El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: PLATÓN

AQUÍ TAMBIÉN HAY DIOSES

El alboroto de la lonja se componía de gaviotas, motores, sirenas y varias docenas de subastas que se desarrollaban a voz en grito. Una agradable brisa marinera removía la sopa de olores que producía el mercado a primera hora de la mañana.

Todas las razas e idiomas del mundo parecían congregarse en aquel lugar. Una pequeña figura, vestida con una sencilla camiseta marrón y amplios pantalones del mismo color, paseaba con gesto entretenido entre la barahúnda del puerto. De vez en cuando, se detenía para examinar el género de algún puesto, con una curiosidad que parecía más científica que gastronómica.

-¿Va a querer algo, viejo? -le preguntó en inglés clásico un pescadero gordo, calvo y negro, que se empezaba a impacientar ante el largo escrutinio de sus peces.

-Oh, no… Lo siento, me había obnubilado observando las branquias de ese lepidorhombus… -contestó en griego ortodoxo el anciano.

-Pues, si no va a comprar nada, deje sitio a los que sí quieren hacerlo -respondió a su vez el pescadero, en griego ateniense.

El viejo se acarició la rala barba de su mentón y siguió su camino despidiéndose con un ligero movimiento de cabeza. Se fijó entonces en la fragata de la Liga que entraba en esos momentos en el Pireo: un enorme buque acorazado de color gris perla del que salían, como espinas en la espalda de un dragón, varios palos en los que los marineros se afanaban en arriar y recoger velas. El anciano se quedó parado, contemplando la actividad en el barco de guerra.

-¡Señor Thomas! -gritó un joven desde la terraza de una taberna cercana.

El viejo se giró y saludó con una mano, acercándose a buen paso hasta la mesa que ocupaba el joven. En su rostro anguloso y lampiño se mezclaban sangres de todos los continentes; unos alegres ojos verdes, ligeramente rasgados, invitaron al anciano a sentarse; cosa que hizo con presteza.

Una camarera se acercó a ellos. El joven ya tenía una copa de vino blanco. El anciano pidió otra, además de una ración de calamares fritos.

-¿Qué tal estás, joven Peras? -preguntó, jovial.

-No hay queja, Maestro. ¿Qué tal se encuentra usted?

-Felizmente atareado, como siempre. A Dios gracias. ¿Y Adonis?

Peras hizo un gesto y desvió la mirada.

-Bueno, ya sabe; preocupado por el estado de las cosas, como suele. Preocupado sobre todo por la posibilidad de que el partido de Sonshu Agamenón gane las próximas elecciones.

-Claro.

-Le he traído lo suyo; y una carta que recibió Adonis hace un par de días -Peras acercó un par de sobres por encima de la mesa al anciano-. Parece que es importante.

Thomas cogió los dos sobres. Uno blanco, otro gris. Se quedó observando éste por un momento, hasta que guardó ambos en un pequeño bolso que colgaba de su cinturón.

La camarera llegó con la copa de vino y los calamares. Peras pinchó uno inmediatamente y empezó a comerlo, mientras Thomas se quedaba mirando la cabeza de uno de los animales, buscando la boca entre los tentáculos con ayuda de su tenedor. Peras se quedó mirando al anciano.

-Se le va a enfriar, Maestro -comentó divertido.

Thomas sonrió. Levantó un dedo, indicando a Peras que esperase un momento. Peras ya sabía lo que eso significaba: le iba a leer algo. El anciano extrajo un libro bellamente encuadernado de su bolsita. Lo abrió y empezó a buscar. Volvió a levantar el mismo dedo, sin dejar de mirar el libro, haciendo ver que ya había encontrado lo que buscaba y se disponía a leerlo:

-…por ello es necesario no rechazar puerilmente el estudio de los seres más humildes, pues en todas las obras de la naturaleza existe algo maravilloso. Y lo mismo que se cuenta que Heráclito dijo a los extranjeros que querían hacerle una visita, pero que, cuando al entrar lo vieron calentarse frente al horno, se quedaron parados (los invitaba, en efecto, a entrar con confianza, pues también allí estaban los dioses), igual hay que acercarse sin disgusto a la observación sobre cada animal, en la idea de que en todos existe algo de natural y de hermoso… ¿No es realmente magnífico Aristóteles?

Peras tomó el libro y lo hojeó con profunda admiración. Estaba escrito en griego clásico. Las miniaturas que lo adornaban eran de una extraordinaria belleza.

-¿Es una copia realizada por usted, Maestro?

-Nunca entenderé por qué San Nicolás le tenía tanta inquina… -Thomas no parecía haber escuchado al joven.

-¿A San Nicolás no le gustaba Aristóteles? -inquirió Peras, olvidando su pregunta anterior.

-Pues no. De hecho, Iumbe Crisóstomo llegó a dedicar un libro a la cuestión, poco antes de la Caída; pero es una de sus muchas obras que no se han conservado… Así que no podemos saber cuál era su teoría al respecto -Thomas se quedó por un momento con la mirada perdida en las olas-. En cualquier caso, a pesar de mi profunda admiración por el santo, no puedo evitar sentirme profundamente feliz cuando leo al Filósofo. Espero que no sea pecado… -comentó con una suave sonrisa.

-Quizá, en esta cuestión, estuviese equivocado -dijo Peras, intentando dar pie a que el anciano siguiese hablando del tema-. ¿En qué escolios se puede percibir ese malestar con Aristóteles?

-Explícitamente, recuerdo ahora mismo dos: uno en que considera que el aristotelismo ha sido uno de los traspiés de la Iglesia y otro en el que dice que el vicio de la escolástica medieval está en no haber sido sierva de la teología, sino de Aristóteles -respondió el anciano, antes de comerse un calamar.

-¿Y es así?

-Claro, esa es la cuestión, mi duda… -dijo Thomas, con una sonrisa, mientras se acercaba la copa a los labios-. Hay otros escolios en los que habla de la escolástica; por ejemplo: la Escolástica pecó al pretender convertir al cristiano en un sabelotodo. El cristiano es un escéptico que confía en Cristo… Y en otro lugar: el que menos comprende es el que se obstina en comprender más de lo que se puede comprender. San Nicolás desconfía de los mamotretos escolásticos: tan grande es la distancia entre Dios y la inteligencia humana que sólo una teología infantil no es pueriltomistas y marxistas pueden intercambiar personal...

-¿Marxistas?

-Oh, una herejía que tuvo su importancia unos tres siglos antes de la Caída… -explicó Thomas, antes de continuar con las citas- …los vicios de la teología católica resultan de su propensión a tratar problemas teológicos con mentalidad de canonista... Evidentemente, Santo Tomás tampoco queda libre de sospecha; en un escolio, San Nicolás se pregunta si se le puede considerar un orleanista de la teología -el anciano dejó escapar una risita-. Es otro modo de decir que ya está cediendo demasiado terreno al enemigo. Teniendo en cuenta lo que Santo Tomás opinaba de su propia obra al final de sus días, casi podríamos pensar que él mismo le daría la razón a San Nicolás… -el anciano sonrió-. Por otro lado, las loas a Platón abundan en los Escolios: las tres filosofías más importantes de la historia (Platón-Descartes-Kant) son apologéticas larvadas de la religión… En fin. El caso es que San Nicolás desconfiaba profundamente del cristianismo con tendencia a la enciclopedia. Y de esa tendencia, parece culpar principalmente a Aristóteles.

Peras se quedó pensativo, mientras el anciano volvía a tragar un calamar con evidente placer.

-Es curioso, ¿sabes, Peras? Porque muchos pensadores cristianos han considerado que la filosofía antropológica de Aristóteles se acomodaba mejor al misterio de la Encarnación que la siempre peligrosa tendencia al dualismo de Platón. Aunque también es cierto que grandes pensadores musulmanes han pensado que el tratado sobre la psyché explicaba perfectamente la relación entre su dios abstracto y las criaturas… -Thomas se quedó callado, con la mirada fija en la nada, mientras le daba otro trago a la copa de vino-. El caso es que sería un interesante tema de estudio, ¿verdad?

Peras pareció volver de un lugar muy lejano.

-Ciertamente, Maestro…

-¿Serías tan amable de acompañarme a casa? -preguntó Thomas, sonriente.

-Por supuesto, Maestro. Voy un momento al servicio y nos ponemos en marcha.

Cuando el joven se levantó, Thomas recordó el sobre gris que llevaba en el bolso. Volvió a sacarlo y lo contempló sin abrirlo.

Sus manos ancianas parecían doblarse bajo el peso de aquellos trozos de papel.

‘Palas Atenea’, de Gustav Klimt (1898)

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SUS MÁS SERIAS ACCIONES

“Reprendió Platón a un muchacho que jugaba a las nueces y díjole el chiquillo: ‘Me reprendes por poco‘. ‘No es poca cosa la costumbre‘, replicó Platón. Yo opino que nuestros mayores vicios se originan en nuestra más tierna infancia y entiendo que nuestro principal gobierno futuro está en mano de nuestras nodrizas. Las madres se divierten viendo a sus hijos torcer el pescuezo a un pollo, o maltratar a un perro o a un gato; y hay padre tan necio que atribuye a su hijo un ánimo belicoso si le ve maltratar injuriosamente a un labriego o lacayo, que no se defiende; o le tiene por agudo si el chiquillo aventaja a un compañero en cualesquier maliciosa deslealtad o engaño. Empero, esas son las verdaderas raíces y semillas de la crueldad, la tiranía y la traición, y luego de que arraigan medran gallardamente y adquieren fuerza con la costumbre. Es peligrosísimo excusar esas malas inclinaciones con la debilidad de los pocos años y la liviandad del asunto, y lo es, porque entonces habla la humana naturaleza, con voz tanto más pura y sincera cuanto que es más nueva. Además, la fealdad del engaño no varía si se engaña en escudos o alfileres, sino que depende del engaño mismo. Yo hallo justa esta conclusión: ¿Por qué no defraudar escudos cuando defraudo alfileres?; y no hallo justa esta otra que suele formularse: Lo que haga con alfileres no lo haría con escudos. Es menester enseñar a los niños a que odien los vicios por su propia contextura, haciéndoles aprender su natural deformidad, de modo que los rehúyan, no sólo como acto, sino en todo, al punto de que el solo pensamiento de los vicios, lleven la máscara que lleven, les sea odioso.

Ha de hacerse notar que los juegos infantiles no son tales juegos, sino que en los niños han de juzgarse como sus más serias acciones. En mi infancia decíaseme que siguiera siempre el camino recto y, contra mi gusto, se me prohibía mezclar engaño ni añagaza a mis juegos, merced a lo cual no hay pasatiempo, por ligero que sea, al que yo no aporte, por propensión natural y no artificiosa, una extrema contradicción a engañar. Ganar y perder me es indiferente, ya sea contra mi mujer y mi hija, ya de verdad.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pg. 72.petitnicolas_2

ΣΥΜΠΟΣΙΑ ΣΥΜΠΟΣΙΑ

Y les mandó que les hicieran reclinarse en grupos de comida por grupos de comida sobre la hierba verde, y se sentaron conjunto a conjunto, en unidades de cien y en unidades de cincuenta.

Mc 6, 39-40

“La demencia de los sicarios se adueñó también, como una peste, de las ciudades próximas a Cirene. Se había refugiado allí Jonatán, un individuo muy malvado, tejedor de profesión, que convenció a un gran número de gente pobre para que le siguiera y la condujo al desierto con la promesa de mostrarle señales y apariciones.”

La guerra de los judíos, de Flavio Josefo; Libro VII, 437-439; Gredos, 1999.

“La palabra symposion, que es un hapax legomenon en el Nuevo Testamento, significa literalmente ‘bebiendo juntos’ y originalmente designaba una fiesta de bebida. Más tarde, esa palabra vino a significar la habitación donde se come o el mismo banquete. La literatura greco-romana de tipo ‘simposio’, cuyo ejemplo más significativo es el Simposio Banquete de Platón, combina el contexto del banquete con una discusión filosófica. Marcos utiliza aquí ese término en un sentido traslaticio, para referirse a las congregaciones o grupos de personas que comen.

[…] Los intensos rasgos mosaicos y escatológicos de nuestro pasaje pueden tener una importancia especial para Marcos y su comunidad, por la cercanía con la Guerra Judía del 67-73 d.C. Flavio Josefo describe en este contexto a profetas del tipo de Moisés y de Josué, con rasgos revolucionarios, profetas que dirigen a sus seguidores al desierto, para prometerles allí maravillas, fundando probablemente sus esperanzas en las profecías bíblicas que hablan de un nuevo éxodo que debe realizarse.

De acuerdo con eso, nuestra historia presenta a Jesús como el realizador de esas promesas: Jesús mismo es el revelador esperado, el pastor del pueblo, el que dirigirá a sus seguidores hasta la victoria final. Sin embargo, él cumple esas esperanzas de una forma que no encaja con el modelo previsto: ofreciendo un banquete en lugar de levantando en armas a un ejército.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 474, 490.

'La cena de Emaús', de Tintoretto (1542-1543)

‘La cena de Emaús’, de Tintoretto (1542-1543)

ALREDEDOR DEL CONCEPTO DE “CUERPO DRAMÁTICO”

Son las historias –los mitos- las que nos hacen creer en la posibilidad de que existan hombres buenos y bellos. Son las narraciones apasionadas de los que ya llevan unos cuantos años en el teatro del mundo, las que hacen contener el aliento a los niños. Quizá haya mil maneras de hacer contener el aliento a un niño; pero no creo que se le pueda hacer contener el aliento de cualquier manera.

El misterio del ser humano reside en aquellas historias que, no se sabe muy bien por qué, nos hacen contener el aliento.

Desde Platón sabemos que, en el fondo, se trata de saber contar los mejores cuentos. Pero también sobre esto hay opiniones: algunos creen que las mejores historias son aquéllas tan exactas como el teorema de Pitágoras; otros creen que lo son las que nos devuelven a nuestros orígenes animales. ¿Qué es la filosofía? Una duda literaria.

Quizá el error se encuentre en creer que sólo se trata de escribir buenos guiones, de narrar bellas historias a la luz de la hoguera.

Se trata de encarnar la historia inventada. Se trata de interpretar el papel que consideramos más bello.

Algunos tratados que hablan del descubrimiento de América se refieren a tal hecho como la invención de América. Muy adecuada la ambigüedad, porque América no existía antes de la llegada de los españoles: existía un doble continente poblado por varias civilizaciones humanas. América la descubrieron los españoles en el proceso de inventarla. La invención de América es la llegada a América: y llegar a América no consistía en un simple viaje en barco, sino en un viaje espiritual. Para inventar América, los hombres y mujeres del nuevo continente debían escuchar otras historias distintas a las que siempre habían escuchado. La invención de América no se produjo el 12 de octubre de 1492: la invención de América fue un proceso largo, repleto de narraciones, de historias contadas y de historias acalladas. De viejas historias que empezaban a ser contadas de un modo distinto, nuevo.

Los mitos, las viejas historias repetidas una y otra vez, son estrellas que los nuevos hombres y mujeres pueden seguir, para tener una dirección; pero el camino que tracen con sus propias vidas será único. Son los mitos los que nos ofrecen máscaras, papeles que interpretar. Algunos no querrían algo tan tosco como una máscara de teatro, algunos querrían interpretar el papel único, el que sutura el espacio, el que sella el vacío del abismo: el que tal cosa hace, no entiende al hombre. El papel único es lo mismo que el no papel. El papel universal es la nada absoluta. La vida humana florece en el intersticio de materia y forma, de cuerpo y espíritu: en el momento en que el hombre se pone una máscara determinada.

En las bodas del Cuerpo y el Alma,

siendo ella eterna y siendo él mortal,

sólo un hijo que es de ambos, la Vida,

es quien los tiene, forzados, en paz.

La filosofía reflexiona sobre las diversas máscaras, sobre el propio hecho de la máscara, sobre el abismo que separa los dos acantilados. La filosofía se sitúa ante la desconocida raíz común. Eso es lo que puede hacer la filosofía: confirmarnos la quiebra de nuestro ser. Nos puede ayudar, con sus conocimientos acumulados; pero, al final, la decisión es sólo nuestra. Nuestro acierto, nuestro error. Nuestra gloria, nuestro fracaso. En esta decisión, en ésa, en aquélla. Ayer, hoy, mañana. El hombre puede aprender, pero incluso su aprendizaje puede ser erróneo.

El mayor error es, quizá, querer vivir sin la responsabilidad de nuestros actos.

El camino trazado, posteriormente, quizá se convierta también en estrella celeste para los que vengan detrás. Son las historias las que nos hacen creer que han existido hombres de una calidad tal que, su misma existencia, sólo se puede explicar divinizándolos. En definitiva, son los mitos los que nos hacen creer que un Dios ha caminado por la tierra.

9 de mayo de 2007

"Puesto de frontera", de Andrew Wyeth (1968)

“Puesto de frontera”, de Andrew Wyeth (1968)

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Al Servicio de su Majestad

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“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester