El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: LARA MORENO

DONDE LAS FLORES ARRUGADAS

“Y ahí de pie se ha quedado, junto a la verja, con la mano levantada a la mañana, la mano colgando del cielo. Y quiere llorar cuando piensa en su hijo, en que ya estará dormido otra vez, y dormirá todo el camino, con la barbilla hincada en el pecho y la boca abierta, o con la cabeza completamente caída hacia un lado, niños elásticos que pueden dormir así sin despertarse, pura contractura, y quiere llorar cuando piensa que nadie podrá sostenerle la frente mientras duerme, sujetarle la cabeza, colocársela bien, porque Julio va solo en el coche y está conduciendo, y quiere llorar porque recuerda que hace apenas unas semanas eran una familia dentro de un coche, yendo a algún lugar, y cuando el niño se dormía ella alargaba la mano desde el asiento del copiloto y le sujetaba la frente, y con la otra mano quizá cambiaba la música, y dentro del vehículo se respiraba ese aire formal de las familias, esa magnitud cotidiana, la cohesión de estar juntos, de ser un bloque, una construcción hecha de riñas y amor, y también de porquería, y también de inevitabilidad, pero cómo le rasga ahora ese recuerdo, ahora en su verdadera soledad, cómo la atrapa esa memoria, las breves palabras que ellos se decían con el niño ya dormido, las ganas de subir la música, el silencio, la sorpresa luego cuando al pasar los kilómetros Leo se despertaba con las mejillas ardiendo, y ellos dos la alegría, porque siempre es una alegría cuando un niño se despierta, siempre es una sorpresa que abra los ojos, porque es la confirmación de que de verdad existe, de que se le ha traído a este mundo, de que es tuyo, de que vive, y ellos dos virando el tono de voz y dándole la bienvenida, y en ese momento, justo al despertar, al volver el hijo al mundo de los padres, las cosas adoptando el sentido de las cosas, la mano de los días cerrándose sobre todos ellos, invernadero levantado frente al porvenir, calor y sintonía, ruido de familia que viaja en coche. Ahí de pie se ha quedado Sofía digiriendo su desposesión, y al cabo de un rato baja la mano, se mete dentro, cierra la verja, cruza el patio, donde el huerto adolece de falta de agua, donde las flores arrugadas, y entra en la casa.”

Piel de lobo, de Lara Moreno; Lumen, 2016; pgs. 223-224.

Obra de David Riedel

Obra de David Riedel

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SUGERENCIA

“Antes yo lo controlaba todo. En mi hogar se comía lo que yo quería, se salía cuando yo lo decidía y los periodos de tristeza duraban lo que mi síndrome premenstrual. Yo era el mago que predecía los vendavales. Y, por descontado, la sociedad que frecuentábamos era la mía. Las pocas obligaciones familiares tenían el pulso de mis remordimientos. Martín era un inadaptado sin raíces al que recogí en mi seno para que me estabilizara el corazón. Él se esforzaba cuanto podía, pero seguía recluido en sus estudios y en sus ansiedades. Entonces yo sí era una aristócrata en toda regla. Quizá él estuvo preparando el golpe maestro desde que me conoció. Quizá su vida de outsider giró siempre alrededor de esta grandeza que ahora lo transforma. Al final lo ha conseguido: estamos aquí, en lo que mis amigos llamarían el desierto, lo nimio, lo infame. Mis amigos, que no sé dónde están y a los que no añoro todavía. Porque, por primera vez, mi vida no depende de mí. Me dejo alimentar, me recomiendan lecturas, me emborracho con lo que me ofrecen, hablo poco. Y tengo dos misiones, dos encomiendas que amortizan mi estancia: hago compañía a un viejo y doy clases a una niña. Tanto una cosa como la otra me salvan. Jamás las hubiera hecho por voluntad propia, pero he aceptado la sugerencia con devoción. Es mi secreto: el viejo me enseñará el final y la niña me lleva hasta el principio. Qué sería de mí sin ellos. Ambos pronuncian mi nombre para recordarme que sigo viva.”

Por si se va la luz, de Lara Moreno; Lumen, 2013; pgs. 184-185.

'Las tres edades de la mujer', de Gustav Klimt (1905)

‘Las tres edades de la mujer’, de Gustav Klimt (1905)

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Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester