a encuadrarse en las partidas de guerra carlistas para enfrentar la modernidad que destruía sus formas consuetudinarias de vida.

A la derechona -como le gustaba llamarla a José Antonio-, ese mejunje pútrido de burguesía especuladora con adornos de catecismo, que clama contra la destrucción de la familia mientras reduce salarios haciendo inviable cualquier sostén económico de padres y madres, sería capaz de asesinarla con mis propias manos desnudas.

Hemos conocido a través de José Carlos Aguirre a una mujer anarquista española que nos ha producido un impacto formidable. Y que nos confirma que, en el estado actual de cosas, hay que buscar compañeros de lucha en lugares, en principio, insospechados.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, el que hemos ido construyendo juntos durante años, todo tiene sentido. Todos los que tienen al demonio como enemigo, son mis amigos. Y el que no entiende que, ahora mismo, estado y mercado son dos caras del demonio, no entiende nada.

Allá ellos.

FUEGO A TODA LA CIVILIZACIÓN MODERNA

“Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.”

Lo que está mal en el mundo, de Gilbert Keith Chesterton; Ciudadela, 2006; pg. 199.

'Mimitos', de William-Adolphe Bouguereau (1890)

‘Mimitos’, de William-Adolphe Bouguereau (1890)

CANTO DE LUCHA

“Pero al norte de Mesopotamia, en Armenia y en Georgia, la evolución de la cultura cristiana, que se derivó originalmente de la Iglesia siria oriental, se caracterizó por una poderosísima conciencia de independencia nacional.

En verdad, Armenia nos suministra uno de los primeros ejemplos de la historia de una política consciente encaminada al desarrollo de una cultura nacional. Porque, como ha demostrado Pere Peeters, los orígenes de la literatura y de la escritura armenia débense directamente al deliberado esfuerzo de los dirigentes del pueblo armenio de salvar su religión y su nacionalidad de la absorción por los persas. Para alcanzar este objetivo enviaron una misión cultural a los centros de la cultura cristiana siria de Samosata y de Edessa bajo la dirección de San Mesrop el maestro, que, con la ayuda de eruditos sirios, inventó la escritura y el alfabeto armenios y echó los cimientos de una literatura nacional cristiana.

Desde entonces -y durante mil quinientos años- la literatura y la escritura armenias han sido los baluartes de su nacionalidad. Durante su época de esplendor -siglos IX y X- el reino de Armenia fue también el baluarte de toda la Cristiandad oriental, enfrente del Islam, y cuando fue destruido por el miope imperialismo bizantino, el espíritu nacional armenio era aún lo bastante fuerte para sobrevivir a la conquista selyúcida y volver a crear un segundo estado armenio en Cilicia y Commagene. Aquí estableció contacto con el Occidente latino, por mediación de los estados cruzados, y ningún pueblo oriental demostró ser más tolerante y receptivo a la influencia occidental. Los santos occidentales, como Santo Tomás de Canterbury, fueron conmemorados por la Iglesia armenia medieval, y el rito occidental de la coronación fue traducido al armenio por San Nerses de Lampron para ser utilizado en la coronación de León el Grande en 1157.

Al propio tiempo los armenios medievales se entendían bien con el mundo oriental. Haythum I (1226-69) estaba en relaciones amistosas con el Imperio mogol, y visitó en persona la corte del Gran Kan en Karakorum. Intentó organizar un frente común con los mogoles en contra del Islam.

Los mogoles mantenían en aquel tiempo estrechas relaciones con los cristianos nestorianos orientales, y tal frente común había de comprender a los estados cruzados del Oriente, que mantenían la misma íntima relación con Armenia. Estos ambiciosos intentos, realizados por León II y Haythum II, sucesores de Haythum I, fracasaron, debido a la falta de ayuda de la Cristiandad occidental y a la decadencia del movimiento cruzado. No obstante, demuestran que en el siglo XIII la Cristiandad oriental era aún factor importante en la política internacional. No existe documento alguno más interesante en la historia de las relaciones del Oriente y del Occidente que el informe de la embajada de los monjes sirios de China, Mar Yaballaha y Rabban Sauma, enviados al Occidente en 1287 por el Arghun Kan, para asegurar esta alianza, y que visitaron Roma, París y Burdeos. En la misma época, los misioneros occidentales visitaban Asia Central y China, y establecían arzobispados en Pekín, en 1308, y en Sultanieh (Persia), en 1318. Si este movimiento de integración mutua de la Cristiandad oriental y de la occidental hubiera prosperado, el curso de la Historia habría sido distinto, al establecer un canal de intercambio a través del viejo mundo, desde París a Cantón.

Desgraciadamente, señaló un fin, no un principio. Aunque unas cuantas mentes previsoras de Occidente, como Roger Bacon y Raimundo Lulio, Felipe de Mezières y Marco Sanuto, Gregorio X y Juan XXII, presintieron la importancia del Oriente cristiano, la Cristiandad occidental en su conjunto estaba demasiado dividida por rivalidades eclesiásticas y políticas para aprovechar estas oportunidades. La conversión de los mogoles al Islamismo privó al reino armenio de su apoyo externo, y el crecimiento de la intolerancia musulmana, que culminó en la desastrosa reacción de Tamerlán, acabó no sólo con la influencia, sino también con la misma existencia del Cristianismo sirio en el Asia Central. El último rey de la Armenia cristiana murió en el exilio en París, en 1393, y tres años después fue completamente destruido en Nicópolis, sobre el Danubio, el último gran ejército que la Europa occidental había enviado en socorro de los cristianos orientales. Ya no existía posibilidad de expansión oriental para el Cristianismo. Incluso, fueron perdidas las comarcas donde Cristianismo y Helenismo habían tenido su origen -Asia Menor y Grecia-; y Constantinopla se convirtió en la capital de un nuevo Imperio no cristiano, mayor aún que el Imperio bizantino en tiempos de Justiniano.”

Ensayos acerca de la Edad Media, de Christopher Dawson; Aguilar, 1960; pgs. 41-44.

LA FUGA

Había dispuesto las cuatro latas vacías de cerveza como si fueran las cuatro torres de un castillo en miniatura. Dio otro trago a una quinta lata, mientras colocaba un soldadito -hecho con un trozo de servilleta de papel- en lo alto de una de las torres. Miró a la joven pareja de la mesa de al lado y les sonrió, mientras señalaba su maqueta con gesto orgulloso.

Fiat pax in virtute tua et abundantia in turribus tuis… -balbuceó.

El joven y la joven se miraron y gesticularon burlonamente. Enseguida dejaron de prestarle atención y devolvieron las miradas a la televisión del bar. El borracho eructó para sí mismo, sin estridencias; acabó atendiendo también a las noticias.

-…es que si eres cura, vas incitando a que te corten el pescuezo -dijo la joven-. Lo que no tiene nombre es que te maten mientras vas a un concierto. O en tus vacaciones; ya no se puede viajar tranquilo a un montón de sitios interesantísimos…

Su acompañante asintió con la cabeza, antes de añadir:

-Qué se puede esperar, de las religiones…

Una lata aplastada golpeó la cabeza del joven y rebotó hasta el suelo. El chaval, desconcertado, miró a su alrededor, buscando una explicación. El castillo en miniatura tenía una torre menos; y el borracho le miraba con una mueca de profunda satisfacción. El joven le miró con cara de no entender nada.

-Supongo que le causará menos sorpresa mi acción -dijo el borracho-, si le digo que mi naturaleza tiene cierta tendencia a la religiosidad.

Los dos jóvenes le seguían mirando estupefactos.

-Aunque lo realmente sorprendente, he de decir -añadió el borracho-, es mi puntería; teniendo en cuenta el estado en el que me encuentro. Desde luego, estaba de Dios hacerle sangre.

El rostro del joven se puso blanco.

-¿Sangre? -tartamudeó-. ¿Qué sangre?

Su compañera señaló con un tímido dedo su propia frente. El joven repitió el gesto en la suya. Después miró el dedo, manchado por un hilillo de sangre; y, acto seguido, se desmayó. Momento en el que se acercaron un par de camareros y algunos clientes, que habían estado observando la escena en pasmado silencio.

-Dios mío, he creado un mártir laico… -dijo el borracho, al tiempo que se dibujaba una sonrisa crispada en su boca.

Mientras crecía el tumulto, el borracho se dirigió dando tumbos hacia la puerta del bar. Ya en la calle, le recibió la luminosidad de bajo consumo de la ciudad nocturna y los mil ruidos del ocio de fin de semana.

-Cuando suba la marea, esta gente nos venderá como a perros… -murmuró-. Hay que irse de aquí.

Se fue haciendo eses por la acera atestada, la mirada fija en el cielo sin estrellas. Algunos clientes, apocados, le veían marcharse desde la puerta del bar. Un sonido de sirenas crecía en la distancia.

'Invierno', de Andrew Wyeth (1946)

‘Invierno’, de Andrew Wyeth (1946)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester