El sosiego acantilado

Categoría: JOSÉ LUIS VILLACAÑAS

LA APUESTA CRISTIANA

¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche! ¡Hermosa como el Mar y el Sol y la Nieve en la Montaña! ¡Terrible como la Tempestad y el Relámpago! Más fuerte que los cimientos de la tierra. ¡Todos me amarán, y desesperarán!

Galadriel alzó la mano y del anillo que llevaba brotó una luz que la iluminó a ella sola, dejando todo el resto en la oscuridad. Se irguió ante Frodo, y pareció que tenía de pronto una altura inconmensurable y una belleza irresistible, adorable y tremenda. En seguida dejó caer la mano, y la luz se extinguió, y ella rió de nuevo, y he aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste.

-He pasado la prueba -dijo-. Me iré empequeñeciendo, y marcharé al oeste, y continuaré siendo Galadriel.”

El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien; Minotauro, 2001; pg. 491.

“Agustín sabe todo esto de la fragilidad del tiempo, conoce todo lo que el tiempo profano puede dar de sí, recuerda los ciclos de la fortuna y del hado y los desprecia de entrada al situarse en otro ámbito. Su lógica todavía procede del combate contra sus propias pulsiones, narrado en Confesiones. Sin ese desprecio, no encuentra motivos para la gran aceptación cristiana, que se basa sobre todo en tener a Dios como testigo de su conciencia (CD XIV, 28). Lo que brinda el mundo humano sin la iluminación de la gracia, en tanto naturaleza de las cosas, no puede producirle sino hastío. La estructura más básica de su insatisfacción reside en un tiempo vital que no puede vincularse con fuerza a nada de lo ocurrido en el tiempo histórico. La idea apologética básica de Agustín, su defensa frente al argumento de la política, consiste en desvincular la religión cristiana de todo lo que sucede en el tiempo. Lo que el tiempo acoge es obra del hombre porque el propio tiempo es consecuencia de la libido insatisfecha del hombre. El amor a algo que no puede ser satisfecho es la estructura misma de la ciudad de la tierra. La frialdad estoica de Agustín, fruto de su viejo hedonismo experimentador, no puede apagar un afecto que ha quedado vacío, demasiado valioso para el hombre a pesar de no disponer de un objeto mundano que lo cumpla. Si alguien identifica un objeto para ese afecto, entonces entra en la lógica de la ciudad de la tierra. Ese es el fundamento de la civitas terrae, el amor a sí, el narcisismo (Kent, 2001, 217). Y este es el argumento del central pasaje de CD [La Ciudad de Dios] XIV, 28: Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. Si Agustín aborda un argumento político, es porque lo hace depender de esta antropología de la libido. El narcisismo, como estructura de la ciudad terrena, está regido por los hombres dominados por la libido dominandi. Esta libido afecta a las naciones o a los príncipes, pero en su estructura es idéntica. Se trata del ansia que los poderosos tienen por aumentar la propia fuerza, lo único que pueden forjar para estabilizar el aspecto huidizo de todos los bienes profanos. Eso particulariza a los seres humanos y les impide que puedan aceptar el ser todo en todas las cosas de Dios. En efecto, el narcisista querrá él estar en todas las cosas, como sucedía con los celos. El paradigma de este narcisismo es el propio Satán, que quiso estar en lugar de Dios, al que le siguió Caín, el primer príncipe del mundo, que quiso estar en lugar de su hermano para quedarse como único poder (Kent, 2001, 218). El sí mismo no puede ser objeto adecuado de amor. Esa es la tesis más básica de Agustín. Solo por la mediación del amor a Dios, y al prójimo, el sí mismo puede encontrar un camino adecuado para amarse (CD XIX, 14). De ahí la apuesta cristiana, tan paradigmática.”

Teología política imperial y comunidad de salvación cristiana. Una genealogía de la división de poderes, de José Luis Villacañas; Trotta, 2016; pgs. 570-571.

'Sinfonía en blanco', de James Abbott McNeill Whistler (1862)

‘Sinfonía en blanco’, de James Abbott McNeill Whistler (1862)

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REHUYENDO ÍTACA

“El carácter providencial del relato de Agustín tiene que ver con una economía de salvación especialmente dirigida a él, que concreta las apelaciones de san Pablo de forma intensa. Sin embargo, cualquiera puede estar en su lugar y a todos se nos dirige la exhortación a encontrar también nuestra providencia especial. El sentido de esta concreción implica una nueva forma de entender el programa pedagógico como un diálogo hermenéutico entre el alma y los acontecimientos de su vida, siempre valorados como donaciones y admoniciones, llamadas de Dios, según el modelo de los Salmos. Consciente de que la distancia entre la meta de conocer a Dios y el estado en que se encuentra el ser humano es demasiado grande como para superarlo mediante una revelación extática, repentina, la pedagogía consiste en ofrecer los detalles apropiados para los pequeños pasos, otra diánoia. Aquí, el aprender apunta a una interpretación adecuada del curso de la vida y su sentido convergente. Cuando se observa este curso, se descubre ante todo la resistencia automática que opone la pulsión de pecado a la comprensión del orden de la providencia. Ningún conocimiento es bastante para eliminar esa resistencia pulsional a la interpretación adecuada y esta es la experiencia de Agustín con los académicos, con los maniqueos, incluso con ese desajuste entre conocer y amar. Se ha dicho que las Confesiones son una odisea del alma, pero R. O’Connell (1969) no siempre destaca un hecho: que Agustín, en contra de Ulises, no quiere llegar a Ítaca, que una y otra vez se resiste a llegar a la meta, que gusta pensar que ya ha llegado. Confesiones nos ofrece la historia pormenorizada por la cual esa resistencia, una cadena que detiene y retiene el modo paulino (Conf. VIII, 5, 10), se quiebra y entonces el ser humano descubre que desde mucho tiempo antes estaba preparado para este acontecimiento final de liberación. Solo sabemos qué es Ítaca cuando estamos allí por primera vez. No hay aquí anámnesis. El camino así se nos descubre como el lugar por el que somos llevados hacia la libertad. Lo que los demás deben conocer de forma intensa en la obra de Agustín es que la acción propia del ser humano es proponer esa resistencia pulsional a la salvación, pero que, a pesar de todo, algo más fuerte impulsa. El ser humano pone el pecado con obstinación, mientras Dios pone el esfuerzo, resiste al que resiste y finalmente cura la inquietud entregando la fe. Desde el capítulo primero se nos expone esta doctrina: Mi fe te invoca, Señor, la fe que tú mismo me diste (Conf. I, 1, 1).”

Teología política imperial y comunidad de salvación cristiana. Una genealogía de la división de poderes, de José Luis Villacañas; Trotta, 2016; pgs. 529-530.

'Ulises y las sirenas', de Herbert James Draper (1909)

‘Ulises y las sirenas’, de Herbert James Draper (1909)

AURORA DEL ESTADO-NACIÓN: OCASO DE LA CRISTIANDAD

…el imperio de los Austrias constituye la mayor fuerza conocida contra las nacionalidades y sólo las fuerzas que lo resistieron con éxito forjaron algo parecido a una nación.

¿Qué imperio?, de José Luis Villacañas; Almuzara, 2008; pgs. 24-25.

Había que encontrar una nueva exhortación emocional para llenar el vacío dejado por la convicción espiritual; el sentimiento nacional se derramó para tapar la grieta.

El principio absolutista y representativo estaba perdiendo el apoyo de la religión; ganó el del nacionalismo. He ahí la clave del desarrollo de la guerra en su período final. Los términos protestante y católico perdieron paulatinamente su vigor, mientras los términos alemán, francés, sueco se acumulaban amenazadoramente. La lucha entre la dinastía de los Habsburgo y sus oponentes dejó de ser el conflicto entre dos religiones para convertirse en la lucha de las naciones por un equilibrio de poder. Un nuevo criterio sobre lo bueno y lo malo surgió en el mundo político. La vieja moral se resquebrajó cuando el mismo Papa se opuso a la Cruzada de los Habsburgo y cuando la Católica Francia, bajo la guía de su gran Cardenal, proporcionó ayuda a la Protestante Suecia. Tras esto, de un modo rápido e imperceptible, la Cruz dejó paso a la bandera; y el grito Sancta Maria de la Colina Blanca al Viva España de Nördlingen.”

The Thirty Years War, de Cicely Veronica Wedgwood [traducción propia]; The New York Review of Books, 2005; pg. 373.

'El milagro de Empel', de Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

‘El milagro de Empel’, de Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

PROCESOS DE FORMACIÓN DE LA LIBERTAD HISPANA: EL EJEMPLO CATALÁN

“Que si alguno de ellos (los hispani) en la parte que cultiva para habitar, llevase a otros hombres procedentes de otros linajes y los hiciera habitar consigo en su porción que llaman aprisiones, se utilice el servicio de éstos (los que vienen de otro linaje) sin oposición ni impedimento por parte de alguno. Y si alguno de estos hombres que fue llevado por alguno de ellos y colocado en su porción, eligiese como señor a otro (el patrocinio de otro), es decir, al conde, vizconde, vicario o a otro hombre cualquiera, tenga licencia para marcharse, pero de las cosas que posee nada tenga ni nada lleve consigo, sino que todas las cosas vuelvan plenamente al dominio y a la potestad del primer señor. (…) Y sea lícito en todo caso que vendan, cambien y donen entre sí, y dejen a sus descendientes todas sus posesiones o aprisiones, y si no tuvieren hijos o nietos les sucedan en la herencia sus parientes según su ley, de tal forma que, por supuesto, los que hereden no desdeñen de prestar los servicios recordados arriba.”

Capitular de Carlos el Calvo, de 11 de junio del 844 (La formación del feudalismo en la Península Ibérica, de A. Barbero y M. Vigil; Crítica, 1991; pg. 356).

Mientras estudiaba la carrera de Derecho, tuve que realizar varios comentarios de texto para una asignatura optativa de historia del derecho; en este caso en concreto, utilicé como apoyo bibliográfico el libro La formación de los reinos hispánicos, de José Luis Villacañas Berlanga [Espasa, 2006; me apoyé, concretamente, en las páginas 188-190, del parágrafo titulado Cataluña, hacia la articulación de la pluralidad condal; en nota al pie, el profesor Villacañas refiere que su explicación se basa en el libro de Archibald R. Lewis, The Development of Southern French and Catalan Society; el cual, a su vez, sería un resumen de las tesis de Ramon d’Abadal sobre la formación de Cataluña].

Se trata de un decreto promulgado por Carlos II de Francia, dirigido, al parecer a los territorios de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio. Seguramente la fecha del documento no es baladí, pues nos encontramos en el año inmediatamente posterior al Tratado de Verdún: el Sacro Imperio ha sido dividido en tres partes, entre los hijos de Luis I (nietos, por lo tanto, de Carlomagno). Carlos II, muy probablemente, estaría tratando de asegurar las fronteras (y las voluntades) de la parte que le había tocado, la Francia Occidental.

¿En qué sentido la institución de la aprisio puede ayudarle? Como la presura y el escalido, supone una típica medida incentivadora del poblamiento de zonas de frontera; y es por ello que ya había sido utilizada anteriormente por las autoridades carolingias, intentando fortalecer las zonas de fricción con vascones y musulmanes. “Se trataba de un permiso o derecho que se concedía a los hispani para ocupar tierras baldías […] pertenecientes al fisco. […] podían ser entregadas a los maiores, que las ocupaban con sus séquitos de clientes, o a los minores. Los primeros debían prestar un homenaje al emperador, que los reconocía como fideles. Con ello contraían deberes de auxilio militar en la defensa de las fronteras y, a la llamada del rey, debían presentarse con sus hombres. A cambio obtenían derechos de justicia sobre los clientes de su séquito, a los que repartían tierras de la aprisio. […] era casi una toma de propiedad de la tierra y fácilmente se transformaba en absoluta -en Cataluña a los 40 años-, por lo que los señores acaban siendo señores territoriales con funciones jurisdiccionales. Los minores, que eran hombres libres, pagaban un censo por la tierra entregada”.

La libertad de los minores podemos comprobarla en el texto comentado, pues no quedaban obligados a permanecer bajo el patronato inicial, pudiendo cambiar de maior; con lo cual es probable que se produjera una cierta ‘competencia’ entre maiores, intentando presentar ventajas para afianzar la fidelidad de su minores (lo cual, evidentemente, revertiría en beneficio de éstos).

¿Y cuál es, entonces, la ventaja que obtienen los maiores del sistema de aprisio? Para ello, es necesario comparar esta forma de vasallaje con otras que también se daban en el mundo carolingio -aunque en menor proporción en zonas de frontera-: se trata de las instituciones de los honores y los beneficia.

En el primer caso “[…] implicaban la entrega de posición, oficio o cargo público, como un condado, un obispado o una abadía. Por lo tanto, se trataba de una misión pública, mediaba ceremonia de homenaje y se ofrecía reconocimiento de fidelitas al rey.” Se trata de un vasallaje ‘funcionarial’, que, como la aprisio, podía ser revocado por deslealtad o incompetencia; pero que en ningún caso puede producir un traspaso de propiedad o jurisdicción que acabe siendo permanente. Nos encontramos ante la estructura feudal del Imperio Carolingio, soportado en la legitimidad indiscutible de su primera figura, el Emperador; y en el uso que el mismo realiza de las propiedades imperiales, en las que se ha producido una patrimonialización de lo público; pero no en provecho propio, sino para general provecho del reino, tratando de cohesionar la voluntad de sus vasallos.

En cuanto a los beneficia, “[…] no implicaban un cargo público o un oficio, sino más bien una porción de tierra fiscal o pública. Tenían duración vitalicia -contra la aprisio, que se heredaba [como se puede ver en el párrafo final del texto comentado]- y no se removían salvo causa excepcional -contra los honores-.”

Por lo tanto, las aprisiones aventajaban a honores y beneficios, tanto en los derechos adquiridos, como en el aspecto temporal de los mismos. Por ello suponían un incentivo a la hora de establecerse en las peligrosas tierras fronterizas. Cuánto más necesario, si cabe, el contento de los maiores hispanos, teniendo en cuenta el momento histórico: pues a su frontera sur, ahora el rey Carlos II debía añadir a su lista de preocupaciones la recién nacida frontera oriental con su hermano Lotario.

Estas necesidades estratégicas acabaron provocando la fractura definitiva de los condados catalanes respecto del Imperio. “Las aprisiones se transformaron en propiedades, y los grandes detentaron los derechos jurisdiccionales. La autoridad real desapareció. […] Se puede decir que la relación de fidelidad prácticamente desapareció, excepto aquella entregada a la figura de los condes. Fueron ellos los que ahora autorizaban las aprisiones y daban tierras en precario. […] De esta manera, los condes devinieron señores jurisdiccionales independientes y se entregaron a la definición de un cosmos político propio y específico.”

Con la desaparición del patrimonio imperial, se hizo inviable el anterior juego de recompensas. Aunque permaneció el respeto simbólico a la figura del Emperador, éste vio drásticamente reducida su capacidad para actuar políticamente en estos territorios, pues nada podía ofrecer a los nuevos señores que éstos no gozasen ya.

verdun

MI IDEA DE ESPAÑA

El nacionalismo español es una toma de partido absolutamente incongruente con una visión católica de la política.

La nación española es el último detritus de la sublime idea de la Monarquía Hispánica y, anteriormente, de la universalidad católica romana defendida por los diversos Emperadores; pensar, por ejemplo, a Carlos V desde coordenadas nacionalistas españolas no sólo es una postura discutible, sino que, históricamente, resulta un puro delirio.

La nación española es el titán contrahecho que ha parido la Modernidad en estos lares, prefigurada en la sustitución de Habsburgos por Borbones tras la guerra de Sucesión; el otro correlato adecuado del católico universo diverso (parafraseando a Joseph Roth) sería la rama vienesa del tronco habsbúrguico: el Imperio Austrohúngaro destruido tras la primera guerra mundial, aniquilado por los estados nación que lo rodeaban y por sus propios nacionalismos internos. Como dice el profesor Villacañas, el imperio de los Austrias constituye la mayor fuerza conocida contra las nacionalidades. Cualquier homogeneización ilustrada de la realidad hispana (apoyada en un etnicismo lingüístico español, como si el inglés de Chesterton o el francés de León Bloy no sirviesen para una adecuada y buena vida cristiana) supone la destrucción de la idea de reunión de orígenes diversos a través de la Iglesia, a favor de una mera (y cutre) nación española. Para que surgiera la Monarquía Hispánica, Carlos V tuvo que eliminar a las masas dirigentes castellanas y valencianas, por ejemplo, y sujetar su limitado particularismo de pequeños comerciantes a la inmensa tarea del Imperio. Se quiere leer a los demás Reyes Hispanos como constructores de España, olvidando las relaciones familiares continuas con la rama vienesa de los Habsburgo, en la defensa de la Catolicidad, frente a protestantes y turcos.

Los españoles ocuparon su lugar en la Historia cuando pensaban más en Dios que en sí mismos.
Olvidado Dios, ninguna indignidad o infamia podrá sorprendernos.

Vivat Hispania!
Domino Gloria!
Don John of Austria
Has set his people free!

(del poema Lepanto, de Gilbert Keith Chesterton)

Carlos V

ANSIA DE FRONTERA

El profesor Villacañas, en sus libros de historia de España, considera que la circunstancia crucial para entender lo hispano es precisamente su carácter de frontera del mundo civilizado. Los hombres y comunidades que (sobre)viven en la frontera peninsular gozan de una libertad desconocida para las estructuras de zonas menos expuestas de la Cristiandad (basta examinar las cartas pueblas otorgadas por los reyes hispanos a las poblaciones fronterizas); pero es una libertad disfrutada a base de sangre, sudor y lágrimas; el arquetipo del guerrero mantiene su presencia con mayor intensidad y duración que en cualquier otra zona (no por casualidad, es en Hispania donde el apóstol Santiago acaba haciéndose también guerrero, montado a caballo y matando infieles). Al verdadero español siempre le va a resultar extraño disfrutar de libertades y privilegios que no provengan de su exposición a una vida acantilada en el combate.

Al pensar en las rebeldes ciudades comerciales flamencas, percibo la extrañeza que ambos tipos humanos, hispano y holandés, podían sentir recíprocamente al encontrarse; lo cual dio su particular sesgo de crueldad a las guerras de independencia de los herejes Países Bajos respecto de la monarquía habsbúrguica. La Furia Española es la expresión que brota del burgués atemorizado ante ese hombre de frontera, extremo en todas sus acciones, que formaba el común de los Tercios Viejos.

Se podría decir que el español ansía frontera: sólo en ella se siente hombre pleno.

Las comodidades que no puedan ser entendidas como auténticos descansos del guerrero son debilidades de afeminados.

24 de marzo de 2013

'Alférez de España', de Augusto Ferrer-Dalmau

‘Alférez de España’, de Augusto Ferrer-Dalmau

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester