El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: MONTAIGNE

COME BACK WITH YOUR SHIELD…

“Siempre que un autor habla de la virtud y sus obras, yo paso a examinar minuciosamente su vida. Oyendo los éforos de Esparta que un hombre disoluto proponía al pueblo un consejo útil, le mandaron callar y encargaron a un hombre honrado que se atribuyese él la invención de la propuesta.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen II, pg. 335.

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…καὶ μετεμορφώθη ἔμπροσθεν αὐτῶν

“Sin embargo, casi no me atrevo a decir cuánta vanidad y debilidad encuentro en mí. Tan inestables son mis fundamentos, y tan inclinados a vacilar y hundirse, que en ayunas me siento diferente a como estoy después de comer. Si me hallo en buena salud y el día es claro, siéntome hombre honrado y bueno. Si un callo me molesta en el pie, me siento torvo, desagradable e inasequible. Un mismo paso de caballo me parece ya cómodo, ya rudo, y un mismo camino se me antoja unas veces corto y otras largo. Una misma forma me es más agradable o menos, según las ocasiones; ora lo hago todo, ora nada; lo que en esta sazón place me desplace en aquella. Hay en mí mil agitaciones indiscretas y casuales; ya me acomete un humor melancólico, ya uno colérico; y mientras a una hora la tristeza se adueña de mí, por su propia y privada autoridad, a otra predomina en mí la alegría. En un libro hallo a veces gracias que impresionan mi alma, y otros días, por vueltas que le dé, sólo veo una masa informe y desconocida. En mis mismos escritos no encuentro siempre el talante de mi primera imaginación; no sé lo que he querido decir; y a veces he de corregirlo y darle un nuevo sentido por haber olvidado el primero, que valía más. No hago más que ir y venir, mi juicio no marcha siempre hacia delante, sino que fluctúa y vaga.

[…] ¡Qué cosa tan vil y abyecta -dice el aludido [Plutarco]- es el hombre si no se eleva por encima de la Humanidad! Buenas palabras y útil deseo, pero absurdos; porque hacer la puñada mayor que el puño, la brazada mayor que el brazo y esperar franquear con las piernas más de lo que permite su longitud, es imposible y monstruoso, como lo es que el hombre se remonte sobre sí mismo y sobre la Humanidad. No le es posible, en efecto, ver sino con sus ojos ni aferrar más que con sus manos. Si Dios le presta un extraordinario socorro, podrá elevarse abandonando y renunciando a sus propios medios y dejándose realzar y levantar por medios puramente celestiales. A nuestra fe cristiana, no a la virtud estoica, corresponde pretender esa divina y milagrosa metamorfosis.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen II, pgs. 210-211, 246.

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FUERA DE LAS FORTUNAS E INFORTUNIOS DE ESTE MUNDO

“Bástale al cristiano creer que todas las cosas provienen de Dios, recibiéndolas con reconocimiento de su divina e inexcrutable sapiencia, y tomándolas a buena parte, se presenten como se presenten. Pero hallo mal eso que se ve al presente: tratar de afirmar y apoyar nuestra religión por el éxito de nuestras empresas. Nuestra creencia tiene otros fundamentos, sin necesidad de justificarla con los sucesos. En efecto, es peligroso acostumbrar al pueblo a esos argumentos tan de su gusto, porque si los hechos se tornan contrarios y desventajosos, la gente siente quebrada su fe. En nuestras guerras de religión, los que llevaron ventaja en la Rochelabeille hicieron gran aparato de esa victoria, procurando con ella demostrar la bondad de su causa; pero al excusar sus descalabros de Montcontour y Jarnac hubieron de decir que eran castigos y sanciones paternas. Y con esto, si no tienen un pueblo muy a su discreción, con facilidad le harán ver que procuran sacar de un solo saco dos moliendas distintas y soplar con la misma boca lo caliente y lo frío. Más vale atenerse a los reales fundamentos de la verdad. Meses atrás, y bajo el mando de don Juan de Austria, se ha ganado una gran batalla a los turcos, pero otras veces Dios ha querido obrar lo contrario a nuestra costa. No es prudente poner las cosas divinas en nuestro platillo, porque pudieran sernos materia de contratiempo. Habrá quien quiera sacar partido de que Arrio, y León, su Papa, jefes principales de la herejía arriana, murieron, en diversos tiempos, de muertes singulares y análogas, como fue que, retirándose de una discusión, por dolor de vientre y yendo al excusado, allí entregaron el alma de repente. Y aun para exagerar la venganza divina con la elección del lugar, puede añadirse el caso de Heliogábalo, muerto también de modo semejante; pero no andaremos acertados, porque Ireneo se halló en igual peripecia. Dios procura enseñarnos que los buenos tienen más que esperar y los malos más que temer fuera de las fortunas e infortunios de este mundo, y por eso mueve y aplica las cosas según su disposición oculta, quitándonos el medio de tornar locamente la suerte en nuestro provecho. Los que quieren prevalecerse de esas materias según humana razón, jamás dan golpe que no les cueste dos. Bien lo probó San Agustín contra sus adversarios. Tal clase de conflictos mas se deciden con las armas de la memoria que con las de la razón. Hay que contentarse con la luz que al Sol le place darnos con sus rayos, y quien levante los ojos queriendo recogerla en el astro mismo, no debe extrañarse si queda ciego. Quis enim hominum poterit scire consilium Dei? Aut quis poterit cogitare quid velit Deus? [¿Qué hombre puede conocer el acuerdo de Dios? ¿O quién conjeturar lo que Dios quiere? Sab 9, 13]

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pgs. 161-162.

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SUS MÁS SERIAS ACCIONES

“Reprendió Platón a un muchacho que jugaba a las nueces y díjole el chiquillo: ‘Me reprendes por poco‘. ‘No es poca cosa la costumbre‘, replicó Platón. Yo opino que nuestros mayores vicios se originan en nuestra más tierna infancia y entiendo que nuestro principal gobierno futuro está en mano de nuestras nodrizas. Las madres se divierten viendo a sus hijos torcer el pescuezo a un pollo, o maltratar a un perro o a un gato; y hay padre tan necio que atribuye a su hijo un ánimo belicoso si le ve maltratar injuriosamente a un labriego o lacayo, que no se defiende; o le tiene por agudo si el chiquillo aventaja a un compañero en cualesquier maliciosa deslealtad o engaño. Empero, esas son las verdaderas raíces y semillas de la crueldad, la tiranía y la traición, y luego de que arraigan medran gallardamente y adquieren fuerza con la costumbre. Es peligrosísimo excusar esas malas inclinaciones con la debilidad de los pocos años y la liviandad del asunto, y lo es, porque entonces habla la humana naturaleza, con voz tanto más pura y sincera cuanto que es más nueva. Además, la fealdad del engaño no varía si se engaña en escudos o alfileres, sino que depende del engaño mismo. Yo hallo justa esta conclusión: ¿Por qué no defraudar escudos cuando defraudo alfileres?; y no hallo justa esta otra que suele formularse: Lo que haga con alfileres no lo haría con escudos. Es menester enseñar a los niños a que odien los vicios por su propia contextura, haciéndoles aprender su natural deformidad, de modo que los rehúyan, no sólo como acto, sino en todo, al punto de que el solo pensamiento de los vicios, lleven la máscara que lleven, les sea odioso.

Ha de hacerse notar que los juegos infantiles no son tales juegos, sino que en los niños han de juzgarse como sus más serias acciones. En mi infancia decíaseme que siguiera siempre el camino recto y, contra mi gusto, se me prohibía mezclar engaño ni añagaza a mis juegos, merced a lo cual no hay pasatiempo, por ligero que sea, al que yo no aporte, por propensión natural y no artificiosa, una extrema contradicción a engañar. Ganar y perder me es indiferente, ya sea contra mi mujer y mi hija, ya de verdad.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pg. 72.petitnicolas_2

UNA DE LAS TAREAS MÁS NOBLES

Mis santos patrones: Montaigne y Burckhardt.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 409.

“¿Son las tres grandes edades del mundo, quizás, como los tres momentos del día en el enigma de la Esfinge? En realidad, son la continua metempsicosis que actúa y sufre el hombre a lo largo de innumerables encarnaciones. Un conocimiento genuino querrá reconocer todas las mutaciones y abandonar cualquier parcialidad respecto de una era específica (está bien tener alguna predilección, ya que se trata de una cuestión de gustos), y cuanto más rápido lo haga, más vivo será el sentimiento general de la imperfección humana. Una vez que se comprenda que nunca hubo ni habrá ninguna era feliz, una edad de oro en sentido imaginario, quedaremos preservados de la tonta sobrevaloración de algún tiempo pasado, de la desesperación sin sentido del presente o de la esperanza fatua con respecto al futuro, y se reconocerá que la contemplación de las edades históricas es una de las tareas más nobles: es la historia de la vida y del sufrimiento de la humanidad vista como un todo.”

Juicios sobre la historia y los historiadores, de Jacob Burckhardt; Katz, 2011; pg. 19.

'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo (h. 1562)

‘El triunfo de la muerte’, de Pieter Brueghel el Viejo (h. 1562)

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“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester