EL PARAÍSO EN LA TIERRA

“Como Lutero después de él, Joaquín no pudo prever que su propósito religioso de desmundanizar a la Iglesia se convertiría, en las manos de otros, en lo contrario: la ‘mundanización’ del mundo, promovida por la transferencia del pensamiento escatológico a cosas no últimas, reforzando el ímpetu del impulso secular en dirección a una última solución de problemas, que en su propio plano y con sus propios medios no pueden, en absoluto, solucionarse. La esperanza de Joaquín en una nueva época de la ‘plenitud’ podía tener dos efectos contrapuestos: promover la severidad de la vida espiritual frente a la mundanidad de la Iglesia -y ésta había sido su intención-, y, por el contrario, estimular las aspiraciones de nuevas realizaciones históricas, y éste fue el tardío resultado de sus profecías de un Nuevo Testamento. El anunciado trastorno que, dentro de los límites de una fe escatológica, implicaba la realización de un ideal de perfección de vida tras los muros del convento fue asumido cinco siglos después por un sacerdocio filosófico, que interpretó el proceso de secularización como una realización ‘espiritual’ del reino de Dios sobre la tierra. En tanto tentativa de realización de ese reino, las formas progresistas de pensamiento de Lessing, Fichte, Schelling y Hegel pudieron convertirse más tarde en el positivismo y en el materialismo de Comte y de Marx. El tercer Testamento de Joaquín reapareció bajo la forma de una ‘Tercera Internacional’ y de un ‘Tercer Reich’, anunciado por un ‘dux’ o Führer, celebrado por millones como el redentor y saludado con ‘Heil’. La fuente de estas tentativas de consumar la historia por medio de la historia debe buscarse en la esperanza de los franciscanos espirituales en que un combate final llevaría a la historia de la salvación a su consumación en la historia del mundo.”

Historia del mundo y salvación: los presupuestos teológicos de la filosofía de la historia, de Karl Löwith; Katz, 2007; pgs. 193-194.

Joaquín de Fiore

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