El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: GUSTAVO BUENO

GUSTAVO BUENO

Ha muerto Gustavo Bueno.

Hace unos días, le sacaba una foto a la librería Quijote; la que durante muchos años fue la mejor librería de Ferrol. Y donde yo compré, en 1999, España frente a Europa.

La librería cerró, lo que yo leí como un signo de los tiempos. Estos tiempos que se oscurecen a cada día que pasa. Que nos van avisando de las tormentas por llegar.

El día que conocí a don Gustavo, antes de una conferencia que dio sobre España en nuestra Facultad de Filosofía, Juan Bautista Fuentes me pidió que me quedase con el maestro un momento; don Gustavo fue muy amable conmigo. No recuerdo nada de lo que me dijo, porque sólo recuerdo que me temblaban las rodillas a su lado; como si estuviese junto a un dragón.

España frente a Europa me obligó, a mi pesar, a tomarme en serio por primera vez el carácter católico del amasijo histórico-político al que pertenezco. Supuso la primera brecha seria en la percepción de la realidad que hasta entonces encarnaba.

Gustavo Bueno ha muerto dos días después de hacerlo su mujer. Este hecho basta para dar categoría a la persona. Y es que algunos ateos católicos siempre serán más ejemplares de lo que muchos creyentes católicos podremos aspirar a ser jamás. La Gracia sopla donde y como le place.

Descanse en paz, don Gustavo. Que Deus lle teña no seu colo.

13680281_10208229570511831_4616493111980141325_o

NON VENI PACEM MITTERE, SED GLADIUM

“Es cierto que en nuestros días la pauta seguida por la mayor parte de las iglesias, exceptuando las iglesias fundamentalistas, es pauta de paz y tolerancia. Pero cabe pensar si esa tolerancia deriva, antes que de una voluntad de coexistencia pacífica entre las tres religiones del libro, o de un mecanismo de defensa mutua ante terceros, de una atenuación correlativa de los valores religiosos, reducidos a valores éticos, en los cuales la positividad de los valores religiosos respectivos va desapareciendo. La parábola de los tres anillos que Lessing expuso en su Nathan el Sabio podría servir de ilustración a nuestro diagnóstico: los tres anillos son iguales precisamente cuando han sido eliminados todos los componentes religiosos positivos (dogmas, sacramentos, sacerdocio, rituales…) que los enfrentan.”

La fe del ateo, de Gustavo Bueno; Temas de Hoy, 2007; pg. 54.

enero_intenciones

DE SPIRITU SANCTO EX MARIA VIRGINE: ET HOMO FACTUS EST

“…el islamismo es una continuación de la herejía arriana, como ya lo había visto San Juan Damasceno…”

La fe del ateo, de Gustavo Bueno; Temas de Hoy, 2007; pg. 350.

 

“La idea de la divinidad de Cristo, prosiguió Rediger, era el error fundamental que conducía de forma inevitable al humanismo y a los derechos del hombre. También eso lo había dicho ya Nietzsche, y en unos términos más duros, y sin duda habría estado igualmente de acuerdo en que el islam tenía por misión purificar el mundo liberándolo de la doctrina nociva de la encarnación.”

Soumission, de Michel Houellebecq; Flammarion, 2015; pg. 272 [traducción propia].

 

“Una de las sorpresas que esperan al historiador del pensamiento cristiano es su insistencia sobre el valor, la dignidad y la perpetuidad del cuerpo humano. Casi todo el mundo considera la concepción cristiana del hombre como un espiritualismo caracterizado. ¿De qué sirve al hombre conquistar el universo si llega a perder su alma? Cultivar su alma, librar su alma purificándola y salvar su alma liberándola: ése es, según parece, el fin propio del Cristianismo. Agreguemos a esto que el Dios cristiano es espíritu, que así, pues, el hombre no puede unirse a Dios sino por el espíritu, y que, en efecto, es en espíritu y en verdad como Dios quiere ser adorado. ¿Cómo no esperar, pues, que filósofos cristianos dirijan todo su esfuerzo a la parte espiritual del hombre, que es el alma, y descuiden ese elemento caduco, opaco al pensamiento, ciego a Dios, que es el cuerpo? Sin embargo, para escándalo de muchos historiadores y filósofos, sucedió lo contrario. San Buenaventura, Santo Tomás, Duns Escoto, y aun diría San Francisco de Asís, son hombres que amaron la materia, respetaron su cuerpo, celebraron su alta dignidad y jamás quisieron separar su destino del de su alma.”

El espíritu de la Filosofía Medieval, de Étienne Gilson; Rialp, 2009; pg. 177.

537325_10201419248978049_1664400436_n

POR DIOS HACIA LA USURA

Hay pocas cosas más clarificadoras que un historiador alienado: cuando un compatriota se pone a cantar las alabanzas y modernidades de los imperios herejes que dieron al traste con la Cristiandad ultramarina, pacientemente construida por el genio católico hispano, uno no puede dejar de recordar la feliz distinción de Gustavo Bueno entre imperios generadores e imperios depredadores.

A mí no deja de resultarme graciosa la reacción que me produce el texto que sigue, pues lo considero una de las mejores defensas que he leído de la América hispana, precisamente por contraposición a las supuestas virtudes de esa banda de mercachifles calvinistas llamada Holanda.

 

“En los años 1620 y siguientes, los holandeses iniciaban de ese modo una nueva etapa en la colonización europea del Nuevo Mundo. Ellos introdujeron en América su entonces modernísima variedad de astuto sentido comercial, expresado en tipos de organización mercantil que reúnen capital por acciones y convierten en autónoma la gerencia con respecto al capital en la marcha del negocio; que proporciona agilidad y facilidades al crédito comercial; que acelera enormemente la velocidad de circulación del dinero; que permite negociar bienes futuros antes de disponer de ellos, dando paso, es cierto, a la especulación, pero también a los seguros como rama financiera independiente y productiva. Los historiadores de la América del siglo XVII harían seguramente muy bien en prestar mayor atención de la que vienen dedicando a la historia de Holanda y subrayar su carácter innovador en lo que a América se refiere sobre todo en el aspecto económico. Junto al avanzado capitalismo comercial que los holandeses llevan al otro lado del Atlántico, las pautas colonizadoras de los pueblos ibéricos y su conducta económica nos parecen ya ineficientes, poco productivas y anticuadas. Las colonizaciones portuguesa y castellana del siglo XVI, con todo su ímpetu y modernidad, consistieron ante todo en poblar y en producir. Holanda, y otras naciones que no hacen más que aprender de ella y seguir sus pasos, harán de la colonización, ante todo, una labor de explotación económica, en la cual lo importante será generar comercio y regularlo eficazmente; el único territorio indispensable es el pequeño enclave comercial, en la tradición de las antiguas talasocracias; poblar y controlar tierras extensas sería esfuerzo inútil, digno de imperios continentales arcaicos; producir no es la tarea clave, sino comprar y vender a los que en Ultramar producen; empresas civilizatorias y empeños religiosos serán trabajos superfluos, por improductivos y costosos; fuera de la ética comercial que regula las relaciones entre mercaderes, cualquier cuestión o principio moral es irrelevante.”

América Hispánica (1492-1898), de Guillermo Céspedes del Castillo; Marcial Pons, 2009; pgs. 284-285.

"Grupo familiar ante un paisaje", de Frans Hals

“Grupo familiar ante un paisaje”, de Frans Hals

LOS CABALLOS SALVAJES Y EL RETORNO DE LOS HOMBRES

10689872_578692052276357_3161788452410241000_n

Esta foto maravillosa que he descubierto hoy fue tomada en la Garita de Herbeira, uno de los acantilados más altos de Europa, en Cedeira, al norte de la ría de Ferrol.

El animal es un caballito que pertenece a alguna de las manadas salvajes que pueblan esa zona de Galicia, a Serra da Capelada. Yo pensaba, al parecer de forma completamente errónea, que sólo había caballos salvajes mucho más al sur, en la comarca donde se ha mantenido la bellísima tradición de a Rapa das Bestas.

El 11 de julio de 1999 (he aquí una de las grandes ventajas de escribir un diario: clavar las fechas de los recuerdos), estando de vacaciones en Ferrol, mi alma se despertó andariega y quiso subir en pagana peregrinación hasta la Ermita de la Virgen de Chamorro, zona de culto para los ártabros desde muchos siglos antes de la llegada de los Evangelios a nuestras tierras.

Una vez allí, mi mirada se dirigió a lo alto del monte. Y no pude evitar lanzarme a la aventura y caminar errante durante horas hacia las bellas playas del otro lado.

