El sosiego acantilado

Categoría: MALICK

DÍA DE CAMPO

Varios zapateros se perseguían sobre la superficie del río. El día no había conocido nubes. Un tapiz azul se percibía tras las ramas de los árboles. Una niña y un niño conversaban sentados junto al agua.

-Si respiro muy lentito, puedo llegar a controlar los latidos de mi corazón. A veces, he conseguido que se detenga durante varios segundos.

El niño la miró con fascinación asustada.

-¿Por qué te gusta que tu corazón deje de latir? -preguntó.

La niña desvió la mirada hacia el lugar donde jugaban los zapateros.

-Porque cuando se acelera, siempre acaba doliendo mucho… -musitó.

El niño se quedó por unos momentos con la mirada clavada en el suelo. El sol poniente esparcía reflejos dorados sobre al agua casi inerte.

-Pero eso es como morirse… -dijo el niño en un susurro.

La niña volvió a mirarle. Una lágrima dorada se deslizaba lentamente por la mejilla del niño, que seguía con la mirada perdida en la tierra húmeda.

La niña le agarró la mano. También ella lloraba silenciosa.

El sol acabó de esconderse tras la bella pared rocosa de la otra orilla, esculpida con paciencia por el río durante eones.

El día de campo había terminado. Pero el niño no quería volver a casa.

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¿DÓNDE ESTABAS…?

El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo:
¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido?
¡Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás!
¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?

Job 38, 1-4

ESCLAVITUD FEMENINA

Never met a wise man
If so it’s a woman

Kurt Cobain

 

Tras ver por segunda vez la formidable película To the wonder, de Terrence Malick, uno no puede evitar reflexionar sobre la enorme mentira esclavista en la que el mundo moderno nos ha introducido a todos; pero, muy especialmente, a las mujeres.

Estoy firmemente convencido de que la mayoría de las mujeres que me rodean se sienten obligadas a ejercer papeles que, en el fondo de sus almas, consideran terriblemente indignos; se fuerzan a mentir para estar a la altura de humillaciones que tienen que abrazar con impostadas carcajadas de felicidad; sacrifican sus cuerpos sagrados, de mil formas diferentes, para satisfacer todos los apetitos enfermos de la época. Lo veo cada día y sé que no dejaré de verlo hasta que Dios tenga a bien llevarme de este mundo.

Y recuerdo las palabras de Houellebecq en una entrevista:

Lo que se dio en llamar ‘la liberación de la mujer’ les convenía más a los hombres, que veían en ella la posibilidad de multiplicar los encuentros sexuales. Después vinieron la disolución de la pareja y de la familia, es decir, de las últimas comunidades que separaban al hombre del mercado. Creo que, en general, es una catástrofe humana; pero vuelven a ser las mujeres las que salen perdiendo. En la situación tradicional, el hombre se movía en un mundo más libre y más abierto que la mujer; o sea, en un mundo más duro, competitivo, egoísta y violento. Los valores femeninos clásicos estaban impregnados de altruismo, amor, compasión, fidelidad y dulzura. Aunque ahora nos reímos de esos valores, hay que decir claramente que son valores civilizados superiores, y que su desaparición total sería una tragedia.

El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2000; pgs. 108-109.

 

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester