El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: JORDAN PETERSON

LA RISA DE DIOS

Una de las cosas que más refuerzan mi fe es que Dios se ría de mí.

Cuando uno cree ser causa de una carcajada cósmica que se expande por las galaxias, haciendo eco en la materia oscura y pegando saltos cuánticos entre agujeros negros de masa infinita, no le queda más remedio que inferir la existencia de un ser superior, al que le ha hecho mucha gracia la estupidez y soberbia propias.

Ese ser burlón es Dios.

Si a mí me hubiesen dicho hace no mucho tiempo que en estos momentos estaría intelectualmente fascinado por un profesor universitario de psicología, él mismo psicólogo clínico, hubiese sido yo el que se hubiese carcajeado hasta el infinito.

Creo que todos conocéis ya que, buena parte de mis años de estudiante de Filosofía, los pasé siendo discípulo de Juan Bautista Fuentes, quien era a su vez discípulo de Gustavo Bueno. De hecho, se puede decir que el profesor Fuentes era el experto buenista en el ámbito de la psicología: el encargado de aplicar la Teoría del Cierre Categorial (la teoría de la ciencia de Gustavo Bueno) a la psicología académica.

El resultado de la crítica que mi maestro hacía de la ciencia psicológica era que ésta no podía ser considerada una ciencia estricta. Así que la mayor parte de los alumnos del profesor Fuentes nos tomábamos a coña cualquier cosa con pretensiones de rigor científico que saliese de boca de un psicólogo; y solíamos considerar a éstos meros curas laicos, ridícula imitación del sacramento de la confesión para los decadentes y depresivos habitantes del Occidente postmoderno.

Convertimos en cliché, hasta transformarlo en broma, repetir la siguiente exposición de principios: pertenezco a una escuela de pensamiento que considera que la psicología ni es, ni puede llegar a ser, un saber científico.

Cuando alguna vez te encontrabas con alguien que realmente había tenido una buena experiencia acudiendo a algún tipo de terapia psicológica, le mirabas de reojo, con cierta desconfianza, pensando que aquel pobre había sido engañado por otro charlatán.

Aún así, podíamos llegar a admitir la posibilidad de que un psicólogo realmente resultase beneficioso para alguien; pero, matizábamos, sólo será así en la medida en que dicho psicólogo sea “buena persona”. Es decir, sería beneficioso por bueno, no por psicólogo.

Y si los psicólogos nos parecían un horror, los psicoanalistas eran directamente demonios encarnados. Todo lo que provenía de Freud olía a azufre. Aprendida su crítica en las clases de mi maestro, no valía la pena perder mucho más tiempo con ellos.

¿En qué punto me encuentro ahora mismo? Pues comiéndome los dedos por no poder ponerme a leer a Carl Jung, entre otras cien mil cosas que me dan ganas de leer y ver y conocer tras haber dejado entrar en mi vida al psicólogo Jordan Peterson.

¿Lo escucháis? Es la risa de Dios.

Aunque también es obligado reconocer que, el señor Peterson, por sus lecturas y por sus intereses, no puede ser considerado un mero profesor de Psicología. De hecho, él mismo hace unas críticas a ciertos aspectos de la academia psicológica y psiquiátrica que le acercan no poco a mi maestro Fuentes.

En realidad, el señor Peterson es un filósofo en el sentido estricto del término, si se acepta la definición de Filosofía que los discípulos de Gustavo Bueno consideramos canónica: un saber de segundo grado; el cual sólo es posible alzándose sobre el dominio de una amplia multitud de saberes de primer grado; en el caso de Jordan Peterson: la psicología, la biología, neurología, psiquiatría… pero también teología, literatura, antropología, mitología…

He ahí la clave de la potencia de su pensamiento: esa amalgama de conocimientos diversos tan difíciles de encontrar a la vez en un mismo individuo. Y el hecho de que esos conocimientos son realmente cruciales, fundamentales para realizar las preguntas críticas para todo ser humano.

Todo ello con la intención apasionada de buscar la Verdad; de desentrañar la esencia de la Bondad, para así poder encarnarla.

Dios, no te rías tanto; en el fondo no estábamos tan equivocados.

Pues no deja de ser cierto que, la única manera de ser un buen psicólogo, es ser una buena persona.

[El vídeo tiene subtítulos en español que hay que activar en el menú de ajustes]

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LAS ACTIVIDADES SIGNIFICANTES DE ESOS CUERPOS

En la página 32 de mi trabajo final para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía, escribía yo:

Aunque poseedor de un vasto conocimiento sobre cualquier tipo de cuestión neurológica, la especialidad de Panksepp es la psiquiatría. Su modo de acercamiento a las cuestiones fundamentales de la emocionalidad humana se ha basado en trabajos de laboratorio fuertemente invasivos con animales. En 1998 aparecía su Affective Neuroscience, que puede ser considerado como el tercer hito de la Affect Revolution acaecida durante la pasada década de los 90.

Mi trabajo se titulaba Discursos actuales de la Biología: las fronteras de la cuantificación. Y el año de estudio, investigación y escritura que dediqué para su redacción fue uno de los más felices de mi vida. Si en algún momento de mi existencia me he sentido efectivamente un filósofo, fue durante aquel año. Y el resultado de aquel año fue un texto que aún me gusta releer de vez en cuando y del que no puedo negar que me siento bastante orgulloso.

Hoy he descubierto que Jordan Peterson considera a Panksepp un genio y que recomienda encarecidamente la lectura de su Affective Neuroscience. En mi trabajo, yo hablaba de Panksepp en el segundo capítulo, dedicado a los debates contemporáneos en el ámbito de la neurobiología. Citaba su obra junto a la de Antonio Damasio y Joseph LeDoux, como tres referentes de un nuevo camino en ese campo de investigación; así, en la página 33:

Insistimos: en estos investigadores no se produce una clausura reduccionista del dualismo de tradición cartesiana, ni de las ambigüedades aristotélicas respecto de los dos intelectos humanos; en estos investigadores está cuajando una concepción del ser humano en la que la somaticidad, los cuerpos de los hombres y las mujeres, recobran completamente su unidad sustancial, resituando los diversos elementos que componen la personalidad humana en una tensa conjugación que se resuelve finalmente en las actividades significantes de esos cuerpos.

Escuchar a Jordan Peterson en la primera conferencia que dedica al estudio de la Biblia me ha traído muchos recuerdos de aquel maravilloso año de estudio universitario. He vuelto a sentir esa intución profunda de que el conocimiento científico en ningún caso imposibilita mi pasión teológica; más bien al contrario, la sitúa en el camino adecuado; sobre todo, paradójicamente, por humilde. Porque la buena ciencia es humilde, pues hace muchos esfuerzos para no hablar sin sentido. La buena ciencia es una de las mejores formas de proteger el misterio, porque pone límites estrictos a lo que un ser humano puede realmente conocer.

Releo el final de aquel trabajo universitario, que ya hice entrada (con unos ligeros retoques) años atrás, y me descubro profundamente cercano a Jordan Peterson. Cuando le escucho hablar, en la misma frase, de la verdad contenida en los cuentos de hadas y del momento de separación evolutiva entre seres humanos y chimpancés, me siento en casa. Y feliz.

No queda otra cosa que buscar en YouTube, reproducir y gozar. A Dios gracias.

ZIZEK vs. PETERSON

Aprovecho la pausa en el estudio para comer y preparar el puré de ternera de Ana Ofelia.

Y aprovecho ambas cosas para escuchar y ver (de reojo) el debate de ayer en Toronto entre Jordan Peterson y Slavoj Zizek.

Aún tengo que terminar de verlo, pero ya he visto lo suficiente como para saber que vale la pena su difusión.

Espero que, más adelante, aparezcan vídeos en YouTube con subtítulos en español; cuando tal cosa ocurra, actualizaré esta entrada.

Por ahora, aquí dejo el vídeo que he encontrado.

P.D.: vídeo nuevo, con subtítulos en español.

FILOSOFÍA PAY-PER-VIEW

Tres mil personas asistirán el próximo 19 de abril al Sony Centre de Toronto para ver en directo el debate entre Jordan Peterson y Slavoj Zizek. El precio de las entradas va desde los 166 a los 420 dólares.

Ayer, en su canal de YouTube, el profesor Peterson anunció la posibilidad de ver el debate en directo a través de internet, mediante el sistema de pago por visión.

Debate filosófico masivo pay-per-view.

Realmente, es algo extraordinario lo que está sucediendo con el fenómeno Jordan Peterson. Y no es extraordinario sólo como fenómeno de masas. Jordan Peterson no es una súper-estrella de la filosofía pop, carente de auténtico peso como filósofo. Desde mi humilde punto de vista, el pensamiento que soporta al personaje es de altísima calidad.

La importancia que da a la reflexión teológica, al estudio de las grandes obras de la literatura universal, al análisis de los mitos y del propio concepto de mito como portador de verdades cruciales… Son todas cuestiones con las que los lectores y el autor de este blog no pueden estar más de acuerdo.

A ello se une el hecho de que Jordan Peterson piensa como si en ello le fuera la vida. Pues claro, ¿es que acaso se puede pensar de otra manera? ¿Es que hay algo más importante que buscar la Verdad y vivir de acuerdo a ella? Pero no es eso a lo que estábamos acostumbrados, salvo contadísimas excepciones.

Y yo creo que ése es el tipo de espectáculo que buscan esos millones de personas que ven sus vídeos en YouTube y escuchan sus podcasts.

Hay una pulsión romántica en mí que anhela desconfiar. Pero no encuentro argumentos para decir que está mal que millones de personas vean a través de internet buenas clases de teología y buenos debates filosóficos; o que está mal que miles de personas se gasten una buena cantidad de dinero para ver en directo una discusión sobre marxismo y capitalismo.

No me parece mal, no; me parece increíble.

Estamos en la época de la historia de la humanidad que ha hecho posible el acceso gratuito a la más alta cultura a un mayor número de personas, a través de un puñado de nuevas herramientas tecnológicas. El problema estriba en que preferimos ver porno a ver óperas.

Los lectores y el autor de este blog comparten la idea de que Occidente está en decadencia. Que el malestar espiritual de los ciudadanos occidentales está alcanzando cotas apocalípticas.

Bueno, pues parece ser que hay un montón de esos occidentales decadentes que están intentando hacer algo para que sus vidas sean, espiritualmente hablando, menos miserables; que están dirigiendo su atención hacia esos lugares que nosotros tanto amamos y que caracterizan a nuestra civilización: la filosofía, la ciencia, la literatura, Dios…

A mí, ser testigo de este sorprendente fenómeno, me llena de esperanza. Quiera Dios que no tarde en filtrarse desde el mundo anglosajón al mundo hispano.

JORDAN PETERSON Y LOS BERRINCHES DE NUESTROS HIJOS

Jordan Peterson se pasa la vida diciendo no, yo no he dicho eso; yo lo que he dicho es… Y así una y otra vez, hasta el infinito y más allá.

Llega un momento en que ya uno se tiene que reír, pero supongo que debe de ser bastante agotador estar constantemente destruyendo la caricatura en la que tanta gente parece querer convertirte. Basta con ver un puñado de sus intervenciones, de una cierta duración, para entender que Jordan Peterson no es un fascista que promueve la ejecución pública de drag queens y la esclavización de las mujeres. Pero supongo que hay un montón de gente que no se quiere arriesgar a entender que lo que hacen sus propias cabezas no tiene demasiado que ver con pensar.

En fin, gracias a Dios, Jordan Peterson es, probablemente, el hombre más paciente desde Job, así que, por ahora, no hay otra cosa mejor que hacer que seguir disfrutando de sus vídeos.

Hoy he descubierto el que os enlazo más abajo; el cual, como padre de una nena de casi 19 meses, me ha interesado sobremanera. Tiene subtítulos en inglés, por cierto.

Espero que sea de vuestro interés. Un saludo.

UN MONTÓN DE ENLACES

Supongo que, a estas alturas, ya todo el mundo conoce a Jordan Peterson. Yo lo hice a través del blog de Ángel. Y he vuelto a ver vídeos suyos en YouTube también por culpa de Ángel y todas esas entradas que está dedicando en los últimos días a ese trío de formidables humoristas y héroes de la civilización occidental que son Peter Boghossian, James Lindsay y Helen Pluckrose.

El caso es que, en esos vídeos que Ángel enlazaba, YouTube te sugería entrevistas a, y conferencias de, Jordan Peterson. Y me he pegado un pequeño atracón en los dos últimos días.

Si aún no lo conocéis, os lo recomiendo, por supuesto. Me cuesta trabajo pensar en algún ser humano vivo que encarne mejor que él el concepto de sentido común.

Supongo que lo que más me impresiona de él es su honestidad. Y su compromiso con la búsqueda y defensa de la verdad. Emociona y da esperanza. Os enlazo más abajo un vídeo de un acto reciente en Australia (subtitulado en español, aunque el inglés de Jordan Peterson es maravillosamente comprensible), en compañía de Dave Rubin, otra persona que vale la pena conocer. Pero también me gustaría que vierais este vídeo en el que un creyente musulmán le plantea una serie de cuestiones; la forma en que se plantean las preguntas y la forma en que Jordan Peterson las responde, el completo despliegue de la interacción entre estos dos seres humanos, me parece de una belleza civilizatoria casi insoportable.

En fin, ha sido un gran día, a Dios gracias. Por la mañana, Bea recibió en su oficina el encargo que hice el domingo en Iberlibro:

Estoy muy contento, porque es realmente complicado encontrar los libros de cuentos de Andrew Lang a un precio aceptable, aunque sean usados (como es el caso).

En breve haré el primer intento de leerle a Ana Ofelia un cuento antes de acostarse; me mueve más el entusiasmo que la razón, porque seguramente es aún demasiado pequeña para tales menesteres. Pero bueno, tampoco me pondré demasiado pesado.

A Andrew Lang lo he conocido a través de uno de los pocos blogs que sigo con asiduidad: De libros, padres e hijos, bitácora dedicada a lo que su nombre indica, desde una perspectiva cristiana (católica, en concreto). Mantengo profundas y larguísimas discusiones silenciosas en el interior de mi cabeza con el autor por no pocas de sus entradas, discusiones que han tenido gran influencia en muchas cosas escritas por mí en los últimos meses. Pero son polémicas que agradezco sobremanera, pues me resultan fértiles. Y no puedo hacer otra cosa que dároslo a conocer y recomendar su lectura frecuente. Sobre todo si sois padres.

En fin, un saludo berciano.

Quod Vidimus

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The Wanderer

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