El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: SAN BENITO

SUSCIPE ME SECUNDUM ELOQUIUM TUUM

“Para educar el alma es necesario someterla a la presencia de los mismos muros, a la paz rutinaria y monótona del mismo paisaje bajo el mismo cielo.”

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 249.

 

“Cuando alguien llega por primera vez para abrazar la vida monástica, no debe ser admitido fácilmente. Porque dice el apóstol: Someted a prueba los espíritus, para ver si vienen de Dios (1 Jn 4,1).

Por eso, cuando el que ha llegado persevera llamando y después de cuatro o cinco días parece que soporta con paciencia las injurias que se le hacen y las dificultades que se le ponen para entrar y sigue insistiendo en su petición (cf. Lc 11,8), debe concedérsele el ingreso, y pasará unos pocos días en la hospedería.

Luego se le llevará al lugar de los novicios, donde han de estudiar, comer y dormir. Se les asignará un anciano apto para ganar las almas, que velará por ellos con la máxima atención.

Se observará cuidadosamente si de veras busca a Dios, si pone todo su celo en la obra de Dios, en la obediencia y en las humillaciones. Díganle de antemano todas las cosas duras y ásperas a través de las cuales se llega a Dios. Si promete perseverar, al cabo de dos meses, se le debe leer esta regla íntegramente y decirle: Esta es la ley bajo la cual pretendes servir; si eres capaz de observarla, entra; pero, si no, márchate libremente. Si todavía se mantiene firme, llévenle al noviciado y sigan probando hasta dónde llega su paciencia (cf. 2 Tim 4,2).

Al cabo de seis meses léanle otra vez la regla, para que se entere bien a qué entra en el monasterio. Si aún se mantiene firme, pasados otros cuatro meses, vuélvase a leerle de nuevo la regla. Y si, después de haberlo deliberado consigo mismo, promete cumplirlo todo y observar cuanto se le mande, sea entonces admitido en el seno de la comunidad; pero sepa que, conforme lo establece la regla, a partir de ese día ya no le es lícito salir del monasterio, ni liberarse del yugo de una regla que, después de tan prolongada deliberación, pudo rehusar o aceptar.

El que va a ser admitido, prometa delante de todos en el oratorio perseverancia, conversión de costumbres y obediencia ante Dios y sus santos, para que, si alguna vez cambiara de conducta, sepa que ha de ser juzgado por Aquel de quien se burla (cf. Gál 6,7). De esta promesa redactará un documento en nombre de los santos cuyas reliquias se encuentran allí y del abad que está presente. Este documento lo escribirá de su mano, y, si no sabe escribir, pedirá a otro que lo haga por él, trazando el novicio una señal, y la depositará con sus propias manos sobre el altar. Una vez depositado, el mismo novicio entonará a continuación este verso: Recíbeme, Señor, según tu palabra, y viviré; no permitas que vea frustrada mi esperanza (Sal 119,116). Este verso lo repetirá tres veces toda la comunidad, añadiendo Gloria Patri. Póstrese entonces el hermano a los pies de cada uno para que oren por él, y ya desde ese día debe ser considerado como miembro de la comunidad.

Si posee bienes, antes ha debido distribuirlos a los pobres o, haciendo una donación en la debida forma, cederlos al monasterio, sin reservarse nada para sí mismo. Porque sabe muy bien que, a partir de ese momento, no ha de tener potestad alguna ni siquiera sobre su propio cuerpo (cf. 1 Cor 7,4).”

Regla de San Benito (LVIII, 1-25); BAC, 2010; pgs. 81-82.

ORA ET LABORA

“La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina.

En consecuencia, pensamos que estas dos ocupaciones pueden ordenarse de la siguiente manera: desde Pascua hasta las calendas de octubre, al salir del oficio de prima trabajarán por la mañana en lo que sea necesario hasta la hora cuarta. Desde la hora cuarta hasta el oficio de sexta se dedicarán a la lectura. Después de sexta, al levantarse de la mesa, descansarán en sus lechos con un silencio absoluto, o, si alguien desea leer particularmente, hágalo para sí solo, de manera que no moleste. Nona se celebrará más temprano, mediada la hora octava, para que vuelvan a trabajar hasta vísperas en lo que sea menester. Si las circunstancias del lugar o la pobreza exigen que ellos mismos tengan que trabajar en la recolección, que no se disgusten, porque precisamente así son verdaderos monjes, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles (cf. Sal 128,2; 1 Cor 4,12).”

Regla de San Benito (XLVIII, 1-8); BAC, 2010; pg.73.

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