El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: SAN GILBERTO

RECOMENDACIÓN LITERARIA A LOS NACIONALISTAS CATALANES

Perante Castelao e máis Rosalía fun erguer por primeira ves a miña mau cós dedos aferrollados; hoxe por primeira ves fun ergue-la miña vos pra canta-lo poema que Pondal deixáralle ós galegos pra maldeci-los coa imposibilidade de ficar quedos ó ollar coma escarallan a súa patria. Viva Galiza Ceibe [sic]

Escrito en mi diario de 1999, en la página correspondiente al 23 de julio; aunque muy probablemente escrito el día 24.

Tenía 21 años, era estudiante de Filosofía en la Universidad Complutense y acudía por primera vez a Santiago de Compostela para participar en los actos del 25 de Xullo, el Día de la Patria Gallega. Pocas semanas antes me había convertido oficialmente en militante del Bloque Nacionalista Galego.

Nada más fácil para mí, por lo tanto, que ejercer la comprensión imaginativa del nacionalista catalán medio. Sólo tengo que recordar.

Y recuerdo entrar en el Panteón de Galegos Ilustres con el corazón encogido. Algunos compañeros de Galiza Nova (las juventudes del BNG) llevaban flores para adornar las tumbas de Rosalía de Castro y Castelao. Y allí parados, creo que acompañados por el sonido de una gaita, levantamos el puño para cantar el himno gallego, que resonó en las secularizadas paredes de piedra de Santo Domingo de Bonaval. El efecto en mi alma fue apoteósico.

Por primera vez sintió que la vida tenía sabor y sentido, un gran sentido…

Mi bucle melancólico duró unos cinco años. Para la posterior racionalización de mis sentimientos identitarios resultó crucial la aportación de Santiago Gerchunoff, que me dio a leer un día, en la librería Muga, un pequeño librito de un autor desconocido hasta entonces para mí: un tal Joseph Roth.

Santiago me lo recomendó advirtiéndome antes que igual el contenido me chirriaba, porque era un libro profundamente enfrentado a la idea de nacionalismo. De cualquier nacionalismo.

El libro era El busto del emperador, que se convirtió, junto al propio Roth, en uno de los pilares de mi actual forma de entender la vida. Así que esta entrada es también una forma de dar las gracias públicamente a Santiago, que sigue siendo la persona que más y mejores libros me ha recomendado en el tiempo que llevo dando tumbos por el mundo.

Santiago me había colocado en el alma una bomba de mecha larga, de una potencia parecida a la que tuvieron Houllebecq o Chesterton.

La lectura de Joseph Roth me abrió las puertas de la civilización austro-húngara, a la que tanto admiro y de la que tanto he aprendido. Y que ayudó a elevar mi bucle melancólico a escala metafísica.

Tiempo después, alguna noche encharcada en demasiadas cervezas, le he comentado con agorera tristeza a algún Errante Tabernero que quizá un día nos tocase ser los Joseph Roth de una España muerta y troceada.

Y cantar, a toro pasado, las bellezas ya invisibles de un pequeño universo diverso que se mantuvo plural y múltiple durante unos cuantos siglos, en los cuales los hechos diferenciales se conformaban con ser meros accidentes de todo hijo de Dios.

En los que toda conversación, no por casualidad, fuera en la lengua que fuese, era interrumpida a las doce del mediodía por el sonido de una campana.

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QUERIDA ANA OFELIA, HIJA MÍA

Querida Ana Ofelia, hija mía:

ayer, tu madre y yo nos echamos a dormir la siesta, nariz con nariz, y tú quedaste en medio, rodeada por nuestros cuerpos. Creo que te gustó la sensación, porque no parabas de moverte, y pude notar en mi propio ombligo las volteretas de tu creciente cuerpecillo.

Cuando -Dios mediante- nazcas, no podremos volver a ofrecerte tal sensación de seguridad. Llegas a un mundo complicado -¿y cuándo no lo ha sido…?-, que, me temo, no va a dejar de complicarse en los años por venir. Tus años.

Así que estoy pensando qué hacer para ayudarte. Qué ofrecerte que te pueda resultar útil en la vida.

Algunas personas piensan que se me da bien escribir. Así que, si Dios quisiera, me gustaría que me diera ideas para escribirte cuentos.

¿Por qué cuentos? Antes de nada, quiero que conozcas a alguien. Un señor inglés, que vivió hace un tiempo, y que realmente escribía muy bien. Y pensaba aún mejor. Era muy rubio, muy alto y muy gordo, y le encantaba contar historias a los niños. También le encantaban los títeres, como a mamá. Se llamaba Gilberto y, en cierta ocasión, escribió lo siguiente:

Los cuentos de hadas no le dan a los niños su primera idea de los monstruos. Lo que los cuentos de hadas le dan al niño es su primera idea clara de la posibilidad de vencer a esos monstruos. El niño sabe íntimamente del dragón desde que tiene imaginación. Lo que el cuento de hadas le trae es un San Jorge para matarlo.

No te voy a mentir, hija mía: vienes a un mundo repleto de monstruos. Tantos y tan poderosos, que a veces sentirás deseos de rendirte. Perderás la esperanza. Creerás que el mundo está mal hecho, que nada tiene sentido.

Pero no es verdad. Tu padre no lo cree así. Tu padre cree en algunos buenos cuentos que alguna buena gente le ha leído; algunos buenos cuentos que él mismo ha encontrado. Porque tu padre es un buscador de cuentos. Ese es mi auténtico oficio: soy un detective, a veces un poco salvaje, que trata de encontrar los mejores cuentos del mundo. Porque son esos cuentos los que me hacen sonreír en medio de la nada. Son los que me hacen apretar los dientes, cuando se desatan el dolor y la desesperanza.

Eso es lo que te voy a ofrecer, si Dios quiere. Y si puedo aportar alguno de mi propia cosecha, pues bienvenido sea.

En cualquier caso, espero que te ayuden a matar muchos dragones.

LUCHAREMOS POR PRODIGIOS VISIBLES COMO SI FUERAN INVISIBLES

“Nosotros, que somos cristianos, nunca nos dimos cuenta del gran sentido común filosófico inherente al misterio cristiano hasta que los autores anticristianos nos lo señalaron. La gran marcha de la destrucción mental proseguirá. Todo será negado.

Todo se convertirá en credo. Es una postura razonable negar los adoquines de la calle; será dogma religioso afirmar su existencia. Es una tesis racional que todos pertenecemos a un sueño; será sensatez mística asegurar que estamos todos despiertos. Se encenderán fuegos para testimoniar que dos y dos son cuatro. Se blandirán espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano. Terminaremos defendiendo no sólo las increíbles virtudes y la sensatez de la vida humana, sino algo más increíble aún: este inmenso e imposible universo que nos mira a la cara. Lucharemos por prodigios visibles como si fueran invisibles.

Observaremos la imposible hierba, los imposibles cielos, con un raro coraje. Seremos de los que han visto y, sin embargo, han creído.”

Herejes, de Gilbert Keith Chesterton; La Editorial Virtual, 2008; pg. 295.

'Las naranjas', de William Adolphe Bouguereau (1865)

‘Las naranjas’, de William Adolphe Bouguereau (1865)

EL SANTO TITIRITERO

Real y verdaderamente os digo, señores que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra, don Gaiferos don Gaiferos, Marsilio Marsilio, y Carlomagno Carlomagno.

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; 2ª parte, capítulo XXVI; Alfaguara, 2004; pg. 757.

“Uno de los pasatiempos preferidos era el teatro de juguete que había fabricado Chesterton recortando y pintando los personajes y el escenario. Ideaba muchos argumentos para las representaciones; las dos más populares eran San Jorge y el dragón Los sietes paladines de la cristiandad. Él reconocía francamente que se divertía tanto como los niños jugando con el teatro. Eso mismo corrobora la hija de Belloc, Eleanor Jebb, que recuerda a Chesterton: En el cuarto de los niños, sentado peligrosamente en una silla demasiado pequeña para su enorme corpachón, haciendo revivir sus marionetas y narrando con voz de trueno romances y trifulcas, con los que se reía casi más que nosotros.”

G.K. Chesterton. Sabiduría e inocencia, de Joseph Pearce; Encuentro, 2009; pg. 152.

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LA EMOCIÓN MÁS OSTENSIBLE

“No percibí que los españoles fueran fundamentalmente distintos de los ingleses, salvo que un estúpido puritanismo había prohibido a los ingleses exteriorizar las espontáneas y saludables emociones que los españoles podían mostrar. La emoción más ostensible, según me pareció a mí, era lo orgullosos que los padres se mostraban de sus pequeños. He visto cómo corría un niño por la alameda de una gran calle y saltaba en brazos de un trabajador harapiento, que le abrazaba con un éxtasis más que maternal.”

Autobiografía, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2003; pgs. 360-361.

'Sagrada Familia del pajarito', de Bartolomé Esteban Murillo (alrededor de 1650)

‘Sagrada Familia del pajarito’, de Bartolomé Esteban Murillo (alrededor de 1650)

ANSIA DE NORMALIDAD

“Por lo que sé, este fue el panorama social en el que me encontré por primera vez, y esta, la gente entre la que nací. Lo siento si el panorama y la gente resultan decepcionantes de puro respetables y hasta razonables, y deficientes en todos esos aspectos que hacen que una biografía sea realmente popular. Lamento no tener un padre siniestro y brutal que ofrecer a la mirada pública como la verdadera causa de mis trágicas inclinaciones; ni una madre pálida y aficionada al veneno, cuyos instintos suicidas me hayan abocado a las trampas del temperamento artístico. Lamento que no hubiera nadie en mi familia más audaz que un tío lejano ligeramente indigente y siento no poder cumplir con mi deber de hombre verdaderamente moderno y culpar a los demás de haberme hecho como soy. No tengo muy claro cómo soy, pero estoy seguro de que soy responsable en gran medida del resultado final.”

Autobiografía, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2003; pg. 31.

'Felicidad de padres', de Jean-Eugène Buland (1903)

‘Felicidad de padres’, de Jean-Eugène Buland (1903)

FUEGO A TODA LA CIVILIZACIÓN MODERNA

“Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.”

Lo que está mal en el mundo, de Gilbert Keith Chesterton; Ciudadela, 2006; pg. 199.

'Mimitos', de William-Adolphe Bouguereau (1890)

‘Mimitos’, de William-Adolphe Bouguereau (1890)

LA TENTACIÓN DE SAN GILBERTO

“Le cité una cosa que me había dicho el Aga Khan unas semanas antes cuando lo entrevisté. Su Alteza dijo que, si se cayese un muro y le aplastase un pie, exclamaría Es lo mejor que me podía pasar.

Respondió G.K.C. solemnemente: Entonces el idioma persa debe de estar muy escaso de palabrotas. Y soltó una carcajada.

(Verán que en estas páginas, G.K.C. se carcajea muchas veces. Pero no es culpa mía, sino suya.)

Pero observarás lo que le ocurre al Aga Khan -prosiguió-: padece de mi antigua enfermedad. Lo alaba todo. Y hace caso omiso de las verdades equilibradoras que completan la espléndida paradoja de la existencia. Él dice: ¡Hágase Tu voluntad! pero no ¡Líbranos del mal! Nosotros reconocemos que el universo es de Dios, pero que el enemigo existe.

Esta fue, pues, mi gran tentación. Ahora podría ser un heresiarca reconocido, como el señor Bernard Shaw o el señor H. G. Wells o el señor Aldous Huxley, dedicándome a interpretar el universo en términos de un poquito de verdad que me atrajese personalmente. No, me parece que no habría sido un heresiarca tan interesante como el señor Shaw, porque él, con su tremenda honestidad intelectual, con su agilidad, ha ido saltando de herejía en herejía, al ir comprobando que ninguna funciona.

Pero yo habría sido un heresiarca, digamos, proporcionado. Y habría tenido discípulos. Cualquier heresiarca del montón es capaz de reunir discípulos suficientes como para llenar una sala pequeña, y hacerse la ilusión de que tiene una clientela tan universal como un jinete famoso. Pero me parece que yo habría conseguido algo más. Me parece que habría causado sensación.

