El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

LA TEORÍA SUECA DEL AMOR

No es emigrando a otras épocas como venceremos el mundo moderno.
Es obligándolo a conocerse, para que la luz de la inteligencia lo consuma.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 638.

http://www.pelispedia.tv/pelicula/la-teoria-sueca-del-amor/

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TABERNEROS ERRANTES, REUNÍOS

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 263.

“Considerando que en un monasterio bien ordenado, ansia común de todos es alcanzar la verdadera devoción, no son necesarias las comunicaciones particulares, pues buscando en particular lo que es común, se pasaría de las particularidades a las parcialidades; mas a las personas que en el mundo han abrazado la verdadera virtud les es necesaria esta especie de alianza mutua por medio de una amistad santa y sagrada; pues por medio de ella se animan, se ayudan y estimulan a obrar el bien. Y así como los que caminan por la llanura no tienen necesidad de darse la mano, pero los que andan por senderos escabrosos y pendientes se agarran unos a otros para avanzar más seguros, los religiosos no necesitan de alianzas particulares, pero los que están en el mundo sí, para ayudarse y socorrerse mutuamente en medio de tantos pasos difíciles como tienen que salvar.”

Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales; en Obras selectas, BAC, 2010; pg. 149.

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EL ÚLTIMO APUNTE

Nunca podemos contar con el que no se mira a sí mismo con mirada de entomólogo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 502.

“Por la mañana en el jardín, un alegre día de poco antes de primavera. El acónito florece alrededor del cenador y bajo el haya roja; el jazmín de invierno está marchito. El croco apenas saca sus primeras puntas. En el estanque dos cisnes, fochas y muchos patos, los verderones pican en el árbol de la vida.

Anoche fue la fiesta de la matanza en El león; por la noche sueños intranquilos, entre otros en compañía de Florence Gould. Frente a mí un noble elegantemente vestido; no pertenecía al sueño, sino que era palpable en la habitación. A lo mejor la intensa lectura de Dostoievski me vuelve susceptible ante tales apariciones.”

Último apunte de los diarios de Ernst Jünger, escrito en Wilflingen el 17 de marzo de 1996; el autor moriría casi dos años después, el 17 de febrero de 1998, cerca ya de cumplir los 103 años de vida; en Pasados los setenta V; Tusquets, 2015; pgs. 195-196.

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

SÓLO NECESITO DESPEGAR

Dios poda a veces nuestras ramas como un jardinero impaciente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 280.

“De vuelta en Yucca Avenue, metí el Oldsmobile en el garaje y husmeé en el buzón. Nada, como siempre. Subí el largo tramo de escalones de secuoya y abrí la puerta. Todo estaba igual. El cuarto estaba igual de mal ventilado, soso y desangelado que siempre. Abrí un par de ventanas y me preparé una copa en la cocina. Me senté en el sofá y miré a la pared. Fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera, siempre regresaba a esto. Una pared vacía en un cuarto anodino en una casa anodina.

Dejé la copa encima de una mesa sin probarla. El alcohol no era la solución. Nada era la solución, más que un corazón profundo y endurecido que no pida nada a nadie.

Empezó a sonar el teléfono. Lo cogí y dije con voz hueca:

-Marlowe al habla.

-¿Es el señor Philip Marlowe?

-Sí.

-Le están intentando localizar desde París, señor Marlowe. Volveré a llamarlo dentro de un rato.

Colgué el teléfono lentamente y creo que la mano me tembló un poco. Por conducir muy deprisa, o por dormir poco.”

Playback, de Raymond Chandler; Alianza, 2002; pgs. 183-184.

NADA MÁS NOBLE

Nada más noble que el aristócrata liberal -como Tocqueville- para quien la libertad de todos es el privilegio que compete defender a la clase dirigente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 79.

El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres, por primera vez, un texto cuya redacción había sido encargada a Karl Marx y Friedrich Engels.

Se trataba del Manifiesto Comunista.

Tres días más tarde, en París, una revuelta popular obligaba a abdicar al rey Luis Felipe, el último que Francia ha tenido. Esa misma jornada nacía la Segunda República francesa. El vizconde de Tocqueville, testigo de excepción de estos hechos, escribía en noviembre de 1850:

He vivido con hombres de letras que han escrito la historia sin mezclarse con los hechos y he vivido con políticos que nunca se han ocupado de otra cosa que no sea producir acontecimientos sin pensar en describirlos. Siempre he observado que los primeros veían causas generales por todas partes, mientras que los otros, viviendo en medio del deslavazado acontecer diario, concluían con mucho gusto que todo debía ser atribuido a incidentes particulares y que los pequeños resortes que ellos ponían constantemente en marcha con sus manos eran los mismos que movían el mundo. Me parece que unos y otros se equivocan.

Por mi parte, detesto esos sistemas absolutos que hacen depender todos los acontecimientos de la historia de grandes causas primeras, ligadas unas a otras por una cadena fatal, y que eliminan a los hombres, por así decir, de la historia del género humano. Los encuentro estrechos en su pretendida grandeza y falsos a pesar de su aire de verdad matemática. Yo creo, sin querer ofender a los escritores que han inventado esas sublimes teorías para alimentar su vanidad y facilitar su trabajo, que muchos de los hechos históricos importantes sólo podrían ser explicados por circunstancias accidentales y que muchos otros son inexplicables; en fin, que el azar -o, mejor dicho, esa maraña de causas segundas que así llamamos por no saberlas desenmarañar-, conforma buena parte de lo que vemos sobre el teatro del mundo. Pero creo firmemente que el azar nada hace que no haya sido preparado con anterioridad. Los hechos precedentes, la naturaleza de las instituciones, el rumbo de los espíritus, el estado de las costumbres, son los materiales con los que compone esos impromptus que nos asombran y nos asustan.

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 797-798 [traducción propia].

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A LOS MÁS VIEJOS VERÁS

El vigor del alma española es dureza de tierra erosionada.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 158.

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Don Pedro Calderón de la Barca

LA ÚLTIMA CENA

Para el pensamiento religioso el repertorio tipológico de su historia sagrada se repite indefinidamente en la historia profana.
Los tipos son la estructura de su historia universal.
En los momentos en que su vida tiene significado el hombre repite los gestos de un dios.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 313.

“A última hora de la tarde paseo con el Presidente. En el Boulevard de l’Amiral-Bruix estaba parada una columna de carros blindados que se dirigía al frente. Los jóvenes soldados que formaban sus dotaciones estaban sentados sobre los colosos de acero; el ambiente era como de vela de armas, esa especie de jovialidad con toques melancólicos que yo recuerdo muy bien. De aquellos jóvenes irradiaba densísima la cercanía de la muerte, la gloria de corazones prestos a morir entre llamas.

Cómo pasaban a segundo plano las máquinas, cómo se esfumaba su complejidad y se volvían a un tiempo más simples y más significativas, cual el escudo y la lanza en que se apoya el hoplita. Y cómo estaban sentados los jóvenes en sus carros, comiendo y bebiendo, deferentes los unos con los otros cual novios en la víspera de su fiesta, como en un banquete espiritual.”

Escrito por Ernst Jünger en París, el 7 de junio de 1944; recogido en Radiaciones II; Tusquets, 2005; pg. 255.

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TREGUA POCA

Oración, guerra, agricultura, son las ocupaciones viriles.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1131.

“Espera el cretino    vivir por siempre
si evita entrar en pendencias,
mas tregua poca    le da la vejez,
si las lanzas sí se la dieran.”

Los dichos de Har, de la Edda Mayor; Alianza, 2009; pg. 39.

'Cervantes en Lepanto', de Augusto Ferrer-Dalmau (2016)

‘Cervantes en Lepanto’, de Augusto Ferrer-Dalmau (2016)

ENSERES

Hoy, como tantos otros domingos, he ido a comer a casa de mi madre.

Mientras esperaba a que estuviera lista la comida, me he acercado a la terraza. Me gusta comprobar cómo va creciendo el naranjo que les regalé (mi limonero, por cierto, cumplió ayer diez años).

Me fijé entonces en la alacena que Julio, el compañero de mi madre, restauró ya hace un tiempo. Es un mueble precioso, que hoy se veía especialmente bello, sumergido en la abundante luz de la jornada.

Pero, al mismo tiempo, sentí que el mueble parecía demandar otro lugar. No me refiero a un simple cambio de sitio. Encajonado en la estrechez de la pequeña terraza, su mera presencia imponía otra disposición del mundo alrededor: otros espacios, otros ritmos, otras rutinas. Pensé que sería una alacena feliz en una casa de campo, asomada a una ventana desde la que pudiera ver una huerta bien cuidada y un pequeño jardín; y, más allá, el camino que marca la adecuada distancia con el mundo.

Unas manos de mujer cortarían flores cada mañana para poner en el jarrón que reposa en la alacena.

Me vinieron entonces a la mente las reflexiones de Fernando sobre los enseres, que tengo frescas en la memoria por haber tocado el tema en su reciente conferencia sobre Gómez Dávila.

Los enseres gozan así de una doble formalización, constan de partes formales o piezas y, a su vez, pueden distinguirse en su estructura elementos sintácticos o de relación, que remiten a su composición con otros objetos culturales, y elementos semánticos que determinan, justamente, lo que el objeto es de suyo, relativamente al margen de su articulación con esos otros objetos con los que conforma, sin embargo, una red, paisaje o esfera cultural o idiomática. Así, cuando en un determinado entorno cultural aparece un objeto exótico su presencia destaca, como destaca en el discurso la palabra de un idioma foráneo.

Elementos para la comprensión de las raíces metapolíticas de Europa. Del fundamento antropológico de la comunidad al ocaso de la familia en la sociedad universal; tesis doctoral en Sociología de Fernando Muñoz; pg. 70.

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LA CASUÍSTICA DEL AMOR

Los tres traspiés de la Iglesia han sido: el aristotelismo, el jesuitismo, la comisión bíblica.

Lo que aleja de Dios no es el pecado, sino el empeño en disculparlo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pgs 1129, 1376.

“Pero desde luego hay otros aspectos del deterioro eclesial y social que nos han llevado a este punto: el estrago de la falsa renovación en la Iglesia de los últimas décadas; la increíblemente estúpida política de inculturación aplicada a una desarraigada cultura occidental invadida por un secularismo militante; la inexorable y progresiva erosión del matrimonio y la familia en la sociedad; el ataque a la Iglesia, más potente desde el interior que desde el exterior, como denunciaba el Papa Benedicto; la prolongada defección de algunos teólogos y laicos en materia de anticoncepción; los espantosos escándalos sexuales; los innumerables sacrilegios; la pérdida del espíritu de la liturgia; los cismas internos de facto sobre toda una serie de cuestiones y enfoques graves, sutilmente disfrazados bajo una apariencia de unidad de iure de la Iglesia; los modelos de profunda disonancia espiritual y moral que bullen actualmente bajo el andrajoso título de católico. ¿Y nos sorprendemos de que la Iglesia esté en un estado de debilitamiento y esté desapareciendo?

Podríamos incluso rastrear los largos antecedentes temporales de Amoris laetitia. Como tengo un espíritu algo anticuado, veo este documento como el mal fruto de ciertos desarrollos del segundo milenio en la Iglesia occidental. Indico brevemente dos en concreto: la forma rígidamente racionalista y dualista del tomismo promovida por los jesuitas en el siglo XVI y, en ese contexto, su elaboración de la comprensión casuística del pecado mortal en el siglo XVII. El arte de la casuística ha sido aplicado a una nueva categoría de ciencia sacra llamada teología moral en la que, me parece, la regla de cálculo es sabiamente empleada para estimar técnicamente, caso por caso, la culpabilidad mínima necesaria para evitar la imputación de pecado mortal. ¡Qué meta espiritual! ¡Qué visión espiritual! Hoy, la casuística vuelve a levantar su fea cabeza bajo la nueva forma de la ética de la situación y Amoris laetitia, francamente, está llena de ella, ¡aunque fue expresamente condenada por San Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor!”

Extracto del comentario de Anna M. Silvas a la exhortación apostólica post-sinodal Amoris laetitia, leído en la página de Sandro Magister.

'La petite barque', de Émile Friant (1895)

‘La petite barque’, de Émile Friant (1895)

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“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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