El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: KIRK RICHARDS

LA SANTA COTIDIANIDAD

Cristo resucitado debe llegar de un momento a otro por estas playas de Galilea
entretanto voy a pescar dice Pedro y los demás vamos también contigo
y allí van surcando esas aguas del mundo en una pequeña barca
que ignora ser la Iglesia Católica militante
ahora van echando unas redes que ignoran ser
pescadoras del hombre esa especie de los abismos
la noche estrellada inmensa ha pasado rápida
sobre la cabeza apostólica de la Iglesia militante
las redes una y otra vez vacías pero qué noche de la miseria
esta noche que ignora ser la historia de la salvación
al amanecer divisan en la playa a un hombre
a un prófugo de la especie de los abismos
que les grita como si fuera el jefe de la operación abismo
echad las redes a la derecha y encontraréis
es la hora del amanecer en que todo puede pasar
todo pasa en efecto y las redes se llenan como proféticas
Juan observa con su corazón al forastero jefe
que tan bien conoce las costumbres del pez abismo
y de súbito su corazón grita es el Señor es él
entonces Pedro se tira al agua y llega a Jesús nadando
chorreando abismos llega a Jesús primero
como corresponde al primado romano de la Iglesia Católica
Jesús ha encendido un fuego pero no dice nada
la pesca milagrosa yace a los pies del gran Pescador
y nadie dice nada y el silencio es como el amor de Dios
a los pies del silencio están los peces del amor de Dios
venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres
esa palabra tiene tres años y esta mañana resucitó
la mañana es silencio y gestos como soplar el fuego
gestos como repartir el pan y palabras simples como
traed el pescado a las brasas como venid y comed y
eso es todo en el silencio de la mañana pascual
qué diantres hay en el interior de este misterio glorioso
casi nada casi todo la inaudita naturalidad
con que se exhibe la gloria de Dios en el nuevo mundo
los gestos cotidianos trascendidos de eternidad
eso es pues la Iglesia Católica la comunión de los santos
el perdón de los pecados la resurrección de los muertos
eso es pues la eternidad en el tiempo unas pocas palabras
trabajar y hacer fuego y pescar y pescar abismos
con redes milagrosas cautivar el amor de Dios
eternizar los gestos de la santa cotidianidad
y marcharse caminando por las arenas como si nada
para esto ha citado Cristo a los suyos en Galilea
aquí no ha pasado nada y ha pasado todo
la noche estrellada inmensa ha pasado rápida sobre el abismo
y la Iglesia apostólica está a punto de resucitar.

Libro de la Pasión,  La resurrección, 15; incluido en la antología Oficio, de José Miguel Ibáñez Langlois; selección y prólogo de Enrique García-Máiquez; Númenor, 2006; pgs. 291-293.

'Cristo y los pescadores (¿Me amas tú más que éstos?), de J. Kirk Richards (2012)

‘Cristo y los pescadores (¿Me amas tú más que éstos?), de J. Kirk Richards (2012)

SEAN CRUELES CON VOSOTROS

“Sean crueles con vosotros quienes ignoran con cuánta fatiga se halla la verdad y cuán difícilmente se evitan los errores. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán raro y arduo es superar las imaginaciones de la carne con la serenidad de una mente piadosa. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán difícil es curar el ojo del hombre interior para que pueda ver el sol que le es propio -no este que adoráis, que brilla y resplandece a los ojos de carne de los hombres y de los animales, sino aquel otro del que dijo el profeta: Ha salido para mí el sol de justicia, y del que se dice en el Evangelio: Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo-. Sean crueles con vosotros quienes ignoran tras cuántos suspiros y gemidos acontece el poder comprender, por poco que sea, a Dios. Finalmente, sean crueles con vosotros quienes nunca se vieron engañados en error tal cual es ese en que os ven a vosotros.

Pero yo, que, errante por tanto tiempo, pude ver al fin en qué consiste esa verdad que se percibe sin relatos de fábulas vacías de contenido; yo, que, miserable, apenas merecí superar, con la ayuda del Señor, las vanas imaginaciones de mi alma, coleccionadas en mis variadas opiniones y errores; yo, que tan tarde me sometí a médico tan clementísimo que me llamaba y halagaba para eliminar las tinieblas de mi mente; yo, que tanto tiempo lloré para que la sustancia inmutable e incapaz de mancillarse se dignase manifestarse a mi interior, testimoniándola los libros divinos; yo, en fin, que busqué con curiosidad, escuché con atención y creí con temeridad todas aquellas fantasías en que vosotros os halláis enredados y atados por la larga costumbre, y que me afané por persuadir a cuantos pude y defendí con animosidad y terquedad contra otros; yo en ningún modo puedo ser cruel con vosotros a quienes ahora debo soportar como en otro tiempo a mí mismo, y debo usar con vosotros de la misma paciencia de que usaron conmigo mis cercanos cuando erraba, lleno de rabia y ceguera, en vuestras doctrinas.”

Réplica a la carta de Manes llamada ‘Del Fundamento’, de San Agustín (2-3); en el tomo XXX de sus Obras completas; BAC, 1986; pgs. 387-388.

'Sálvame de mis demonios', de J. Kirk Richards (2012)

‘Sálvame de mis demonios’, de J. Kirk Richards (2012)

PRIMUM TRABEM DE OCULO TUO

“…os suplico que cada uno hable a su conciencia y no a la ajena. ¡Oh alma mía!, ¿no eres tú la causa de este mal, quién ha cometido tantos pecados sobre pecados, tantas ofensas, tantas cobardías, que justamente la ira de Dios ha caído sobre todo un pueblo? ¿No sabes, acaso, que si en otro tiempo se hubieran hallado diez hombres de bien, Dios, por ellos, hubiera preservado de la ruina a toda una ciudad? (Gén 18,32). ¡Ah!, que quizá faltara el décimo en este país, y si tú te hubieses convertido, tal vez habrías completado el número. ¡Oh, qué suerte! Y no me respondas: ‘¿Por qué los demás no lo han hecho?’. Ellos no tienen que preocuparte. Digamos, pues, todos y que cada uno hable para sí; hagamos cada uno para sí elevándonos a Dios: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti (Lc 15,2); he pecado contra ti (Sal 50,6), sólo he hecho el mal contra ti. Confesemos nuestras propias faltas y dejemos a los demás confesar las suyas; sepamos que no es tiempo de decir: Nuestros padres han comido uvas agraces y nosotros tenemos dentera (Jer 31,29), pues Nuestro Señor nos responderá: El alma que peque, esa morirá (Ez 18,20). Así pues, todos se han desviado (Sal 13,3), que nadie se excuse de ser la causa de las desgracias de nuestro tiempo; tenemos todos parte en la pena y en la tribulación, porque tenemos todos parte en la culpa.”

Del sermón predicado por San Francisco de Sales el domingo de Pentecostés de 1593 (tenía 25 años); en el primer volumen de sus Obras Selectas, editadas por la BAC (2010); pgs. 286-287.

'La Tentación', de J. Kirk Richards (1999)

‘La Tentación’, de J. Kirk Richards (1999)

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