CAJAMARCA

Aquí la reflexión no tiene peso,
castra el valor y ensucia los designios.
Es oro el grito que atacar ordena
y luz la orden segura que no vuelve.

Poema incluido en la antología Soy en mayo, de Julio Martínez Mesanza; Renacimiento, 2007; pg. 49.

“Esa noche Pizarro mantuvo una reunión con el inca, ya que trajo a Atahualpa a que cenara con él. El banquete fue servido en una de las salas que daban a la gran plaza que unas horas antes había sido el escenario de la matanza y el suelo todavía estaba cubierto con los cuerpos de los súbditos del inca. Se situó al monarca cautivo junto a su conquistador. Parecía no haber comprendido completamente el alcance de su calamidad. Si lo hacía, mostraba una sorprendente fortaleza. Es la fortuna de la guerra, dijo, y si podemos dar crédito a los españoles, expresó su admiración por la habilidad con que habían conseguido atraparlo entre sus propias tropas. Añadió que sabía de los avances del hombre blanco desde el momento de su desembarco, pero que lo insignificante de su número le había llevado a infravalorar su fuerza. No tenía duda de que le sería muy fácil dominarles a su llegada a Cajamarca con su fuerza superior y, como deseaba ver por sí mismo qué tipo de hombres eran, les había permitido atravesar las montañas con la intención de tomar a los que eligiera para su propio servicio, apoderarse de sus maravillosas armas y caballos y matar al resto.”

Historia de la conquista de Perú, de William H. Prescott; Antonio Machado Libros, 2006; pg. 194.

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