El sosiego acantilado

Categoría: SANTO TOMÁS DE AQUINO

SI DIOS QUIERE LO MALO

“Que de un pecado se siga un bien es cosa ajena a la intención del que peca, como fue ajeno a la intención de los tiranos que sus persecuciones sirviesen para hacer resplandecer la paciencia de los mártires, y, por tanto, no se puede decir que semejante orden vaya implícito en la fórmula es un bien que exista o se haga el mal, porque nunca se juzga de una cosa por lo que tiene de accidental, sino por lo que le compete de por sí.

[…] Si bien entre que exista y que no exista el mal hay oposición contradictoria, no es, sin embargo, contradictoria la que hay entre querer que se haga el mal y querer que no se haga, ya que uno y otro son actos afirmativos. Por tanto, ni Dios quiere que se haga el mal ni quiere que no se haga; lo que quiere es permitir que se haga. Y esto es bueno.”

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 19, artículo 9; BAC, 2010; vol. I, pgs. 514, 515.

Estado Islámico

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EL GÉNESIS SEGÚN TOLKIEN

Si, en cambio, se considera el motivo de pecar, hallamos que es mayor en los superiores que en los inferiores. En efecto, según hemos visto, el pecado de los demonios fue el de soberbia, cuyo motivo es la excelencia, que poseyeron en mayor grado los superiores que los inferiores, y por esto dice San Gregorio que el que pecó fue el supremo entre todos.

Y esto parece ser lo más probable.

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 63, artículo 7; BAC, 2010; vol. II; pg. 846.

“En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y estuvieron con él antes que se hiciera alguna otra cosa. Y les habló y les propuso temas de música; y cantaron ante él y él se sintió complacido. Pero por mucho tiempo cada uno de ellos cantó solo, o junto con unos pocos, mientras el resto escuchaba; porque cada uno sólo entendía aquella parte de la mente de Ilúvatar de la que provenía él mismo, y eran muy lentos en comprender el canto de sus hermanos. Pero cada vez que escuchaban, alcanzaban una comprensión más profunda, y crecían en unisonancia y armonía.

Y sucedió que Ilúvatar convocó a todos los Ainur, y les comunicó un tema poderoso, descubriendo para ellos cosas todavía más grandes y más maravillosas que las reveladas hasta entonces; y la gloria del principio y el esplendor del final asombraron a los Ainur, de modo que se inclinaron ante Ilúvatar y guardaron silencio.

Entonces les dijo Ilúvatar: Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agrado que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.

Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en un gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído hasta las profundidades y las alturas, rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar; y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el Vacío, y ya no hubo vacío. Nunca desde entonces hicieron los Ainur una música como ésta aunque se ha dicho que los coros de los Ainur y los Hijos de Ilúvatar harán ante él una música todavía más grande, después del fin de los días. Entonces los temas de Ilúvatar se tocarán correctamente y tendrán Ser en el momento en que aparezcan, pues todos entenderán entonces plenamente la intención del Único para cada una de las partes, y conocerán la comprensión de los demás, e Ilúvatar pondrá en los pensamientos de ellos el fuego secreto.

Pero ahora Ilúvatar escuchaba sentado, y durante un largo rato le pareció bien, pues no había fallos en la música. Pero a medida que el tema prosperaba, nació un deseo en el corazón de Melkor: entretejer asuntos de su propia imaginación que no se acordaban con el tema de Ilúvatar, porque intentaba así acrecentar el poder y la gloria de la parte que le había sido asignada. A Melkor, entre los Ainur, le habían sido dados los más grandes dones de poder y conocimiento, y tenía parte en todos los dones de sus hermanos. Con frecuencia había ido solo a los sitios vacíos en busca de la Llama Imperecedera; porque grande era el deseo que ardía en él de dar Ser a cosas propias, y le parecía que Ilúvatar no se ocupaba del Vacío, cuya desnudez lo impacientaba. No obstante, no encontró el Fuego, porque el Fuego está con Ilúvatar. Pero hallándose solo, había empezado a tener pensamientos propios, distintos de los de sus hermanos.

Melkor entretejió algunos de estos pensamientos en la música, e inmediatamente una discordancia se alzó en torno, y muchos de los que estaban cerca se desalentaron, se les confundió el pensamiento, y la música vaciló; pero algunos empezaron a concertar su música con la de Melkor más que con el pensamiento que habían tenido en un principio. Entonces la discordancia de Melkor se extendió todavía más, y las melodías escuchadas antes naufragaron en un mar de sonido turbulento. Pero Ilúvatar continuaba sentado y escuchaba, hasta que pareció que alrededor del trono había estallado una furiosa tormenta, como de aguas oscuras que batallaran entre sí con una cólera infinita que nunca sería apaciguada.

Entonces Ilúvatar se puso de pie y los Ainur vieron que sonreía; y levantó la mano izquierda y un nuevo tema nació en medio de la tormenta, parecido y sin embargo distinto al anterior, y que cobró fuerzas y tenía una nueva belleza. Pero la discordancia de Melkor se elevó rugiendo y luchó con él, y una vez más hubo una guerra de sonidos más violenta que antes, hasta que muchos de los Ainur se desanimaron y no cantaron más, y Melkor predominó. Otra vez se incorporó entonces Ilúvatar, y los Ainur vieron que estaba serio; e Ilúvatar levantó la mano derecha, y he aquí que un tercer tema brotó de la confusión, y era distinto de los otros. Porque pareció al principio dulce y suave, un mero murmullo de sonidos leves en delicadas melodías; pero no pudo ser apagado y adquirió poder y profundidad. Y pareció por último que dos músicas se desenvolvían a un tiempo ante el asiento de Ilúvatar, por completo discordantes. La una era profunda, vasta y hermosa, pero lenta y mezclada con un dolor sin medida que era la fuente principal de su belleza. La música de Melkor había alcanzado ahora una unidad propia; pero era estridente, vana e infinitamente repetida, y poco armónica, pues sonaba como un clamor de múltiples trompetas que bramaran unas pocas notas, todas al unísono. E intentó ahogar a la otra música con una voz violenta, pero pareció que la música de Ilúvatar se apoderaba de algún modo de las notas más triunfantes y las entretejía en su propia solemne estructura.

En medio de esta batalla que sacudía las estancias de Ilúvatar y estremecía unos silencios hasta entonces inmutables, Ilúvatar se puso de pie por tercera vez, y era terrible mirarlo a la cara. Levantó entonces ambas manos y en un acorde más profundo que el Abismo, más alto que el Firmamento, penetrante como la luz de los ojos de Ilúvatar, la Música cesó.”

Ainulindalë, de J.R.R. Tolkien; en El Silmarillion; Minotauro, 2002; pgs. 15-17.

(Sé que en el vídeo la imagen y el sonido están pelín desincronizados; pero es que adoro a Gergiev…)

MISTERIOSO CALLAR

En la interior bodega

de mi amado bebí, y cuando salía

por toda aquesta vega,

ya cosa no sabía

y el ganado perdí que antes seguía.

Canción 26 del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz; en sus Obras completas; BAC, 2009; pg. 842.

Celebrando misa en la capilla de san Nicolás, fue conmovido por un maravilloso cambio y después nunca escribió ni dictó nada. Es más, retiró todos los instrumentos de escribir. Estaba escribiendo en la tercera parte de la Suma el tratado de la penitencia. Viendo fray Reginaldo que el Maestro había cesado de escribir, le dijo: ‘Padre, ¿por qué dejas una obra tan grande que redundaría en alabanza a Dios y sería para luz del mundo?’ A lo que respondió el Maestro: ‘Reginaldo, no puedo’. Temiendo fray Reginaldo que el mucho estudio le hubiera debilitado la mente, le insistía siempre para que continuase escribiendo. Y fray Tomás le respondía: ‘Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito me parece paja’.

Fray Reginaldo continuaba insistiendo para que le explicara el motivo de que estuviera abstraído, sin darse cuenta de lo que le rodeaba y, tan absorto, que no quería ni escribir. Después de mucho insistir, santo Tomás le respondió:

‘Yo te conjuro por Dios omnipotente y por la fe que profesáis para con nuestra Orden y por la caridad que te une a mí, que lo que te voy a decir no lo digas a nadie mientras viva’. Y añadió para sí: ‘Todo lo que he escrito me parece paja respecto de lo que he visto y me ha sido revelado’.

Santo Tomás de Aquino. Su vida, su obra y su época, de Eudaldo Forment; BAC, 2009; pgs. 600-601.

'Santo Tomás de Aquino', de Bartolomé Esteban Murillo (1650)

‘Santo Tomás de Aquino’, de Bartolomé Esteban Murillo (1650)

IDOLA

El estudio de los mitos pertenece a la metafísica, no a la psicología.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 312.

“Ni el católico ni el pagano conocen la naturaleza de Dios tal cual es; pero, según hemos dicho, uno y otro la conocen por los conceptos de causalidad, excelencia y remoción, y por esto, al decir el gentil: el ídolo es Dios, puede tomar el término Dios en el mismo sentido en que lo toma el católico cuando dice: el ídolo no es Dios. Por lo demás, quien no tuviere idea ninguna de Dios, no podría nombrarle, o, si acaso, lo haría únicamente como nos sucede cuando pronunciamos términos cuyo significado desconocemos.”

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 13, artículo 10; BAC, 2010; vol. I, pgs. 363-364.

DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE: ET HOMO FACTUS EST

“…el islamismo es una continuación de la herejía arriana, como ya lo había visto San Juan Damasceno…”

La fe del ateo, de Gustavo Bueno; Temas de Hoy, 2007; pg. 350.

 

“La idea de la divinidad de Cristo, prosiguió Rediger, era el error fundamental que conducía de forma inevitable al humanismo y a los derechos del hombre. También eso lo había dicho ya Nietzsche, y en unos términos más duros, y sin duda habría estado igualmente de acuerdo en que el islam tenía por misión purificar el mundo liberándolo de la doctrina nociva de la encarnación.”

Soumission, de Michel Houellebecq; Flammarion, 2015; pg. 272 [traducción propia].

 

“Una de las sorpresas que esperan al historiador del pensamiento cristiano es su insistencia sobre el valor, la dignidad y la perpetuidad del cuerpo humano. Casi todo el mundo considera la concepción cristiana del hombre como un espiritualismo caracterizado. ¿De qué sirve al hombre conquistar el universo si llega a perder su alma? Cultivar su alma, librar su alma purificándola y salvar su alma liberándola: ése es, según parece, el fin propio del Cristianismo. Agreguemos a esto que el Dios cristiano es espíritu, que así, pues, el hombre no puede unirse a Dios sino por el espíritu, y que, en efecto, es en espíritu y en verdad como Dios quiere ser adorado. ¿Cómo no esperar, pues, que filósofos cristianos dirijan todo su esfuerzo a la parte espiritual del hombre, que es el alma, y descuiden ese elemento caduco, opaco al pensamiento, ciego a Dios, que es el cuerpo? Sin embargo, para escándalo de muchos historiadores y filósofos, sucedió lo contrario. San Buenaventura, Santo Tomás, Duns Escoto, y aun diría San Francisco de Asís, son hombres que amaron la materia, respetaron su cuerpo, celebraron su alta dignidad y jamás quisieron separar su destino del de su alma.”

El espíritu de la Filosofía Medieval, de Étienne Gilson; Rialp, 2009; pg. 177.

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LA RELIGIÓN DENTRO DE LOS LÍMITES DE LA MERA RAZÓN

“Es imposible que ningún entendimiento creado comprenda a Dios; pero, como dice San Agustín, llegar con el entendimiento hasta Dios, por poco que se alcance, es ya gran dicha.

Para explicar esto, adviértase que comprender una cosa es conocerla con perfección, y conocerla con perfección es conocerla tanto cuanto es cognoscible; y por esto, si de lo que es cognoscible con ciencia demostrativa sólo tenemos opinión fundada en razones probables, no lo comprendemos; por ejemplo, el que sabe por demostración que los tres ángulos de un triángulo equivalen a dos rectos, lo comprende; pero el que tiene de esta verdad una opinión probable, fundada en que así lo enseñan los sabios o lo dicen muchos, no la comprende, porque no alcanza aquel modo de conocimiento perfecto con que es cognoscible esta verdad.

Pues bien, ningún entendimiento creado puede alcanzar a conocer la esencia divina en el grado de perfección con que es cognoscible, y la razón es evidente. Un ser es cognoscible en la medida en que está en acto. Luego Dios, cuyo ser, según hemos dicho, es infinito, es infinitamente cognoscible. Pues ningún entendimiento creado puede conocer infinitamente a Dios, porque si conoce, con más o menos perfección, la esencia divina, es porque está dotado de mayor o menor luz de gloria. Pero, como la luz de gloria que recibe el entendimiento creado no puede ser infinita, es imposible que ninguno conozca infinitamente a Dios, y, por tanto, es imposible que lo comprenda.”

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 12, artículo 7; BAC, 2010; vol. I, pgs. 304-305.

Profesión solemne de monjes dominicos en Dublín (2011)

Profesión solemne de monjes dominicos en Dublín (2011)

QUI PLUS HABEBIT DE CARITATE, BEATIOR ERIT

“Entre los que vean a Dios por esencia, unos le verán con mayor perfección que otros. Sin embargo, no sucederá esto porque exista en unos una imagen de Dios más perfecta que en otros, según hemos dicho, ya que aquella visión no se realiza mediante imagen alguna, sino porque el entendimiento de unos tendrá mayor poder o capacidad que el de otros para ver a Dios. Pero como esta capacidad no la tiene el entendimiento en virtud de su naturaleza, sino merced a la luz de la gloria, que en cierto modo le hace deiforme, según hemos visto, síguese que el entendimiento que más participe de la luz de la gloria será el que con mayor perfección vea a Dios, y de la luz de la gloria participará más el que tenga mayor amor [caritas], porque donde hay más amor, hay también mayor deseo [desiderium], y el deseo es el que, de alguna manera, prepara y hace apto al que desea para recibir lo deseado. Luego quien tenga mayor amor, éste es el que verá a Dios con mayor perfección y será más dichoso.”

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 12, artículo 6; siguiendo la edición bilingüe de la BAC, 2010; vol. I, pg. 302.

'Visión de Santo Tomás de Aquino', de Santi di Tito (1593)

‘Visión de Santo Tomás de Aquino’, de Santi di Tito (1593)

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester