FISTERRAS: ENTRÉ DANS LA MER

Conversación nocturna con Oxford, sobre evangeliarios milenarios.

Pienso en los monjes irlandeses que recristianizaron Europa a base de monasterios de madera y miniaturas dignas de ángeles -como casi siempre, la salvación llegó del lugar más inesperado-. Pienso en Senior y su insistencia en la vida monacal como principal vía de restauración.

Y Kells me devuelve al final de Las partículas…

 

“Sin embargo, el misterio siguió rodeando la desaparición de Djerzinski, y el hecho de que nunca encontrasen su cuerpo dio pie a una leyenda tenaz según la cual se habría marchado a Asia, en concreto al Tibet, para contrastar sus trabajos con ciertas enseñanzas de la tradición budista. Esta hipótesis se ha visto unánimemente rechazada en la actualidad. Por una parte, no se ha podido descubrir la menor huella de una pasaje aéreo fuera de Irlanda; por otra parte, los dibujos trazados en las últimas páginas de su cuaderno de notas, que durante cierto tiempo se tomaron por mandalas, fueron finalmente identificados como combinaciones de símbolos celtas semejantes a los que se encuentran en el Book of Kells.

Ahora creemos que Michel Djerzinski encontró la muerte en Irlanda, en el mismo lugar que eligió para vivir sus últimos años. Creemos también que cuando terminó sus trabajos, sintiéndose desprovisto de cualquier lazo humano, decidió morir. Numerosos testimonios dan fe de su fascinación por ese último extremo del mundo occidental, constantemente bañado en una luz cambiante y suave, por el que tanto le gustaba pasear; donde, como escribió en una de sus últimas notas, ‘el cielo, la luz y el agua se confunden’. Actualmente creemos que Michel Djerzinski se adentró en el mar.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 309-310.

 

El texto proyecta mil rayos de luz más allá de cualquier voluntad primigenia del autor. Y aquí mi mente vuelve a saltar, hasta el principio de El hombre eterno: “…cuando se hallaba a cierta distancia, volvió la mirada atrás y descubrió que su propia granja y jardín, que brillaban sobre la colina como los cuarteles y colores de un escudo, formaban parte de una especie de figura gigantesca; un lugar en el que había vivido siempre y que había pasado desapercibido a su mirada debido a su cercanía y a la enormidad de sus dimensiones… Cuando el muchacho se aleja lo suficiente para ver el gigante, es precisamente cuando se da cuenta de que es un gigante. Cuando por fin vemos la Iglesia cristiana a lo lejos, bajo un cielo oriental despejado y luminoso, es precisamente cuando nos percatamos de que se trata realmente de la Iglesia de Cristo.”

Siempre pensé que ese final de Las partículas… representaba un suicidio. Pero me equivocaba. Ahora veo mejor. Veo mejor incluso que el propio autor. Ahora me doy cuenta de que, en realidad, se trataba de un bautismo. Pues al menos para mí, en aquel literario adentrarse en el mar del fin del mundo, empezaba a morir el hombre viejo.

Kells

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