El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: KURT COBAIN

EMPAPADO EN LEJÍA

El día que cumplí catorce años una banda estadounidense publicó su segundo disco. Nevermind, lo titularon.

El suicidio de Kurt Cobain ocurrió cuando yo encaraba la recta final de 3º de BUP, casi un año después de la muerte por sobredosis de mi padre. Su música no me había llamado especialmente la atención, entonces.

Fue el curso siguiente, en COU, cuando empecé a interesarme por Nirvana. Y el interés inicial fue literario, no musical. Leí o escuché en algún sitio que la música grunge venida de Seattle contenía letras existencialistas; y a mí el existencialismo me estaba resultando interesante desde la lectura del San Manuel Bueno, mártir, que era lectura obligatoria en la asignatura de Literatura. Así que le pedí a mi amigo Jesús que me pasase el Nevermind, a ver de qué iba aquéllo exactamente.

Y Jesús me pasó una cinta en la que estaban grabadas sólo las nueve primeras canciones del Nevermind. Hasta que me compré el CD años después con el disco completo, mi Nevermind siempre terminaba con el Lounge Act.

No puedo medir exactamente el impacto que produjo ese disco, toda la música de Nirvana, en aquel momento de mi vida. Es muy difícil encontrar las palabras para explicarlo.

Angustiado por la posibilidad cierta de que la existencia no tuviera ningún tipo de sentido, incapaz de ver más allá del absurdo evidente de todo, los versos de Cobain me permitían verbalizar mis pensamientos y sentimientos; y su música me permitía gritar. Y era tan necesario gritar… Era tan necesario sacar ese desquiciamiento de las entrañas y hacerlo de alguna forma estética, bella y apasionada, honesta y brutal.

Poder cantar esas canciones a voz en grito, poder exorcizar mis demonios en esas cotidianas catarsis ante el radiocasete, en la soledad de mi habitación, me proporcionaron una compañía que ningún ser humano a mi alrededor fue capaz de igualar.

Kurt Cobain, el joven genio suicida, fue uno de los músicos que me permitieron atravesar aquellos oscuros momentos de mi adolescencia en la compañía suficiente para poder alcanzar costas más seguras.

Me sigue emocionando cada vez que veo una actuación suya en YouTube, me sigue impactando su sucia pureza, su bello rostro de ángel caído, esa voz que parece salir de lo más profundo y verdadero del alma humana.

Esas palabras repletas de sentido en su aparente incoherencia. Esa agonía nacida de un enfrentamiento directo y descarnado con lo absurdo.

Versos que nunca han dejado de ser verdad, a través de todas mis metamorfosis. Que me recuerdan lo que está bien. Que me regalan vida, desde su origen suicida.

Ven como tú eres
lleno de barro
empapado en lejía…

LA CAUSA REMOTA DE AQUELLA INTERPRETACIÓN DE KURT COBAIN

“En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.”

Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges; El País, 2002; pgs. 17-18.

Y Lead Belly.

ESCLAVITUD FEMENINA

Never met a wise man
If so it’s a woman

Kurt Cobain

 

Tras ver por segunda vez la formidable película To the wonder, de Terrence Malick, uno no puede evitar reflexionar sobre la enorme mentira esclavista en la que el mundo moderno nos ha introducido a todos; pero, muy especialmente, a las mujeres.

Estoy firmemente convencido de que la mayoría de las mujeres que me rodean se sienten obligadas a ejercer papeles que, en el fondo de sus almas, consideran terriblemente indignos; se fuerzan a mentir para estar a la altura de humillaciones que tienen que abrazar con impostadas carcajadas de felicidad; sacrifican sus cuerpos sagrados, de mil formas diferentes, para satisfacer todos los apetitos enfermos de la época. Lo veo cada día y sé que no dejaré de verlo hasta que Dios tenga a bien llevarme de este mundo.

Y recuerdo las palabras de Houellebecq en una entrevista:

Lo que se dio en llamar ‘la liberación de la mujer’ les convenía más a los hombres, que veían en ella la posibilidad de multiplicar los encuentros sexuales. Después vinieron la disolución de la pareja y de la familia, es decir, de las últimas comunidades que separaban al hombre del mercado. Creo que, en general, es una catástrofe humana; pero vuelven a ser las mujeres las que salen perdiendo. En la situación tradicional, el hombre se movía en un mundo más libre y más abierto que la mujer; o sea, en un mundo más duro, competitivo, egoísta y violento. Los valores femeninos clásicos estaban impregnados de altruismo, amor, compasión, fidelidad y dulzura. Aunque ahora nos reímos de esos valores, hay que decir claramente que son valores civilizados superiores, y que su desaparición total sería una tragedia.

El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2000; pgs. 108-109.

 

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