El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: NIETZSCHE

EL SAGRARIO

Lo inflamó la genealogía de la moral
y nada quedó de él,
salvo su voluntad.
Decidió entonces cambiar el mundo;
pero el mundo lo cambió a él.
Se convirtió en grial de aguas fecales,
que nadie quería beber.

Salvo Él.

Pero cuando Él se lo bebió a él
sólo quedó un cáliz vacío.
Místicos de la llanura le enseñaron a caminar tranquilo entre la nada.
Drásticamente consciente de todos los absurdos, maldades y desesperaciones
musitó sin embargo un fiel

al eterno retorno de la creación
tal cual ha sido hecha.
Pues sólo un pecho vacío puede ejercer de sagrario.

EL AMOR ALTERA EL HÁBITAT DE LAS ABEJAS

Empieza a convertirse en amable tradición que José Luis me muestre un poema tras la misa dominical. Poema que también hoy me veo en la obligación de compartir con el hiperespacio.

En esta oportunidad, el dicho poema me refrescó una anécdota escuchada en la Taberna de ayer, cuando Fernando nos contó lo que les suele decir a sus alumnos: no sólo Dios es trinitario, también lo es el diablo; y sus tres personas son: Marx, Nietzsche y Freud.

El poema pertenece a la Historia de la Filosofía de Ibáñez Langlois, y dice así:

Un hombre camina por la luz de un jardín
corta una flor de luz y la ofrece a una mujer
la mujer y la flor son muy hermosas
los científicos observan ocultos en el follaje
sus pensamientos zumban bajo el sol
para las ciencias ocultas no cabe ni la menor duda
es un truco burgués muy conocido dice el marxista
las flores ya se sabe retardan la revolución
ese lírico gesto transfiere a lo irreal
una contradicción no resuelta en la infraestructura
en el régimen de propiedad privada de la luz del jardín
para el psicoanalista en cambio es un Edipo vaya
sí un Edipo señores por donde se lo mire
lo que la flor sublima es el destete
lo que la flor actúa es la muerte del señor padre
el sabio estructural ejem dice yo voy más lejos
pues todo lo que hemos visto es puro lenguaje
aquí el texto de La bella durmiente ha conversado
por el morfema flor con el capítulo 2º del Génesis
a través de una pareja que en el fondo no existe
sino en estado de pura significación
el ecólogo el verde aclara esto es un crimen
esa flor nunca jamás debió ser cortada
el amor altera el hábitat de las abejas
el teósofo parapsicólogo susurra la flor no existe
por el jardín sólo ha pasado el Pensamiento puro
el jardín y el amor son las dos caras del Pensamiento
la Eternidad emigra por la flor hacia Sí mismísima
silencio y entretanto el hombre dice amor mío
yo no pretendo decir nada especial pero mira aquí tienes
una flor que se parece extrañamente a ti
la mujer dice gracias más con los ojos que con la voz
los científicos ocultos desaparecen en el follaje
ah las ciencias ocultas del siglo XX
ah los ojos astutos que acechan en la espesura
del bosque que no existe sino en el amor.

En Oficio, antología seleccionada y prologada por Enrique García-Máiquez; Cuadernos de Poesía Númenor, 2006; pgs. 157-158.

'Idilio', de William-Adolphe Bouguereau (1851)

‘Idilio’, de William-Adolphe Bouguereau (1851)

POLLA TA DEINA KOUDEN ANTHROPOU DEINOTERON PELLEI

“Muchas cosas hay temibles [y extrañas y asombrosas], pero nada hay como el hombre.
Llega hasta el límite del espumoso mar, en alas del noto proceloso, y lo surca oculto rodeado de olas rugientes.
A la más venerada de las diosas, a la Tierra incorruptible e infatigable, la va él fatigando con el ir y venir de los arados, año tras año, trabajándola con caballos.
Apresa las bandadas de aves, también el tropel de fieras montaraces; y a los seres que pueblan el profundo mar atrapa en las mallas de sus trenzadas redes;
el ingenioso hombre con su ingenio domina al animal salvaje, sometiendo al yugo domador al caballo de poblada crin, así como al indómito toro montaraz.
Se ha procurado el lenguaje y el voluble pensar y las costumbres que rigen la ciudad;
sabe esquivar los dardos de los hielos y el azote de las lluvias.
Recursos tiene para todo y sin recursos en nada se aventura.
Sólo la muerte no ha logrado evitar,
pero sí formas de eludir las inevitables enfermedades.
Dotado de tan sagaz inventiva, ha alcanzado conocimientos inesperados,
que a veces encamina hacia el mal, otras hacia el bien.
Si armoniza las leyes de la ciudad y la justicia jurada de los dioses,
no le cabe mayor gloria como ciudadano;
mas sin ciudad queda
si la insolencia le vuelve injusto.
El que de tal manera actúe,
jamás se siente a mi mesa, ni estemos de acuerdo en nada.”

Divertimento traductor del formidable coro de Antígona, a partir de un par de versiones castellanas, una inglesa y un entretenido combate con un diccionario de griego clásico.

P.S.: partiendo de la traducción realizada por Hölderlin de este párrafo, Heidegger sin embargo prefería volcar deinon como unheimlich (Heim significa casa, hogar; Heimat es patria, el lugar donde uno ha nacido); ¿cuál había sido la decisión de Hölderlin? Ungeheuer; una palabra que ya Nietzsche nos hizo citar.

Fragmento de 'Laura y los perros', de Guillermo Lorca

Fragmento de ‘Laura y los perros’, de Guillermo Lorca

LAS GRANDES OBRAS Y LA COMUNIDAD INVERTIDA

“Las llamadas grandes obras contribuirían a totalizar, dotando de unidad e identidad, a cada esfera cultural, a modo de una suerte de aparato perceptivo capaz de orientar el rumbo de la esfera cultural en el curso histórico por el que dichas unidades (unidades de supervivencia dice N. Elias) transitan. Ahí radica la dimensión política que estas obras poseen siempre. Estas grandes obras alcanzan su máximo radio de acción cuando realizan dicha función sobre plataformas imperiales que, a la vez que las hacen posibles, también reciben de ellas un aporte determinante para su propia unidad e identidad. Estas grandes obras obras de cultura logran desde tales esferas su máxima potencia proyectiva, al punto de definir, a partir de su determinado horizonte histórico (diapolítico), un objetivo metapolítico de alcance universal.

Ahora bien, nuestro presente nos ofrece la contrafigura moderna de semejantes grandes obras en la forma de las obras del nihilismo ultramoderno, fundadas en los viejos maestros de la sospecha. Se elevan éstas sobre una plataforma de ensueño, es decir, sobre la sociedad universal cosmopolita en cuyo seno, queriendo escuchar la voz del hombre nuevo sólo han logrado silenciar la voz del hombre real. En efecto estas grandes obras del nihilismo han contribuido a la demolición de las últimas resistencias opuestas al aventurado alumbramiento del hombre nuevo, al advenimiento del gran individuo que, no obstante su magnitud, busca impotente la (re)construcción de una nueva comunidad.

En efecto, un renovado anhelo de comunidad aparece hoy por doquier. Pero ahora se tratará de una comunidad invertida en cuanto que el individuo se quiere substante y anterior a esa nueva comunidad que busca instituir según sus directrices. Estaríamos ante una comunidad de individuos cuya figura apenas se vislumbra. El nihilismo suspicaz habría logrado así el cenit de la negación que define el proceso de la modernidad. En el desértico silencio que resulta de la crítica, estos nuevos hombres sustantivos aguardan nuevas formas de comunidad. Nueva comunidad a definir en los vacíos espacios dejados por la naturaleza humana, aptos para la construcción sin límites del superhombre.

No podemos afirmar rumbo alguno en este frío espacio vacío, no podría señalársele objetivo alguno. Su rumbo es sin sentido y fruto lúdico de su potentísima voluntad.”

Elementos para la comprensión de las raíces metapolíticas de Europa. Del fundamento antropológico de la comunidad al ocaso de la familia en la sociedad universal, de Fernando Muñoz Martínez; tesis doctoral; pgs. 38-39.

'Estudio del retrato del Papa Inocencio X hecho por Velázquez', de Francis Bacon (1953)

‘Estudio del retrato del Papa Inocencio X hecho por Velázquez’, de Francis Bacon (1953)

DRIVE THRU YOUR SUBURBS, INTO YOUR BLUES

“…hay obras sulfurosas que esconden diamantes bajo su ganga y obras que exhalan incienso que no son más que bisutería barata. Examinadlo todo (panta) y quedaos con lo bueno (1 Ts 5, 21). Considerando esa forma de examinar al fuego, el Anticristo de Nietzsche es más cristiano que todo lo que uno pueda sacar alguna vez de un catecismo de los años setenta.”

La fe de los demonios, de Fabrice Hadjadj; Nuevo Inicio, 2011; pg. 130.

DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE: ET HOMO FACTUS EST

“…el islamismo es una continuación de la herejía arriana, como ya lo había visto San Juan Damasceno…”

La fe del ateo, de Gustavo Bueno; Temas de Hoy, 2007; pg. 350.

 

“La idea de la divinidad de Cristo, prosiguió Rediger, era el error fundamental que conducía de forma inevitable al humanismo y a los derechos del hombre. También eso lo había dicho ya Nietzsche, y en unos términos más duros, y sin duda habría estado igualmente de acuerdo en que el islam tenía por misión purificar el mundo liberándolo de la doctrina nociva de la encarnación.”

Soumission, de Michel Houellebecq; Flammarion, 2015; pg. 272 [traducción propia].

 

“Una de las sorpresas que esperan al historiador del pensamiento cristiano es su insistencia sobre el valor, la dignidad y la perpetuidad del cuerpo humano. Casi todo el mundo considera la concepción cristiana del hombre como un espiritualismo caracterizado. ¿De qué sirve al hombre conquistar el universo si llega a perder su alma? Cultivar su alma, librar su alma purificándola y salvar su alma liberándola: ése es, según parece, el fin propio del Cristianismo. Agreguemos a esto que el Dios cristiano es espíritu, que así, pues, el hombre no puede unirse a Dios sino por el espíritu, y que, en efecto, es en espíritu y en verdad como Dios quiere ser adorado. ¿Cómo no esperar, pues, que filósofos cristianos dirijan todo su esfuerzo a la parte espiritual del hombre, que es el alma, y descuiden ese elemento caduco, opaco al pensamiento, ciego a Dios, que es el cuerpo? Sin embargo, para escándalo de muchos historiadores y filósofos, sucedió lo contrario. San Buenaventura, Santo Tomás, Duns Escoto, y aun diría San Francisco de Asís, son hombres que amaron la materia, respetaron su cuerpo, celebraron su alta dignidad y jamás quisieron separar su destino del de su alma.”

El espíritu de la Filosofía Medieval, de Étienne Gilson; Rialp, 2009; pg. 177.

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EL OCASO DE LA EDAD MODERNA

“Cuanto mayor sea la decisión con que el incrédulo niegue la Revelación, y cuanto más consecuente sea en la práctica de esa negación, tanto mayor será la claridad con que se verá lo que es ser cristiano. Es preciso que el incrédulo salga de la niebla de la secularización, que renuncie al beneficio abusivo de negar la Revelación, apropiándose, sin embargo, los valores y energías desarrollados por ella; que ponga en práctica seriamente la existencia sin Cristo y sin el Dios revelado por Él y tenga experiencia de lo que eso significa. Ya Nietzsche advirtió que el hombre no cristiano de la Modernidad no sabe realmente lo que significa no ser cristiano. Las décadas pasadas han proporcionado un esbozo de ello, y sólo constituyeron el comienzo.

Se va a desarrollar un nuevo paganismo, pero de naturaleza distinta que el primero.

[…] La época futura tomará en serio aquellos aspectos en que se opone al cristianismo. Hará ver que los valores cristianos secularizados no son sino sentimentalismos, y el ambiente se hará transparente: lleno de hostilidad y peligro, pero puro y sincero.

En el mismo sentido actuará también la disminución de la energía religiosa directa, al igual que la capacidad de experiencia y de creación religiosas de que hemos hablado. La omnipresencia de la religión ayuda a creer; pero también puede oscurecer y secularizar el contenido de la fe. Si esa omnipresencia disminuye, la fe se hará más rara, pero en cambio más pura y vigorosa. Recibe una mayor capacidad para percibir lo que existe realmente, y su centro de gravedad se aloja más hondamente en la esfera de lo personal: en la opción, en la sinceridad y en la abnegación.

[…] El patrimonio cultural de la Iglesia no podrá sustraerse a la ruina general de lo tradicional, y en aquellos aspectos en que todavía perdura, se verá agitado por muchos problemas. Por lo que hace al dogma, pertenece ciertamente a su esencia el sobrevivir a todos los cambios temporales, ya que se funda en lo supratemporal; no obstante, puede presumirse que el sello de la forma de vida se dejará sentir en él con especial claridad. Cuanto mayor sea el rigor con que el cristianismo se reafirme como lo no evidente, cuanto más hondamente haya de distinguirse de una concepción dominante no cristiana, tanto más firmemente hará su aparición en el dogma el elemento existente y práctico, al lado del teórico. Desde luego, no es necesario advertir que, al hablar así, no me refiero a renovación alguna, a ninguna clase de debilitación, ni de su contenido ni de su valor. Por el contrario, se acentuarán con mayor agudeza su carácter absoluto, la incondicionalidad tanto de sus afirmaciones como de sus exigencias, pero en ese carácter absoluto, la definición de la existencia y la orientación del quehacer se harán sentir, creo yo, de un modo especial.

[…] La soledad en la fe será espantosa. El amor dejará de ser una actitud común (Mt 24, 12). Ni será comprendido ni practicable. Se hará tanto más valioso cuanto que pondrá en contacto a un solitario con otro solitario. Será fortaleza del corazón procedente de la relación directa con el amor de Dios. Quizá se sienta este amor de una forma totalmente nueva, con la soberanía de su carácter originario, su independencia respecto del mundo, el misterio de su último por qué.”

El ocaso de la Edad Moderna [1950], de Romano Guardini; en Obras; Ediciones Cristiandad, 1981;  “pgs. 113, 116-117, 117-118, 119.

'Night Guard', de Odd Nerdrum (1985)

‘Night Guard’, de Odd Nerdrum (1985)

CAPÍTULO DE UN LIBRO NO ESCRITO (III)

El sol del amanacer descubrió a Jorge trabajando en sus cultivos. Poseía una finca de tres hectáreas que había comprado al descendiente de un antiguo habitante del pueblo. Fue necesario contactar con dicho descendiente, en una ciudad bastante lejana, para llevar a buen fin el negocio; el hombre había olvidado que tenía en propiedad aquella tierra, así que la oferta de Jorge le cayó como una agradable e inesperada sorpresa. La alegría provocada por su buena suerte hizo que el descendiente se conformase rápidamente a la oferta inicial, así que Jorge consiguió la finca a buen precio.

Mientras examinaba el bancal que acababa de preparar, Jorge pensó en las vueltas que había dado su corta vida hasta su actual estado de agricultor.

Recordó su precoz pasión por la lectura, animada en un principio por sus padres, propietarios de una extensa y bien elegida biblioteca; aunque no tardaron en ver tal afición un tanto excesiva para un niño de su edad; pues era frecuentemente encontrado sentado en el suelo, rodeado de libros abiertos por diversas páginas, y casi nunca entre juguetes o en compañía de otros niños.

Su padre era un próspero ingeniero industrial, que acrecentó su fortuna personal con algunas inversiones bien meditadas, entre las cuales no fue la menos exitosa casarse con la hija de una de las familias más poderosas del espectro conservador del país. Y, aunque no estaba entre sus planes, el hombre se sorprendió a sí mismo perdidamente enamorado de su mujer, católica educada en las mejores instituciones extranjeras que el dinero podía pagar. La pasión que su marido demostraba por ella derritió el estricto sentido del deber con el que la joven había emprendido el camino del matrimonio, recibiendo a manos llenas, sin haberlo sospechado, el don de la felicidad. Los hijos no tardaron en llegar: Jorge era el menor de cinco hermanos, todos hombres, salvo la primogénita.

Todos los profesores que fue conociendo Jorge se entusiasmaban con sus extraordinarias cualidades, al tiempo que se hallaban profundamente preocupados por las dificultades que les suponía dirigir y controlar las lecturas del joven, siempre demasiado libres para los gustos del entorno en el que había nacido. De hecho, las lecturas peligrosas le convirtieron en un polemista formidable, y sus padres asistieron con creciente preocupación al continuo campo de batalla en que se convertían las comidas familiares o las cenas con invitados, en las que Jorge solía sentir la necesidad de corregir cualquier opinión que él consideraba errónea o cualquier prejuicio que él creía estúpido.

La religiosidad meramente sociológica en la que fue criado apenas pudo soportar los terribles embates que las lecturas de Jorge le infligían, pero siguió asistiendo a los oficios por amor a su madre. Sin embargo, cada vez se sentía más alejado de aquella doctrina que él percibía dulzona y sentimentaloide, tan ajena, desde su punto de vista, a los auténticos problemas y realidades que la existencia le planteaba. Prefería la fe agónica de Unamuno a cualquier homilía que pudiera escuchar.

Así las cosas, Jorge decidió estudiar filosofía. Sus padres no se sorprendieron demasiado y, aunque sabían que aquella carrera no le haría rico, sabían que podría obtener con facilidad un buen puesto de profesor, en cualquiera de los múltiples colegios o universidades hasta donde llegaban sus contactos e influencias.

El primer disgusto serio, recordó Jorge, se produjo cuando decidió estudiar en la universidad pública. Quería hacerlo para alejarse del ambiente en el que había crecido y conocer lo que para él era el mundo real: ese mundo al que pertenecía la mayoría de la población, de posibilidades económicas limitadas, obligada a labrarse un futuro a base de su propio talento y esfuerzo personal. Su padre torció el gesto al conocer la noticia y su madre trató de cambiar tal decisión con todas las tácticas y chantajes emocionales de que fue capaz, incluidas gran cantidad de lágrimas y caras tristes y amargadas. No hubo manera.

Así Jorge pudo asistir a clases y tertulias en las que se estudiaba, leía y discutía a Marx, Nietzsche y Freud; se empapó de Ilustración, de Romanticismo, de Idealismo; de Existencialismo y Materialismo; de modernidad y de postmodernidad. Los dogmas de su moribunda religiosidad fueron conceptualizados a través de Kant y Hegel. Su pensamiento político se aparejó con las reflexiones de buena parte de los teóricos y prácticos revolucionarios de los dos últimos siglos.

Las nuevas amistades y relaciones le pusieron al tanto del hedonismo desatado de la época; pero, a pesar de sus cantos de sirena, Jorge nunca sintió la necesidad de acompañar a sus colegas en sus aventuras. A pesar de todas las provocaciones y voluptuosidades que soportaba, su corazón seguía soñando, en el fondo, con amores eternos y puros. Aunque pudo sentirse atraído por más de una compañera de estudios, ninguna de tales atracciones le supuso un trance demasiado peligroso a la hora de mantener una castidad que tampoco se había propuesto salvaguardar. Simplemente, ocurrió así.

Y es que nada le excitaba tanto como un razonamiento riguroso; pero, simultáneamente, leer a Dostoyevski o Tolstoi le proporcionaba una armadura contra todos los decadentismos que medraban a su alrededor. Su capacidad crítica respecto de la contemporaneidad se agudizó, gracias a autores como Houellebecq o Cormac McCarthy, lo que le impidió convertirse en un mero intelectual transgresor.

Su retorno a la fe en la que se había criado se produjo a través del giro intelectual de uno de los profesores por los que más veneración y respeto sentía. Este hombre, famoso entre sus alumnos por su rigor filosófico y su marxismo revolucionario, había empezado a leer a Chesterton, lo que le había llevado a romper con su pasado y hacer extraordinarias apologías públicas del catolicismo, para pasmo general y no poca chanza por parte de casi todos sus antiguos seguidores y camaradas.

Jorge recordó que él mismo ya se había ido distanciando de aquel ambiente universitario, que tanto le había entusiasmado en un principio; y seguir la senda marcada por su profesor le proporcionó la oportunidad de abrirse a nuevas lecturas; las cuales le descubrieron un catolicismo tan distinto de aquél en que había sido formado, que llegó a pensar que se trataba de una religión distinta. El estudio le hizo concluir que, realmente, la excepción era el catolicismo de las últimas décadas, y no ése que le ofrecían autores como el propio Chesterton, Hilaire Belloc, Léon Bloy y otros. De éstos pasó a los Doctores y Padres de la Iglesia, sus auténticas fuentes, que ocuparon sus últimos momentos en la carrera.

Su madre contempló con inmensa alegría cómo su hijo volvía a ir con ella a misa. Pero el entusiasmo inicial pasó a convertirse en un nuevo motivo de preocupación, porque las discusiones en las reuniones familiares no disminuían, sino que tomaban derroteros inesperados. Ya no era criticada la Iglesia, ni la religión, sino la Iglesia actual y su -como recordaba Jorge expresarlo para escándalo de todos los que le escuchaban- desvío y olvido de los auténticos paradigmas de la Tradición católica.

Sus padres no tenían herramientas para analizar las claves de aquella actitud; les bastaba con percibir la incomodidad de las visitas, todas ellas con una posición envidiable en el catolicismo institucionalizado. Para alcanzar una explicación, su madre trató el tema con sus familiares religiosos, quienes, en opinión de Jorge, le proporcionaron una visión ridícula del asunto, muy propia de las posturas que él tanto criticaba: según ellos, su hijo era algo peor que un librepensador marxista, su hijo era un católico tradicionalista.

-No falta mucho para que su hijo empiece a ir a misa en latín… -le dijo un sacerdote amigo de la familia, tras una cena especialmente tensa.

Pero, aunque el tema litúrgico también era de su interés, Jorge estaba centrado en el estudio del distributismo, propuesta de orden político y económico que habían desarrollado Chesterton y sus amigos en las primeras décadas del siglo pasado. Decidió dedicar su trabajo fin de máster al análisis de los fundamentos teóricos de aquel movimiento. Y mientras estudiaba, una idea fue creciendo en su interior.

Terminado el máster, mientras preparaba los papeles para matricularse como doctorando, Jorge empezó a investigar sobre distributistas actuales. Descubrió que había muy pocos; es decir, había mucha gente entusiasmada con Chesterton y sus ideas, pero había muy poca dispuesta a poner en práctica esas ideas que, supuestamente, tanto les entusiasmaban.

Se puso en contacto a través de internet con Kevin Ford, joven católico estadounidense que había dejado su trabajo como profesor de instituto para montar una granja. Viajó hasta Kansas para conocerle. Viajó a Norcia, para visitar a los jóvenes monjes que acababan de iniciar un negocio de fabricación de cerveza. Siempre que tenía noticia de un nuevo proyecto mínimamente inspirado en las ideas chestertonianas, Jorge cogía un avión para conocerlo in situ.

En medio de uno de estos viajes, le llegó la noticia de la muerte de su padre. Sumido en una profunda tristeza, Jorge olvidó durante unas semanas sus sueños y proyectos, mientras ofrecía compañía a su desolada madre, absolutamente destrozada por la pérdida de su marido.

Pero Jorge se encontró de repente en una situación inesperada: era heredero de una inmensa cantidad de dinero. Y la tristeza dio paso a un atronador regreso de los sueños y proyectos, súbitamente posibilitados por la herencia que le había dejado su padre.

Realizó un nuevo viaje, esta vez a un lugar de la costa, hogar de una tía suya, casada con un almirante que estaba destinado en una base naval cercana; allí había pasado largas vacaciones de verano durante su infancia y adolescencia,. Tenía un gratísimo recuerdo de aquellas estancias y de la belleza del lugar, no excesivamente manoseado por la industria moderna. Exploró la zona y se interesó por las fincas en venta. Fue así como acabó encontrando las tres hectáreas en las que ahora mismo vivía.

Cuando no quedó más remedio, porque llegaba el momento de mudarse, Jorge comunicó la noticia a su madre y hermanos. Aunque habían pasado ya unos meses desde la muerte de su padre, todos le echaron en cara lo inadecuado del momento. Su madre, rebosando tristeza y enfado, no quiso despedirse de él.

Y Jorge abandonó su antigua casa, para ir a vivir cerca de los acantilados.

Kevin

NIETZSCHE SOBRE CERVANTES

“Cervantes habría podido combatir la Inquisición, mas prefirió poner en ridículo a las víctimas de aquélla, es decir, a los herejes e idealistas de toda especie. Tras una vida llena de desventuras y contrariedades, todavía encontró gusto en lanzar un capital ataque literario contra una falsa dirección del gusto de los lectores españoles; combatió las novelas de caballería. Sin advertirlo, ese ataque se convirtió en sus manos en una ironización general de todas las aspiraciones superiores: hizo reír a España entera, incluidos todos los necios, y les hizo imaginar que ellos mismos eran sabios: es una realidad que ningún libro ha hecho reír tanto como el Don Quijote. Con semejante éxito, Cervantes forma parte de la decadencia de la cultura española, es una desgracia nacional. Yo opino que Cervantes despreciaba a los hombres, sin excluirse a sí mismo: ¿o es que no hace otra cosa que divertirse cuando cuenta cómo se gastan bromas al enfermo en la corte del duque? Realmente, ¿no se habría reído incluso del hereje puesto sobre la hoguera? Más aún, ni siquiera le ahorra a su héroe aquel terrible cobrar conciencia de su estado al final de su vida: si no es crueldad, es frialdad, es dureza de corazón lo que le hizo escribir semejante escena final, es desprecio de los lectores, cuyas risas, como él sabía, no quedarían perturbadas por esta conclusión.”

“-¡Ay! -respondió Sancho llorando-. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

[…] Cerró con esto el testamento y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después de este donde hizo el testamento se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada, pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto.”

Fragmento inédito de Friedrich Nietzsche, de la primavera-verano de 1877; citado por Andrés Sánchez Pascual en su edición de ‘La genealogía de la moral’, Alianza, 1997, pgs. 212-213; ‘Don Quijote de la Mancha’, de Miguel de Cervantes; RAE, 2004; pgs. 1102-1103, 1104.

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EL DETECTIVE SALVAJE (II)

“…hay obras sulfurosas que esconden diamantes bajo su ganga y obras que exhalan incienso que no son más que bisutería barata. Examinadlo todo (panta) y quedaos con lo bueno (1 Ts 5, 21). Considerando esa forma de examinar al fuego, el Anticristo de Nietzsche es más cristiano que todo lo que uno pueda sacar alguna vez de un catecismo de los años setenta.”

La fe de los demonios, de Fabrice Hadjadj; Nuevo Inicio, 2009; pg. 130.

'Estudio de cuerpo humano', de Francis Bacon (1949)

‘Estudio de cuerpo humano’, de Francis Bacon (1949)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Prensaboxeo.com

La gran comunidad del boxeo en español al día

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester