El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: SANTA MARÍA

ULTIMÁTUM

En siete días, que Dios nos proteja, piensa el señor Auguste.

En siete días, empieza todo, piensa la Primera Magistrada.

En siete días, aún no estaremos preparados, piensa el Principal.

En siete días, será Todos los Santos, piensa Jeanne.

En siete días, estaremos ya muy cerca de las Santas Ruinas, piensa Abraham.

Michel Hundt se queda callado en medio de su clase de Historia.

Patricia baja la cabeza al ver que Michel Hundt pierde el hilo de su clase.

En siete días, la plaga, piensa Santiago de Simou.

En siete días, la verdad, piensa Erik el Rojo.

En siete días, la justicia, piensa el adolescente.

En siete días, el dolor, piensa Ramos-Hollande.

En siete días, que Santa María Virgen sea capaz de retener el brazo de Su Hijo, piensa Marie de Rocamadour.

Ramiro de Mar no piensa en nada. Sólo sufre y reza.

Advertisements

EL HERMANO DEL SEÑOR

Y llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, mandaron a por él, llamándole. Y la gente estaba sentada a su alrededor, y le dijeron: “¡Mira! Tu madre y tus hermanos están fuera, buscándote”. Y respondiendo les dijo: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”. Y mirando en torno a los que estaban sentados a su alrededor, en corro, dijo: “He aquí mi madre y mis hermanos. Pues cualquiera que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Evangelio según San Marcos 3, 31-35

hermanos [adelphoi]. Este término supone que, después del nacimiento de Jesús, su madre, María, concibió y dio a luz más hijos, lo cual es compatible con Lc 2, 7 (su hijo primogénito) y Mt 1, 25 (José y María no mantuvieron relaciones sexuales hasta después del nacimiento de Jesús). La postura oficial de la Iglesia católica defiende, sin embargo, que María se mantuvo perpetuamente virgen y, en esa línea, a partir del siglo IV d. C., los teólogos católicos y algunos protestantes (¡como Martín Lutero y Juan Calvino!) han opinado que aquellos a quienes el Nuevo Testamento llama hermanos de Jesús son de hecho primos (san Jerónimo) o hermanastros, hijos que tuvo José en un matrimonio anterior (san Epifanio). Sin embargo, actualmente la mayoría de los estudiosos, incluyendo un número creciente de católicos, prefieren una interpretación literal de hermanos.

Esta última postura se asienta en buenas razones, mientras que las alternativas carecen de argumentos convincentes para defenderse.

a) Sobre la hipótesis de los hermanos de Jesús como hermanastros. En el Nuevo Testamento, fuera de nuestro pasaje y del pasaje paralelo de 6, 3, adelphos es un término de familia que se refiere prácticamente siempre a un hermano en sentido estricto, con la única excepción importante de Mc 6, 17 // Mt 14, 3, donde tiene el sentido de medio hermano, es decir, de alguien con quien se comparte sólo uno de los padres biológicos (el padre o la madre), y no de hermanastro, es decir un hermano por matrimonio de uno de sus padres, sin relación biológica. Además, no hay ninguna evidencia independiente para hablar de un matrimonio previo de José.

b) Sobre la hipótesis de los hermanos de Jesús como primos. En toda la Biblia sólo hay un caso en que la palabra hermano tenga este sentido (1 Cr 23, 22) y se trata de un caso en el que el significado queda claro por el contexto inmediato, cosa que no sucede en modo alguno en Mc 3, 31-35. Además, la lengua griega tiene una palabra clara y sin ambigüedades para referirse a primo, la palabra anepsios (cf. Col 4, 10), y aquí se hubiera empleado probablemente esa palabra si se hubiera tratado de primos. La aplicación de esta hipótesis de los primos de Jesús exige que se trace una complicada e improbable genealogía, en la que una hermana de María -llamada también María, por más coincidencia- se casó con un hombre llamado Cleofás (Jn 19, 25), o Alfeo (Mc 3, 18; cf. 6, 3; 15, 40). Por otra parte, como ha puesto de relieve J. P. Meier, el impacto retórico de nuestro pasaje (Mc 3, 35) quedaría considerablemente debilitado en el caso de que adelphos se tomara como primo.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 312-313.

CONCILIO

Marie, Abadesa y Señora de Rocamadour, a las iglesias:

Hermanos en la fe, pidiendo la intercesión de Nuestra Señora Santa María Virgen del Monte Carmelo, rogando por la protección de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Lisieux, Santa Teresa Benedicta de la Cruz y San Juan Benedicto de Rocamadour, me dirijo a vosotros en esta grave hora, con la más honda preocupación.

Creo que somos todos conscientes de que el mundo que hasta ahora habíamos conocido, está cambiando. Aunque los retos que los fieles de Cristo tuvieron que soportar tras la Caída fueron de tal calibre que sólo se puede explicar su superación gracias a la ayuda divina y de todos los santos, lo cierto es que la situación en la que quedó el mundo hizo factible el resurgimiento de formas de vida que el estado de cosas anterior había hecho imposible.

La creación de las Casas, o la propia vida en poblaciones de un tamaño drásticamente menor, permitieron de nuevo la existencia de comunidades organizadas en base a nuestra fe. Lo cual fue bueno, no sólo para nosotros, sino también para el mundo, el cual ayudamos a reconstruir. Coepitque Noe agricola plantare vineam.

Pero el mundo ha vuelto a crecer en la misma dirección que lo había hecho antes de la Caída. Y las comunidades de fieles, ahora como entonces, vuelven a estar en serio peligro.

Si nos atenemos a lo que la Historia nos enseña, nada podemos esperar del desarrollo de estos acontecimientos, que amenazan con volver a repetir lo que ya todos conocemos, quién sabe si esta vez de forma definitiva.

Así las cosas, son muchas las dudas que se nos plantean a todos los fieles sobre qué actitud hemos de tomar ante las nuevas circunstancias: si es necesario cambiar algo en nuestras comunidades para intentar superar el nuevo desafío, si es nuestra obligación enfrentarnos con todas las armas a nuestra disposición a este enemigo, o simplemente intentar sobrevivir en los huecos que nos vaya dejando el desarrollo de la Historia.

Es por ello que, en base a la autoridad que me otorga mi condición de Abadesa y Señora de Rocamadour, convoco a Concilio Católico a todas las comunidades y congregaciones de fieles; y con tal objeto, les exhorto a que envíen sus representantes a las Santas Ruinas, para iniciar las sesiones el próximo Lunes de Pascua.

Que sea todo para mayor gloria de Dios.

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester