El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: SAN GILBERTO

FUEGO A TODA LA CIVILIZACIÓN MODERNA

“Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.”

Lo que está mal en el mundo, de Gilbert Keith Chesterton; Ciudadela, 2006; pg. 199.

'Mimitos', de William-Adolphe Bouguereau (1890)

‘Mimitos’, de William-Adolphe Bouguereau (1890)

Advertisements

LA TENTACIÓN DE SAN GILBERTO

“Le cité una cosa que me había dicho el Aga Khan unas semanas antes cuando lo entrevisté. Su Alteza dijo que, si se cayese un muro y le aplastase un pie, exclamaría Es lo mejor que me podía pasar.

Respondió G.K.C. solemnemente: Entonces el idioma persa debe de estar muy escaso de palabrotas. Y soltó una carcajada.

(Verán que en estas páginas, G.K.C. se carcajea muchas veces. Pero no es culpa mía, sino suya.)

Pero observarás lo que le ocurre al Aga Khan -prosiguió-: padece de mi antigua enfermedad. Lo alaba todo. Y hace caso omiso de las verdades equilibradoras que completan la espléndida paradoja de la existencia. Él dice: ¡Hágase Tu voluntad! pero no ¡Líbranos del mal! Nosotros reconocemos que el universo es de Dios, pero que el enemigo existe.

Esta fue, pues, mi gran tentación. Ahora podría ser un heresiarca reconocido, como el señor Bernard Shaw o el señor H. G. Wells o el señor Aldous Huxley, dedicándome a interpretar el universo en términos de un poquito de verdad que me atrajese personalmente. No, me parece que no habría sido un heresiarca tan interesante como el señor Shaw, porque él, con su tremenda honestidad intelectual, con su agilidad, ha ido saltando de herejía en herejía, al ir comprobando que ninguna funciona.

Pero yo habría sido un heresiarca, digamos, proporcionado. Y habría tenido discípulos. Cualquier heresiarca del montón es capaz de reunir discípulos suficientes como para llenar una sala pequeña, y hacerse la ilusión de que tiene una clientela tan universal como un jinete famoso. Pero me parece que yo habría conseguido algo más. Me parece que habría causado sensación.

Me daban miedo dos cosas. La primera, mi herejía, tan peligrosa como verdadera. Y segunda, mis seguidores. Estaba orgulloso de ellos. Qué espectáculo, de haber podido llevarlos detrás en procesión a todas partes. Pero me asustaban. Vi lo que los seguidores de Shaw le habían hecho, ágilmente, al ir él esquivándolos. Así que, como no soy experto esquivando, convencí a mis seguidores para que me soltasen. Caí muy suavemente sobre una roca.

Algunos pensarán que no era gran cosa esa roca. Pero sea como fuere, era lo suficientemente fuerte como para soportar cómodamente el tremendo volumen de Gilbert Chesterton.”

G.K. Chesterton, mi amigo, de W. R. Titterton; Rialp, 2011; pgs. 73-74.

ORTODOXIA

“La impresionante fuerza de Chesterton está a punto de obligarme a ir corriendo hasta una iglesia, en busca de un cura que me haga católico lo más rápido posible. No sé si las verdades de Chesterton son las verdades; pero sé que son aquellas que yo puedo reconocer como bellas; aquellas que valdría la pena que fueran las verdades. Yo siento todas las contradicciones del catolicismo como conformadoras de mi ser.”

Escrito en mi diario el sábado 12 de marzo de 2005 (traducido del original gallego).

Los secularistas no han destruido las cosas divinas, pero sí las seculares, si eso les sirve de consuelo. Los titanes no escalaron hasta el cielo, pero devastaron el mundo.

Ortodoxia, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2013; pg. 184.

DETALLES DE UNA CONVERSIÓN A LARGO PLAZO

Es sobre las antinomias de la razón, sobre los escándalos del espíritu, sobre las rupturas del universo, sobre lo que fundo mi esperanza y mi fe.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1317.

“La contradicción entre virtú fortuna. Voluntad y determinación. Comprender la red de hechos contemporáneos para ajustarse a ellos. ¿Es lo único que nos queda? El político nunca podrá abarcar la totalidad de las causas; la fortuna, el destino, la necesidad, la determinación, siempre estarán presentes en las vidas humanas, en las existencias de las comunidades. Fortuna: el cúmulo de acontecimientos no previsibles. Toda voluntad humana está anclada en la imaginación. Toda planificación total y a largo plazo sólo puede acabar en delirio (estoy en el aula de Albiac, bien sûr). El príncipe, cap. XV. Rechazo de la proyección de repúblicas imaginarias. Pensar la política como una planificación del deber ser. ¿Sobre qué? ¿Apoyado en qué? Para Maquiavelo, ahí está la clave del desastre; quien imaginando lo que debería ser, olvida lo que es, se lanza a sí mismo -y a los que le acompañan- al vacío. Caps. XVII y XVIII. Spinoza  sólo reconoce como maestro en pensamiento político a Maquiavelo. Virtú es fuerza de composición, no de descomposición. No me apetecía ir a Lengua Española y Fonética; y me apetecía ver a Fuentes. Así que me dediqué a dar vueltas por la universidad, en su búsqueda. Quiso Dios que lo encontrara cerca de su despacho. Quedó en llamarme el próximo jueves y me recomendó Ortodoxia de Chesterton. No hay solución posible de la contradicción entre virtú fortuna. El problema reside en pensar que tenga que existir una síntesis; puesto que no hay síntesis posible. El ser humano vive en contradicciones brutales que no tienen ninguna solución. El catolicismo no piensa en un orden que esconda la variabilidad humana, sino que la asuma. Será utópico y maquiavélico al mismo tiempo (¿no es ésta la esencia de todas las religiones monoteístas?). El mismo hombre es radicalmente humilde y asquerosamente orgulloso. La esperanza nunca muere en el corazón católico; si muere la esperanza, desaparece el católico: queda el animal. Voluntad y Destino pertenecen por igual al mundo católico. ¿Cómo es posible? Es lindo que el hombre tenga que pensar que el Destino del universo quizá resida en su próxima decisión; y que, sin embargo, al mismo tiempo, piense que sus acciones no sirven para nada, porque ya todo está decidido.”

Escrito en mi diario el jueves 10 de marzo de 2005 (traducido del original gallego).

THe Passion of the Christ garden of olives

FANATISMO

Llueve en este primer viernes de Cuaresma. Me llueve cuando salgo del metro, en dirección a la biblioteca de Iglesia -donde la sinagoga, siempre vigilada por una pareja de policías nacionales-.

Vengo en busca de Nocturno de Chile.

Bolaño es uno de mis dioses lares; y la poesía de Langlois me está impresionando sobremanera. Quiero verlos discutir a ambos. Quiero ver cómo se desgarran el uno al otro, quiero saberlos de verdad. Quiero salvarlos a los dos.

Pero el libro no aparece. No está donde debería estar. Pido ayuda a un bibliotecario. Resulta que es el bibliotecario adecuado, porque se encarga de mantener ordenadas las estanterías en las que reposan los libros de Bolaño. Pero tampoco él lo encuentra.

Me resigno y empiezo a barajar otras opciones. El bibliotecario regresa, con Nocturno de Chile en la mano: estaba en una de la estanterías de recomendaciones. La casualidad, en la que no creo, me hace sonreír.

Me atiende un bibliotecario distinto cuando formalizo el préstamo. Se mueve con el ralentí de una escena de acción dirigida por Zack Snyder. Habla desde una lejanía farmacológica.

Bajo la escalera, metiendo a Bolaño en la mochila. Me cruzo con una señora gorda, que afronta cada escalón con la pausa de una adicción ansiolítica.

Salgo de nuevo a la lluvia. Un hombre alto y gordo observa en un pasmo, con la boca a medio abrir, el muro de la sinagoga, ahogadas sus lamentaciones en un océano de estupefacientes con receta médica.

Busco una cafetería en la que iniciar la lectura, mientras pienso si mi fanatismo religioso es lo que me rescata de las salvaciones químicas; si estar convencido de que transito por un valle de lágrimas -y que debo transitarlo- es lo que me mantiene alejado de tantos paraísos artificiales.

Y me pregunto también durante cuánto tiempo recibiré la gracia de ser un fanático religioso.

Quítese la peluca…

roberto-bolano

UNA DECISIÓN DIMINUTA

Cuanto más trabajaba, más frecuentes eran en él los momentos de olvido total en los cuales no eran los brazos los que llevaban la guadaña, sino que era ésta la que arrastraba tras sí en una especie de inconsciencia todo el cuerpo pletórico de vida. Y, como por arte de magia, sin pensar en él, el trabajo más recio y perfecto se realizaba como por sí solo. Aquellos momentos eran los más felices.

Ana Karenina, de Tolstoi; Austral, 2000; pg. 338.

Mientras paleo mierda de vaca dentro del saco que sujetan Antonio y Francisco pienso en la providencial sucesión de hechos que me han llevado a esta situación.

Muchas veces traté de buscar modos y maneras de aprender lo que no sé sobre agricultura y ganadería, para acercarme a la práctica de toda esa teoría que leía en los libros de Chesterton. En todos los casos, lo único que encontraba eran pasos cerrados y bofetadas de realismo.

Hacía tiempo que había renunciado a ciertos sueños y apenas me planteaba servir de mera ayuda circunstancial para los lejanos esfuerzos leoneses del Joven Álvaro. Pero una decisión diminuta, apenas pensada para ocupar unas horas de una tarde de agosto, acabó con mi persona sentada en casa de un viejo amigo de juventud, escuchando sus fascinantes historias de matanzas porcinas y huertos urbanos. De repente, me había sido regalado un maestro.

Y ahora, ya duchado tras cruzar Madrid en metro apestando a estiércol, no puedo evitar sonreír ante la inescrutabilidad de los caminos.

Mañana hay Taberna y tendré cosas que contar.

11994446_10205959615084364_1735060983_n

SIGMUND FREUD, DOCTOR DE LA IGLESIA

“The ignorant pronounce it Frood, to cavil or applaud.
The well-informed pronounce it Froyd,
But I pronounce it Fraud.”

Gilbert Keith Chesterton

…aquí estamos suponiendo que [la institución psicoanalítica] sólo ha podido gestarse y arraigar en una muy determinada situación socio-cultural e histórica, que vamos a identificar con la sociedad ‘modernista fin de siglo’ (en la transición entre el siglo XIX al XX), y en el seno de ciertas ciudades cosmopolitas características de dicha sociedad (como era el caso desde luego de la Viena finisecular), situación que vamos a caracterizar, a efectos de lo que aquí nos importa, por un proceso de desmoronamiento de las formas de vida comunitarias, y muy en especial de la que consideramos la piedra angular de dichas formas de vida, que es la familia, un desmoronamiento éste que conlleva necesariamente un proceso de desmoralización, es decir, de desfallecimiento de la fuerza moral de ánimo para restaurar dicha vida comunitaria y familiar. […] la institución deberá ciertamente disponer de una determinada concepción teórica del hombre, justamente aquélla que deslegitime por la raíz todo genuino sentido de la responsabilidad moral, y deberá asimismo disponer de una forma práctica de canalizar dicha concepción de modo que sus institucionalizados puedan llegar a asumirla como propia, como la versión verdadera del sentido último de sus vidas, y dicha forma práctica va a consistir en la muy peculiar forma que adopta la terapia psicoanalítica.

La impostura freudiana, de Juan Bautista Fuentes; Encuentro, 2009 (pgs. 15-16).

Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso, lo he comprobado muchas veces. No hay que considerar este fenómeno un efecto secundario del psicoanálisis, sino simple y llanamente su efecto principal. Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano. Inocencia, generosidad, pureza… trituran todas estas cosas entre sus manos groseras. Los psicoanalistas, muy bien remunerados, pretenciosos y estúpidos, aniquilan definitivamente en sus supuestos pacientes cualquier aptitud para el amor, tanto mental como físico; de hecho, se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad. Implacable escuela de egoísmo, el psicoanálisis ataca con el mayor cinismo a chicas estupendas pero un poco perdidas para transformarlas en putas innobles, de un egocentrismo delirante, que ya sólo suscitan un legítimo desagrado. No hay que confiar, en ningún caso, en una mujer que ha pasado por las manos de los psicoanalistas. Mezquindad, egoísmo, ignorancia arrogante, completa ausencia de sentido moral, incapacidad crónica para amar: éste es el retrato exhaustivo de una mujer ‘analizada’.

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 115-116.

Reclining Woman 1961 Francis Bacon 1909-1992 Purchased 1961 http://www.tate.org.uk/art/work/T00453

‘Reclining Woman’, de Francis Bacon (1961)

LA CHESTERTONADA

A xornada do martes promete ser apaixoante…

Así está escrito en mi diario, el sábado 21 de abril de 2007.

La jornada del martes devino un caluroso y radiante día de primavera. En esa época, andaba yo redactando el capítulo dedicado a la evolución para mi trabajo de DEA. Como descanso, leía los diarios de Jünger.

Una asociación de jóvenes estudiantes de izquierdas había organizado un debate sobre El hombre que fue jueves y había pedido su participación a dos profesores de la facultad. Uno de ellos era el hombre que me dirigía el doctorado: Juan Bautista Fuentes Ortega. Mi entrenada alma de marxista-leninista sospechaba que aquella invitación no escondía otra cosa sino una encerrona para hacer público escarnio de mi maestro, quien había dado recientemente un giro de 180 grados, abandonando el marxismo que había defendido casi toda su vida, para dirigirse -sobre todo de la mano de San Gilberto- de regreso hacia el pensamiento católico. Años después, mis sospechas fueron confirmadas por alguien que también vivió aquella jornada.

Y sí, aquel 24 de abril de 2007 fue realmente apasionante. Me recuerdo caminando detrás de mi maestro y entrar en el aula repleta de estudiantes donde se iba a celebrar el acto. Yo me encontraba al borde de un ataque de nervios. He de confesar que no era demasiado optimista; a pesar de conocer la potencia retórica del maestro, seguía yo sintiendo esa peculiar vergüenza del converso reciente, excesivamente preocupado por dar la talla en la lucha de apariencias contra el bando que acaba de dejar atrás; lo que demuestra más inseguridad y falta de auténtica fe que otra cosa, pero que no deja de ser una fase natural en ese tipo de circunstancias. Ya en la mesa, el profesor miró a los cuatro rincones del aula (incluso los alféizares servían de asientos) y me dijo con gesto serio: Esto es importante… Esto es importante…

La primera intervención confirmó que allí no se iba a debatir El hombre que fue jueves, sino las nuevas ideas filosóficas de Juan Bautista Fuentes. Era (es) uno de los profesores con mayor tirón entre los estudiantes (a pesar del cambio) y no se podía permitir que siguiese alentando desde su cátedra el estudio de la doctrina católica.

Mi preocupación se mezclaba con una creciente tristeza, porque a nadie le gusta ver sufrir a la gente que quiere. Pero entonces comenzó la intervención de mi maestro.

Hablando sobre aquel acto, a veces muchos años después, siempre me ha llamado la atención la disparidad de opiniones sobre el resultado de aquel combate dialéctico. Para mí, la actuación de Fuentes fue de tal calibre, que a veces se me olvida que hubo otro profesor en la mesa. Pero sé que no es una opinión generalizada. Porque no es una opinión objetiva. De hecho, ni pretende, ni quiere serlo. Así que, cada uno presa de sus propios prejuicios, ve la fiesta según le va en ella.

Pero sí creo que aquello fue un antes y un después en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Si Fuentes no había convencido a todos, lo que sí había hecho era ganarse su respeto. A pesar de su giro reaccionario.

Me quedan imágenes muy bellas de aquel día: Fernando, Gabriel y Nacho, sentados en la tarima cerca de Fuentes, a modo de atenta guardia de corps; los múltiples corrillos de gente comentando lo escuchado, en la bella luz de un atardecer primaveral, echando unos cigarrillos antes de que terminara el descanso de la sesión; ese silencio casi místico que invadió el aula abarrotada cuando el maestro se preguntó a sí mismo si creía en Dios.

Las relaciones humanas son complicadas; básicamente, porque son protagonizadas por hombres y mujeres. Lo cual implica casi siempre un riesgo elevado de fracaso y desastre. Pero, a pesar de todo, yo tengo bastante claro que estos recuerdos me provocarán una sonrisa hasta el final de mis días. Y que va a ser difícil que ningún hombre me despierte el mismo nivel de admiración que Juan Bautista Fuentes me hizo sentir durante aquella intervención, el 24 de abril de 2007. Hace hoy ocho años.

Para terminar, me gustaría recordar las palabras de Sancho al final de El Quijote, que nuestro maestro nos leyó un día para poner fin a una de sus formidables clases de doctorado.

No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Los cielos y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. La civilización de la antigüedad constituía el entero mundo, y el hombre no soñaba con su acabamiento, lo mismo que no se le pasaba por la cabeza que se acabara la luz del día. No podían imaginar un orden diferente, a menos que fuera en un mundo diferente. Pasó, sin embargo, esa civilización, mientras que aquellas palabras aún permanecen. En la larga noche de la Edad Oscura, el feudalismo era algo tan familiar que no podía imaginarse ningún hombre sin su señor; y la religión estaba hasta tal punto enredada en esa madeja que era impensable que pudieran llegar a separarse. El feudalismo se vio desgarrado y desgajado de la vida social de la verdadera Edad Media; y el poder principal y más lozano de aquella nueva libertad sería la antigua religión. El feudalismo había pasado, y las palabras no. El entero orden medieval -en muchos sentidos un hogar perfecto y casi universal para el hombre- se fue degradando a su vez, y entonces se pensó que las palabras pasarían con él. Pero éstas se abrieron camino a través del abismo radiante del Renacimiento y, en cincuenta años, toda su luz y sabiduría se incorporaba a nuevas fundaciones religiosas, a la nueva ciencia apologética y a los nuevos santos. Se imaginó a la religión definitivamente marchita ante la seca luz de la Edad de la Razón. Se la imaginó por fin desaparecida tras el terremoto de la Revolución francesa. La ciencia pretendió obviarla, pero aún estaba allí. La historia la enterró en el pasado, pero Ella apareció repentinamente en el futuro. Hoy la encontramos en nuestro camino y, mientras la observamos, continúa su crecimiento.

Si nos atenemos a la continuidad de nuestros relatos y testimonios; si el hombre aprende a aplicar la razón ante tal cantidad de hechos acumulados en una historia tan chocante, es de esperar que tarde o temprano sus enemigos escarmentarán ante las continuas decepciones de estar siempre aguardando su muerte. Pueden seguir con su guerra particular, que será una guerra contra la naturaleza, contra el paisaje, contra los cielos. Los cielos y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. Estarán al acecho para proclamar sus yerros y tropiezos, pero no esperarán ya su desaparición. De una forma insensible, incluso inconsciente, ya no contemplarán la extinción de la que tantas veces dieron por extinguida, y aprenderán, instintivamente, a esperar antes la caída de un meteorito o el oscurecimiento de una estrella.”

El hombre eterno, de Gilbert Keith Chesterton; Ediciones Cristiandad, 2004; pgs. 330-331.

LEMÁ SABACTANÍ

“Hubo momentos de desamparo que nadie padecerá jamás. Hubo secretos en lo más íntimo e invisible de ese drama, que las palabras no alcanzan a expresar ni son equiparables a algún tipo de separación de un hombre de los demás hombres. Y no es fácil que otra expresión menos sencilla y directa que la de la pura narrativa pueda siquiera sugerir el horror de exaltación que se alzaba sobre la colina. Innumerables relatos no han llegado al término de la descripción, o aún al principio. Y si hubiera algún sonido que pudiera producir el silencio, seguramente nos quedaríamos en silencio ante el final, cuando un grito fue lanzado en la oscuridad con palabras terriblemente nítidas y terriblemente incomprensibles, que el hombre nunca entenderá en toda la eternidad que esas mismas palabras han comprado para él. Y por un instante aniquilador, un abismo insondable para nuestro limitado intelecto se abrió en la unidad de lo absoluto: Dios había sido abandonado por Dios.”

El hombre eterno, de Gilbert Keith Chesterton; Ediciones Cristiandad, 2004; pgs. 269-270.

Quod Vidimus

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

The Wanderer

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

De libros, padres e hijos

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino