El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: RAMÓN ANDRÉS

CONSTRUIR Y COMBATIR LA NADA

“De ningún modo puede pensarse la Edad Media como un dominio en el que los siglos dormían sordamente y donde nada sucedía. No puede hablarse sólo de invasiones, hambrunas y epidemias. Hubo continuos aconteceres, lentos pero decisivos avances en el rendimiento agrícola, su rotación trienal en las zonas atlánticas, la expansión de los molinos de agua y de viento, cada vez menos mutilaciones y más suturas, alianzas de reinos, cruces de civilizaciones, enardecidas interpretaciones teológicas y metafísicas, cambios de costumbres, sucesión de mentalidades. No fue l’età barbara de Giambattista Vico ni el feliz refugio que soñó Novalis, ni tampoco, seguramente, la edad de lo maravilloso, como la llamó Chateaubriand.

Fue entonces cuando la espiritualidad esparció, al igual que semillas para un nuevo pan, una infinidad de claustros en cuyo silencio se diluyó el mundo antiguo, que no la Antigüedad. A la par de la concepción sobre la verdad, a la que se llega a través de la episteme, Occidente procede de este silencio claustral, de esta disolución y de una certidumbre: la existencia de un mundo prometido que nuestros ojos no alcanzan a ver. Esta certidumbre pervivirá como fe y tomará el nombre de Verdad. El amor a dicha invisibilidad ha definido una cultura cuyo signo capital es la espera, la espera de un acontecimiento. Europa, desde sus inicios, ha concebido la existencia como un aguardar.

Detrás de cada incisión de buril que contornea la talla de una virgen sedente, detrás de cada policromía, detrás de cada andamio desde el que encajar la piedra de una iglesia, en la fundición de campanas, en la escritura carolingia, estaba Platón, estaba el neoplatonismo, los padres de la Iglesia, su nuevo canto y su desierto. Hay algo en la bóveda celeste que no se acierta a ver, pero está; hay algo en el silentium que no oímos, pero creemos que nos habla. Es Plotino el que ayuda a subir más alto aquel campanario, es Proclo el que, ya de noche, mantiene la luz de la vela en una lucarna. Alguien está leyendo en ella.

En ese silencio laboraban los amanuenses, y en sus copias de antiguos manuscritos -muchos debidos a las traducciones de Boecio- Grecia y Roma permanecían intactas. La tinta y el pergamino salvaguardaban el pasado, ofrecían rigor, coraje para afrontar un devenir sobre cuyo telón de fondo, como sucede en el mito de la caverna, la muerte se agrandaba y movía en todas direcciones. Una de las contribuciones medievales decisivas para la forja occidental fue, precisamente, la creación de la muerte y su rostro anunciador del castigo. Otra, no inferior, la concepción del Tiempo, presentado como el peor de los usureros. El más vil de los avaros. La amenaza de su guadaña, su filo en elipse, cuyos extremos indicaban el principio y el fin, influyó en que, a partir de entonces, todo se redujera a construir y a combatir la nada.”

Filosofía y consuelo de la música, de Ramón Andrés; Acantilado, 2020; pgs. 513-514.

Esta hermosísima canción la he conocido gracias a Ángel y su blog.

TODA EN AQUEL PRIMER SILENCIO

“La lectura y el silencio. Antaño no se correspondían. Se leía en voz alta. Una página era una voz. La escritura tenía algo de plaza pública. Agustín se asombra de que Ambrosio lea ‘sin pronunciar palabra ni mover la lengua’ (Confesiones, VI, 3, 3). No quiere molestarlo, se sienta a su lado. El lector ni repara en su presencia; lee y lee sin levantar la vista. Durante muchos siglos Occidente fue la historia de alguien absorto ante un libro. Europa podía leerse, estaba toda en aquel primer silencio.”

Filosofía y consuelo de la música, de Ramón Andrés; Acantilado, 2020; pg. 455.

img-3052_orig

AFFECTUS TRISTITIAE

“Cuando en julio de 1720 Bach regresó de Carlsbad, donde había acompañado a su señor el príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen, se encontró con un hogar desolado. Su esposa Maria Barbara, de treinta y cinco años, había recibido sepultura el 7 de dicho mes. La conmoción y la fisura que ello le provocó nunca se cerrarían del todo. En la Necrológica se dice que el compositor, pese a haberla dejado sana y salva, la primera ‘noticia de que había enfermado y muerto la tuvo a la vuelta, entrando en su casa’. Desde un punto de vista biográfico, apenas ha sido atendida la reacción de Bach tras el suceso, pero Helga Thoene ha demostrado que en las Sonatas y partitas para violín solo (BWV 1001-1006), no completadas hasta ese año de 1720, el compositor rindió un homenaje a Maria Barbara. Su estudio le permite afirmar que una parte de este prodigioso cuaderno de Sei solo a Violino senza Basso accompagnato únicamente fue concluido a la muerte de su mujer, y que la famosa ‘Ciaccona’ de la Partita en re menor (BWV 1004es en realidad un tombeau, un túmulo creado para la difunta.”

Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, de Ramón Andrés; Acantilado, 2005; pgs. 67-69.

En Compostela

NON MEA VOLUNTAS

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo