El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: JORDAN PETERSON

UN BOTE DE PASTILLAS AZULES

Creo que aún no tengo veinte años y estoy en el baño, mirando fijamente un bote de pastillas azules que me devuelve la mirada.

Es un bote de diazepam, si mal no recuerdo, prescrito por el psiquiatra de la Seguridad Social a cuya consulta había acudido.

Llevaba unos días sintiendo un extraño nerviosismo, ubicado en la boca del estómago, que no tenía relación alguna con ninguna causa concreta. Estaba nervioso, todo el tiempo, sin saber por qué. Cosa que nunca me había ocurrido.

El doctor de cabecera me mandó al especialista en psiquiatría. En algún momento de la consulta, el psiquiatra me preguntó qué estudiaba. Filosofía, en la Complutense, respondí. Aquello le encantó, pues le daba pie para hablarme de los Diálogos de Platón, que le gustaban mucho; creo que su favorito era El Banquete.

Sin solución de continuidad, el psiquiatra empezó a escribir en un recetario. Me dio el papel, con la dosis prescrita de diazepam. Y ahí acabó todo. Ningún análisis del posible origen de aquel nerviosismo raro. Soma y nada más.

Aquello no me cuadraba. No sé si ya había ido a clase con Fuentes y había empezado a desarrollar mi desconfianza hacia la Psicología y la Psiquiatría. No sé si había leído ya la Historia general de las drogas de Antonio Escohotado, que me hizo entender lo voluble, arbitraria y, en no pocas ocasiones, irracional que puede llegar a ser la artificial línea de separación entre drogas legales e ilegales.

No sé cuál fue la razón, exactamente. Pero decidí no tomar esas pastillas azules y quedarme con mis nervios raros.

Un compañero de la Facultad me dijo que él también sentía algo parecido y se había acabado acostumbrando a vivir con ello. Pensé que quizá yo también podía hacer lo mismo.

Finalmente, le di el bote de pastillas azules a un amigo, que me lo pidió tras saber que yo no iba a hacer uso de él; amigo al que le encantaba experimentar con todo tipo de drogas.

Y al que tuve que visitar varias veces, durante los años siguientes, en diversos pabellones psiquiátricos. Un amigo cuya amistad fui incapaz de mantener, porque se había transformado en Gollum, y yo ya no daba más de mí.

Experiencia que tampoco ayudó a mejorar mi opinión sobre el entramado farmacéutico-psiquiátrico actual.

Hoy ha vuelto el bote de pastillas azules por mor del vídeo que os comparto más abajo, en el que hemos podido ver otra vez al bueno de Jordan Peterson, aún en proceso de recuperación de su adicción a las benzodiacepinas.

Parece que empieza a ver la luz al final del túnel. De lo cual me alegro sobremanera.

Y también me ha hecho sentirme agradecido. Porque, a estas alturas de la vida, parece que uno siempre está pensando en el tiempo perdido y en los errores cometidos.

Pero recordar el bote de pastillas azules me ha hecho pensar otra vez en aquella decisión. Que apenas puedo llamar así, pues fue más bien una intuición; la cual me hizo sospechar de ese camino tan fácil para superar aquella molestia que no acababa de entender.

Un regalo de Dios, sin duda alguna, aquella intuición.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XLVI)

Aprovecho para cumplir un deseo y me pongo a leer a Jung.

Y empiezo a entender por qué Jordan Peterson habla de él de la forma en que lo hace.

“De esta tendencia a negar realidad al mal deriva sin duda el principio Omne bonum a Deo, omne malum ab homine, el cual contradice a la verdad de que quien ha creado el calor es también responsable del frío (o sea de la bonitas inferiorum). Puede concederse a Agustín que todas las naturalezas sean buenas, pero no lo bastante para no evidenciar igualmente lo que tienen de malo.

No es fácil llamar a lo que en nuestros días ha sucedido y sucede en los campos de concentración de los estados dictatoriales, una ‘falta accidental de perfección’: sonaría como un escarnio.

La psicología no sabe lo que es el bien y el mal en sí; sólo los conoce como juicios acerca de relaciones: bueno es aquello que, desde cierto punto de vista, aparece como adecuado, aceptable o valioso; malo es lo contrario. Si lo que llamamos bueno es para nosotros un bien ‘real’, hay también un mal y lo malo, igualmente ‘real’ para nosotros. Se ve que la psicología tiene que ver con un juicio más o menos subjetivo, o sea con una antítesis de orden psíquico indispensable para designar relaciones de valor: es bueno lo que no es malo, y es malo lo que no es bueno. Hay cosas que, desde cierto punto de vista, son extremadamente malas, es decir, peligrosas. Cosas tales hay también en la naturaleza humana, que son muy peligrosas y por lo tanto aparecen como correspondientemente malas al que se encuentra en su línea de tiro. Carece de sentido tratar de dorar este mal, en la medida en que de ese modo no se haría sino arrullarse en una falsa seguridad. La naturaleza humana es infinitamente capaz de maldad, y las malas acciones son tan reales como las buenas, hasta donde se extiende la experiencia humana, es decir, hasta donde el alma pronuncia espontáneamente el juicio discriminatorio. Sólo la inconsciencia ignora el bien y el mal. Dentro del ámbito psicológico, uno, honestamente, no sabe lo que predomina en el mundo, si el bien o el mal. Uno simplemente espera que sea el bien, es decir, aquello que aparece como lo conveniente. Nadie podría decir lo que sería el bien tomado en general. Ninguna comprensión de la relatividad y fragilidad del juicio moral nos permite liberarnos de ellas, y quienes se imaginan estar más allá del bien y del mal son por lo común los más malignos demonios que atormentan a la humanidad, y que se retuercen en el tormento y la angustia de su propia fiebre.”

Aion. Contribución a los simbolismos del sí-mismo, de Carl Gustav Jung; Paidós, 1997 (pgs. 64-65).

ARTISTA MARCIAL

La primera vez que me topé con el concepto de artista marcial fue durante la lectura de El Tao del Jeet Kune Do, la caótica e interesantísima recopilación de escritos y pensamientos de Bruce Lee. Aunque la expresión artes marciales, evidentemente, no me resultaba extraña, siempre había considerado a los practicantes de tales disciplinas como meros deportistas.

La idea de un individuo dedicado al estudio y perfeccionamiento de sus capacidades de combate cuerpo a cuerpo, guiado no sólo por la idea del éxito deportivo y/o militar, sino también por la búsqueda de una ética existencial de la que debía formar parte como elemento fundamental la belleza, me resultaba profundamente exótica y atractiva.

Soy de la opinión de que Bruce Lee representa algo bastante más profundo de lo que su mera condición de ídolo pop de la segunda mitad del siglo XX puede dar a entender. O quizá precisamente alcanzó la categoría de ídolo pop por la inesperada potencia de su apuesta vital.

Más allá de sus películas, Bruce Lee fue (y siguiendo siendo) el catalizador de (literalmente) decenas de miles de vocaciones de aprendices de artes marciales en todas y cada una de las esquinas del planeta.

Y el punto crucial en el legado de Bruce Lee como artista marcial fue precisamente el de romper las fronteras que separaban geográfica y civilizatoriamente las distintas tradiciones marciales e iniciar un proceso de mezcla y perfeccionamiento en el que todas esas tradiciones eran trituradas y examinadas con el objeto de alcanzar soluciones marciales de eficacia y belleza máxima. Eso y no otra cosa era el Jeet Kune Do.

Partiendo de su propia tradición china, el kung-fu, Bruce Lee fue investigando en el boxeo occidental, las luchas filipinas, el karate japonés… incluso la colocación del cuerpo en la esgrima europea. Siempre buscando nuevos elementos y movimientos que testar para tratar de producir un sistema mejorado de combate cuerpo a cuerpo.

Y tras la estela de su excesivamente temprana desaparición, miles de gimnasios en todo el mundo se convirtieron en nuevos centros de estudio y práctica de las artes marciales, en un esfuerzo descentralizado y espontáneo a escala planetaria (por primera vez, de toda la humanidad) por desarrollar el arte marcial más bello y eficaz posible.

Ese caldo de cultivo, unido a otros que se habían ido desarrollando durante el siglo XX, dio como resultado la aparición de un curioso negocio-espectáculo a principios de los años 90: el Ultimate Fighting Championship, en el que practicantes de diversas artes marciales combatían unos contra otros para dirimir cuál era la más efectiva y potente. Nacían así las artes marciales mixtas (MMA).

En estos momentos, algunos de los deportistas más famosos del mundo son las estrellas de la UFC y del One Championship (la versión asiática de aquélla). En España, país en el que tanto cuesta que triunfen los deportes de contacto, nos suena un poco el nombre de Conor McGregor.

Pero, en general, no tenemos ni pajolera idea de las andanzas de Israel Adesanya, Georges St-Pierre o Valentina Shevchenko.

Una buena manera de empezar a conocer las artes marciales mixtas es Joe Rogan, cómico monologuista y comentarista televisivo de los combates de la UFC; que en su famosísimo programa de entrevistas lo mismo te trae a Ben Shapiro o Jordan Peterson, que te pone delante a las principales estrellas de las MMA.

Soy muy fan de Joe Rogan, he de decir.

Una de las cosas de las que no nos enteramos en este país tan preocupado por la empatía catalana y el trasiego de tumbas es de la existencia de Khabib Nurmagomedov.

Y me parece que es interesante saber que una de las personas más admiradas ahora mismo en el mundo es un tipo que ha llegado a dominar su categoría en la UFC a través de su formación en sambo, arte marcial creado hace un siglo en los albores de la Rusia revolucionaria para formar a los soldados rojos en el combate cuerpo a cuerpo. Sus creadores, como Bruce Lee, se dedicaron a investigar y estudiar diversas tradiciones de lucha, incluso viajando a otros países.

Uno de ellos, Vasili Oshchepkov, que introdujo la práctica del judo en la Unión Soviética, murió durante las purgas estalinistas de finales de los años 30, irónica (y falsamente) acusado de ser un espía japonés.

Y este es el mundo en el que vivimos, este es el mundo que nos toca, este es el mundo que hay que entender: en el que un devoto musulmán suní de la república autónoma rusa del Daguestán, partiendo de sus conocimientos de un arte marcial soviético, es admirado por el mundo entero, mientras gana (y hace ganar) una inmensa cantidad de dinero, de la que apenas hace exhibición, centrado en el respeto a sus oponentes y a la gloria del combate, en un negocio-espectáculo cuyo centro de operaciones está en Las Vegas, Nevada, USA, en el cual se va perfeccionando día a día el Arte Marcial de la Humanidad en formación (con real y efectiva H mayúscula).

EL SOSIEGO ACANTILADO ES FAN DE “UN TÍO BLANCO HETERO”

Como no podía ser de otra manera, he de añadir. Porque en El Sosiego Acantilado somos fieles adoradores del sentido común; y, ahora mismo, en España, probablemente uno de los más gallardos e inteligentes defensores del sentido común sea Un Tío Blanco Hetero.

Aprovecho su último vídeo, recién salido del horno, para daros a conocer al caballero a aquellos que aún no sepáis de su existencia.

Vídeo que termina prometiendo una próxima entrega sobre el estado actual de las guerras culturales anglosajonas (la impaciencia me corroe por dentro y por fuera en estos momentos) y con una cita audiovisual de alguien muy querido en este blog y por muchos de vosotros.

Un abrazo a todos.

NUEVA CANCIÓN PARA LA BANDA SONORA DE LA TABERNA ERRANTE

Canadá está demostrando ser la reserva espiritual de Occidente.

Nos ha dado a Jordan Peterson. Y nos ha dado a The Dead South. Sólo con eso ya basta (y sobra) para lo que queda de siglo XXI.

La próxima vez que haya una Taberna Errante, si es que vuelve a haber una, habría que cantar esto a voz en grito. Puedo imaginar escenas hilarantes al ritmo de esta tonada.

De su último album, una maravilla más.

Y es que estoy totalmente de acuerdo (como también lo estaría el señor Pickwick): la mejor forma de ir al cielo es en carretilla.

Porque sólo puedes ir con la ayuda de alguien.

 

HEAVEN IN A WHEELBARROW

Well, if upon that day I die
I’m too drunk to walk let alone to drive
And I’m kickin’ and I’m spittin’ like I’m wild and feral
Won’t you take me to heaven in a wheelbarrow?

I’m going to heaven in a wheelbarrow
I’m going to heaven, yes sir
I’m going to heaven in a wheelbarrow
So won’t you take me there?

Well, you can go on your gold steed
Or up on an angel’s wings with speed
Or even in a pyramid like a pharaoh
But I’m going to heaven in a wheelbarrow

There’s a gal on the wrong side of town
Who gets me up when I’m goin’ down
She keeps me in line, shootin’ straight and narrow
Now she’s taking me to heaven in a wheelbarrow

I’m going to heaven in a wheelbarrow
I’m going to heaven, yes sir
I’m going to heaven in a wheelbarrow
So won’t you take me there?

Well, I met woman with a cold heart
Tried to take me to hell in a shopping cart
Said, woman, you’re putting my soul in peril
I’m going to heaven in a wheelbarrow

I’m going to heaven in a wheelbarrow
I’m going to heaven, yes sir
I’m going to heaven in a wheelbarrow
So won’t you take me there?

A lot of men don’t stand so tall
Most of us, you know we gotta fall
Some are lookin’ life down a shotgun barrel
But I’m going to heaven in a wheelbarrow

I’m going to heaven in a wheelbarrow
I’m going to heaven, yes sir
I’m going to heaven in a wheelbarrow
So won’t you take me there?

I’m going to heaven in a wheelbarrow
I’m going to heaven, yes sir
I’m going to heaven in a wheelbarrow
So won’t you take me there?

EL GRUPO PRISA ES CÁNCER

Hablaba ayer del buen periodismo ya casi desaparecido y hoy toca hablar del “periodismo” realmente existente.

Veo en la edición digital de El País este artículo; el título me resulta tan ridículo que me veo obligado a leer el resto del panfleto.

Juntar en un texto el nombre de Yiannopoulos con los epítetos homófobo y racista tiene el recorrido siguiente, que yo les voy a contar, por si no lo saben: Milo Yiannopoulos está casado con un hombre de raza negra.

Porque Milo Yiannopoulos es homosexual, a pesar de considerarse también católico. Es uno de los personajes más contradictorios e interesantes de los que han tomado parte en las guerras culturales del occidente anglosajón.

Desde mi punto de vista, Yiannopoulos es una persona extraordinariamente inteligente y, al mismo tiempo, posee un ego que roza el desorden psicopático; pero reducir a individuo tan peculiar y poliédrico a la vulgar categoría de ultraderechista (palabra que, a este paso, va a servir para definirnos a todos y, por lo tanto, para no definir nada) es para que el juntaletras que ha escrito este bodrio sea condenado al infierno de la estupidez eterna.

Si quieren conocer un poco mejor al señor Yiannopoulos, les recomiendo esta entrevista mantenida hace no mucho con Jordan Peterson. Seguro que les servirá para hacerse una idea más cercana a la verdad de quién es Milo Yiannopoulos. Porque el artículo de El País sólo sirve para vivir en una realidad muy simple y muy falsa.

JORDAN PETERSON Y EL OBISPO CATÓLICO

Vale, vale, sí, sí… I know, Jon Snow… Me estoy poniendo un pelín pesado con el señor Peterson.

Pero es que hace diez días colgó en su canal de YouTube una conversación de hora y media con el obispo católico estadounidense Robert Barron (lo siento, pero, por ahora, sólo tiene subtítulos en inglés). Y he pensado que podría resultar de mucho interés para buena parte de vosotros.

Espero que así sea.

Y aprovecho para dejaros otra cancioncita de Los Punsetes, que sé que os hacen mucha gracia (aunque no se lo podáis contar a vuestros colegas tradis, esos que roban puro y duro de este blog, pero sin citar como Dios manda su pequeño pecadillo lector).

Un beso, amiguitos.

LA BIBLIA, LA LITERATURA, EL ARTE, LA BELLEZA

Si uno va a pasar por la vida, mejor tomársela en serio y agarrar todos los toros por los cuernos.

No sé cuántas entradas más voy a necesitar hacer sobre Jordan Peterson. Supongo que no me detendré hasta que consiga que lo incorporen a la lista obligatoria de autores a estudiar en la educación pública española; es decir, que nunca voy a dejar de colgar vídeos suyos, porque es imposible que consiga tal cosa.

En el enlace que os pongo más abajo (en el que se pueden activar los subtítulos en castellano), a partir del minuto 37 y 24 segundos, el señor Peterson inicia una reflexión sobre las palabrotas que adornan el título de esta entrada.

Sé que muchos de vosotros, furibundos antimodernos, estáis en una cruzada total contra el sentimentalismo contemporáneo. Pero yo, pobre pecador, he de reconocer que no he podido evitar llorar de alegría y agradecimiento mientras escuchaba al profesor Peterson.

Espero que también sea de vuestro interés.

LA RISA DE DIOS

Una de las cosas que más refuerzan mi fe es que Dios se ría de mí.

Cuando uno cree ser causa de una carcajada cósmica que se expande por las galaxias, haciendo eco en la materia oscura y pegando saltos cuánticos entre agujeros negros de masa infinita, no le queda más remedio que inferir la existencia de un ser superior, al que le ha hecho mucha gracia la estupidez y soberbia propias.

Ese ser burlón es Dios.

Si a mí me hubiesen dicho hace no mucho tiempo que en estos momentos estaría intelectualmente fascinado por un profesor universitario de psicología, él mismo psicólogo clínico, hubiese sido yo el que se hubiese carcajeado hasta el infinito.

Creo que todos conocéis ya que, buena parte de mis años de estudiante de Filosofía, los pasé siendo discípulo de Juan Bautista Fuentes, quien era a su vez discípulo de Gustavo Bueno. De hecho, se puede decir que el profesor Fuentes era el experto buenista en el ámbito de la psicología: el encargado de aplicar la Teoría del Cierre Categorial (la teoría de la ciencia de Gustavo Bueno) a la psicología académica.

El resultado de la crítica que mi maestro hacía de la ciencia psicológica era que ésta no podía ser considerada una ciencia estricta. Así que la mayor parte de los alumnos del profesor Fuentes nos tomábamos a coña cualquier cosa con pretensiones de rigor científico que saliese de boca de un psicólogo; y solíamos considerar a éstos meros curas laicos, ridícula imitación del sacramento de la confesión para los decadentes y depresivos habitantes del Occidente postmoderno.

Convertimos en cliché, hasta transformarlo en broma, repetir la siguiente exposición de principios: pertenezco a una escuela de pensamiento que considera que la psicología ni es, ni puede llegar a ser, un saber científico.

Cuando alguna vez te encontrabas con alguien que realmente había tenido una buena experiencia acudiendo a algún tipo de terapia psicológica, le mirabas de reojo, con cierta desconfianza, pensando que aquel pobre había sido engañado por otro charlatán.

Aún así, podíamos llegar a admitir la posibilidad de que un psicólogo realmente resultase beneficioso para alguien; pero, matizábamos, sólo será así en la medida en que dicho psicólogo sea “buena persona”. Es decir, sería beneficioso por bueno, no por psicólogo.

Y si los psicólogos nos parecían un horror, los psicoanalistas eran directamente demonios encarnados. Todo lo que provenía de Freud olía a azufre. Aprendida su crítica en las clases de mi maestro, no valía la pena perder mucho más tiempo con ellos.

¿En qué punto me encuentro ahora mismo? Pues comiéndome los dedos por no poder ponerme a leer a Carl Jung, entre otras cien mil cosas que me dan ganas de leer y ver y conocer tras haber dejado entrar en mi vida al psicólogo Jordan Peterson.

¿Lo escucháis? Es la risa de Dios.

Aunque también es obligado reconocer que, el señor Peterson, por sus lecturas y por sus intereses, no puede ser considerado un mero profesor de Psicología. De hecho, él mismo hace unas críticas a ciertos aspectos de la academia psicológica y psiquiátrica que le acercan no poco a mi maestro Fuentes.

En realidad, el señor Peterson es un filósofo en el sentido estricto del término, si se acepta la definición de Filosofía que los discípulos de Gustavo Bueno consideramos canónica: un saber de segundo grado; el cual sólo es posible alzándose sobre el dominio de una amplia multitud de saberes de primer grado; en el caso de Jordan Peterson: la psicología, la biología, neurología, psiquiatría… pero también teología, literatura, antropología, mitología…

He ahí la clave de la potencia de su pensamiento: esa amalgama de conocimientos diversos tan difíciles de encontrar a la vez en un mismo individuo. Y el hecho de que esos conocimientos son realmente cruciales, fundamentales para realizar las preguntas críticas para todo ser humano.

Todo ello con la intención apasionada de buscar la Verdad; de desentrañar la esencia de la Bondad, para así poder encarnarla.

Dios, no te rías tanto; en el fondo no estábamos tan equivocados.

Pues no deja de ser cierto que, la única manera de ser un buen psicólogo, es ser una buena persona.

[El vídeo tiene subtítulos en español que hay que activar en el menú de ajustes]

LAS ACTIVIDADES SIGNIFICANTES DE ESOS CUERPOS

En la página 32 de mi trabajo final para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía, escribía yo:

Aunque poseedor de un vasto conocimiento sobre cualquier tipo de cuestión neurológica, la especialidad de Panksepp es la psiquiatría. Su modo de acercamiento a las cuestiones fundamentales de la emocionalidad humana se ha basado en trabajos de laboratorio fuertemente invasivos con animales. En 1998 aparecía su Affective Neuroscience, que puede ser considerado como el tercer hito de la Affect Revolution acaecida durante la pasada década de los 90.

Mi trabajo se titulaba Discursos actuales de la Biología: las fronteras de la cuantificación. Y el año de estudio, investigación y escritura que dediqué para su redacción fue uno de los más felices de mi vida. Si en algún momento de mi existencia me he sentido efectivamente un filósofo, fue durante aquel año. Y el resultado de aquel año fue un texto que aún me gusta releer de vez en cuando y del que no puedo negar que me siento bastante orgulloso.

Hoy he descubierto que Jordan Peterson considera a Panksepp un genio y que recomienda encarecidamente la lectura de su Affective Neuroscience. En mi trabajo, yo hablaba de Panksepp en el segundo capítulo, dedicado a los debates contemporáneos en el ámbito de la neurobiología. Citaba su obra junto a la de Antonio Damasio y Joseph LeDoux, como tres referentes de un nuevo camino en ese campo de investigación; así, en la página 33:

Insistimos: en estos investigadores no se produce una clausura reduccionista del dualismo de tradición cartesiana, ni de las ambigüedades aristotélicas respecto de los dos intelectos humanos; en estos investigadores está cuajando una concepción del ser humano en la que la somaticidad, los cuerpos de los hombres y las mujeres, recobran completamente su unidad sustancial, resituando los diversos elementos que componen la personalidad humana en una tensa conjugación que se resuelve finalmente en las actividades significantes de esos cuerpos.

Escuchar a Jordan Peterson en la primera conferencia que dedica al estudio de la Biblia me ha traído muchos recuerdos de aquel maravilloso año de estudio universitario. He vuelto a sentir esa intución profunda de que el conocimiento científico en ningún caso imposibilita mi pasión teológica; más bien al contrario, la sitúa en el camino adecuado; sobre todo, paradójicamente, por humilde. Porque la buena ciencia es humilde, pues hace muchos esfuerzos para no hablar sin sentido. La buena ciencia es una de las mejores formas de proteger el misterio, porque pone límites estrictos a lo que un ser humano puede realmente conocer.

Releo el final de aquel trabajo universitario, que ya hice entrada (con unos ligeros retoques) años atrás, y me descubro profundamente cercano a Jordan Peterson. Cuando le escucho hablar, en la misma frase, de la verdad contenida en los cuentos de hadas y del momento de separación evolutiva entre seres humanos y chimpancés, me siento en casa. Y feliz.

No queda otra cosa que buscar en YouTube, reproducir y gozar. A Dios gracias.

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