El sosiego acantilado

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Categoría: PLATÓN

SUS MÁS SERIAS ACCIONES

“Reprendió Platón a un muchacho que jugaba a las nueces y díjole el chiquillo: ‘Me reprendes por poco‘. ‘No es poca cosa la costumbre‘, replicó Platón. Yo opino que nuestros mayores vicios se originan en nuestra más tierna infancia y entiendo que nuestro principal gobierno futuro está en mano de nuestras nodrizas. Las madres se divierten viendo a sus hijos torcer el pescuezo a un pollo, o maltratar a un perro o a un gato; y hay padre tan necio que atribuye a su hijo un ánimo belicoso si le ve maltratar injuriosamente a un labriego o lacayo, que no se defiende; o le tiene por agudo si el chiquillo aventaja a un compañero en cualesquier maliciosa deslealtad o engaño. Empero, esas son las verdaderas raíces y semillas de la crueldad, la tiranía y la traición, y luego de que arraigan medran gallardamente y adquieren fuerza con la costumbre. Es peligrosísimo excusar esas malas inclinaciones con la debilidad de los pocos años y la liviandad del asunto, y lo es, porque entonces habla la humana naturaleza, con voz tanto más pura y sincera cuanto que es más nueva. Además, la fealdad del engaño no varía si se engaña en escudos o alfileres, sino que depende del engaño mismo. Yo hallo justa esta conclusión: ¿Por qué no defraudar escudos cuando defraudo alfileres?; y no hallo justa esta otra que suele formularse: Lo que haga con alfileres no lo haría con escudos. Es menester enseñar a los niños a que odien los vicios por su propia contextura, haciéndoles aprender su natural deformidad, de modo que los rehúyan, no sólo como acto, sino en todo, al punto de que el solo pensamiento de los vicios, lleven la máscara que lleven, les sea odioso.

Ha de hacerse notar que los juegos infantiles no son tales juegos, sino que en los niños han de juzgarse como sus más serias acciones. En mi infancia decíaseme que siguiera siempre el camino recto y, contra mi gusto, se me prohibía mezclar engaño ni añagaza a mis juegos, merced a lo cual no hay pasatiempo, por ligero que sea, al que yo no aporte, por propensión natural y no artificiosa, una extrema contradicción a engañar. Ganar y perder me es indiferente, ya sea contra mi mujer y mi hija, ya de verdad.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pg. 72.petitnicolas_2

ΣΥΜΠΟΣΙΑ ΣΥΜΠΟΣΙΑ

Y les mandó que les hicieran reclinarse en grupos de comida por grupos de comida sobre la hierba verde, y se sentaron conjunto a conjunto, en unidades de cien y en unidades de cincuenta.

Mc 6, 39-40

“La demencia de los sicarios se adueñó también, como una peste, de las ciudades próximas a Cirene. Se había refugiado allí Jonatán, un individuo muy malvado, tejedor de profesión, que convenció a un gran número de gente pobre para que le siguiera y la condujo al desierto con la promesa de mostrarle señales y apariciones.”

La guerra de los judíos, de Flavio Josefo; Libro VII, 437-439; Gredos, 1999.

“La palabra symposion, que es un hapax legomenon en el Nuevo Testamento, significa literalmente ‘bebiendo juntos’ y originalmente designaba una fiesta de bebida. Más tarde, esa palabra vino a significar la habitación donde se come o el mismo banquete. La literatura greco-romana de tipo ‘simposio’, cuyo ejemplo más significativo es el Simposio Banquete de Platón, combina el contexto del banquete con una discusión filosófica. Marcos utiliza aquí ese término en un sentido traslaticio, para referirse a las congregaciones o grupos de personas que comen.

[…] Los intensos rasgos mosaicos y escatológicos de nuestro pasaje pueden tener una importancia especial para Marcos y su comunidad, por la cercanía con la Guerra Judía del 67-73 d.C. Flavio Josefo describe en este contexto a profetas del tipo de Moisés y de Josué, con rasgos revolucionarios, profetas que dirigen a sus seguidores al desierto, para prometerles allí maravillas, fundando probablemente sus esperanzas en las profecías bíblicas que hablan de un nuevo éxodo que debe realizarse.

De acuerdo con eso, nuestra historia presenta a Jesús como el realizador de esas promesas: Jesús mismo es el revelador esperado, el pastor del pueblo, el que dirigirá a sus seguidores hasta la victoria final. Sin embargo, él cumple esas esperanzas de una forma que no encaja con el modelo previsto: ofreciendo un banquete en lugar de levantando en armas a un ejército.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 474, 490.

'La cena de Emaús', de Tintoretto (1542-1543)

‘La cena de Emaús’, de Tintoretto (1542-1543)

ALREDEDOR DEL CONCEPTO DE “CUERPO DRAMÁTICO”

Son las historias –los mitos- las que nos hacen creer en la posibilidad de que existan hombres buenos y bellos. Son las narraciones apasionadas de los que ya llevan unos cuantos años en el teatro del mundo, las que hacen contener el aliento a los niños. Quizá haya mil maneras de hacer contener el aliento a un niño; pero no creo que se le pueda hacer contener el aliento de cualquier manera.

El misterio del ser humano reside en aquellas historias que, no se sabe muy bien por qué, nos hacen contener el aliento.

Desde Platón sabemos que, en el fondo, se trata de saber contar los mejores cuentos. Pero también sobre esto hay opiniones: algunos creen que las mejores historias son aquéllas tan exactas como el teorema de Pitágoras; otros creen que lo son las que nos devuelven a nuestros orígenes animales. ¿Qué es la filosofía? Una duda literaria.

Quizá el error se encuentre en creer que sólo se trata de escribir buenos guiones, de narrar bellas historias a la luz de la hoguera.

Se trata de encarnar la historia inventada. Se trata de interpretar el papel que consideramos más bello.

Algunos tratados que hablan del descubrimiento de América se refieren a tal hecho como la invención de América. Muy adecuada la ambigüedad, porque América no existía antes de la llegada de los españoles: existía un doble continente poblado por varias civilizaciones humanas. América la descubrieron los españoles en el proceso de inventarla. La invención de América es la llegada a América: y llegar a América no consistía en un simple viaje en barco, sino en un viaje espiritual. Para inventar América, los hombres y mujeres del nuevo continente debían escuchar otras historias distintas a las que siempre habían escuchado. La invención de América no se produjo el 12 de octubre de 1492: la invención de América fue un proceso largo, repleto de narraciones, de historias contadas y de historias acalladas. De viejas historias que empezaban a ser contadas de un modo distinto, nuevo.

Los mitos, las viejas historias repetidas una y otra vez, son estrellas que los nuevos hombres y mujeres pueden seguir, para tener una dirección; pero el camino que tracen con sus propias vidas será único. Son los mitos los que nos ofrecen máscaras, papeles que interpretar. Algunos no querrían algo tan tosco como una máscara de teatro, algunos querrían interpretar el papel único, el que sutura el espacio, el que sella el vacío del abismo: el que tal cosa hace, no entiende al hombre. El papel único es lo mismo que el no papel. El papel universal es la nada absoluta. La vida humana florece en el intersticio de materia y forma, de cuerpo y espíritu: en el momento en que el hombre se pone una máscara determinada.

En las bodas del Cuerpo y el Alma,

siendo ella eterna y siendo él mortal,

sólo un hijo que es de ambos, la Vida,

es quien los tiene, forzados, en paz.

La filosofía reflexiona sobre las diversas máscaras, sobre el propio hecho de la máscara, sobre el abismo que separa los dos acantilados. La filosofía se sitúa ante la desconocida raíz común. Eso es lo que puede hacer la filosofía: confirmarnos la quiebra de nuestro ser. Nos puede ayudar, con sus conocimientos acumulados; pero, al final, la decisión es sólo nuestra. Nuestro acierto, nuestro error. Nuestra gloria, nuestro fracaso. En esta decisión, en ésa, en aquélla. Ayer, hoy, mañana. El hombre puede aprender, pero incluso su aprendizaje puede ser erróneo.

El mayor error es, quizá, querer vivir sin la responsabilidad de nuestros actos.

El camino trazado, posteriormente, quizá se convierta también en estrella celeste para los que vengan detrás. Son las historias las que nos hacen creer que han existido hombres de una calidad tal que, su misma existencia, sólo se puede explicar divinizándolos. En definitiva, son los mitos los que nos hacen creer que un Dios ha caminado por la tierra.

9 de mayo de 2007

"Puesto de frontera", de Andrew Wyeth (1968)

“Puesto de frontera”, de Andrew Wyeth (1968)

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“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester