El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: SHAKESPEARE

INOCENTADA

Vuelvo a trabajar de agente judicial.

En esta ocasión, mi función es la de archivero. Saca expediente, mete expediente. Del juzgado 1, del juzgado 8. Civil, Penal, Social. Trámite, ejecución, faltas, previas, leves.

También nos tenemos que hacer cargo de las piezas de convicción, que es la forma rebuscada que el lenguaje jurídico de este país usa para referirse a las pruebas de toda la vida.

Cuando Antonio y yo hemos vuelto a nuestra oficina tras buscar algo que hacer, tema complicado en estos aburridos días navideños, hemos descubierto que el trabajo había venido a buscarnos a nosotros en nuestra ausencia. En la mesa de Antonio alguien había dejado una pieza de convicción. Los papeles del oficio estaban grapados a una bolsa de plástico transparente.

Los músculos de mi cara se tensaron.

Le hice un comentario a Antonio, que se confirmó al leer la palabra escrita en la hoja del atestado: fallecimiento.

Un breve silencio brotó mientras contemplábamos el interior de la bolsa de plástico.

Antonio dijo algo sobre las manchas encarnadas que ensuciaban parte de la gruesa cuerda, en las que yo ya me había fijado.

Aquel enser blanco disponía un mundo negro a su alrededor.

Hicimos nuestro trabajo. Metimos la bolsa con la soga en una caja, cerramos la caja con cinta, pegamos los datos identificadores de la pieza en el exterior de la caja. Como Antonio tenía prisa, le dije que se fuese, que ya me encargaba yo de bajarla al archivo de piezas.

El archivo de piezas está dos pisos por debajo de la planta baja, en la parte nueva del edificio. Como nadie pensó en la cercanía del cauce del río Sil, hubo que instalar tiempo después de terminada la reforma una bomba para drenar constantemente esa parte de los sótanos. El frío y la humedad son intensos allí.

El archivo de las piezas queda al final del pasillo, a la izquierda. Deposité la caja en su balda correspondiente.

Con excesivo respeto, quizá. Como si quisiese trocar en rito mortuorio aquel mero acto administrativo.

Como si fuese un enterrador en el quinto acto de Hamlet.

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WHICH THOU MUST LEAVE ERE LONG

¿Qué quiere decir el soneto?, preguntó abruptamente e hizo una pausa. Sus ojos registraron la sala con una impotencia severa y poco menos que satisfecha. ¿Señor Wilbur? No hubo respuesta. ¿Señor Schmidt? Alguien tosió. Sloane dirigió sus brillantes ojos oscuros hacia Stoner. Señor Stoner, ¿qué quiere decir el soneto?

Stoner tragó y trató de abrir la boca.

Es un soneto, señor Stoner, dijo Sloane con sequedad, una composición poética de catorce versos, que sigue ciertas pautas que estoy seguro habrá usted memorizado. Está escrito en lengua inglesa, la cual, según creo, llevará usted varios años hablando. Su autor es William Shakespeare, un poeta que está muerto, pero que a pesar de ello ocupa una posición de cierta importancia en las mentes de algunos. Miró a Stoner durante un momento más y entonces se le pusieron los ojos en blanco, mientras los fijaba ciegamente en algún lugar más allá de la clase. Sin mirar el libro recitó el poema de nuevo y su voz se hizo más profunda y suave, como si las palabras, sonidos y ritmos se hubieran convertido en un instante en él mismo:

En aquella época del año puedes contemplar en mí,
cuando las hojas amarillas, ninguna ya o algunas, cuelgan
de esas ramas que se agitan frente al frío,
desnudos coros ruinosos en los que tarde cantaban dulces pájaros.
En mí ves el ocaso de aquel día
después de que la puesta de sol se funda en poniente;
por la negra noche arrebatada,
la otra cara de la Muerte, que condena al descanso.
En mí ves el resplandor de aquel fuego,
el que sobre las cenizas de su juventud yace,
como el lecho de muerte en que ha de expirar,
consumido por aquello que le alimentaba.
Esto percibes, lo que hace tu amor más fuerte,
amar bien aquello que debes abandonar pronto.

En aquel momento de silencio alguien se aclaró la garganta. Sloane repitió los versos, su voz se hizo plana, volvía a ser su voz.

Esto percibes, lo que hace tu amor más fuerte,
amar bien aquello que debes abandonar pronto.

Los ojos de Sloane regresaron a William Stoner y dijo secamente, El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años señor Stoner, ¿le escucha?

William Stoner se dio cuenta de que por unos instantes había estado conteniendo el aliento. Lo expulsó suavemente, siendo entonces consciente de la ropa moviéndose sobre el cuerpo mientras el aliento le salía de los pulmones. Desvió la vista de Sloane hacia otro punto de la sala. La luz penetraba por las ventanas y se posaba sobre los rostros de sus compañeros de manera que la iluminación parecía venir de dentro de ellos mismos para salir hacia la oscuridad; un alumno pestañeó y una sombra delgada cayó sobre una mejilla cuya parte inferior había recogido la luz del sol. Stoner advirtió que sus dedos se estaban soltando de su firme agarre al escritorio. Volteó las manos frente a sus ojos, maravillándose de lo morenas que estaban, de la intrincada manera en que las uñas se adaptaban al romo final de sus diminutas venas y arterias, pulsando delicada y precariamente desde las yemas de los dedos a través de su cuerpo.

Sloane volvió a hablar. ¿Qué le comunica, señor Stone? ¿Qué quiere decir el soneto?

Los ojos de Stoner se elevaron lentamente y sin convicción. Quiere decir, dijo, y con un pequeño movimiento elevó las manos en el aire. Sentía su mirada ausente mientras buscaba la figura de Archer Sloane. Quiere decir, dijo de nuevo, y no pudo terminar lo que había empezado.

Sloane le miro con curiosidad. Después movió la cabeza bruscamente y dijo, La clase ha terminado. Sin mirar a nadie se dio media vuelta y salió del aula.

William Stoner era apenas consciente de los alumnos de su alrededor que se levantaban gruñendo y refunfuñando de sus asientos y salían renqueando de clase. Durante algunos minutos después de que se hubieran ido permaneció sentado sin moverse, absorto en el suelo de estrechos tablones que habían ido perdiendo barniz a causa de las incesantes pisadas de estudiantes que nunca vería ni conocería. Deslizó su propio pie por el suelo, escuchando el seco chirrido de la madera en sus suelas y sintiendo la aspereza a través del cuero. Después él también se levantó y salió despacio de la clase.

El leve frescor de últimos de otoño penetraba por su ropa. Miró a su alrededor, a las desnudas ramas nudosas que se rizaban y retorcían frente al cielo despejado. Topaban con él estudiantes corriendo hacia sus clases; oía el murmullo de sus voces y el sonido de sus tacones contra los caminos empedrados, y veía sus rostros encendidos por el frío, inclinados frente a la suave brisa. Les miraba con curiosidad, como si no les hubiera visto antes y se sentía muy distante y muy cerca de ellos. Retuvo el sentimiento para sí mientras se apresuraba hacia su siguiente clase, y lo retuvo durante la lección de su profesor de química de suelos, contra el zumbido que dictaba cosas para ser escritas en cuadernos y recordadas mediante un arduo proceso que ni siquiera ahora le resultaba familiar.

En el segundo semestre de aquel curso William Stoner abandonó las asignaturas de ciencias e interrumpió sus estudios en la Facultad de Agricultura. Asistió a cursos de introducción a la filosofía y a la historia antigua y a dos asignaturas de literatura inglesa. En verano regresó de nuevo a la granja de sus padres, ayudó a su padre con la cosecha y no mencionó su trabajo en la universidad.”

Stoner, de John Williams; Baile del Sol, 2011; pgs. 16-19.

MEMENTO, HOMO

“La casa de Belloc es bastante espaciosa, pero cochambrosa y desoladora… Belloc ha aparecido arrastrando los pies -desde el infarto cerebral le cuesta mucho caminar- e increíblemente desaliñado… murmurando para sí y olvidando lo que acaba de decir hace un momento; con barba y ojos iracundos y enojados… Nada que ver con un hombre sereno. Aunque se ha pasado la vida hablando de religión, no parece que quede mucha en él… me ha recordado al rey Lear.”

De los diarios de Malcolm Muggeridge, citados por Joseph Pearce en su libro Escritores conversos; Palabra, 2006; pg. 507.

'Visitando a la abuela', de Denis Ichitovkin

‘Visitando a la abuela’, de Denis Ichitovkin

LA MÁSCARA EXTRANJERA

Only the dramatic mind wincing under the strain of outer evil thus projects itself instinctively into figures which must utter wholly the derangement that is partly its own.

Pessoa, sobre Shakespeare; en Páginas sobre literatura e estética; Publicaçôes Europa-América; pg. 112.

“El propio Pessoa fecha en septiembre de 1908 [a los 20 años] el momento en que deja de escribir exclusivamente en inglés para hacerlo en portugués. No cabe duda de que el principal motivo de este repentino cambio es político. Tras dos años de permanencia en ese país donde se sentía aún medio extranjero, le invade un intenso sentimiento patriótico.

[…] Lo que es seguro es que entre los ocho y los nueve años domina completamente el inglés, que será, durante diez años, su lengua de trabajo intelectual y de creación literaria.

Mucho se ha dicho acerca del papel del bilingüismo en la génesis de su obra. Jorge de Sena sostiene que durante toda su vida Pessoa pensó en inglés y escribió en portugués; ése sería el secreto de su estilo inimitable, tanto en verso como en prosa. Otros defienden casi lo contrario: el portugués, lengua materna, en sentido estricto, le resultaba más natural que el inglés, lengua adquirida, de la cual tenía una práctica sobre todo libresca y que hablaba y escribía, según su antiguo condiscípulo Ormond, casi demasiado bien, con un estilo académico. Jennings resume su opinión con una frase tajante: Para Pessoa, el inglés era la lengua del intelecto, y el portugués, la lengua del corazón. El propio Pessoa, mucho más tarde, haciendo el elogio de Babel y del bilinguismo, propondrá otro reparto en su profecía del Quinto Imperio, que será el reino de la cultura: Se utilizará el inglés como lengua científica y general, y el portugués como lengua literaria y particular. Para aprender, se leerá en inglés; para sentir, en portugués. Para enseñar se hablará en inglés; para expresarse, en portugués.

Todos estos juicios, incluido el suyo, no agotan el tema, que por el momento apenas ha sido tratado por los especialistas. Tiendo a pensar que el uso del inglés, en una obra donde predomina el portugués, crea una distancia análoga a la que establecen los heterónimos entre el poeta y el propio Pessoa: se pueden leer Antínoo y los Sonetos como poemas de un cuarto gran heterónimo, cuya máscara no es un nombre sino una lengua. Conviene añadir sin embargo que ambas lenguas le son igualmente consustanciales, hasta el punto de que a veces, escribiendo sus borradores en prosa, pasa de una a otra, sin advertirlo.”

Extraño extranjero. Una biografía de Fernando Pessoa; de Robert Bréchon; Alianza, 1999; pgs. 104-105, 50-51.

entroido

CONTRASTES Y CLAROSCUROS

Sentados a la mesa nueva de la cocina, que tan agradable hace la tertulia tras el yantar, comento con mi mujer cierta duda de estilo.

Me preocupa que el excesivo contraste emocional entre escenas desequilibre la lógica argumental de la narración, haciendo parecer incoherente el conjunto. Le digo si no sería mejor ir introduciendo ciertos signos de lo que va a ocurrir, justo antes de un cambio de tensión dramática, para escalonar las transiciones.

Ella me recuerda que nuestra opinión común es la contraria; pues es cierto que hemos hablado varias veces de este tema y siempre hemos concluido que uno de los grandes logros de la literatura barroca es precisamente ése: presentar contrastes de forma visceral, sin ningún tipo de complacencia con el lector o espectador. Y mi mujer me recuerda la razón: es el mejor estilo de escritura porque la vida es realmente así.

La reunión más agradable se puede convertir en segundos en la mayor de las tragedias, por la llegada de una noticia inesperada. Y la más terrible soledad puede desvanecerse ante el súbito reencuentro con un amor dado por muerto hace mucho.

Ese delirante vaivén de la fortuna y del existir, formidablemente representado, por ejemplo, en La vida es sueño. O el típico personaje gracioso -que Shakespeare llevó a la perfección narrativa- apareciendo en medio, o justo antes o justo después, de raptos, violaciones o asesinatos.

Sí, así hay que escribir. En salvajes claroscuros.

cristo velázquez

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester