El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: MISHIMA

FRESAS EN EL BORGOÑA

¿Cómo es posible denominar hombre de acción a quien por su trabajo de presidente de una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a los países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo. Revueltos entre esta basura, estamos obligados a asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe, que ya exhala un miserable hedor. Los jóvenes no pueden dejar de observar con disgusto el vergonzoso espectáculo del modelo de héroe, al que aprendieron a conocer por las historietas, implacablemente derrotado y dejado marchitar por la sociedad a la que deberán pertenecer un día. Y gritando su rechazo a semejante sociedad en su conjunto, intentan desesperadamente defender su pequeña divinidad.”

Introducción a la filosofía de la acción, de Yukio Mishima; escrito en agosto de 1970, pocos meses antes de su muerte por seppuku; La Esfera de los Libros, 2001; pg. 233.

“Alarmas, incursiones aéreas. Desde la azotea del hotel Raphaël he visto alzarse por dos veces, por la parte de Saint-Germain, unas nubes enormes producidas por explosiones, mientras de allí se alejaban escuadrillas que volaban a gran altura. El blanco de sus ataques eran los puentes del Sena. El modo y la sucesión de las operaciones dirigidas contra las líneas de avituallamiento indican una cabeza fina. La segunda vez, a la puesta del sol, yo tenía en mi mano un vaso de borgoña en el que flotaban fresas. La ciudad con sus torres y cúpulas rojas se extendía allí en su poderosa belleza, semejante al cáliz de una flor sobrevolado para recibir una fecundación letal. Todo era espectáculo, era poder puro, afirmado y realzado por el dolor.”

Escrito por Ernst Jünger en París, el 27 de mayo de 1944; en Radiaciones II; Tusquets, 2005; pgs. 249-250.

'Rocroi, el último Tercio', de Augusto Ferrer-Dalmau (2011)

‘Rocroi, el último Tercio’, de Augusto Ferrer-Dalmau (2011)

LECCIONES PAGANAS PARA JÓVENES CATÓLICOS

“Una promesa es siempre un compromiso y tiene la misma importancia independientemente de la persona con la que se contrae. Lo único que cuenta es la buena fe de quien la pronuncia.

En un relato de Akinari Ueda referido a la belleza de la lealtad, titulado El juramento entre las flores de crisantemo, un hombre hace todo lo posible para cumplir una promesa que realizó años atrás a su fiel amigo, y como no puede presentarse físicamente en el lugar de la cita a la hora establecida, decide suicidarse para llegar hasta allí al menos en espíritu. La finalidad del pacto que había convenido con su amigo era puramente la amistad, la lealtad; no había en juego ningún interés material. Sacrificar la vida por algo extraño a un interés material podrá parecer hoy insensato, pero una de mis ideas fundamentales es que la esencia de las promesas no debe buscarse en el espíritu de la actual sociedad contractual sino en la lealtad de los seres humanos. En la vida del hombre el tiempo no retorna.

Este día determinado del mes de agosto de 1968, además de ser irrepetible en la historia de la humanidad, es un momento que no se presentará más en la vida de aquellos que lo están viviendo. Incluso la promesa más modesta tiene en realidad una importancia enorme. Es triste que sólo cuando hemos dejado atrás la juventud nos demos cuenta del valor del tiempo.”

Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, de Yukio Mishima; La Esfera de los Libros, 2001; pgs. 104-105.

Yukoku

ARMONÍA DE PLUMA Y ESPADA

El paganismo es el otro Antiguo Testamento de la Iglesia.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 225.

 

“Isao aspiró una gran bocanada de aire y cerró los ojos mientras su mano izquierda recorría acariciante la pared de su estómago. Empuñando su cuchillo con la mano derecha, acercó la punta a su cuerpo y la guió hasta el lugar indicado sirviéndose de los dedos de su mano izquierda. Entonces, con un poderoso impulso de su brazo, hundió la hoja en su vientre. En aquel momento, cuando sus carnes se entreabrían, el brillante disco del sol surgió de pronto, estallando tras sus párpados.”

Caballos desbocados, de Yukio Mishima; Alianza, 2007; pg. 586.

Mishima

EL GRITO DE LAS IDEAS

“Sus ojos no podían apartarse de algo situado más allá de las lustrosas hojas de la camelia, donde, a través de una claraboya, ardían luces eléctricas en pleno día. Pensaba en las gruesas cuerdas que tomaban impulso en el aire para caer sobre la carne y volver a levantarse para recaer con renovada fuerza.

Isao miró nuevamente a los ojos del inspector y éste contestó a la pregunta muda de los suyos.

-Sí. Es un rojo. Los recalcitrantes se echan encima ese trato.

Era obvio que la policía trataba de hacerle comprender que, al revés de lo que les sucedía a aquellos individuos, le trataban a él con la mayor deferencia; que la amable ley derramaba toda su beneficiencia sobre su cabeza. Sin embargo, la táctica operó resultados contrarios a los esperados. En aquel momento, lo que sintió Isao fue como un ahogo de ira y de humillación. ¿En qué consisten mis ideas?, se preguntaba presa de la cólera. Si las ideas reales y verdaderas sustentadas por otros han de ser motivo de latigazos, ¿será que las mías son irreales? Se sentía encarado a la frustración, puesto que, a pesar de la enormidad que en sí suponía la puesta en práctica de lo que había proyectado, la reacción era tibia e inadecuada. Si ellos comprendieran la riqueza de terribles deseos puros que en su pecho latía, pensaba, necesariamente tendrían que odiarle. Pero por otra parte, si persistían en su falta de comprensión, sus ideas nunca recibirían el homenaje de la tortura; nunca se honrarían con el sudoroso desgarramiento de su carnes. De modo que sus ideas nunca gritarían como las de esos otros hombres.

Isao miró furioso a su interlocutor y gritó:

-¡Torturadme! ¡Torturadme ahora mismo! ¿Por qué no hacéis conmigo lo que con los demás? ¿Puede usted decirme por qué?

-Vamos, tranquilízate y no seas tonto. Es muy simple. Tú no nos acarreas problemas.”

Caballos desbocados, de Yukio Mishima; Alianza, 2007; pgs. 490-491.

Mishima Sebastian

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN

“En todo este tiempo en el que me he detenido a hacer disquisiciones sobre la acción, he experimentado la constante sensación de que hay algo en todo esto insuficiente. En efecto, lo que sucede es que la acción no puede expresarse con palabras. La acción, como tal, jamás podrá reflejarse con algún discurso. Cuando se intenta exteriorizarla con palabras la acción se diluye como el humo, sin dejar rastro, y cualquier intento de construir un discurso lógico sobre ella parece absurdo y ridículo a los ojos de un hombre de acción.”

“Introducción a la filosofía de la acción”, de Yukio Mishima; incluído en las “Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis”, La Esfera de los Libros, 2001; pgs. 228.

Mishima

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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