El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: PETER BROWN

OBNOXII

“La fundación de iglesias en las fincas planteó de inmediato el problema de quiénes ejercerían allí como sacerdotes. Ser eclesiástico (sacerdote o diácono) equivalía a ponerse el cinturón de la orden clerical. La frase aludía a las antiguas palabras cingulum militiae, el cinturón militar que había distinguido a los miembros de la burocracia imperial. Con el uso de esos términos, las cartas del papa [Gelasio] demuestran que la difusión del cristianismo había llevado al campo a otro nivel más de personas privilegiadas. Los lugareños con iniciativa estaban muy felices de unirse al clero para convertirse en miembros de esa nueva clase privilegiada. De esa manera, amenazaban con socavar el control que los terratenientes tenían sobre sus vidas. Gelasio se enteró de que muchos de los que se convirtieron en sacerdotes y en diáconos habían sido esclavos, y muchos más habían sido obnoxii -campesinos vinculados para siempre a la finca en la que estaban registrados como contribuyentes- el estatus clerical los liberaba de esas ataduras.  Eso sucedió en una época en la que los terratenientes del sur de Italia dependían de su habilidad para controlar una gran reserva de trabajo servil por deudas para producir la cosecha anual a la que estaba supeditada su riqueza.

Aunque severo a la hora de limitar los derechos de los fundadores laicos, Gelasio apoyaba a los terratenientes con entusiasmo en lo que se refería al control de sus campesinos. La ordenación sacerdotal no debía convertirse en una válvula de escape para los esclavos y los campesinos atados a la tierra. En el 494, Gelasio dijo a los obispos del Mezzogiorno que

[…] prácticamente todos se quejan de cómo aquí y allá los esclavos y los campesinos hereditarios, atados a la tierra, huyen de la dependencia legal de las fincas con el pretexto de abrazar la vida religiosa.

Había que poner fin a esa situación,

[…] por temor a que parezca que una práctica asociada con el nombre del cristianismo es la causa de una infracción de los derechos de los demás y de la subversión de la publica disciplina (el orden de la sociedad tal como lo establece la ley) […]. Tampoco ha de permitirse que la dignidad del ministerio sacerdotal quede empañada por personas sujetas a semejantes obligaciones.

Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550 d.C.), de Peter Brown; Acantilado, 2016; pgs. 932-933.

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IRONÍAS TEOCRÁTICAS

“La Cartago vándala mostraba precisamente lo que aún podía hacer un Estado despiadado. Hasta donde sabemos, el Estado vándalo no se basaba en un acuerdo tácito entre los romanos locales y la corte bárbara, a diferencia de los godos de Burdeos y de Toulouse. Los principales terratenientes romanos del África proconsular y de Bizacena fueron desposeídos abruptamente a fin de dejar un glacis en torno al interior de Cartago, ocupado solamente por guerreros vándalos.

Peor aún: los vándalos no ocultaban el hecho de que eran arrianos, y no cristianos católicos. Al cabo de una década, exiliaron a los obispos católicos por considerarlos herejes. Los vándalos incluso recurrieron a las leyes antidonatistas que habían impuesto el exilio a los obispos donatistas después del año 411. Los gobernantes vándalos aplicaron esas mismas leyes al clero católico. Por una extraña ironía del destino, no del todo inmerecida, muchos amigos de [San] Agustín (en particular Posidio de Calama, su biógrafo) terminaron sus vidas en Italia, como exiliados. Los habían expulsado de sus ciudades por las leyes en contra de la herejía que ellos mismos habían solicitado treinta años antes para desterrar a sus rivales donatistas.”

Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550 d.C.), de Peter Brown; Acantilado, 2016; pg. 793.

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