El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: NIRVANA

ORTODOXIA

“La impresionante fuerza de Chesterton está a punto de obligarme a ir corriendo hasta una iglesia, en busca de un cura que me haga católico lo más rápido posible. No sé si las verdades de Chesterton son las verdades; pero sé que son aquellas que yo puedo reconocer como bellas; aquellas que valdría la pena que fueran las verdades. Yo siento todas las contradicciones del catolicismo como conformadoras de mi ser.”

Escrito en mi diario el sábado 12 de marzo de 2005 (traducido del original gallego).

Los secularistas no han destruido las cosas divinas, pero sí las seculares, si eso les sirve de consuelo. Los titanes no escalaron hasta el cielo, pero devastaron el mundo.

Ortodoxia, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2013; pg. 184.

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COME AS YOU ARE

Algunas de mis amistades ya tienen un cuarto de siglo de historia. Hay pocas cosas de las que me sienta más agradecido.

Siempre es agradable conocer gente interesante y algunas de mis mejores amistades no tienen tantos años. Pero la ventaja de las viejas amistades, de aquellos que te han conocido como niño y te han visto crecer, es que no les puedes engañar con las galas de tus mejores últimos momentos: saben lo bajo que puedes llegar a caer. De hecho, probablemente ellos han sufrido tus acciones más despreciables. Pero ahí siguen, marcado en su mirada el recuerdo de tu débil humanidad.

Su simple presencia te obliga a ser humilde. Y eso es muy bueno.

Dentro de poco, Dios mediante, me reencontraré con una de estas amistades. Tras un lapso de tiempo excesivo, pero necesario. Y me apetecía dar a conocer mi alegría por tal acontecimiento. Porque, aunque no comulgamos con las mismas ruedas de molino, he conocido a pocos detectives salvajes como ella. Y ya no quiero dejar de caminar a su lado. Hasta el fin del mundo.

ESCLAVITUD FEMENINA

Never met a wise man
If so it’s a woman

Kurt Cobain

 

Tras ver por segunda vez la formidable película To the wonder, de Terrence Malick, uno no puede evitar reflexionar sobre la enorme mentira esclavista en la que el mundo moderno nos ha introducido a todos; pero, muy especialmente, a las mujeres.

Estoy firmemente convencido de que la mayoría de las mujeres que me rodean se sienten obligadas a ejercer papeles que, en el fondo de sus almas, consideran terriblemente indignos; se fuerzan a mentir para estar a la altura de humillaciones que tienen que abrazar con impostadas carcajadas de felicidad; sacrifican sus cuerpos sagrados, de mil formas diferentes, para satisfacer todos los apetitos enfermos de la época. Lo veo cada día y sé que no dejaré de verlo hasta que Dios tenga a bien llevarme de este mundo.

Y recuerdo las palabras de Houellebecq en una entrevista:

Lo que se dio en llamar ‘la liberación de la mujer’ les convenía más a los hombres, que veían en ella la posibilidad de multiplicar los encuentros sexuales. Después vinieron la disolución de la pareja y de la familia, es decir, de las últimas comunidades que separaban al hombre del mercado. Creo que, en general, es una catástrofe humana; pero vuelven a ser las mujeres las que salen perdiendo. En la situación tradicional, el hombre se movía en un mundo más libre y más abierto que la mujer; o sea, en un mundo más duro, competitivo, egoísta y violento. Los valores femeninos clásicos estaban impregnados de altruismo, amor, compasión, fidelidad y dulzura. Aunque ahora nos reímos de esos valores, hay que decir claramente que son valores civilizados superiores, y que su desaparición total sería una tragedia.

El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2000; pgs. 108-109.

 

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester