El sosiego acantilado

Categoría: SAN MARCOS

…καὶ μετεμορφώθη ἔμπροσθεν αὐτῶν

“Sin embargo, casi no me atrevo a decir cuánta vanidad y debilidad encuentro en mí. Tan inestables son mis fundamentos, y tan inclinados a vacilar y hundirse, que en ayunas me siento diferente a como estoy después de comer. Si me hallo en buena salud y el día es claro, siéntome hombre honrado y bueno. Si un callo me molesta en el pie, me siento torvo, desagradable e inasequible. Un mismo paso de caballo me parece ya cómodo, ya rudo, y un mismo camino se me antoja unas veces corto y otras largo. Una misma forma me es más agradable o menos, según las ocasiones; ora lo hago todo, ora nada; lo que en esta sazón place me desplace en aquella. Hay en mí mil agitaciones indiscretas y casuales; ya me acomete un humor melancólico, ya uno colérico; y mientras a una hora la tristeza se adueña de mí, por su propia y privada autoridad, a otra predomina en mí la alegría. En un libro hallo a veces gracias que impresionan mi alma, y otros días, por vueltas que le dé, sólo veo una masa informe y desconocida. En mis mismos escritos no encuentro siempre el talante de mi primera imaginación; no sé lo que he querido decir; y a veces he de corregirlo y darle un nuevo sentido por haber olvidado el primero, que valía más. No hago más que ir y venir, mi juicio no marcha siempre hacia delante, sino que fluctúa y vaga.

[…] ¡Qué cosa tan vil y abyecta -dice el aludido [Plutarco]- es el hombre si no se eleva por encima de la Humanidad! Buenas palabras y útil deseo, pero absurdos; porque hacer la puñada mayor que el puño, la brazada mayor que el brazo y esperar franquear con las piernas más de lo que permite su longitud, es imposible y monstruoso, como lo es que el hombre se remonte sobre sí mismo y sobre la Humanidad. No le es posible, en efecto, ver sino con sus ojos ni aferrar más que con sus manos. Si Dios le presta un extraordinario socorro, podrá elevarse abandonando y renunciando a sus propios medios y dejándose realzar y levantar por medios puramente celestiales. A nuestra fe cristiana, no a la virtud estoica, corresponde pretender esa divina y milagrosa metamorfosis.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen II, pgs. 210-211, 246.

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ΣΥΜΠΟΣΙΑ ΣΥΜΠΟΣΙΑ

Y les mandó que les hicieran reclinarse en grupos de comida por grupos de comida sobre la hierba verde, y se sentaron conjunto a conjunto, en unidades de cien y en unidades de cincuenta.

Mc 6, 39-40

“La demencia de los sicarios se adueñó también, como una peste, de las ciudades próximas a Cirene. Se había refugiado allí Jonatán, un individuo muy malvado, tejedor de profesión, que convenció a un gran número de gente pobre para que le siguiera y la condujo al desierto con la promesa de mostrarle señales y apariciones.”

La guerra de los judíos, de Flavio Josefo; Libro VII, 437-439; Gredos, 1999.

“La palabra symposion, que es un hapax legomenon en el Nuevo Testamento, significa literalmente ‘bebiendo juntos’ y originalmente designaba una fiesta de bebida. Más tarde, esa palabra vino a significar la habitación donde se come o el mismo banquete. La literatura greco-romana de tipo ‘simposio’, cuyo ejemplo más significativo es el Simposio Banquete de Platón, combina el contexto del banquete con una discusión filosófica. Marcos utiliza aquí ese término en un sentido traslaticio, para referirse a las congregaciones o grupos de personas que comen.

[…] Los intensos rasgos mosaicos y escatológicos de nuestro pasaje pueden tener una importancia especial para Marcos y su comunidad, por la cercanía con la Guerra Judía del 67-73 d.C. Flavio Josefo describe en este contexto a profetas del tipo de Moisés y de Josué, con rasgos revolucionarios, profetas que dirigen a sus seguidores al desierto, para prometerles allí maravillas, fundando probablemente sus esperanzas en las profecías bíblicas que hablan de un nuevo éxodo que debe realizarse.

De acuerdo con eso, nuestra historia presenta a Jesús como el realizador de esas promesas: Jesús mismo es el revelador esperado, el pastor del pueblo, el que dirigirá a sus seguidores hasta la victoria final. Sin embargo, él cumple esas esperanzas de una forma que no encaja con el modelo previsto: ofreciendo un banquete en lugar de levantando en armas a un ejército.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 474, 490.

'La cena de Emaús', de Tintoretto (1542-1543)

‘La cena de Emaús’, de Tintoretto (1542-1543)

MISTERIO DEL REINO

¡Escuchad! Mirad que salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Y otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y enseguida brotó, porque no tenía tierra profunda, y cuando salió el sol se marchitó y porque no tenía raíz se secó. Y otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron y no dio fruto. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, saliendo y creciendo, y produjo el treinta, y el sesenta, y el ciento por uno.

Mc 4, 3-8

“[…] la sorprendente semejanza entre 4 Esdras 4, 26-29 y Marcos, 4, 3-8, nos permite suponer que Marcos está recibiendo su tema de una metáfora apocalíptica corriente: la nueva edad se expresará pronto como un campo milagrosamente fecundo. Pues bien, desde ese fondo resultan también sorprendentes las diferencias entre las dos parábolas (de 4 Esdras y de Marcos).

En 4 Esdras el campo malo, el campo donde se ha sembrado la mala semilla, debe desaparecer antes de que venga a existir el buen campo, el campo donde se siembra la buena semilla. En otras palabras, de una manera que resulta muy lógica, primero debe terminar la edad antigua; sólo después podrá surgir la nueva edad. Pero en Marcos, por el contrario, ambas edades coexisten, una al lado de la otra (cf. en esa línea Mt 13, 20-30). Eso significa, en otras palabras, que la nueva edad ha llegado ya (mientras en otro plano sigue existiendo el mundo viejo); la gloriosa y casi increíble cosecha que se atribuye a la buena tierra […] constituye un testimonio de su llegada para aquellos que tienen ojos para ver.

Pues bien, debemos poner de relieve el hecho de que en Marcos (en contra de lo que sucede en 4 Esdras) la nueva edad no ha llegado aún de una forma tal que elimine todos los vestigios de la edad antigua: la mala tierra, que es símbolo de la esterilidad, debilidad y sufrimiento del eón antiguo, persiste aún tenazmente y produce su cosecha de muerte. Esta extraña coexistencia de la edad nueva y de la antigua constituye para Marcos el misterio del reino de Dios. A causa de este misterioso ocultamiento, uno necesita abrir los ojos de la fe para discernir la presencia del reino de Dios. Así fue como lo dijo Martin Buber: Las auténticas victorias, vencidas en secreto, a veces parecen derrotas… A la luz de una débil lámpara, nuestra fe en Dios como Señor de la Historia puede parecer a veces ridícula; pero hay algo secreto en la historia y que confirma nuestra fe. Para Marcos, ese algo secreto es la cruz, porque es aquí donde el creyente es capaz de ver la victoria de Dios en una aparente derrota.”

El evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 337-338.

ET TENTABATUR A SATANA

E inmediatamente, el Espíritu le expulsó al desierto; y estaba en el desierto durante cuarenta días, siendo tentado por Satán; y estaba con los animales salvajes y los ángeles le servían.

Mc 1, 12-13

por Satán [hypo tou Satana], una transliteración del arameo Śātānā’. El Antiguo Testamento conoce muy poco sobre Satán o el Diablo. En el Antiguo Testamento, hāśśātān (= el adversario) no es una persona, sino la designación de un tipo de oficio, propio de una especie de fiscal judicial angélico a quien Dios ha delegado la tarea de acusar a los seres humanos (Job 1-2 y Zac 3, 1-2). Únicamente en 1 Cr 21, 1 aparece ya como nombre propio, aunque se usa sin artículo definido, para indicar una figura malvada que induce a Israel a pecar. La importancia de Satán en el Nuevo Testamento refleja el desarrollo de la demonología del judaísmo intertestamentario, en especial en los escritos apocalípticos.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 179, 180.

'La tentación del desierto', de Briton Rivière (1898)

‘La tentación del desierto’, de Briton Rivière (1898)

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Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester