El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

PISTAS PARA TRATAR DE ENTENDER EL ANTIARISTOTELISMO COLACHIANO

“El primer gran cambio que Aquino introduce en la interpretación agustiniana de la actividad humana es la modificación de la relación entre gracia y naturaleza.

Para San Agustín, la naturaleza original, inocente, perfecta del hombre ha sido absolutamente pervertida por el pecado, ya no existe. Lo que existe es una naturaleza humana totalmente corrompida y destinada a ser redimida, por la intervención externa de la gracia providente de Dios. La gracia, se entiende, es un sustituo de la naturaleza humana perdida.

Contra esta interpretación, siguiendo la guía de la noción aristotélica sobre la naturaleza, Aquino propone el principio de gratia non tollit naturam, sed perficit, ‘la gracia perfecciona o completa la naturaleza, no se le opone’. Y junto a este rechazo de la doctrina consistente en afirmar que el pecado original ha corrompido completamente la naturaleza humana, opone la doctrina que sostiene que el pecado original ha herido la naturaleza humana pero que aún es capaz de tomar decisiones racionales y por consiguiente de alcanzar la excelencia humana contenida en las virtudes morales sin la intervención de la gracia divina. Id quod est naturale totaliter perdi non potest, ‘lo que es natural no puede ser totalmente corrompido’.

Sin embargo, Aquino no era pelagiano. No sostenía que la salvación de la clase humana pudiese realizarse sin la intervención de la gracia divina o que el ejercicio de las virtudes morales y la vida humana buena pudiese llevar a un hombre hasta el paraíso. Simplemente sostiene que la vida humana buena se puede alcanzar mediante el ejercicio de los recursos al alcance del hombre en su naturaleza y esto tiene valor en sí mismo.”

Lecciones de historia del pensamiento político. Volumen I. Desde Grecia hasta la Edad Media, de Michale Oakeshott; Unión Editorial, 2020; pg. 354.
Para una introducción a los escolios de Gómez Dávila contra Aristóteles, Santo Tomás y la escolástica, en esta entrada.

UNA VERDADERA SUERTE

Ser feminista es ridículo; pero ser antifeminista es vulgar.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1332.

 

“Charlotte estaba tranquila. Había ganado la partida y tenía tiempo para considerarlo. Sus reflexiones eran en general satisfactorias. A decir verdad, Collins no era ni inteligente ni simpático, su compañía era pesada y su cariño por ella debía de ser imaginario. Pero, al fin y al cabo, sería su marido. A pesar de que Charlotte no tenía una gran opinión de los hombres ni del matrimonio, siempre lo había ambicionado porque era la única colocación honrosa para una joven bien educada y de fortuna escasa, y, aunque no se pudiese asegurar que fuese una fuente de felicidad, siempre sería el más grato recurso contra la necesidad. Este recurso era lo que acababa de conseguir, ya que a los veintisiete años de edad, sin haber sido nunca bonita, era una verdadera suerte para ella.”

Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; Cátedra, 2013; pgs. 176-177. 

EL HORIZONTE INDIFERENTE

Lo difícil no es creer en Dios, sino creer que le importemos.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 891.

 

“Sí, Charlotte también vio eso. Vio cómo aquellos campesinos encolerizados repelían con largas varas un pontón flotante del que se elevaba un interminable lamento. En la cubierta, se divisaban figuras que tendían sus descarnadas manos hacia la orilla. Eran enfermos de tifus, abandonados, que llevaban varios días navegando a la deriva en su cementerio flotante. Cada vez que intentaban atracar, los de la orilla se concertaban para impedírselo. El pontón proseguía su fúnebre travesía, y la gente moría, ahora ya de hambre. Pronto no les quedarían fuerzas para bajar a tierra, y los últimos supervivientes, despertados un día por el intenso y monótono batir poderoso de las olas, divisarían el horizonte indiferente del Caspio…”

El testamento francés, de Andreï Makine; Tusquets, 2002; pg. 73.

ESPADA DE HONOR

Noble es la persona capaz de no hacer todo lo que podría.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 582.

 

Siempre lo consideré un papel demasiado complicado para mí. Lo sigo pensando.

¿Por qué volver a pensar en él? Porque el pasado se interpone en mi futuro con el recuerdo de una promesa.

Di mi palabra. Y, por ello, el lugar hacia el que quiero caminar me está prohibido.

Y amo tanto esa prohibición, aunque la deteste… Aunque me arruine la vida, amo tanto ese no.

En sus palabras contemplé de nuevo la nobleza del que no puede vivir de cualquier manera. Del que se hace difícil la existencia por amor al que se la dio.

Sin ni siquiera tener demasiado claro que nuestros actos le importen lo más mínimo.

Pero su alma y la mía están de acuerdo en que esa apuesta es bella.

A pesar de ello, si Él no nos ayuda, nunca seremos capaces de interpretar nuestros personajes.

Y en cuanto la gracia nos sea concedida, un muro sutil se levantará entre ambos.
Y su caricia, como el silencio de la palabra dicha, ya no podrá ser esperada.

Obra de Mark English

(Agradecemos a vanitas que nos diera a conocer este pintor)

LAS DISCIPLINAS

¿Es el dualismo platónico una reacción resentida e impía (desde el punto de vista heleno) contra el sometimiento del cuerpo humano a los dioses?

¿Y es el pensamiento aristotélico una reacción a esa reacción, que prima el conocimiento de lo divino por encima de su dominio?

Por otro lado, ¿hay mejor forma de dominar que conocer? Conocer hasta dónde se puede dominar. Como dice la bella oración de Niebuhr:

God, give me grace to accept with serenity
the things that cannot be changed,
Courage to change the things
which should be changed,
and the Wisdom to distinguish
the one from the other.

¿No es ésa acaso mi sensación, en presencia de esos dos pilares de Occidente: Aristóteles, el investigador de lo que es, y Platón, el investigador de lo que debería ser?

Hay que llevarlos a ambos dentro. Y eso es lo que trató de hacer la filosofía cristiana.

Aunque es cierto que los primeros mil años de historia cristiana son eminentemente platónicos. Aristóteles sólo es conocido por los tratados lógicos traducidos por Boecio o por las interesadas síntesis neoplatónicas. Aristóteles hará su irrupción en la Cristiandad medieval como principal arma de combate de la teología musulmana. Santo Tomás de Aquino tratará de bautizarlo (en feliz expresión de San Gilberto) e introducirlo en el arsenal teológico católico.

Pero siempre existió el miedo a que en realidad fuera un caballo de Troya. Un virus que acabaría infectando la civilización católica en su totalidad. ¿Es eso lo que percibe Gómez Dávila? ¿De ahí su rechazo a Aristóteles, y su ferviente platonismo? Platón lidera los mil años de ascenso de la civilización cristiana y Aristóteles los mil siguientes de disolución. Una disolución que ha dejado joyas formidables para la historia de la humanidad, todo sea dicho.

¿Es el aristotelismo demasiado condescendiente con El Mundo (con sus dioses/demonios)? ¿Es el platonismo una filosofía mejor preparada para combatir y derribar enemigos, para disciplinar la disoluta somaticidad humana?

Pero, insistimos: quizá la sabiduría realmente sea llegar a conocer cuándo hay que condescender y cuándo hay que eliminar. Y lo más normal es que ni siquiera los más sabios tengan claro cuándo hay que hacer qué cosa.

Como ya le explicó Gandalf a Frodo.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIX)

Me refería en la entrada anterior al efecto que suele provocar en una sociedad opulenta su propio éxito. Es prácticamente una ley histórica, incluso familiar: las generaciones criadas entre las comodidades creadas por las virtudes de sus ascendientes suelen mostrar una inferior calidad en sus individuos, provocando una casi inevitable decadencia en naciones y familias.

Suelen mostrar una calidad inferior porque se ha alejado la tribulación de sus existencias, precisamente gracias al éxito virtuoso de sus padres y abuelos.

Mantener la tensión espiritual necesaria en las nuevas generaciones para que tal decadencia no se produzca es un problema inseparable de la condición humana.

La paideia ha de ser redirigida constantemente a los problemas fundamentales del ser humano y de sus sociedades políticas. Si el entorno real -por su opulencia- lo hace imposible, la imaginación al menos ha de ser forzada a situarse en situaciones precarias, para no olvidar nunca el lugar de donde venimos y al que podemos volver si nos relajamos demasiado; y, por supuesto, para saber apreciar y valorar aquello de lo que disfrutamos.

Al principio de la pandemia, yo he repetido un chiste que probablemente han contado millones de personas en todo el mundo: estoy perfectamente preparado para esto, me he visto todas las temporadas de The Walking Dead.

Suele hacer gracia. Pero ahora me quiero centrar en la parte de verdad profunda que tiene la broma.

En no pocas ocasiones, tras ver alguno de los muchos episodios que considero obras maestras, he pensado que The Walking Dead es probablemente la mejor serie que he visto en mi vida. Lo que quiere decir, en resumidas cuentas, que es una de las obras de arte más impresionantes de la que tengo noticia.

Todos los que conocéis la serie sabéis a lo que me refiero. Para los que sólo sepáis que va de zombis, he de deciros lo que tantas veces he repetido al recomendarla: los zombis son una mera excusa para hablar de todo aquello que es fundamental para la condición humana.

Porque los zombis hacen imposible la relajación, física y espiritual. Los zombis hacen imposible todo lo superfluo. Los zombis te obligan a vivir al borde del acantilado.

Lo cual no quiere decir que las soluciones sean únicas y caigan por su propio peso. Ni mucho menos. Las respuestas humanas a ese estado primario de exigencia son variadas. No hay una única forma de sobrevivir con éxito. Aunque tampoco son infinitas: nadie se permite el lujo de perder de vista el suelo fundamental de la supervivencia.

La discusión sobre la mejor forma de sobrevivir en grupo es lo que llamamos política. Estas discusiones pueden ser meramente de palabras o pueden derivar en revoluciones o guerras; que son otras formas de discutir, forzadas por la urgencia de la toma de decisiones esenciales.

The Walking Dead es una serie de culto. Y creo que lo es porque es uno de los pocos lugares donde se han refugiado el auténtico pensamiento y la auténtica paideia en nuestros días y en nuestras decadentes sociedades, cuyas universidades ya son incapaces de distinguir a un hombre de una mujer.

Muchos elegimos vivir, al menos mitológicamente, en ese estado de constante retorno a lo crudamente fundamental, a lo dolorosamente crucial. Las grandes palabras que nos describen realmente la clave de nuestra condición: dolor, sangre, enfermedad, muerte, amor, traición, odio, pérdida, sacrificio, esperanza, perdón, redención.

Por eso repito, ya lejos de la chanza, que The Walking Dead realmente te prepara para algo como lo que estamos viviendo.

The Walking Dead es camino de virtud.

Pues, como decía don Nicolás, noble es la sociedad que no espera para disciplinarse que la disciplinen las catástrofes.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXVIII)

Y Jesús lloró.
Jn 11, 35

Al salir de casa, me he encontrado una urraca atrapada en el pasillo del ascensor.

Asustada por mi presencia, se lanzó varias veces contra las ventanas cerradas. Finalmente, voló por el hueco de las escaleras hasta el rellano del ático. Al asomarme, pude ver cómo vigilaba mis movimientos.

Evidentemente, ninguna rama de olivo adornaba su pico.

Antes de coger el ascensor, abrí una ventana del pasillo para que la urraca pudiera escapar cuando yo me fuera.

La ausencia de gente por las calles complica los hábitos alimenticios de las aves urbanas. El hambre las vuelve temerarias.

Mientras tanto, los neofariseos alardean su fe mostrándose impávidos y racionales ante la muerte de los que, según ellos, ya deberían haber muerto hace tiempo, si no fuera por la impía ciencia moderna.

No saben hasta qué punto resultan ridículos en su impostada y falsa ejemplaridad cristiana.

Pues en nada recuerdan al Ejemplo Inigualable.

Si acaso, a un triste vulcaniano de Star Trek.

Cuando volví a casa, la urraca ya no estaba.

CALLE EL HOMBRE

“Más silencio. Silencio. Sobre todo, más silencio. El ruido es un invento moderno. Pero ni siquiera estoy de acuerdo: el ruido es la voz del pecado original. La modernidad, simplemente, le ha puesto altavoces.”

Escrito en mi diario el viernes 2 de noviembre de 2018.

LA INDUSTRIA EDITORIAL

Roberto Bolaño le habló en cierta ocasión a Enrique Vila-Matas sobre algo que le había ocurrido siendo jurado de un premio literario: que los manuscritos de aquellos escritores que sí tenían una buena técnica literaria apenas tenían nada interesante que contar; mientras que algunos manuscritos de escritores no profesionales, incapaces técnicamente de resolver de forma adecuada el tema que tenían entre manos, sin embargo, sí poseían historias interesantes que merecía la pena leer.

Algo parecido llegué a vivir yo durante el tiempo que trabajé como lector literario. Me ocurrió en especial con una novela que hablaba de las vidas de un director y actor españoles de la época de la Transición; una obra que necesitaba una cantidad ingente de horas de corrección, pero que albergaba auténtica literatura en sus páginas, porque era una honesta e intensa búsqueda de la verdad. A pesar de sus carencias técnicas, la recomendé vivamente. Por supuesto, nadie me hizo caso.

Trabajar como lector me proporcionó un atisbo de lo que contiene la industria literaria. Lo que vi no me gustó. En lo que ese mundo transforma a sus habitantes, directamente me repugnó.

La verdad literaria no depende de las circunstancias existenciales del autor. La verdad de un texto literario puede obviar la completa biografía de su escritor. El texto posee vida en sí mismo y su calidad sólo ha de ser medida en relación con su contenido, con la forma de expresarlo y con la potencia de verdad que el conjunto encierre.

Que el escritor sea pobre o rico, alto o bajo, guapo o feo, mujer u hombre, español o marciano, sólo es interesante para las facultades de filología y para los profesionales de la crítica. Carece de interés también, por lo tanto, que el escritor se gane la vida vendiendo los libros que escribe o se gane la vida vendiendo casas o alpargatas.

Dirán algunos que el escritor profesional tendrá más posibilidades de dedicar todo su tiempo a la escritura o de que sus libros lleguen a más lectores. Las giras publicitarias de las editoriales niegan lo primero, internet niega lo segundo. De hecho, en un blog con la cantidad adecuada de lectores, seguidores y visitas, incluso internet puede negar también lo primero.

En la actualidad, no hay nada que impida a un escritor cualquiera ser muy leído y valorado, sin ninguna necesidad de formar parte de la industria literaria. Un simple blog gratuito puede permitir a un basurero de Michigan ser leído y admirado en todo el mundo.

Por otro lado, ¿es deseable ser un escritor profesional y vivir sólo de lo que uno escribe? Me atrevo a decir que no. Me atrevo a decir que es obligación moral del escritor tratar de mantener apartados, en la medida de lo posible, su economía de su escritura.

Porque a la literatura no le interesa el medio de vida del escritor, pero al escritor sí le puede acabar interesando que su literatura sea su medio de vida. Lo cual puede llevar al escritor a pensar más en los gustos del comprador, que en los gustos de la verdad. Y ese es el camino definitivo para el asesinato de lo que la literatura es y exige.

Pues, como decía don Nicolás, no hay que creer en la vocación sino del que, como Sócrates, no cobra.

Dicho esto, por la oportunidad de proporcionarle a mi familia lo que creo es menester, quizá ni el más luminoso resquicio de mi alma dejaría sin precio.

AQUÍ TAMBIÉN HAY DIOSES

El alboroto de la lonja se componía de gaviotas, motores, sirenas y varias docenas de subastas que se desarrollaban a voz en grito. Una agradable brisa marinera removía la sopa de olores que producía el mercado a primera hora de la mañana.

Todas las razas e idiomas del mundo parecían congregarse en aquel lugar. Una pequeña figura, vestida con una sencilla camiseta marrón y amplios pantalones del mismo color, paseaba con gesto entretenido entre la barahúnda del puerto. De vez en cuando, se detenía para examinar el género de algún puesto, con una curiosidad que parecía más científica que gastronómica.

-¿Va a querer algo, viejo? -le preguntó en inglés clásico un pescadero gordo, calvo y negro, que se empezaba a impacientar ante el largo escrutinio de sus peces.

-Oh, no… Lo siento, me había obnubilado observando las branquias de ese lepidorhombus… -contestó en griego ortodoxo el anciano.

-Pues, si no va a comprar nada, deje sitio a los que sí quieren hacerlo -respondió a su vez el pescadero, en griego ateniense.

El viejo se acarició la rala barba de su mentón y siguió su camino despidiéndose con un ligero movimiento de cabeza. Se fijó entonces en la fragata de la Liga que entraba en esos momentos en el Pireo: un enorme buque acorazado de color gris perla del que salían, como espinas en la espalda de un dragón, varios palos en los que los marineros se afanaban en arriar y recoger velas. El anciano se quedó parado, contemplando la actividad en el barco de guerra.

-¡Señor Thomas! -gritó un joven desde la terraza de una taberna cercana.

El viejo se giró y saludó con una mano, acercándose a buen paso hasta la mesa que ocupaba el joven. En su rostro anguloso y lampiño se mezclaban sangres de todos los continentes; unos alegres ojos verdes, ligeramente rasgados, invitaron al anciano a sentarse; cosa que hizo con presteza.

Una camarera se acercó a ellos. El joven ya tenía una copa de vino blanco. El anciano pidió otra, además de una ración de calamares fritos.

-¿Qué tal estás, joven Peras? -preguntó, jovial.

-No hay queja, Maestro. ¿Qué tal se encuentra usted?

-Felizmente atareado, como siempre. A Dios gracias. ¿Y Adonis?

Peras hizo un gesto y desvió la mirada.

-Bueno, ya sabe; preocupado por el estado de las cosas, como suele. Preocupado sobre todo por la posibilidad de que el partido de Sonshu Agamenón gane las próximas elecciones.

-Claro.

-Le he traído lo suyo; y una carta que recibió Adonis hace un par de días -Peras acercó un par de sobres por encima de la mesa al anciano-. Parece que es importante.

Thomas cogió los dos sobres. Uno blanco, otro gris. Se quedó observando éste por un momento, hasta que guardó ambos en un pequeño bolso que colgaba de su cinturón.

La camarera llegó con la copa de vino y los calamares. Peras pinchó uno inmediatamente y empezó a comerlo, mientras Thomas se quedaba mirando la cabeza de uno de los animales, buscando la boca entre los tentáculos con ayuda de su tenedor. Peras se quedó mirando al anciano.

-Se le va a enfriar, Maestro -comentó divertido.

Thomas sonrió. Levantó un dedo, indicando a Peras que esperase un momento. Peras ya sabía lo que eso significaba: le iba a leer algo. El anciano extrajo un libro bellamente encuadernado de su bolsita. Lo abrió y empezó a buscar. Volvió a levantar el mismo dedo, sin dejar de mirar el libro, haciendo ver que ya había encontrado lo que buscaba y se disponía a leerlo:

-…por ello es necesario no rechazar puerilmente el estudio de los seres más humildes, pues en todas las obras de la naturaleza existe algo maravilloso. Y lo mismo que se cuenta que Heráclito dijo a los extranjeros que querían hacerle una visita, pero que, cuando al entrar lo vieron calentarse frente al horno, se quedaron parados (los invitaba, en efecto, a entrar con confianza, pues también allí estaban los dioses), igual hay que acercarse sin disgusto a la observación sobre cada animal, en la idea de que en todos existe algo de natural y de hermoso… ¿No es realmente magnífico Aristóteles?

Peras tomó el libro y lo hojeó con profunda admiración. Estaba escrito en griego clásico. Las miniaturas que lo adornaban eran de una extraordinaria belleza.

-¿Es una copia realizada por usted, Maestro?

-Nunca entenderé por qué San Nicolás le tenía tanta inquina… -Thomas no parecía haber escuchado al joven.

-¿A San Nicolás no le gustaba Aristóteles? -inquirió Peras, olvidando su pregunta anterior.

-Pues no. De hecho, Iumbe Crisóstomo llegó a dedicar un libro a la cuestión, poco antes de la Caída; pero es una de sus muchas obras que no se han conservado… Así que no podemos saber cuál era su teoría al respecto -Thomas se quedó por un momento con la mirada perdida en las olas-. En cualquier caso, a pesar de mi profunda admiración por el santo, no puedo evitar sentirme profundamente feliz cuando leo al Filósofo. Espero que no sea pecado… -comentó con una suave sonrisa.

-Quizá, en esta cuestión, estuviese equivocado -dijo Peras, intentando dar pie a que el anciano siguiese hablando del tema-. ¿En qué escolios se puede percibir ese malestar con Aristóteles?

-Explícitamente, recuerdo ahora mismo dos: uno en que considera que el aristotelismo ha sido uno de los traspiés de la Iglesia y otro en el que dice que el vicio de la escolástica medieval está en no haber sido sierva de la teología, sino de Aristóteles -respondió el anciano, antes de comerse un calamar.

-¿Y es así?

-Claro, esa es la cuestión, mi duda… -dijo Thomas, con una sonrisa, mientras se acercaba la copa a los labios-. Hay otros escolios en los que habla de la escolástica; por ejemplo: la Escolástica pecó al pretender convertir al cristiano en un sabelotodo. El cristiano es un escéptico que confía en Cristo… Y en otro lugar: el que menos comprende es el que se obstina en comprender más de lo que se puede comprender. San Nicolás desconfía de los mamotretos escolásticos: tan grande es la distancia entre Dios y la inteligencia humana que sólo una teología infantil no es pueriltomistas y marxistas pueden intercambiar personal...

-¿Marxistas?

-Oh, una herejía que tuvo su importancia unos tres siglos antes de la Caída… -explicó Thomas, antes de continuar con las citas- …los vicios de la teología católica resultan de su propensión a tratar problemas teológicos con mentalidad de canonista... Evidentemente, Santo Tomás tampoco queda libre de sospecha; en un escolio, San Nicolás se pregunta si se le puede considerar un orleanista de la teología -el anciano dejó escapar una risita-. Es otro modo de decir que ya está cediendo demasiado terreno al enemigo. Teniendo en cuenta lo que Santo Tomás opinaba de su propia obra al final de sus días, casi podríamos pensar que él mismo le daría la razón a San Nicolás… -el anciano sonrió-. Por otro lado, las loas a Platón abundan en los Escolios: las tres filosofías más importantes de la historia (Platón-Descartes-Kant) son apologéticas larvadas de la religión… En fin. El caso es que San Nicolás desconfiaba profundamente del cristianismo con tendencia a la enciclopedia. Y de esa tendencia, parece culpar principalmente a Aristóteles.

Peras se quedó pensativo, mientras el anciano volvía a tragar un calamar con evidente placer.

-Es curioso, ¿sabes, Peras? Porque muchos pensadores cristianos han considerado que la filosofía antropológica de Aristóteles se acomodaba mejor al misterio de la Encarnación que la siempre peligrosa tendencia al dualismo de Platón. Aunque también es cierto que grandes pensadores musulmanes han pensado que el tratado sobre la psyché explicaba perfectamente la relación entre su dios abstracto y las criaturas… -Thomas se quedó callado, con la mirada fija en la nada, mientras le daba otro trago a la copa de vino-. El caso es que sería un interesante tema de estudio, ¿verdad?

Peras pareció volver de un lugar muy lejano.

-Ciertamente, Maestro…

-¿Serías tan amable de acompañarme a casa? -preguntó Thomas, sonriente.

-Por supuesto, Maestro. Voy un momento al servicio y nos ponemos en marcha.

Cuando el joven se levantó, Thomas recordó el sobre gris que llevaba en el bolso. Volvió a sacarlo y lo contempló sin abrirlo.

Sus manos ancianas parecían doblarse bajo el peso de aquellos trozos de papel.

‘Palas Atenea’, de Gustav Klimt (1898)

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