El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: TAEIL KIM

EL ASUNTO

El asunto no es tener la razón, sino tener la verdad.

Pero es ésta diosa esquiva y tramposa. La cree uno sentada en el trono evidente de un palacio, pero es más fácil toparse con ella en el tapete verde de un casino clandestino.

Le apasiona presentarse a modo de legión y nada se saca de ella si no es amenazando acantilado; se esconde entonces en cualquier bestia y reclama sacrificio para su rendición.

La luz de las rutinas -artesanías de la voluntad ordenando trocitos de mundo- le atrae como a insecto nocturno. Pero tiene modales de flor y se cansa pronto de la propia carne de su belleza; es por lo tanto su capricho mustiar las macetas donde crees haberla cultivado.

Quizá, porque el asunto, en realidad, tampoco es tener la verdad.
Mas dejarse abierto a la posibilidad de que la verdad te tenga.

“Pausa nº 0120”, de Taeil Kim.

LA VIDA DE LAS COSTUMBRES

Consigo acordarme de bendecir la mesa a la hora de la comida; pero me olvido durante la merienda del día que es hoy y devoro la cecina sin el más mínimo escrúpulo.

Es curiosa la vida de las costumbres.

Uno se desmonta de ellas sin apenas esfuerzo, dejándose caer sobre una llanura infinita en la que apenas son visibles los caminos; y cuando el alma quiere devolverse a la pauta, la laxitud ha creado ya una fuerza de gravedad que nos arrastra inertes una y otra vez hacia la ausencia de ritos.

Observo estas dificultades como el pintor en jarras ante el lienzo sobre el que ya ha trabajado varias veces, incapaz al parecer la pintura de agarrar nuevamente en él.

Pero lienzo, sólo queda éste.

A pesar de ello, no acontece una tristeza impaciente -ni mucho menos desesperada-, sino simple contrariedad divertida.

Pues mañana será otro día, Dios mediante, para insistir en la misma aventura de afanes sutiles.

Hasta que llegue el día -como ya ocurriera- en que la voluntad se transforme en gesto inconsciente.

Y ya nada se pueda comer sin natural acción de gracias.

“The memory of yellow”, de Taeil Kim.

EL PRIMER PASO

El monje buscaba en un bolsillo interior de su capa negra. La mano reapareció acompañada de una petaca parda. Alargó el brazo para alcanzársela al guerrero de la Casa de Rilo. Éste, sin dejar de mirar el barco que allá abajo se alejaba hacia el horizonte, la agarró con una mano, la abrió con ayuda de la otra, y le dio un largo trago.

-¿Serás capaz? -preguntó el monje.

-Probablemente no -respondió el guerrero, mientras le devolvía la petaca.

El monje bebió a su vez.

-¿Qué quieres? -volvió a preguntar.

-Todo lo que quería.

El monje resopló y bajó la mirada al suelo un momento, antes de seguir preguntando.

-¿Es posible?

-No -respondió el guerrero-. No todo a la vez, al menos.

El monje volvió a rebuscar en su capa. Esta vez su mano reapareció con un trozo de queso curado. Cortó unos trozos con su navaja y se los pasó al guerrero. Siguieron bebiendo y comiendo queso durante un rato, el tiempo necesario para que los mástiles del barco desapareciesen en el horizonte púrpura.

-No tiene mucho sentido pensar ya en el último paso -dijo el monje, tras masticar un trozo de queso-. Céntrate en dar el primero.

El guerrero no dijo nada. Asintió suavemente, con la mirada perdida en los juegos de colores del cielo.

El monje se levantó y empezó a sacudirse las ropas. Buscó alrededor los caballos, que ramoneaban tranquilos en el mismo lugar donde los habían dejado.

-Ponte en marcha, simplemente -siguió el monje-. No pretendas anticipar lo que sólo el camino puede descubrir.

El guerrero volvió a asentir, esta vez con mayor énfasis, mientras se ponía también en pie. Los dos hombres se miraron por un instante, antes de dirigirse hacia los caballos.

Obra de Taeil Kim (agradecemos a la cuenta Ni aquí ni allí que nos haya dado a conocer a este pintor)

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