El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: MARCO FURILO

LA ESCUELA DE LA FE

“La escuela de la fe no es un camino triunfal, sino un camino sembrado de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidad que hay que renovar cada día. Pedro, que había prometido fidelidad absoluta, conoce la amargura y la humillación de la negación: el arrogante experimenta en sus propias carnes la humildad. También Pedro debe aprender a ser débil y necesitado de perdón. Cuando por fin se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, explota en un liberador llanto de arrepentimiento. Tras este llanto ya está listo para su misión.

Una mañana de primavera le será confiada esta misión por Jesús resucitado. El encuentro se producirá a orillas del lago de Tiberíades. Es el evangelista Juan quien nos refiere el diálogo que tiene lugar en esa ocasión entre Jesús y Pedro. Asistimos a un juego de palabras muy significativo. En griego el verbo filéo expresa el amor de amistad, tierno pero no totalizador, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional. Jesús primero le pregunta a Pedro: agapâs-me (Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol sin duda habría dicho: Te amo (agapô-se) incondicionalmente. Pero ahora que ha conocido la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: Señor, te quiero (filô-se), es decir, te amo con mi pobre amor humano. Cristo insiste: ¿me amas más que estos? Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: Kyrie, filô-se, Señor, te quiero como sé querer. A la tercera vez Jesús le dice simplemente a Simón: Fileis-me?, ¿me quieres?. Simón entiende que a Jesús le basta su pobre amor, el único del que es capaz y, sin embargo, está triste porque el Señor haya tenido que decirle esto. Por eso le contesta: Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se).”

Catequesis leída por Su Santidad el Papa Benedicto XVI el 24 de mayo de 2006; recogida en Los Apóstoles y los primeros discípulos de Cristo; Espasa, 2009; pgs. 63-64.

'Dead at beach', de Marco Furilo (2015)

‘Dead at beach’, de Marco Furilo (2015)

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EL CONOCIMIENTO Y DESPRECIO DE SÍ MISMO

“1. Todos los hombres naturalmente desean saber. Mas, ¿qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios? – Por cierto, mejor es el rústico humilde que le sirve, que el soberbio filósofo que, dejando de conocerse, considera el curso del cielo. – El que bien se conoce, tiénese por vil y no se deleita en alabanzas humanas. – Si yo supiese cuanto hay en el mundo, y no estuviese en caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzgará según mis obras?

2. No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño. Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales. – Muchas cosas hay que el saberlas, poco o nada aprovecha el alma. – Y muy loco es el que en otras cosas entiende, sino en las que tocan a la salvación. Las muchas palabras no hartan el alma; mas la buena vida le da refrigerio, y la pura conciencia causa una gran confianza en Dios.

3. Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado, si no vivieres santamente. – Por esto no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ellas se te ha dado. – Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. – No quieras con presunción saber cosas altas, mas confiesa tu ignorancia. – ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la ley que tú? – Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.

4. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo, es altísima y doctísima lección. – Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada. – Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer culpas graves, no te debes juzgar por mejor; porque no sabes cuánto podrás perseverar en el bien. – Todos somos flacos; mas tú a nadie tengas por más flaco que a ti.”

Imitación de Cristo y menosprecio del mundo, de Tomás de Kempis; Herederos de Juan Gili, 1911; pgs. 9-10 (Libro I, Capítulo II).

"Working", de Marco Furilo 2015)

‘Working’, de Marco Furilo (2015)

LA RIQUEZA CROMÁTICA DEL MUNDO

En toda proposición sobre el hombre debe aflorar su fusión paradójica de determinismo y libertad.

[…] Necesidad, libertad, gracia, son los tres colores básicos.
Lo inevitable, lo arbitrario, lo gratuito.
Abreviando nuestra paleta no lograremos nunca reproducir la riqueza cromática del mundo.

[…] La escolástica pecó al pretender convertir al cristiano en un sabelotodo.
El cristiano es un escéptico que confía en Cristo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 828, 836, 672.

“En 1602 el Papa, cansado de ver cómo los mamotretos se amontonan ante él, decide presidir él mismo las nuevas reuniones entre dominicos y jesuitas. Comienzan así las congregaciones de auxiliis, de las que Clemente VIII presidiría treinta y siete y Paulo V diez. El 28 de agosto de 1607, viendo que las discusiones se prolongaban de manera estéril y que resultaba imposible llegar a definir nada, con cada uno de los contendientes enrocado en su posición, Paulo V decidió prohibir que dominicos y jesuitas calificasen como herética la doctrina contraria y prohibió también la publicación de libros sobre la gracia eficaz.”

De la introducción de Juan Antonio Hevia Echevarría a la Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, de Luis de Molina; Pentalfa, 2007; pg. 14.

'Mind the door', de Marco Furilo (2015)

‘Mind the door’, de Marco Furilo (2015)

A NADIE MÁS

“Me acuerdo de un anochecer de agosto. La cena había sido tormentosa a causa de Dreyfus. Marinette, que representaba conmigo al partido revisionista, me superaba ahora en el arte de hacer saltar al padre Ardouin, de obligarle a tomar partido. Como te habías exaltado hablando de un artículo de Drumont, Marinette, con su voz infantil de catecúmena, preguntó:

Padre, ¿está permitido odiar a los judíos?

Aquella tarde, para nuestra gran alegría, no recurrió a vagas derrotas. Habló de la grandeza del pueblo elegido, de su augusto papel de testigo, de su anunciada conversión, precursora del fin de los tiempos. Y como Hubert protestara diciendo que había que odiar a los verdugos de Nuestro Señor, el padre respondió que cada uno de nosotros tenía derecho a odiar a uno solo de los verdugos de Cristo: A nosotros mismos, y a nadie más…

Nudo de víboras, de François Mauriac; Homo Legens, 2007; pg. 76.

Judíos de Londres, fotografiados por Marco Furilo (2013)

Judíos de Londres, fotografiados por Marco Furilo (2013)

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester