El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: JEREMY LIPKING

MISTERIOSO TROPIEZO

Si pudiéramos demostrar la existencia de Dios, todo se habría sometido al fin a la soberanía del hombre.

La existencia de Dios es indemostrable, porque con una persona tan sólo podemos tropezar.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pgs. 905, 920.

“Vermillion Cliffs”, de Jeremy Lipkin

NO ES ESA MI DOCTRINA

“En la inmensa mayoría de las cuestiones cuyo discernimiento nos importa, no obtenemos más que verosimilitudes, aproximaciones. Desesperar de tal circunstancia, es desesperar de ser hombre, siendo aquella una de las leyes más inflexibles de nuestra naturaleza. ¿Se sigue de ello que el hombre no debe actuar en ningún caso, porque nunca puede estar seguro de nada? Ciertamente, no es esa mi doctrina.”

Carta de Alexis de Tocqueville a Charles Stöffels, escrita en Filadelfia, el 22 de octubre de 1831; en Tocqueville. Lettres choisies. Souvenirs, Gallimard, 2003; pg. 240 (traducción propia).

Retrato de su mujer, hecho por Jeremy Lipking (2016)

ESCRIBIR: AMAR

“Amar es rondar sin descanso en torno de la impenetrabilidad de un ser.”
Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 246.

“Desde aquel día, en mis paseos por el lado de Guermantes sentí con mayor pena que nunca carecer de disposiciones para escribir y tener que renunciar para siempre a ser un escritor famoso. La pena que sentía, mientras me quedaba solo soñando a un lado del camino, era tan fuerte, que para no padecerla, mi alma, espontáneamente, por una especie de inhibición ante el dolor, dejaba por completo de pensar en versos y en novelas, en un porvenir poético que mi falta de talento me vedaba esperar. Entonces, y muy aparte de aquellas preocupaciones literarias, sin tener nada que ver con ellas, de pronto un tejado, un reflejo de sol en una piedra, el olor del camino, hacíanme pararme por el placer particular que me causaban, y además porque me parecía que ocultaban por detrás de lo visible una cosa que me invitaban a ir a coger, pero que, a pesar de mis esfuerzos, no lograba descubrir. Como me daba cuenta de que ese algo misterioso se encerraba en ellos, me quedaba parado, inmóvil, mirando, anheloso, intentando atravesar con mi pensamiento la imagen o el dolor. Y si tenía que echar a correr detrás de mi abuelo para seguir el paseo, hacíalo cerrando los ojos, empeñado en acordarme exactamente de la silueta del tejado o del matiz de la piedra, que sin que yo supiera por qué, me parecieron llenas de algo, casi a punto de abrirse y entregarme aquello de que no eran ellas más que vestidura.”

Por el camino de Swann, de Marcel Proust; Alianza, 1996; pgs. 272-273.

Obra de Jeremy Lipking

Obra de Jeremy Lipking

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