El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Categoría: MAHOMA

EL BELLO MODELO

“El Corán establece que Mahoma representa un bello modelo (uswa hasana) para los musulmanes (Corán 33:21) y ordena, además, el deber de obedecer a Dios y a su Enviado (Corán 3:32 y 132; 4:59, 5:92, 8:1 y 20; 24:54 y 56, y 47:33). Sobre estas premisas, la figura del Profeta representa el segundo referente doctrinal, espiritual y normativo de los musulmanes. La palabra árabe sunna significa tradición y sunnat al-nabi es el nombre de la tradición profética, de tal modo que sunna, a secas, es sinónimo de tradición de Mahoma.

La doctrina islámica afirma que el desarrollo de la misión profética de Mahoma se produjo a través de un proceso de enfrentamiento armado con sus principales rivales, los dirigentes de la tribu de Qurays, que dominaban sobre la ciudad de La Meca, donde dio inicio a su predicación. Por lo tanto, además de predicador, Mahoma fue un líder político que organizó a una comunidad y la dirigió en las acciones de lucha que, a la postre, posibilitaron su éxito. De ahí su muy conocida definición como profeta y hombre de estado, acuñada por el orientalista escocés W. M. Watt (1909-2006) en un célebre estudio publicado en 1961. Esta actuación como profeta armado ha sido, sin duda, uno de los aspectos más discutidos de su trayectoria y constituye, al mismo tiempo, una fuente permanente de crítica respecto al islam, casi desde sus propios orígenes.”

Yihad. La regulación de la guerra en la doctrina islámica clásica, de Alejandro García Sanjuán; Marcial Pons, 2020; pg. 54.

mahoma

YIHAD

Matadlos donde quiera que los encontréis y expulsadlos de donde os hayan expulsado.
La oposición (a vuestra creencia) es más grave que matar.
No luchéis con ellos junto a la ‘Mezquita Inviolable’ si ellos no lo ha
cen, pero si os atacan, matadlos; esta es la recompensa de los incrédulos.

Y si cesan… Allah es Perdonador y Compasivo.

Luchad contra ellos hasta que no haya más oposición y la Adoración debida sea sólo para Allah.
Pero si cesan, que no haya entonces hostilidad excepto contra los injustos.

Corán, Sura 2ª (de la Vaca), aleyas 190-192

 

“Las protestas de los autores musulmanes y de los especialistas en el estudio de la cultura islámica por la simplificación del concepto de yihad no dejan de estar justificadas y amparadas por las fuentes del islam, por la Tradición y por corrientes de pensamiento muy significadas, tanto medievales como actuales. Tal vez sea necesario, dadas las circunstancias que vivimos, poner el énfasis en el aspecto moral, interior, del esfuerzo en el camino de Dios, especialmente si con ello se consiguiera abrir los ojos a los sectores islamistas más radicales o se contribuyera a calmar el miedo de los gobiernos o ciudadanos occidentales a sus vecinos o conciudadanos musulmanes. Pero creemos que sería un error, por lo menos desde la perspectiva del análisis histórico, que es la que aquí interesa, considerar que la interpretación belicista del yihad es poco más que una manipulación de Occidente o una perversión originada en la mente abstrusa de determinados fanáticos musulmanes. Negar esta otra interpretación -la belicista– o reducirla a una patología marginal no ayuda a comprender la complejidad y totalidad de dicho concepto y mucho menos explica su impacto en el comportamiento de las sociedades y su utilización -cuando no directa manipulación- por los poderes políticos islámicos a lo largo de la historia.

Ciertamente, el yihad es el esfuerzo en el camino de Dios que debe realizar el creyente, y como tal no es susceptible de ser reducido al concepto de guerra santa o similares pero, como ha subrayado Tibi, quienes absuelven al islam de la utilización de la violencia o desvinculan la noción de yihad del empleo de la fuerza no hacen sino confundir a sus interlocutores. Como podrá imaginarse, no tratamos de juzgar ni de dilucidar aquí la verdadera naturaleza del yihad, sino la forma en que éste ha sido interpretado históricamente y, desde esta perspectiva, no puede negarse que el esfuerzo al que debe hacer frente el musulmán, aunque sea algo más que un combate bélico de tintes sagrados, ha sido entendido también a la luz de esta última faceta: en la lectura predominante, el yihad no sólo es guerra, pero también es guerra. Más aun, si nos fijamos en la atención que se le presta, tanto en el Corán y la Sunna, como en las obras jurídicas posteriores que dedicaron partes sustanciales a reflexionar sobre el yihad y a regularlo, habrá que reconocer que, al menos para el período medieval, la interpretación militarista es esencial y prioritaria, y que el concepto se refiere, fundamentalmente, a un tipo de actividad guerrera justificada por la religión y bendecida como una acción meritoria, que es lo que a la postre le confiere ese aire de familiaridad con la noción cristiana de guerra santa.

Desde luego, en el seno del movimiento almohade, los inspiradores y dirigentes pusieron mucho énfasis en la corrección de las costumbres, y con ello animaron a los creyentes a caminar en la senda del esfuerzo y de la perfección moral marcada por el Profeta, pero la interpretación predominante -no nos atrevemos a decir que única- del esfuerzo en el camino de Dios y, en todo caso, la más patente, fue la belicista, puesto que el yihad -en tanto que acción armada- pasó a ocupar una posición central como herramienta ideológica y militar al servicio de su programa de reformas y de la construcción de su proyecto político.”

Las Navas de Tolosa, de Francisco García Fitz; Ariel, 2012; pgs. 444-445.

'Mahoma de camino a la batalla contra la tribu de Banu Qaynuqa'; ilustración incluida en el Jami' al-tawarikh (principios del siglo XIV)

‘Mahoma de camino a la batalla contra la tribu de Banu Qaynuqa’; ilustración incluida en el Jami’ al-tawarikh (principios del siglo XIV)

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