El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: JANE AUSTEN

ESCRIBIR, MATAR

Cuenta la leyenda que los conocidos de Jane Austen vivían aterrorizados por la posibilidad de acabar convertidos en personajes de sus novelas.

Karl Ove Knausgård siente haber hecho un pacto con el diablo, al lograr la fama literaria a costa del sacrificio de muchas de sus amistades y relaciones familiares, por haberlas expuesto públicamente en sus libros.

“Una literata que se dice conocida pero no da su nombre desea entablar conmigo una correspondencia encubierta sobre el tema: ¿hasta qué punto puede un escritor ofrecer de pasto al público a sus seres próximos, sacrificarlos a su propio placer? Está convencida de que mi cuento ha tenido consecuencias terribles en mi vida y en nuestra relación, si la heroína es mi compañera y no una amante intermitente. No me gustan los misterios ni el tono del mensaje, pero da en el blanco. Me pregunto si para mí escribir significa necesariamente matar a alguien.”

Una novela rusa, de Emmanuel Carrère; Anagrama, 2008; pgs. 237-238.

'Two Comedians', de Edward Hopper (1965)

‘Two Comedians’, de Edward Hopper (1965)

TESIS DE CHISCÓN

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Desde mi diminuta fortaleza veo pasar trajes que trafican en bolsa,
mientras paseo en faetón junto a Jane por la campiña inglesa.

Docenas de horas que me pagan por simplemente estar
y que yo empleo en decidir qué diablos ser.

Me profetizo arrodillado viendo avanzar la fila de comunión. No hay propósito de enmienda.

No seré Crouchback, escribiré otro personaje.
En renglones torcidos, como siempre he hecho.

Tú eres la medida, lo sé;
pero rehúso estar a la altura.

Sólo puedo prometer
que intentaré no alejarme demasiado.

Que siempre ha de quedar a la vista
la cruz de alguna iglesia.

CUANDO YA NO HAY

A principios de 1816, mientras escribía Persuasión, Jane Austen empezó a notar los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con su vida a mediados de 1817 -a la temprana edad de cuarenta y un años-.

Para verano de 1816, tenía terminado el primer borrador; pero justo cuando el declive físico era ya evidente, la autora modificó los capítulos finales de la novela.

Entre los cambios introducidos cabe contar la inclusión del siguiente párrafo:

-¡Oh! -exclamó Anne, con ímpetu-. Espero ser justa con todo lo que usted siente y con todos los que son como usted. Líbreme Dios de menospreciar el afecto y los sentimientos de fidelidad de mis semejantes. Merecería el mayor desprecio si me atreviera a decir que el afecto y la constancia verdaderos son sólo patrimonio de las mujeres. No, les creo capaces de todo lo grande y todo lo bueno en sus matrimonios, de encarar empresas importantes y dificultades domésticas siempre que, si se me permite la expresión, tengan un objeto. En otras palabras, mientras la mujer que amen viva, y viva por ustedes. El único atributo que reivindico para nuestro sexo (no es nada envidiable; no tiene por qué codiciarlo) es que amamos por más tiempo, cuando ya no hay ni existencia ni esperanza.

Cátedra, 2009; pg. 297.

Lyme Regis

PERSUADIDO

-Pues sí, creo de verdad que, con muy escasas excepciones, el aire del mar siempre reconforta…

Leía a Jane Austen en el Derby. En la misma mesa que compartí días atrás con Ramón y la Señorita del Sillón. Hace años, en el Derby tomaban cada mañana sus carajillos los trabajadores de la Bazán, los astilleros militares de Ferrol, antes de ponerse a construir barcos. Tras una respetuosa reforma, el Derby sigue dando solaz a los ferrolanos. En mi caso, en forma de café solo, con unas gotas de Cointreau.

Llega una joven para acompañar a su padre, que ocupa la mesa de delante desde hace un rato. Se sienta a su lado y coge un periódico, igual que hizo él. Leen ambos en silencio. De vez en cuando, comentan alguna noticia que les ha llamado la atención.

Es evidente que los encuentros en esta pequeña ciudad son fáciles. Apenas bastan unos minutos para quedar en alguna de las lindas y numerosas cafeterías del hermoso Barrio de la Magdalena. Es el ritmo existencial de siempre, para ellos. La calma de lo estable e inconmovible. De lo que dura y permanece. Ese saber estar del habitante común de los Puertos Grises.

Sigo leyendo Persuasión

En realidad, no dejo de pensar que es una pena que no viva siempre aquí…

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BAILAR PEGADOS

“-Fuimos demasiado magnificentes -dijo-. Concedimos espacio sin necesidad. Aquí pueden entrar diez parejas muy bien.

-Sería una multitud -objetó Emma-, una multitud lamentable; y no puede haber cosa peor que bailar sin espacio para dar vueltas.

-Es verdad -respondió él gravemente-, estaba mal.

Pero siguió midiendo y al fin acabó diciendo:

-Creo que habrá espacio muy tolerable para diez parejas.

-No, no -dijo Emma-, no es usted razonable. ¡Sería terrible estar tan apretados! La cosa menos agradable es bailar en una multitud, ¡y una multitud en poco sitio!”

Emma, de Jane Austen; RBA, 2009; pg. 269.

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