Me daban miedo dos cosas. La primera, mi herejía, tan peligrosa como verdadera. Y segunda, mis seguidores. Estaba orgulloso de ellos. Qué espectáculo, de haber podido llevarlos detrás en procesión a todas partes. Pero me asustaban. Vi lo que los seguidores de Shaw le habían hecho, ágilmente, al ir él esquivándolos. Así que, como no soy experto esquivando, convencí a mis seguidores para que me soltasen. Caí muy suavemente sobre una roca.

Algunos pensarán que no era gran cosa esa roca. Pero sea como fuere, era lo suficientemente fuerte como para soportar cómodamente el tremendo volumen de Gilbert Chesterton.”

G.K. Chesterton, mi amigo, de W. R. Titterton; Rialp, 2011; pgs. 73-74.

ORTODOXIA

“La impresionante fuerza de Chesterton está a punto de obligarme a ir corriendo hasta una iglesia, en busca de un cura que me haga católico lo más rápido posible. No sé si las verdades de Chesterton son las verdades; pero sé que son aquellas que yo puedo reconocer como bellas; aquellas que valdría la pena que fueran las verdades. Yo siento todas las contradicciones del catolicismo como conformadoras de mi ser.”

Escrito en mi diario el sábado 12 de marzo de 2005 (traducido del original gallego).

Los secularistas no han destruido las cosas divinas, pero sí las seculares, si eso les sirve de consuelo. Los titanes no escalaron hasta el cielo, pero devastaron el mundo.

Ortodoxia, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2013; pg. 184.

DETALLES DE UNA CONVERSIÓN A LARGO PLAZO

Es sobre las antinomias de la razón, sobre los escándalos del espíritu, sobre las rupturas del universo, sobre lo que fundo mi esperanza y mi fe.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1317.

“La contradicción entre virtú fortuna. Voluntad y determinación. Comprender la red de hechos contemporáneos para ajustarse a ellos. ¿Es lo único que nos queda? El político nunca podrá abarcar la totalidad de las causas; la fortuna, el destino, la necesidad, la determinación, siempre estarán presentes en las vidas humanas, en las existencias de las comunidades. Fortuna: el cúmulo de acontecimientos no previsibles. Toda voluntad humana está anclada en la imaginación. Toda planificación total y a largo plazo sólo puede acabar en delirio (estoy en el aula de Albiac, bien sûr). El príncipe, cap. XV. Rechazo de la proyección de repúblicas imaginarias. Pensar la política como una planificación del deber ser. ¿Sobre qué? ¿Apoyado en qué? Para Maquiavelo, ahí está la clave del desastre; quien imaginando lo que debería ser, olvida lo que es, se lanza a sí mismo -y a los que le acompañan- al vacío. Caps. XVII y XVIII. Spinoza  sólo reconoce como maestro en pensamiento político a Maquiavelo. Virtú es fuerza de composición, no de descomposición. No me apetecía ir a Lengua Española y Fonética; y me apetecía ver a Fuentes. Así que me dediqué a dar vueltas por la universidad, en su búsqueda. Quiso Dios que lo encontrara cerca de su despacho. Quedó en llamarme el próximo jueves y me recomendó Ortodoxia de Chesterton. No hay solución posible de la contradicción entre virtú fortuna. El problema reside en pensar que tenga que existir una síntesis; puesto que no hay síntesis posible. El ser humano vive en contradicciones brutales que no tienen ninguna solución. El catolicismo no piensa en un orden que esconda la variabilidad humana, sino que la asuma. Será utópico y maquiavélico al mismo tiempo (¿no es ésta la esencia de todas las religiones monoteístas?). El mismo hombre es radicalmente humilde y asquerosamente orgulloso. La esperanza nunca muere en el corazón católico; si muere la esperanza, desaparece el católico: queda el animal. Voluntad y Destino pertenecen por igual al mundo católico. ¿Cómo es posible? Es lindo que el hombre tenga que pensar que el Destino del universo quizá resida en su próxima decisión; y que, sin embargo, al mismo tiempo, piense que sus acciones no sirven para nada, porque ya todo está decidido.”

Escrito en mi diario el jueves 10 de marzo de 2005 (traducido del original gallego).

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