El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: SYSTEM OF A DOWN

IN PROELIO

La furgoneta se encontraba junto a los despojos oxidados de un par de escaleras mecánicas. La vista del cielo azul apenas era estorbada por los restos exiguos del techo del antiguo edificio, que se elevaba varias plantas sobre el suelo del bosque.

Abraham estaba subido encima del vehículo, comprobando el estado de las placas solares. José dormitaba en un claro entre los escombros. Iván hacía prácticas de combate.

Lope apareció en la entrada del edificio, cargando un ciervo muerto.

-La cena -anunció.

Iván se detuvo para contemplar a Lope, profundamente admirado. José abrió un ojo, que volvió a cerrar casi enseguida.

Abraham bajó del techo de la furgoneta y se acercó al animal, desenvainando el largo cuchillo que portaba en el muslo derecho.

-¿Qué hacías? -le preguntó Lope a Iván, tras dejar el ciervo en el suelo-. ¿Valcarce?

Iván asintió, gratamente sorprendido de haber llamado la atención de Lope.

-A mí me formó Zurribia -añadió el gigante.

Iván no daba crédito a lo que oía.

-La verdad es que lo había pensado, cuando vi tu hacha -dijo Iván, señalando el arma que colgaba del cinturón de Lope.

Lope sonrió.

-Después, si quieres, te puedo enseñar unas variaciones que Zurribia me enseñó -le dijo al chaval- y que yo mismo he pulido con los años.

Iván, feliz, fue incapaz de contestar.

José refunfuñó mientras se ponía de pie.

-Yo casi consigo que me maten, por la inercia de completar una combinación de Zurribia que me habían enseñado…

Lope sonrió.

-Pues yo creo que Zurribia fue el mejor discípulo de Valcarce… -replicó Iván, malhumorado.

-Claro, claro… -se burló José-. Te fue muy útil en la gran batalla de… la guardería de Rilo.

Iván iba a decir algo, pero Abraham le dijo que fuera a buscar madera.

-Acompáñale, José -añadió.

-¿Zurribia no tenía una combinación para recoger madera sin necesidad de ayuda…? -refunfuñó, antes de seguir de mala gana a Iván.

El bosque parecía extenderse hasta el infinito. José observó alrededor y se dirigió a un lugar donde parecía haber una mayor cantidad de trozos de madera.

Iván se giró y miró las ruinas en las que se habían refugiado.

-¿Qué era esto? -preguntó-. ¿Una catedral?

José dejó de recoger, miró a Iván, miró al edificio, y volvió a mirar a Iván con cara de incredulidad.

-¿Cómo coño iba a ser eso una catedral?

-No sé… Mi bisabuelo me contó que las iglesias católicas que se habían construido unos años antes de la Caída eran muy feas -explicó Iván-. Y como esto es tan grande y feo, pensé que igual sería una catedral.

José no pudo evitar sonreír.

-No, no era una catedral. Creo que era un supermercado -explicó.

-¿Un súper qué…?

-Supermercado. Un lugar donde se podían comprar muchos tipos distintos de cosas.

-¿Como una feria? -preguntó Iván.

-Sí… Pero que dura todos los días.

Iván frunció el ceño.

-Y… ¿cuándo descansaban los mercaderes?

-Los mercaderes no trabajaban. Eran sus empleados los que lo hacían.

-¿Los vendedores no eran los dueños de sus negocios?

-Casi nunca.

Iván se quedó pensativo.

-No me extraña que Dios les castigara -comentó.

-Ya, pero podía haber discriminado un poco mejor a la hora del castigo… -respondió José, mientras se agachaba para recoger un trozo de madera.

Iván se quedó mirándole.

-¿Ya no crees en Dios…? -preguntó, con timidez.

José se irguió y miró a Iván. En ese momento escucharon un ladrido entre los árboles; preludio de una tormenta de gritos que parecían venir de todas partes.

-Deja eso, corre adentro -dijo José a Iván, tirando la madera que había recogido y llevando una mano a su cartuchera.

Iván salió corriendo hacia las ruinas, seguido de cerca por José, mientras los gritos y ladridos se multiplicaban.

Cuando llegaron hasta la furgoneta, encontraron a Abraham y a Lope preparándose parsimoniosamente para el combate.

-Escombreros, creo -le dijo José a Abraham, que comprobaba la cámara de su rifle.

Los gritos y ladridos se aproximaban.

Abraham apoyó la culata del rifle en una cadera y comenzó a persignarse. Lope e Iván le siguieron.

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio -rezaron los tres al unísono- contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium…

José empezó a subir por una de las vetustas escaleras mecánicas. Una docena de figuras berreantes hicieron aparición en la entrada del edificio. Varias de ellas aguantaban el tirón frenético de unos enormes perros de presa.

-…Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo…

Desde su posición elevada, José empezó a disparar a los perros, que acababan de ser soltados. Las balas también empezaron a silbar desde el otro lado, al tiempo que una buena parte de la banda se abalanzaba sobre ellos, blandiendo hachas y machetes.

-…divina virtute in infernum detrude.

Abraham, susurrando amen, apuntó a la cabeza de uno de los atacantes que les estaba disparando.

Lope e Iván salieron corriendo hacia los lados, cada uno en una dirección.

Con cuatro disparos, Abraham había terminado con los cuatro tiradores de la banda.

Los perros sangraban tirados por el suelo, alguno de ellos, aún vivo, aullando de dolor.

Lope hizo una finta para evitar el machetazo de su primer adversario; aprovechando la inercia del movimiento de recuperación, incrustó el hacha en la nuca de su oponente.

Iván extrajo su cuchillo del oído sanguinolento en el que lo había clavado. Con una patada baja barrió al siguiente rival que se le acercaba y hundió el cuchillo en el estómago de un tercero. Sacó el cuchillo con un movimiento lateral, provocando la caída de las entrañas de su adversario, que vio con horror sus tripas entre las piedras. Con el talón pisotéo brutalmente la cabeza del que estaba en el suelo, antes de descabellar con otro golpe de cuchillo al despanzurrado.

José y Abraham se habían unido al combate cuerpo a cuerpo. José acuchillaba repetidas veces a uno de los atacantes. Con un par de machetazos, Abraham decapitó a los dos últimos.

Ya sólo se oía el sonido neumático de las aceleradas respiraciones de los cuatro supervivientes.

Abraham volvió a persignarse. Así lo hicieron también Lope e Iván, dejando marcas de sangre en sus frentes sudorosas.

Deo gratias -dijeron los tres a la vez.

José limpiaba su cuchillo, mientras se acercaba a registrar los cadáveres de los atacantes armados con pistolas.

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LITERATURA ADMINISTRATIVA III

Lo tonto no está en criticar el medio en que se vive, está en pensar que todo medio no merece vituperación semejante.
La crítica que no llega al corazón podrido del hombre resulta pronto ingenua.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1186.

“En lo que atañe al análisis del audio de este vídeo, apreciamos que al comienzo del mismo entre los segundos 00:00 a 00:07 y en coincidencia con la acción que acabamos de describir de Jesús Escudero se escuchan sonidos de golpes secos, cortos y rápidos solapándose con otro registro de sonido de fondo consistente en gemidos y jadeos con tono de voz femenino. A la vez que suenan estos golpes se oye una voz masculina que no puede ser individualizada, que dice ‘sshhh, tranquilo, tranquilo, tranquilo’ y otra dice ‘un poco más flojito tú, coño’. En el intervalo de comprendido entre los segundos 00:07 a 00:24 se escuchan registros de sonido de respiraciones y gemidos; en concreto registros de sonido de varón, con expresiones ‘ven aquí’ ‘hala, hala‘; ‘a ver illo vamos a organizarnos… me la ha chupado dos veces‘. En el intervalo de tiempo comprendido entre los segundo 00:25 a 00:27 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘chupa aquí, mira, ven‘, coincidiendo este registro, con la actuación de José Ángel Prenda que hemos reflejado anteriormente.

En el intervalo comprendido entre los segundos 00:29 a 00:32 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘Quita quillo, espérate, no la levantes tanto, chupa ahí

Durante esta secuencia, la denunciante permanece en todo momento con los ojos cerrados, observamos un enrojecimiento en sus pómulos, no se produce ningún dialogo , ni intercambio de palabras con los procesados.

Se muestra ausente y durante la mayor parte del tiempo exterioriza una actitud pasiva; apreciamos que en ningún momento adopta ninguna iniciativa para la realización de actos de contenido sexual. En algunas secuencias, comprobamos que alguno de los procesados le agarran del pelo por la parte superior de la cabeza, así en concreto : en el segundo 00:32, visualizamos como una mano le agarra del pelo en este momento se observa como un pene está parcialmente introducido en la cavidad bucal de la denunciante; a continuación en el segundo 00:33, se aprecia como el pene sale de la boca. Entre los segundos 00:36 a 00:39 , es decir ya a la finalización de vídeo se observa un primer plano de una mano que agarra el pelo a la denunciante.”.

Sentencia 38/2018 dictada en el Procedimiento Sumario Ordinario 426/2016 de la Sección 2ª de la Audiencia Provincial de Navarra; pgs. 70-71.

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