El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: HOPPER

SI TE DEPRIMES, NO CONDUZCAS

Aprovecho los tiempos muertos en el archivo para hacer tests del examen teórico del carné de conducir.

Justo enfrente se sienta mi compañero, que trastea en su ordenador, del que sale música de Radio 3.

El día anterior le había comentado que me llamaba la atención la gran cantidad de preguntas que hacían los tests sobre la depresión. Supongo que las estadísticas que maneja la DGT muestran que cada vez tiene más influencia en los accidentes de tráfico; por eso salen tantas preguntas al respecto, le dije. De hecho, muchas de las preguntas parecen destinadas a que el futuro conductor sepa qué precauciones debe tomar si acaba sufriendo esa enfermedad.

Mientras hacía uno de los tests, volvió a salir otra pregunta sobre el tema. Me llamó la atención el enunciado y se lo leí a mi compañero:

La depresión es una enfermedad que cada vez sufren más personas…

Mi compañero no dijo nada.

-La pregunta que a uno le suscita inmediatamente tal aseveración es: ¿por qué la depresión es una enfermedad que cada vez sufren más personas…? -comenté.

Mi compañero siguió sin decir nada.

Pero la pregunta permanece, molesta, como un borrón gris en el arco iris de plástico de la Modernidad triunfante: ¿por qué en este primer mundo que nos hemos fabricado a imagen y semejanza de nuestros más insospechados deseos, la depresión es una enfermedad que cada vez sufren más personas?

¿Por qué?

‘Gas’, de Edward Hopper (1940)

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UN BUEN ACTOR SECUNDARIO

Mi primo Fran es lo más parecido que hay en mi vida a un hermano.

En su compañía me encontraba aquel día de verano en el que nuestro amigo Miguel nos guio, cruzando un estrecho puente de piedra con nuestras bicicletas (puente que en realidad eran los restos, a modo de desfiladero, del techo de un antiguo edificio militar), hasta las baterías de los acantilados.

Los que desde entonces, y ya para siempre, serían mis acantilados.

Fran es una de esas personas a las que parece resultarles extraordinariamente fácil ser buenas. Algo que, a los que tenemos por amargo pasatiempo coleccionar demonios, no deja de producirnos cierta envidia; pero que, al mismo tiempo, disfrutamos admirados, como si estuviésemos contemplando una bella filigrana de madera en el majestuoso coro de una iglesia gótica.

Observar a mi primo en su cotidianidad -me encanta oírle canturrear mientras come- es un placer que sólo pueden comprender los que, como yo, se han pasado buena parte de su existencia preguntándose cómo diablos vivir: cómo ser felices y cómo ser buenas personas. Al mirarle tengo las mismas sensaciones que me produce mirar un cuadro de Hopper; me digo: este tío sabe de la vida.

En las Navidades del año 2005 estaba a punto de nacer su primer retoño, una nena. En la felicitación que me envió en aquella ocasión, escribió lo siguiente:

Aún recuerdo perfectamente nuestras búsquedas navideñas con el fin de encontrar los regalos y cómo se disparaba el corazón al dar con ellos.

Ahora se abren nuevas puertas, nuevas posibilidades en las que uno deja de ser protagonista para intentar llegar a ser un buen actor secundario, como fueron nuestras familias en aquellos días…

Un buen actor secundario.

Jamás he olvidado esa postal. La tengo ahora mismo aquí delante, mientras escribo. Y sé que me acompañará hasta el final de mis días.

He leído grandes novelas en estos años que he olvidado completamente, formidables poemas de los que no me viene a la mente ni una sílaba, enjundiosos ensayos de sabios consagrados de cuyo nombre no quiero ni acordarme.

Pero desde que leí aquella postal, he tenido claro que, llegar a ser bueno y feliz en este mundo, tiene casi todo que ver con aprender a ser un buen actor secundario.

Más, si cabe, cuando un nuevo protagonista se prepara para salir a escena. A Dios gracias.

ESCRIBIR, MATAR

Cuenta la leyenda que los conocidos de Jane Austen vivían aterrorizados por la posibilidad de acabar convertidos en personajes de sus novelas.

Karl Ove Knausgård siente haber hecho un pacto con el diablo, al lograr la fama literaria a costa del sacrificio de muchas de sus amistades y relaciones familiares, por haberlas expuesto públicamente en sus libros.

“Una literata que se dice conocida pero no da su nombre desea entablar conmigo una correspondencia encubierta sobre el tema: ¿hasta qué punto puede un escritor ofrecer de pasto al público a sus seres próximos, sacrificarlos a su propio placer? Está convencida de que mi cuento ha tenido consecuencias terribles en mi vida y en nuestra relación, si la heroína es mi compañera y no una amante intermitente. No me gustan los misterios ni el tono del mensaje, pero da en el blanco. Me pregunto si para mí escribir significa necesariamente matar a alguien.”

Una novela rusa, de Emmanuel Carrère; Anagrama, 2008; pgs. 237-238.

'Two Comedians', de Edward Hopper (1965)

‘Two Comedians’, de Edward Hopper (1965)

OTRA CITA DEL TEXTO IMPLÍCITO

“-Dios lo hará mejor -dijo Sancho-, que Dios, que da la llaga, da la medicina. Nadie sabe lo que está por venir: de aquí a mañana muchas horas hay, y en una, y aun en un momento, se cae la casa; yo he visto llover y hacer sol, todo a un mismo punto; tal se acuesta sano la noche, que no se puede mover otro día. Y díganme: ¿por ventura habrá quien se alabe que tiene echado un clavo a la rodaja de la fortuna? No, por cierto; y entre el sí y el no de la mujer no me atrevería yo a poner una punta de alfiler, porque no cabría. Denme a mí que Quiteria quiera de buen corazón y de buena voluntad a Basilio, que yo le daré a él un saco de buena ventura: que el amor, según yo he oído decir, mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas.

-¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito? -dijo don Quijote-. Que cuando comienzas a ensartar refranes y cuentos, no te puede esperar sino el mismo Judas que te lleve. Dime, animal, ¿qué sabes tú de clavos, ni de rodajas, ni de otra cosa ninguna?

-¡Oh! Pues si no me entienden -respondió Sancho-, no es maravilla que mis sentencias sean tenidas por disparates. Pero no importa: yo me entiendo, y sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho, sino que vuesa merced, señor mío, siempre es friscal de mis dichos, y aun de mis hechos.

Fiscal has de decir -dijo don Quijote-, que no friscal, prevaricador del buen lenguaje, que Dios te confunda.”

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; 2ª parte, capítulo XIX; Alfaguara, 2004; pg. 693.

Dibujo de Edward Hopper

Dibujo de Edward Hopper

LA MIRADA DEL ESCRITOR

“En los tiempos del leninismo y del estalinismo más terribles, las gentes que leían, clandestinamente, Demonios de Dostoievski se preguntaban: ¿Y cómo lo sabía? Quizás pensaban en una documentación histórico-social excepcional, o quizás en alguna especie de profetismo, adivinación, o talante visionario. Pero hay que responder que lo sabía sencillamente porque era escritor. Y, para aclarar esta afirmación, me gustaría recordar lo que escribe Henry James acerca de lo que podríamos llamar el misterioso o enigmático modo de configurarse una narración. Se lo leo; dice:

Recuerdo a una novelista inglesa, una mujer genial, quien me contó que la alabaron mucho la impresión que había sabido dar en sus relatos sobre la naturaleza y forma de vida de la juventud protestante francesa. La preguntaron dónde había aprendido tanto sobre estos seres recónditos, y ella se había congratulado de sus propias oportunidades. Estas oportunidades consistían en que una vez, en París, cuando subía por una escalera, había pasado frente a una puerta abierta, donde unos jóvenes protestantes, en la casa de un Pastor, estaban sentados alrededor de una mesa, una vez terminada la comida. De un vistazo captó el cuadro; sólo duró un momento, pero ese momento fue una experiencia. Había captado una impresión personal directa, y había formado su modelo… Estaba adornada con la facultad de recoger el ciento por uno, lo que para el artista es una fuente de energía mucho mayor que algo accidental como la residencia o la posición en la escala social. El poder de imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella.

Así funciona un escritor, realmente. Éstos fueron toda la documentación y el método para escribir y dar en el corazón del asunto. Y Dostoievski seguro que sólo tenía la conciencia de estar escribiendo una fábula sobre el mal que veía, que luego resultó profética, porque la mirada había sido profunda y por la parte de atrás, sencillamente, que es la que a veces se concede a un escritor. Y se le había concedido, verdaderamente.”

José Jiménez Lozano, en el prólogo a la antología de cuentos de Flannery O’Connor Un encuentro tardío con el enemigo; Encuentro, 2006; pgs. 19-20.

'Sunlight in a Cafeteria', de Edward Hopper (1958)

‘Sunlight in a Cafeteria’, de Edward Hopper (1958)

INDISCUTIBLE

Nuestro progreso descendente, con cada revolución, era lento, pero muy perceptible.

Un descenso al Maelström, de Edgard Allan Poe

“El que radicalmente discrepa no puede argüir, sino enunciar.

La época de argumentar feneció para el que rechaza los postulados modernos.

No compartiendo convicciones con nuestros contemporáneos, podemos ambicionar convertirlos, pero no convencerlos.

Al reaccionario sólo le es dable proferir sentencias abruptas que se le indigesten al lector.”

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 449.

'Automat', de Edward Hopper (1927)

‘Automat’, de Edward Hopper (1927)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester