El sosiego acantilado

Categoría: NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA

LA SUPERIORIDAD ESPIRITUAL DE LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA

Durante siglos, el poema central en la vida de todo bautizado fue el relato de la Pasión de su Dios. Un Dios de naturaleza humana que encarnaba la verdad de su mensaje, no con el sacrificio de la vida de otros -al modo mahometano-, sino con el sacrificio de la vida propia.

A través de su dolor, a través de su forma de dar sentido al dolor, Jesús de Nazaret regaló una potencia inigualable a los afanes de sus seguidores.

Presente su recuerdo constante en la existencia cotidiana, todo bautizado alcanzaba a ver la figura de su Dios sufriente tras el velo de los problemas de cada día. En la vejez de los padres, en la lejanía de los esposos, en la enfermedad de los hijos, siempre brillaba humilde la verdad profunda de un Dios que había sufrido como ellos.

Y una frase fue repetida en millones de ocasiones: “si Él soportó lo que soportó en este mundo, ¿no voy a ser yo capaz de soportar esta pequeña tribulación que me entorpece?”

Una y otra vez, millones de hombres y mujeres, durante siglos, fueron capaces de superar los afanes de su existencia apelando al ejemplar sacrificio supremo de su Dios.

Pues no hay nada semejante a la fe del cristiano para soportar y dar sentido al dolor, que siempre nos acaba alcanzando en la vida.

El budista hace todo lo posible para estar por encima del dolor.

El musulmán lo acepta sumiso porque su dios lo quiere.

Sólo el cristiano se abraza a su dolor como la clave de bóveda de su existencia, como el momento cumbre de su vida. Hace de soportar el dolor propio una artesanía majestuosa; cauce para la limpieza de su alma corrompida y mil veces caída; patética y crucial antesala del Paraíso. El cristiano fiel espera deseoso el trance de la prueba para saber de qué está hecho realmente.

Una civilización forjada con esta clase de hombres y mujeres es indestructible.

A no ser que esa civilización deje de creer en ese Dios. Que es precisamente lo que lleva ocurriendo desde hace un tiempo.

Pero ese avance de la incredulidad no es gratis.

¿A quién puede extrañar que la depresión se extienda como una pandemia por Occidente, si cada vez está menos presente el cristianismo en su vida espiritual? En esta época en la que somos educados para vivir en un interminable parque de atracciones, ¿qué sentido puede tener soportar las penurias de la vida?

Mas, ¿qué vida hay que no tenga que soportar, al fin y al cabo, una buena cantidad de penurias?

Surgen psicólogos, motivadores, expertos en coaching y mil supersticiosas parafernalias más para intentar evitar el derrumbe generalizado. Parches inútiles.

Sin el impulso de su creencia cristiana, Occidente es una cáscara vacía, que no tardará en ser ocupada por algún otro contendiente espiritual de auténtica altura civilizatoria.

El Islam, por ejemplo.

Pero que no se entiendan estas palabras como una exhortación política, como un plan de regeneración concebido para poner en marcha no se sabe qué movimiento social. Son sólo las reflexiones de un cristiano débil, que sabe que no hay lucha más importante que la que uno porta dentro de su propia alma.

Que, como decía don Nicolás, no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar. Y que no hay mejor invitación que el ejemplo inigualable.

Advertisements

LOS ÍNFIMOS PRINCIPIOS

“Lo que nos hace creer que el curso irresistible de las cosas nos arrastra y que las catástrofes sorprenden al hombre, ya impotente y vencido, no es la conciencia de nuestra debilidad, ni la certidumbre de una necesidad causal que refuta y ridiculiza nuestra ingenua fe en la libertad.

La razón es más modesta.

Nuestras decisiones eficaces no son las decisiones meditadas de las horas solemnes, de los momentos en que, apercibidos y preparados, hacemos los gestos espectaculares de elegir y de rechazar. Las decisiones que gobiernan nuestra vida son las opciones tímidas y silenciosas de las horas cotidianas.


Los momentos grávidos de nuestro futuro se deslizan callados en medio del estruendo de la feria.

La esquina que cruzamos, el amigo cuya invitación atendimos, la curiosidad que rechazamos, el leve ademán de vanidad o de orgullo a que cedimos, toda la trivial rutina de nuestra existencia, son los resortes de nuestro destino.

Allí nacen los ínfimos principios de las más vastas consecuencias. La necesidad es la faz de nuestra ignorancia y de la miseria intelectual en que nos complacemos.”

Notas, de Nicolás Gómez Dávila; texto leído en esta página de Facebook.

MISTERIOSO TROPIEZO

Si pudiéramos demostrar la existencia de Dios, todo se habría sometido al fin a la soberanía del hombre.

La existencia de Dios es indemostrable, porque con una persona tan sólo podemos tropezar.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pgs. 905, 920.

“Vermillion Cliffs”, de Jeremy Lipkin

LA TEORÍA SUECA DEL AMOR

No es emigrando a otras épocas como venceremos el mundo moderno.
Es obligándolo a conocerse, para que la luz de la inteligencia lo consuma.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 638.

http://www.pelispedia.tv/pelicula/la-teoria-sueca-del-amor/

swedish%20theory%20of%20love_affisch_marginal

TABERNEROS ERRANTES, REUNÍOS

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 263.

“Considerando que en un monasterio bien ordenado, ansia común de todos es alcanzar la verdadera devoción, no son necesarias las comunicaciones particulares, pues buscando en particular lo que es común, se pasaría de las particularidades a las parcialidades; mas a las personas que en el mundo han abrazado la verdadera virtud les es necesaria esta especie de alianza mutua por medio de una amistad santa y sagrada; pues por medio de ella se animan, se ayudan y estimulan a obrar el bien. Y así como los que caminan por la llanura no tienen necesidad de darse la mano, pero los que andan por senderos escabrosos y pendientes se agarran unos a otros para avanzar más seguros, los religiosos no necesitan de alianzas particulares, pero los que están en el mundo sí, para ayudarse y socorrerse mutuamente en medio de tantos pasos difíciles como tienen que salvar.”

Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales; en Obras selectas, BAC, 2010; pg. 149.

lotr_background1

EL ÚLTIMO APUNTE

Nunca podemos contar con el que no se mira a sí mismo con mirada de entomólogo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 502.

“Por la mañana en el jardín, un alegre día de poco antes de primavera. El acónito florece alrededor del cenador y bajo el haya roja; el jazmín de invierno está marchito. El croco apenas saca sus primeras puntas. En el estanque dos cisnes, fochas y muchos patos, los verderones pican en el árbol de la vida.

Anoche fue la fiesta de la matanza en El león; por la noche sueños intranquilos, entre otros en compañía de Florence Gould. Frente a mí un noble elegantemente vestido; no pertenecía al sueño, sino que era palpable en la habitación. A lo mejor la intensa lectura de Dostoievski me vuelve susceptible ante tales apariciones.”

Último apunte de los diarios de Ernst Jünger, escrito en Wilflingen el 17 de marzo de 1996; el autor moriría casi dos años después, el 17 de febrero de 1998, cerca ya de cumplir los 103 años de vida; en Pasados los setenta V; Tusquets, 2015; pgs. 195-196.

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

SÓLO NECESITO DESPEGAR

Dios poda a veces nuestras ramas como un jardinero impaciente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 280.

“De vuelta en Yucca Avenue, metí el Oldsmobile en el garaje y husmeé en el buzón. Nada, como siempre. Subí el largo tramo de escalones de secuoya y abrí la puerta. Todo estaba igual. El cuarto estaba igual de mal ventilado, soso y desangelado que siempre. Abrí un par de ventanas y me preparé una copa en la cocina. Me senté en el sofá y miré a la pared. Fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera, siempre regresaba a esto. Una pared vacía en un cuarto anodino en una casa anodina.

Dejé la copa encima de una mesa sin probarla. El alcohol no era la solución. Nada era la solución, más que un corazón profundo y endurecido que no pida nada a nadie.

Empezó a sonar el teléfono. Lo cogí y dije con voz hueca:

-Marlowe al habla.

-¿Es el señor Philip Marlowe?

-Sí.

-Le están intentando localizar desde París, señor Marlowe. Volveré a llamarlo dentro de un rato.

Colgué el teléfono lentamente y creo que la mano me tembló un poco. Por conducir muy deprisa, o por dormir poco.”

Playback, de Raymond Chandler; Alianza, 2002; pgs. 183-184.

NADA MÁS NOBLE

Nada más noble que el aristócrata liberal -como Tocqueville- para quien la libertad de todos es el privilegio que compete defender a la clase dirigente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 79.

El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres, por primera vez, un texto cuya redacción había sido encargada a Karl Marx y Friedrich Engels.

Se trataba del Manifiesto Comunista.

Tres días más tarde, en París, una revuelta popular obligaba a abdicar al rey Luis Felipe, el último que Francia ha tenido. Esa misma jornada nacía la Segunda República francesa. El vizconde de Tocqueville, testigo de excepción de estos hechos, escribía en noviembre de 1850:

He vivido con hombres de letras que han escrito la historia sin mezclarse con los hechos y he vivido con políticos que nunca se han ocupado de otra cosa que no sea producir acontecimientos sin pensar en describirlos. Siempre he observado que los primeros veían causas generales por todas partes, mientras que los otros, viviendo en medio del deslavazado acontecer diario, concluían con mucho gusto que todo debía ser atribuido a incidentes particulares y que los pequeños resortes que ellos ponían constantemente en marcha con sus manos eran los mismos que movían el mundo. Me parece que unos y otros se equivocan.

Por mi parte, detesto esos sistemas absolutos que hacen depender todos los acontecimientos de la historia de grandes causas primeras, ligadas unas a otras por una cadena fatal, y que eliminan a los hombres, por así decir, de la historia del género humano. Los encuentro estrechos en su pretendida grandeza y falsos a pesar de su aire de verdad matemática. Yo creo, sin querer ofender a los escritores que han inventado esas sublimes teorías para alimentar su vanidad y facilitar su trabajo, que muchos de los hechos históricos importantes sólo podrían ser explicados por circunstancias accidentales y que muchos otros son inexplicables; en fin, que el azar -o, mejor dicho, esa maraña de causas segundas que así llamamos por no saberlas desenmarañar-, conforma buena parte de lo que vemos sobre el teatro del mundo. Pero creo firmemente que el azar nada hace que no haya sido preparado con anterioridad. Los hechos precedentes, la naturaleza de las instituciones, el rumbo de los espíritus, el estado de las costumbres, son los materiales con los que compone esos impromptus que nos asombran y nos asustan.

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 797-798 [traducción propia].

seconde_republique

A LOS MÁS VIEJOS VERÁS

El vigor del alma española es dureza de tierra erosionada.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 158.

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Don Pedro Calderón de la Barca

LA ÚLTIMA CENA

Para el pensamiento religioso el repertorio tipológico de su historia sagrada se repite indefinidamente en la historia profana.
Los tipos son la estructura de su historia universal.
En los momentos en que su vida tiene significado el hombre repite los gestos de un dios.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 313.

“A última hora de la tarde paseo con el Presidente. En el Boulevard de l’Amiral-Bruix estaba parada una columna de carros blindados que se dirigía al frente. Los jóvenes soldados que formaban sus dotaciones estaban sentados sobre los colosos de acero; el ambiente era como de vela de armas, esa especie de jovialidad con toques melancólicos que yo recuerdo muy bien. De aquellos jóvenes irradiaba densísima la cercanía de la muerte, la gloria de corazones prestos a morir entre llamas.

Cómo pasaban a segundo plano las máquinas, cómo se esfumaba su complejidad y se volvían a un tiempo más simples y más significativas, cual el escudo y la lanza en que se apoya el hoplita. Y cómo estaban sentados los jóvenes en sus carros, comiendo y bebiendo, deferentes los unos con los otros cual novios en la víspera de su fiesta, como en un banquete espiritual.”

Escrito por Ernst Jünger en París, el 7 de junio de 1944; recogido en Radiaciones II; Tusquets, 2005; pg. 255.

maxresdefault

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester