El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: MICHAEL OSTERHOLM

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXVII)

Abandono la ridícula realidad española, en la que Anabel Alonso da su experta opinión sobre la crisis actual en televisiones subvencionadas.

Abandono la ridícula realidad española, en la que la politiquilla de nuestros partidos infecta cualquier intento de análisis serio sobre lo que está pasando.

Y me refugio en Joe Rogan, que vuelve a regalarle al mundo otra interesantísima entrevista (tras aquella maravilla que produjo gracias a Michael Osterholm).

Y conocer al doctor Peter Hotez me reconcilia con el mundo.

Con un mundo en el que científicos de todos los orígenes comparten sus conocimientos de forma completamente altruista, en un intento global por lograr una cura que nos salve a todos. Y cuando digo todos, me refiero a todos los seres humanos de este planeta. Incluidos los que han de venir, si es que el virus acaba quedándose entre nosotros para siempre.

Con un mundo en el que los problemas a resolver son reales, no delirios de adultos a medio madurar.

Un mundo en el que se entiende la importancia de que todos disfrutemos de unos buenos sistemas de salud, sin importar nuestro nivel de renta personal.

Un mundo en el que se invierte en protegernos de futuros virus, no de pasados ya enterrados.

Un mundo en el que sobra esta España ridícula, donde se pelean los líderes por determinar quién fue menos inútil.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XIV)

“No hay ganadores en el uso de los periodistas como piezas diplomáticas por parte de las dos principales potencias económicas. Los periodistas arrojan luz sobre el mundo en el que existimos. China, mediante sus acciones, se está haciendo más oscura”, sostiene un comunicado del Club de Corresponsales Extranjeros. “Los corresponsales que trabajan en China se ven sujetos a vigilancia y la presión del Gobierno, en un clima de extrema hostilidad hacia los tipos de coberturas basadas en los hechos que las autoridades chinas aseguran desear. Este tipo de conducta es inaceptable y existe desde hace mucho tiempo”.

Cita de este artículo de El País, en el que se informa de la expulsión de China de trece periodistas estadounidenses.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (IV)

Hoy han empezado las vacaciones del coronabicho. Mientras llevaba a la nena a casa de mi suegra, pude ver los parques llenos de niños cuidados por, en la mayoría de los casos, sus abuelos. Esos mismos abuelos que son la principal población de riesgo en esta pandemia.

Tras ver el vídeo que os enlacé en la entrada anterior (que en menos de 24 horas ya tiene más de dos millones de visitas) y que rogaría que alguien le pusiese subtítulos en español para su mayor difusión, el desarrollo de la jornada me ha ido produciendo una progresiva sensación de incomodidad ante las acciones que los políticos están tomando y que la sociedad les demanda tomar. Porque nuestras sociedades creen en la mitología del político actuante y no permitirían que un político se presentase ante ellos diciéndoles que poco más se puede hacer que reforzar los servicios sanitarios y sentarse a esperar a que el virus decline por sí solo.

Pero mucho me temo que, dadas las características del bicho contra el que nos estamos enfrentando, poco más se puede hacer.

Porque las medidas tan espectaculares como el cierre de colegios, la prohibición de movimientos o (como se está empezando a plantear el norte de Italia) el cierre de los comercios, quizá no tengan demasiados efectos positivos a la hora de detener la expansión de la epidemia; y sí demasiados efectos negativos que hacen aún más grave la situación, como la histeria colectiva ante los supermercados, los despidos masivos provocados por el parón en la economía o, como muy bien señalaba el profesor Osterholm en su entrevista con Joe Rogan, dificultar el propio funcionamiento de los servicios sanitarios (decía el profesor que el 38% de las enfermeras estadounidenses tiene hijos; si cerramos los colegios complicamos la vida de unos profesionales que, ahora mismo, sólo deberían estar pensando en su trabajo en los hospitales).

Y esta tarde me he encontrado con esta noticia en El País: Cientos de universitarios abandonan Madrid por el coronavirus. Y ha sido como la culminación del absurdo para mí en el día de hoy.

Porque si lo que estamos tratando de conseguir es que el virus no se transmita y lo que hemos provocado con el cierre de universidades es transportar posibles portadores, desde el foco principal, hasta las cuatro esquinas del país, entonces resulta que toda nuestra estrategia es un puro delirio.

Pero alguien dirá que, así las cosas, lo que hay que hacer es prohibir a la gente moverse o cerrar comercios. Y entonces el daño a la economía se incrementa exponencialmente.

¿Y todo para qué? Para intentar controlar la transmisión de un virus que, por lo que vamos sabiendo, resulta imposible de controlar. Como dice el profesor Osterholm, sin vacuna, es como intentar detener el viento.

Según el profesor, está casi demostrado que el salto del virus a un humano se produjo en la tercera semana de noviembre. Según el gobierno español, el virus seguramente ya estaba presente en España a finales de enero. Es decir, tenemos un bicho capaz de viajar desde China a España en, como mucho, dos meses.

¿Os imagináis lo que puede haber hecho ya ese virus en España en un mes y medio? Si no lo hemos cogido todos ya, poco ha de faltar.

Así que, seguramente, poco se podrá hacer, salvo reforzar todo lo que se pueda los servicios sanitarios, tratar de mantenerse uno mismo lo más sano posible, y que las personas con mayor riesgo (mayores de 55 años, fumadores, obesos, diabéticos, personas con presión arterial alta…) se mantengan apartados de los espacios públicos.

Poco más.

Porque, como bien dice el profesor, las decisiones que nos preparan para este tipo de situaciones no se toman en medio de la crisis, sino antes de la crisis.

Articulando un buen sistema público de salud, que dé una cobertura de calidad a la mayor parte posible de la población.

Invirtiendo en investigación epidemiológica.

Pero éstas son decisiones poco espectaculares, a largo plazo. No demasiado atractivas para las mitologías de nuestras sociedades, tan creyentes en los políticos de acción, que no paran de tener buenas ideas que arreglan los problemas en un periquete.

Me temo que los hombres y mujeres de acción que nos dirigen van a crear más problemas del que hay. Y el que hay es tremendo.

Pero ellos no pueden parar de hacer cosas. Su público (todos nosotros) se lo exige.

Que Deus nos teña no seu colo.

Vuelgo a colgar la entrevista al profesor Osterholm. Vedla, por favor.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (III)

Éste es un buen resumen de cómo se está tomando España estos primeros días de acciones políticas espectaculares contra el coronabicho. Si nos tuviese que describir como sociedad, yo diría que los españoles somos como Spiderman: nos encanta hacer coñas mientras nos enfrentamos con la muerte. Para rebajar la tensión, supongo.

No sé si el buen humor aguantará según vayan pasando las semanas y el número de infectados, despedidos y muertos vaya creciendo. Dios dirá.

El caso es que ayer Joe Rogan entrevistó a un epidemiólogo y creo que vale la pena verse el vídeo de cabo a rabo. Activando los subtítulos en inglés resulta mucho más fácil de seguir.

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