El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: ROSALÍA

EL HUMILDE AGRADECIMIENTO EN EL PECHO DE CADA CUAL

El bueno de Carlos Marín-Blázquez me da a conocer este texto, desconocido para mí, de mi maestro Juan Bautista Fuentes. El resto de la cita lo podéis encontrar aquí.

“De manera que, si alguien me dijera, ¿cuál es la solución?, lo primero que haría es dar respuestas negativas. La solución no es meramente técnica, meramente económica, no es meramente política; la solución está en el pecho de cada cual, en el corazón de cada cual. El error de las izquierdas y de las derechas es confiar en una solución, bien solamente política (las izquierdas), o sólo técnicamente económica (las derechas): que el mercado, por sí mismo, acabará reconstruyéndose… El mercado, por sí mismo, no hace sino reproducir en abstracto la propia laminación de la vida económica. Para eso está el estado, para intervenir. El estado, es decir, esa estructura que no tiene otra función más que la de intervención sobre una sociedad meramente económica, laminadas ya o disueltas las referencias comunitarias, no tiene en sí mismo tampoco la solución. Sin duda yo diría: frente al mercado, el estado. Pero frente al estado, la comunidad. Entonces el problema es que la comunidad no la va a crear nunca el estado, ni la van a crear nunca las relaciones económicas. Y entonces, ¿qué tenemos a nuestra disposición para reparar la vida comunitaria? Pues la solución es muy sencilla, es adoptar una actitud ante la vida tan humilde que consista básicamente en el agradecimiento. Es decir, allí donde halla que el primer movimiento del corazón no sea el agradecimiento, es imposible la instalación de la vida comunitaria. Y por tanto, agradecer es dar las gracias a algo que uno entiende que le han regalado gratuitamente. Allí donde no hay sentido del agradecimiento es imposible la vida comunitaria. Y la vida comunitaria es precisamente compañía espiritual. Y la compañía espiritual, no es algo a lo que tengamos derecho. La compañía espiritual es algo que nos han regalado y que nosotros regalamos. Y por tanto, mientras no seamos capaces de asumir la idea de agradecimiento, no se crearán los pivotes sobre los cuales pueda haber vida comunitaria en función de la cual se podrá empezar a organizar un estado que sea capaz de controlar la situación económica. Y mientras esto no ocurra, no hay soluciones técnico-políticas, no hay soluciones técnico-económicas. La cuestión es cuándo esto podrá ocurrir.”

ROSALÍA Y LA TRADICIÓN

Sí, en el Sosiego Acantilado también estamos flipados con Rosalía.

Si tuviéramos que poner música e imágenes a nuestro concepto de tradición, simplemente pondríamos el vídeo de Malamente (desde nuestro modesto punto de vista, una de las mejores películas de la historia del cine español).

En esa mezcla de flamenco, copla, trap y cuatrocientas mil influencias más (en sus entrevistas puedes oírle nombrar a Camarón y a Johnny Cash casi en la misma frase), puestas al servicio de uno de los eternos temas de la condición humana, Rosalía y todo el equipo creativo que la rodea han sacado la violencia de género de su contemporánea limitación ideológica y la han colocado a la altura de las mejores y más profundas reflexiones sobre el mal querer de un hombre hacia una mujer. En la mejor tradición de la copla española, del profundo sentir intrahistórico del pueblo español (poso popular de su milenaria fe cristiana), Rosalía ha creado algo nuevo; aún siendo consciente, como ella misma dice en sus entrevistas, de que ya está todo inventado.

Y sí, vemos verdad en lo que hace. En medio del eterno e irreal rollo del procés, esta catalana, que con su familia habla en catalán, nos muestra en un precioso castellano, la Cataluña real de polígonos charnegos que han alimentado de mano de obra la potente economía catalana desde hace casi un siglo.

En medio del desquiciado cáncer animalista, Rosalía se trae a los alumnos de una escuela de tauromaquia de Jaén para participar en su vídeo, y regalarnos esas miradas que, más que de niños, parecen propias de ancianos sabios a punto de dejar el mundo.

Y si alguien se siente molesto por esa mezcla de símbolos que supone presentar a un nazareno en monopatín, desde aquí le recordamos que el último gran héroe y mártir católico que ha dado este país fue un tal Ignacio Echeverría, que se enfrentó a terroristas musulmanes con el monopatín que adoraba usar.

En fin, que nos gusta mucho Rosalía y nos alegra sobremanera que le vaya bien.

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