El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: SAN AGUSTÍN

FUERA DE LAS FORTUNAS E INFORTUNIOS DE ESTE MUNDO

“Bástale al cristiano creer que todas las cosas provienen de Dios, recibiéndolas con reconocimiento de su divina e inexcrutable sapiencia, y tomándolas a buena parte, se presenten como se presenten. Pero hallo mal eso que se ve al presente: tratar de afirmar y apoyar nuestra religión por el éxito de nuestras empresas. Nuestra creencia tiene otros fundamentos, sin necesidad de justificarla con los sucesos. En efecto, es peligroso acostumbrar al pueblo a esos argumentos tan de su gusto, porque si los hechos se tornan contrarios y desventajosos, la gente siente quebrada su fe. En nuestras guerras de religión, los que llevaron ventaja en la Rochelabeille hicieron gran aparato de esa victoria, procurando con ella demostrar la bondad de su causa; pero al excusar sus descalabros de Montcontour y Jarnac hubieron de decir que eran castigos y sanciones paternas. Y con esto, si no tienen un pueblo muy a su discreción, con facilidad le harán ver que procuran sacar de un solo saco dos moliendas distintas y soplar con la misma boca lo caliente y lo frío. Más vale atenerse a los reales fundamentos de la verdad. Meses atrás, y bajo el mando de don Juan de Austria, se ha ganado una gran batalla a los turcos, pero otras veces Dios ha querido obrar lo contrario a nuestra costa. No es prudente poner las cosas divinas en nuestro platillo, porque pudieran sernos materia de contratiempo. Habrá quien quiera sacar partido de que Arrio, y León, su Papa, jefes principales de la herejía arriana, murieron, en diversos tiempos, de muertes singulares y análogas, como fue que, retirándose de una discusión, por dolor de vientre y yendo al excusado, allí entregaron el alma de repente. Y aun para exagerar la venganza divina con la elección del lugar, puede añadirse el caso de Heliogábalo, muerto también de modo semejante; pero no andaremos acertados, porque Ireneo se halló en igual peripecia. Dios procura enseñarnos que los buenos tienen más que esperar y los malos más que temer fuera de las fortunas e infortunios de este mundo, y por eso mueve y aplica las cosas según su disposición oculta, quitándonos el medio de tornar locamente la suerte en nuestro provecho. Los que quieren prevalecerse de esas materias según humana razón, jamás dan golpe que no les cueste dos. Bien lo probó San Agustín contra sus adversarios. Tal clase de conflictos mas se deciden con las armas de la memoria que con las de la razón. Hay que contentarse con la luz que al Sol le place darnos con sus rayos, y quien levante los ojos queriendo recogerla en el astro mismo, no debe extrañarse si queda ciego. Quis enim hominum poterit scire consilium Dei? Aut quis poterit cogitare quid velit Deus? [¿Qué hombre puede conocer el acuerdo de Dios? ¿O quién conjeturar lo que Dios quiere? Sab 9, 13]

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pgs. 161-162.

jac-kC4D--620x349@abc

HOMENAJE TABERNARIO A NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

Fue el pasado sábado 14 de mayo.

A través del Padre Raúl, doña María Jesús tuvo la inmensa amabilidad de cedernos su casa para que pudiéramos reunirnos y escuchar a Fernando hablar de don Nicolás.

Alejandro volvió a ejercer de director y José Luis completó la banda de cuatreros (pues éramos cuatro) que, en compañía de la dueña del lugar, se reunió para rendir homenaje a don Colacho.

Posteriormente, nos fuimos a misa a la Santa Cruz.

Y más allá, aconteció la Taberna. En la que tuvo a bien aparecer la señorita Prim, acompañada del Hombre del Sillón (o viceversa, que tanto monta).

En fin, una bonita jornada, a Dios gracias, de la cual deseamos compartir este cachito con todos vosotros.

Que sea de vuestro agrado e interés.

LA APUESTA CRISTIANA

¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche! ¡Hermosa como el Mar y el Sol y la Nieve en la Montaña! ¡Terrible como la Tempestad y el Relámpago! Más fuerte que los cimientos de la tierra. ¡Todos me amarán, y desesperarán!

Galadriel alzó la mano y del anillo que llevaba brotó una luz que la iluminó a ella sola, dejando todo el resto en la oscuridad. Se irguió ante Frodo, y pareció que tenía de pronto una altura inconmensurable y una belleza irresistible, adorable y tremenda. En seguida dejó caer la mano, y la luz se extinguió, y ella rió de nuevo, y he aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste.

-He pasado la prueba -dijo-. Me iré empequeñeciendo, y marcharé al oeste, y continuaré siendo Galadriel.”

El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien; Minotauro, 2001; pg. 491.

“Agustín sabe todo esto de la fragilidad del tiempo, conoce todo lo que el tiempo profano puede dar de sí, recuerda los ciclos de la fortuna y del hado y los desprecia de entrada al situarse en otro ámbito. Su lógica todavía procede del combate contra sus propias pulsiones, narrado en Confesiones. Sin ese desprecio, no encuentra motivos para la gran aceptación cristiana, que se basa sobre todo en tener a Dios como testigo de su conciencia (CD XIV, 28). Lo que brinda el mundo humano sin la iluminación de la gracia, en tanto naturaleza de las cosas, no puede producirle sino hastío. La estructura más básica de su insatisfacción reside en un tiempo vital que no puede vincularse con fuerza a nada de lo ocurrido en el tiempo histórico. La idea apologética básica de Agustín, su defensa frente al argumento de la política, consiste en desvincular la religión cristiana de todo lo que sucede en el tiempo. Lo que el tiempo acoge es obra del hombre porque el propio tiempo es consecuencia de la libido insatisfecha del hombre. El amor a algo que no puede ser satisfecho es la estructura misma de la ciudad de la tierra. La frialdad estoica de Agustín, fruto de su viejo hedonismo experimentador, no puede apagar un afecto que ha quedado vacío, demasiado valioso para el hombre a pesar de no disponer de un objeto mundano que lo cumpla. Si alguien identifica un objeto para ese afecto, entonces entra en la lógica de la ciudad de la tierra. Ese es el fundamento de la civitas terrae, el amor a sí, el narcisismo (Kent, 2001, 217). Y este es el argumento del central pasaje de CD [La Ciudad de Dios] XIV, 28: Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. Si Agustín aborda un argumento político, es porque lo hace depender de esta antropología de la libido. El narcisismo, como estructura de la ciudad terrena, está regido por los hombres dominados por la libido dominandi. Esta libido afecta a las naciones o a los príncipes, pero en su estructura es idéntica. Se trata del ansia que los poderosos tienen por aumentar la propia fuerza, lo único que pueden forjar para estabilizar el aspecto huidizo de todos los bienes profanos. Eso particulariza a los seres humanos y les impide que puedan aceptar el ser todo en todas las cosas de Dios. En efecto, el narcisista querrá él estar en todas las cosas, como sucedía con los celos. El paradigma de este narcisismo es el propio Satán, que quiso estar en lugar de Dios, al que le siguió Caín, el primer príncipe del mundo, que quiso estar en lugar de su hermano para quedarse como único poder (Kent, 2001, 218). El sí mismo no puede ser objeto adecuado de amor. Esa es la tesis más básica de Agustín. Solo por la mediación del amor a Dios, y al prójimo, el sí mismo puede encontrar un camino adecuado para amarse (CD XIX, 14). De ahí la apuesta cristiana, tan paradigmática.”

Teología política imperial y comunidad de salvación cristiana. Una genealogía de la división de poderes, de José Luis Villacañas; Trotta, 2016; pgs. 570-571.

'Sinfonía en blanco', de James Abbott McNeill Whistler (1862)

‘Sinfonía en blanco’, de James Abbott McNeill Whistler (1862)

REHUYENDO ÍTACA

“El carácter providencial del relato de Agustín tiene que ver con una economía de salvación especialmente dirigida a él, que concreta las apelaciones de san Pablo de forma intensa. Sin embargo, cualquiera puede estar en su lugar y a todos se nos dirige la exhortación a encontrar también nuestra providencia especial. El sentido de esta concreción implica una nueva forma de entender el programa pedagógico como un diálogo hermenéutico entre el alma y los acontecimientos de su vida, siempre valorados como donaciones y admoniciones, llamadas de Dios, según el modelo de los Salmos. Consciente de que la distancia entre la meta de conocer a Dios y el estado en que se encuentra el ser humano es demasiado grande como para superarlo mediante una revelación extática, repentina, la pedagogía consiste en ofrecer los detalles apropiados para los pequeños pasos, otra diánoia. Aquí, el aprender apunta a una interpretación adecuada del curso de la vida y su sentido convergente. Cuando se observa este curso, se descubre ante todo la resistencia automática que opone la pulsión de pecado a la comprensión del orden de la providencia. Ningún conocimiento es bastante para eliminar esa resistencia pulsional a la interpretación adecuada y esta es la experiencia de Agustín con los académicos, con los maniqueos, incluso con ese desajuste entre conocer y amar. Se ha dicho que las Confesiones son una odisea del alma, pero R. O’Connell (1969) no siempre destaca un hecho: que Agustín, en contra de Ulises, no quiere llegar a Ítaca, que una y otra vez se resiste a llegar a la meta, que gusta pensar que ya ha llegado. Confesiones nos ofrece la historia pormenorizada por la cual esa resistencia, una cadena que detiene y retiene el modo paulino (Conf. VIII, 5, 10), se quiebra y entonces el ser humano descubre que desde mucho tiempo antes estaba preparado para este acontecimiento final de liberación. Solo sabemos qué es Ítaca cuando estamos allí por primera vez. No hay aquí anámnesis. El camino así se nos descubre como el lugar por el que somos llevados hacia la libertad. Lo que los demás deben conocer de forma intensa en la obra de Agustín es que la acción propia del ser humano es proponer esa resistencia pulsional a la salvación, pero que, a pesar de todo, algo más fuerte impulsa. El ser humano pone el pecado con obstinación, mientras Dios pone el esfuerzo, resiste al que resiste y finalmente cura la inquietud entregando la fe. Desde el capítulo primero se nos expone esta doctrina: Mi fe te invoca, Señor, la fe que tú mismo me diste (Conf. I, 1, 1).”

Teología política imperial y comunidad de salvación cristiana. Una genealogía de la división de poderes, de José Luis Villacañas; Trotta, 2016; pgs. 529-530.

'Ulises y las sirenas', de Herbert James Draper (1909)

‘Ulises y las sirenas’, de Herbert James Draper (1909)

SEAN CRUELES CON VOSOTROS

“Sean crueles con vosotros quienes ignoran con cuánta fatiga se halla la verdad y cuán difícilmente se evitan los errores. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán raro y arduo es superar las imaginaciones de la carne con la serenidad de una mente piadosa. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán difícil es curar el ojo del hombre interior para que pueda ver el sol que le es propio -no este que adoráis, que brilla y resplandece a los ojos de carne de los hombres y de los animales, sino aquel otro del que dijo el profeta: Ha salido para mí el sol de justicia, y del que se dice en el Evangelio: Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo-. Sean crueles con vosotros quienes ignoran tras cuántos suspiros y gemidos acontece el poder comprender, por poco que sea, a Dios. Finalmente, sean crueles con vosotros quienes nunca se vieron engañados en error tal cual es ese en que os ven a vosotros.

Pero yo, que, errante por tanto tiempo, pude ver al fin en qué consiste esa verdad que se percibe sin relatos de fábulas vacías de contenido; yo, que, miserable, apenas merecí superar, con la ayuda del Señor, las vanas imaginaciones de mi alma, coleccionadas en mis variadas opiniones y errores; yo, que tan tarde me sometí a médico tan clementísimo que me llamaba y halagaba para eliminar las tinieblas de mi mente; yo, que tanto tiempo lloré para que la sustancia inmutable e incapaz de mancillarse se dignase manifestarse a mi interior, testimoniándola los libros divinos; yo, en fin, que busqué con curiosidad, escuché con atención y creí con temeridad todas aquellas fantasías en que vosotros os halláis enredados y atados por la larga costumbre, y que me afané por persuadir a cuantos pude y defendí con animosidad y terquedad contra otros; yo en ningún modo puedo ser cruel con vosotros a quienes ahora debo soportar como en otro tiempo a mí mismo, y debo usar con vosotros de la misma paciencia de que usaron conmigo mis cercanos cuando erraba, lleno de rabia y ceguera, en vuestras doctrinas.”

Réplica a la carta de Manes llamada ‘Del Fundamento’, de San Agustín (2-3); en el tomo XXX de sus Obras completas; BAC, 1986; pgs. 387-388.

'Sálvame de mis demonios', de J. Kirk Richards (2012)

‘Sálvame de mis demonios’, de J. Kirk Richards (2012)

LA RELIGIÓN DENTRO DE LOS LÍMITES DE LA MERA RAZÓN

“Es imposible que ningún entendimiento creado comprenda a Dios; pero, como dice San Agustín, llegar con el entendimiento hasta Dios, por poco que se alcance, es ya gran dicha.

Para explicar esto, adviértase que comprender una cosa es conocerla con perfección, y conocerla con perfección es conocerla tanto cuanto es cognoscible; y por esto, si de lo que es cognoscible con ciencia demostrativa sólo tenemos opinión fundada en razones probables, no lo comprendemos; por ejemplo, el que sabe por demostración que los tres ángulos de un triángulo equivalen a dos rectos, lo comprende; pero el que tiene de esta verdad una opinión probable, fundada en que así lo enseñan los sabios o lo dicen muchos, no la comprende, porque no alcanza aquel modo de conocimiento perfecto con que es cognoscible esta verdad.

Pues bien, ningún entendimiento creado puede alcanzar a conocer la esencia divina en el grado de perfección con que es cognoscible, y la razón es evidente. Un ser es cognoscible en la medida en que está en acto. Luego Dios, cuyo ser, según hemos dicho, es infinito, es infinitamente cognoscible. Pues ningún entendimiento creado puede conocer infinitamente a Dios, porque si conoce, con más o menos perfección, la esencia divina, es porque está dotado de mayor o menor luz de gloria. Pero, como la luz de gloria que recibe el entendimiento creado no puede ser infinita, es imposible que ninguno conozca infinitamente a Dios, y, por tanto, es imposible que lo comprenda.”

Suma Teológica, de Santo Tomás de Aquino; parte I, cuestión 12, artículo 7; BAC, 2010; vol. I, pgs. 304-305.

Profesión solemne de monjes dominicos en Dublín (2011)

Profesión solemne de monjes dominicos en Dublín (2011)

PRODUCT OF A BROKEN HOME

A veces, los mejores textos y reflexiones reaccionarios hay que buscarlos en lugares, en principio, inesperados. Los hallamos allí donde moran los perdidos; aquéllos a quienes los puros -los cátaros de todos los credos-, apenas prestan atención; de quienes se quieren mantener alejados; cuya suciedad no permiten que enturbie su bienestar aburguesado. Pureza resentida semejante a la del feo, que confunde la ausencia de tentaciones que su aspecto provoca con la virtud de la castidad, y piensa, erróneamente, que puede ser maestro de la misma.

Pero son precisamente los máximos pecadores los que mejor conocen aquello de que hablan, porque han tenido trato íntimo con el Enemigo. Y sus recuerdos de combate tienen una potencia natural que jamás podrán ni rozar muchos ambientes de creyentes pánfilos, que hablan desde burbujas de irrealidad que lo único que provocan es la incapacidad de los catecúmenos para enfrentarse con sus propias bajezas y con la suciedad del mundo.

Como cuando escuchas hablar a alguien sobre el infierno de las drogas y sabes al momento que jamás ha sentido el efecto de la coca al penetrar en su corriente sanguínea, que jamás se ha perdido en el paraíso químico de una noche de éxtasis.

Como cuando oyes hablar a alguien sobre el peligro de los radicalismos políticos, pero entiendes que nunca se ha dejado arrastrar por el delirio de una masa que carga contra la policía, que nunca ha perdido su individualidad en el canto apasionado de un himno de autoafirmación étnica ante las tumbas de héroes de antaño.

Supongo que por eso nos llaman tanto la atención las Confesiones de San Agustín, porque en ellas reconocemos al caído que, tras un largo éxodo, ha logrado domesticar todas sus debilidades; precisamente porque en ningún momento se ha olvidado de las mismas y de su presencia constante. Y entiende el poder de la tentación, sin vituperarlo con inútiles chillidos de pureza histérica.

Gracias a Dios, no es necesario pecar terriblemente para formar una adecuada conciencia. Pero es imposible ser un buen católico sin obligarse a estar en contacto con la podredumbre del alma propia y del mundo. Sólo así podremos ofrecer una mano al que quiera abandonar su pasado. Sólo así podremos evitar que el nuestro regrese. Los sanos no tienen necesidad de médico…

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Prensaboxeo.com

La gran comunidad del boxeo en español al día

plan zeta

apología de mí mismo

Embajador en el Infierno

non mea voluntas

En Compostela

non mea voluntas

The Wanderer

non mea voluntas

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

New Catholic Land Movement

Restoring Catholic Rural Life

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester