El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: TEOLOGÍA POLÍTICA

CRIATURAS DE DIOS

El gusano va creciendo dentro de la mantis religiosa.

De nada sirve al insecto su dura coraza de quinina.

Cuando llega el momento, el nematomorfo adulto toma control del sistema nervioso central y obliga a su anfitrión a tirarse al agua.

El gusano abandona entonces el cuerpo de la mantis, para vivir plenamente su vida de gusano.

Vacía y muerta queda la bella e inútil forma de la mantis religiosa:
insospechado continente
(mas perfecto hogar)
de su enemigo.

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IFIGENIO BENAVIDES, TERRORISTA CULTURAL

Varios agentes de traje oscuro rodeaban el calabozo, tapando a la figura que moraba entre los barrotes; de la cual sólo resultaban visibles un par de zapatillas deportivas despojadas de sus correspondientes cordones.

El veterano policía nacional, que llegaba en esos momentos para el cambio de turno, miró a su compañero sentado tras la mesa, con cara de no entender.

-¿Y todos esos?

-CNI -contestó el de la mesa, mientras recogía sus cosas, para dejar el sitio al recién llegado.

-¿Un yihadista? -preguntó otra vez.

-No… Un terrorista cultural -dijo el compañero, torciendo la sonrisa-. Se puso a cantarle una canción a un par de mujeres en la sección de lencería de El Corte Inglés. Dos mujeres vestidas a la musulmana, sólo con las gafas de sol al aire. Resultaron ser dos de las cuatro esposas del secretario de la embajada de Arabia Saudí en España.

El policía recién llegado volvió a mirar hacia las zapatillas deportivas del calabozo, esbozando media sonrisa.

-¿Qué canción era? -volvió a preguntar.

Atrévete, de Calle 13 -respondió el otro, a punto ya de irse-. Ya sabes… deja de tapalte… -canturreó, mientras movía con torpeza las caderas-. El embajador, al parecer, ha amenazado con la posibilidad de anular el contrato de construcción de fragatas en Ferrol…

-¿Cómo se llama el tipo?

-Benavides. Ifigenio Benavides. Inventado, supongo.

Un silbido pachanguero empezó a escucharse desde el interior de la celda.

EL HUMILDE AGRADECIMIENTO EN EL PECHO DE CADA CUAL

El bueno de Carlos Marín-Blázquez me da a conocer este texto, desconocido para mí, de mi maestro Juan Bautista Fuentes. El resto de la cita lo podéis encontrar aquí.

“De manera que, si alguien me dijera, ¿cuál es la solución?, lo primero que haría es dar respuestas negativas. La solución no es meramente técnica, meramente económica, no es meramente política; la solución está en el pecho de cada cual, en el corazón de cada cual. El error de las izquierdas y de las derechas es confiar en una solución, bien solamente política (las izquierdas), o sólo técnicamente económica (las derechas): que el mercado, por sí mismo, acabará reconstruyéndose… El mercado, por sí mismo, no hace sino reproducir en abstracto la propia laminación de la vida económica. Para eso está el estado, para intervenir. El estado, es decir, esa estructura que no tiene otra función más que la de intervención sobre una sociedad meramente económica, laminadas ya o disueltas las referencias comunitarias, no tiene en sí mismo tampoco la solución. Sin duda yo diría: frente al mercado, el estado. Pero frente al estado, la comunidad. Entonces el problema es que la comunidad no la va a crear nunca el estado, ni la van a crear nunca las relaciones económicas. Y entonces, ¿qué tenemos a nuestra disposición para reparar la vida comunitaria? Pues la solución es muy sencilla, es adoptar una actitud ante la vida tan humilde que consista básicamente en el agradecimiento. Es decir, allí donde halla que el primer movimiento del corazón no sea el agradecimiento, es imposible la instalación de la vida comunitaria. Y por tanto, agradecer es dar las gracias a algo que uno entiende que le han regalado gratuitamente. Allí donde no hay sentido del agradecimiento es imposible la vida comunitaria. Y la vida comunitaria es precisamente compañía espiritual. Y la compañía espiritual, no es algo a lo que tengamos derecho. La compañía espiritual es algo que nos han regalado y que nosotros regalamos. Y por tanto, mientras no seamos capaces de asumir la idea de agradecimiento, no se crearán los pivotes sobre los cuales pueda haber vida comunitaria en función de la cual se podrá empezar a organizar un estado que sea capaz de controlar la situación económica. Y mientras esto no ocurra, no hay soluciones técnico-políticas, no hay soluciones técnico-económicas. La cuestión es cuándo esto podrá ocurrir.”

EL ETERNO DILEMA

Dudar entre madre y perro es completamente lógico y natural.

Una madre, símbolo de la máxima capacidad de entrega y amor que puede alcanzar un ser humano, puede, en su libre arbitrio, tomar la decisión de eliminar la vida que crece en su vientre.

Un perro, sin embargo, representa la entrega y el amor sin límites. Precisamente porque el perro, como animal, carece de la capacidad de juzgarnos. Nos amará seamos como seamos, hagamos lo que hagamos. Bastará con darle de comer y sacarlo a ensuciar el barrio varias veces al día para que nos profese un cariño sin fisuras.

Sólo una madre puede hacernos dudar y convencernos de que aceptemos relacionarnos con esa cosa tan nefasta y destructiva: el ser humano. Sólo eso nos puede separar de lo que realmente queremos hacer: vivir rodeados de perros que nos lamen y nos quieren a pesar de todas nuestras imperfecciones, a pesar de todos nuestros pecados, a pesar del patético ejemplo de seres humanos que nosotros mismos podemos llegar a ser.

Occidente se vacía de niños y se llena de perros. Millones de perros. Pablo Iglesias pide en el debate electoral el descenso del IVA en productos veterinarios. Aun siendo él mismo padre, sabe que ese IVA preocupa a más gente que el IVA de los pañales.

Sustituimos familias por jaurías caseras. Sustituimos madres por perros. Las familias son incómodas, repletas de individuos que limitan nuestros deseos, nuestro tiempo libre. Nos exigen sacrificios. De los de verdad, de los que apenas te dejan tiempo para exponer tu vida en Facebook.

Un perro nos acompaña y nunca nos traiciona.

Nunca nos traiciona. He ahí la clave de todo.

El pavor a la posibilidad del inmenso dolor que puede provocar la traición de un ser querido. Nada puede hacer más daño que un Judas.

Nada puede hacer más daño que un ser humano.

Elijamos, pues, a los perros.

Elige perro. Vota PACMA.

ZIZEK vs. PETERSON

Aprovecho la pausa en el estudio para comer y preparar el puré de ternera de Ana Ofelia.

Y aprovecho ambas cosas para escuchar y ver (de reojo) el debate de ayer en Toronto entre Jordan Peterson y Slavoj Zizek.

Aún tengo que terminar de verlo, pero ya he visto lo suficiente como para saber que vale la pena su difusión.

Espero que, más adelante, aparezcan vídeos en YouTube con subtítulos en español; cuando tal cosa ocurra, actualizaré esta entrada.

Por ahora, aquí dejo el vídeo que he encontrado.

P.D.: vídeo nuevo, con subtítulos en español.

PANTALLAZOS CASUALES

Recién tomado de la edición digital de El País.

Problemas

y soluciones.

FURIA

Como un montaraz entre la niebla, el caballero se acerca desde el horizonte, desde la frontera del mundo.

Y en el mundo sólo están su caballo y él.

Pero cuando obliga a su montura a girar, cuando obliga a la cámara a moverse, como si estuviésemos asistiendo a la encarnación de un ideal estático en la sucia historia humana, vemos que el caballero sobre un hermoso caballo blanco es un oficial de la Alemania nazi.

Y le vemos cabalgar entre los restos ardientes de las máquinas de guerra modernas. Entre los despojos industriales de las ciencias físicas y químicas, entre los resultados del progreso tecnológico, entre los éxitos de la Era de la Razón.

Y desde las sombras, un habitante de las máquinas, un hombre criado entre aceros y motores, se abalanza sobre el caballero y lo mata clavándole su cuchillo en el ojo.

Y este hombre moderno, hijo de su tiempo, se acerca al caballo blanco, y lo acaricia para tranquilizarlo. Hay profundo amor y profunda tristeza en sus caricias. Finalmente, el conductor de tanques empuja al caballo blanco para que se aleje del campo de batalla.

Resignado, lo ve marchar.

No intenta montarlo. No intenta ser lo que no puede ser. Sabe dónde está la verdad, sabe dónde está la belleza. Y sabe que no es tiempo para esa verdad, para esa belleza. Es tiempo de furia y tanques. De ruedas y gasolina. De morir y matar en el mundo de la razón mecánica, en el mundo de los románticos que justifican el infierno que crean porque pretenden ser caballeros magníficos sobre bellos caballos blancos.

Pero el auténtico amor al caballo blanco quizá sea, precisamente, dejarlo marchar. Resignarse a saber que su reino no es de este mundo.

Y no mezclarlo en nuestras luchas cotidianas. Entre los resultados del progreso tecnológico, entre los éxitos de la Era de la Razón.

SEGUNDA SEGUNDA CUARENTA

…si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos…

El prior se reclinó en su silla, haciendo gemir levemente la madera. Su mirada se lanzó a través de la ventana, hacia la luna llena que iluminaba el mar y la costa de Penn Ar Bed.

Sin abandonar el gesto meditabundo, cerró el volumen de la Suma Teológica, dejando la mano apoyada sobre la tapa del libro. Su mirada se desplazó unos centímetros a la derecha, donde reposaba abierta una carta.

El señor Auguste se había dirigido a los dominicos de San Miguel, tras conocerse la convocatoria del Concilio. Les rogaba que tuviesen en cuenta la urgencia de la situación en la que se encontraba la Casa de Penn Ar Bed y buscasen la forma de favorecer la ayuda que necesitaba. Había que convencer a la mayor cantidad posible de cristianos de la necesidad de luchar contra la Unión.

El prior se levantó y se acercó a otra ventana, justo enfrente de aquélla a través de la cual había estado contemplando la noche. No vio entonces la luz de la luna, sino las luces artificiales de la ciudad más cercana, al otro lado de la frontera; una de las repúblicas de la Unión.

El prior volvió a mirar hacia su mesa de estudio, fijando la vista alternativamente en Santo Tomás y la carta de su señor. Después miró el crucifijo que presidía su habitación.

Los ojos se habían detenido en el costado sangrante de Dios, cuando se oyó el primer grito.

Al dirigir la mirada hacia la puerta, el prior escuchó un creciente caos de golpes y gritos que parecían provenir de todos los rincones del monasterio.

El ruido se acercaba cada vez más, al tiempo que el prior se iba alejando de la puerta.

Cuando tropezó con su mesa de estudio, una vela cayó sobre la carta del señor Auguste. Una llama inflamó la epístola, mientras se abría violentamente la puerta de la habitación.

Una forma oscura se esbozó en el umbral. Con un movimiento desganado, la sombra dejó caer algo en el suelo, delante del prior, mientras los gritos y los golpes se iban apagando.

El prior no pudo evitar orinarse encima al ver lo que había en el suelo: las cabezas de los hermanos Joseph, Kalil y Antoine.

La sombra dio unos pasos más y entró en la habitación. Otras sombras la siguieron. La primera sombra se paró ante el prior, que había caído de rodillas. En la mesa ardía ya la Suma Teológica.

La sombra se quitó el pasamontañas. El prior vio la cara de un adolescente.

-La frente abierta y sangrante del bebé -le dijo el joven, acuclillándose para poner su cara a la altura del rostro del prior-. La frente deformada y sangrante del bebé. Los ojos abiertos y sin vida en la cara del bebé.

OBNOXII

“La fundación de iglesias en las fincas planteó de inmediato el problema de quiénes ejercerían allí como sacerdotes. Ser eclesiástico (sacerdote o diácono) equivalía a ponerse el cinturón de la orden clerical. La frase aludía a las antiguas palabras cingulum militiae, el cinturón militar que había distinguido a los miembros de la burocracia imperial. Con el uso de esos términos, las cartas del papa [Gelasio] demuestran que la difusión del cristianismo había llevado al campo a otro nivel más de personas privilegiadas. Los lugareños con iniciativa estaban muy felices de unirse al clero para convertirse en miembros de esa nueva clase privilegiada. De esa manera, amenazaban con socavar el control que los terratenientes tenían sobre sus vidas. Gelasio se enteró de que muchos de los que se convirtieron en sacerdotes y en diáconos habían sido esclavos, y muchos más habían sido obnoxii -campesinos vinculados para siempre a la finca en la que estaban registrados como contribuyentes- el estatus clerical los liberaba de esas ataduras.  Eso sucedió en una época en la que los terratenientes del sur de Italia dependían de su habilidad para controlar una gran reserva de trabajo servil por deudas para producir la cosecha anual a la que estaba supeditada su riqueza.

Aunque severo a la hora de limitar los derechos de los fundadores laicos, Gelasio apoyaba a los terratenientes con entusiasmo en lo que se refería al control de sus campesinos. La ordenación sacerdotal no debía convertirse en una válvula de escape para los esclavos y los campesinos atados a la tierra. En el 494, Gelasio dijo a los obispos del Mezzogiorno que

[…] prácticamente todos se quejan de cómo aquí y allá los esclavos y los campesinos hereditarios, atados a la tierra, huyen de la dependencia legal de las fincas con el pretexto de abrazar la vida religiosa.

Había que poner fin a esa situación,

[…] por temor a que parezca que una práctica asociada con el nombre del cristianismo es la causa de una infracción de los derechos de los demás y de la subversión de la publica disciplina (el orden de la sociedad tal como lo establece la ley) […]. Tampoco ha de permitirse que la dignidad del ministerio sacerdotal quede empañada por personas sujetas a semejantes obligaciones.

Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550 d.C.), de Peter Brown; Acantilado, 2016; pgs. 932-933.

IRONÍAS TEOCRÁTICAS

“La Cartago vándala mostraba precisamente lo que aún podía hacer un Estado despiadado. Hasta donde sabemos, el Estado vándalo no se basaba en un acuerdo tácito entre los romanos locales y la corte bárbara, a diferencia de los godos de Burdeos y de Toulouse. Los principales terratenientes romanos del África proconsular y de Bizacena fueron desposeídos abruptamente a fin de dejar un glacis en torno al interior de Cartago, ocupado solamente por guerreros vándalos.

Peor aún: los vándalos no ocultaban el hecho de que eran arrianos, y no cristianos católicos. Al cabo de una década, exiliaron a los obispos católicos por considerarlos herejes. Los vándalos incluso recurrieron a las leyes antidonatistas que habían impuesto el exilio a los obispos donatistas después del año 411. Los gobernantes vándalos aplicaron esas mismas leyes al clero católico. Por una extraña ironía del destino, no del todo inmerecida, muchos amigos de [San] Agustín (en particular Posidio de Calama, su biógrafo) terminaron sus vidas en Italia, como exiliados. Los habían expulsado de sus ciudades por las leyes en contra de la herejía que ellos mismos habían solicitado treinta años antes para desterrar a sus rivales donatistas.”

Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550 d.C.), de Peter Brown; Acantilado, 2016; pg. 793.

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

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