Fue un día inolvidable. Mientras lo vivía, ya sabía que no lo podría olvidar nunca. Cosa que el paso de los años no ha hecho sino confirmar con impresionante intensidad. Y, nuevamente, aquí estoy, recordando aquella jornada desbordante de la belleza de la Creación.

En un determinado momento de mi éxodo, me encontré con un grupo de caballos sueltos. No había ningún tipo de signo en ellos que indicase que pertenecían a alguien. Lo cual me sorprendió mucho, pues no tenía noticia de que hubiese caballos salvajes en aquella zona de Galicia. Con mucho cuidado de no llamar su atención, me subí a unas rocas para poder gozar mejor de su vista. Me parecieron magníficos. No, fue más que eso. Me sentí, citando a Gustavo Bueno, en ancestral presencia ante animales divinos. Encarnaciones totémicas de dioses titánicos. Todo el mundo moderno desapareció a nuestro alrededor y sólo quedaron el monte, el bosque, el océano, el sol, el cielo, los caballos y yo. Y me imaginé a mí mismo, allí subido, preparando alguna forma de atrapar a uno de esos bellos caballos, para domesticarlo, y conseguir así llegar a ser lo que sólo un caballo podía hacer de un hombre: un caballero.

Pero siempre me ha producido curiosidad saber el origen de aquellos caballos. De dónde habían salido. Y hoy he descubierto, a través de esta bella foto, que, no muy lejos de allí, cerca de San Andrés de Teixido, hay caballos salvajes. Quizá los haya en más zonas de Galicia de las que nadie tenga noticia.

Mirando hacia el horizonte, al borde del acantilado, como sólo un animal divino puede hacerlo. Vagando entre los montes de mi tierra, olvidados por los conductores de coches y por los coleccionistas de codicias.

Pero tengo la firme creencia de que son ellos los que guardan el secreto y la verdad de lo que somos. Y creo recordar (o quizá inventar, ¿qué más dará?) una antigua profecía, que cuenta que los caballos salvajes siguen viviendo en nuestros montes porque están esperando el Retorno de los Hombres. Que se refugiaron lejos de nuestras miradas, cuando decidimos dedicar todas las habilidades que el buen Dios nos había regalado para afear el mundo y destruir su Creación, empezando por nuestras propias vidas. Y que sólo ofrecerán el regalo de su divinidad irredenta a aquellos que abandonen las supersticiones de plástico y les sigan hasta los claros de bosque.

En uno de esos lugares, un bello y brutal macho doblará sus rodillas para permitir al primero de los Retornados subir a su grupa. Y entonces, nuevamente, volverá a haber Hombres en el mundo, con sus cabellos volando al galope en el atardecer de los acantilados.

DOMADO Y CASTRADO

El presente determina lo que el historiador busca, pero sólo el gran historiador deja al pasado determinar lo que halla.

Nicolás Gómez Dávila

 

Es el nacionalismo pecado de idolatría, por el cual se ofrece la veneración sólo merecida por Dios a una determinada comunidad nacional.

Esta distorsionada aplicación de actitudes religiosas suele producir delirios de toda clase. Uno de los más comunes es la reconstrucción voluntarista de la historia. En vez de tratar de buscar la verdad de una época a través de sus textos, el historiador nacionalista realiza un trabajo de recomposición de los datos con el objeto de ajustarlos a sus presupuestos ideológicos y sentimentales.

Es muy probable que dicha verdad sea realmente inalcanzable, por la escasez de documentos; debe entonces el investigador abstenerse de emitir veredictos rotundos y mostrar humildemente la debilidad de sus conclusiones. Es por ello que, en muchas ocasiones, la historia no nos permitirá tomar partido; o nos permitirá tomarlo desde una posición lo suficientemente endeble como para no demonizar a aquellos que lleguen a conclusiones distintas.

Por eso me opongo a lo que dice Gustavo Bueno en España frente a Europa (Alba, 1999; pgs. 247-248): Como si la historia que nos ocupa, y que es historia práctica (pragmática) fuese una tarea científica que pudiera acometerse neutralmente, por un español, sin tomar partido. Y aquí los partidos se clasifican, ante todo, según el signo que ellos adquieren con respecto a España, y son dos polarmente opuestos: el signo de quienes se aproximan a la España histórica, ‘identificándose’ con ella, y el signo de quienes buscan distanciarse de la España histórica, aunque sólo sea por motivos ideológicos, creyendo que esta neutralidad, aunque sea benévola, los sitúa, por lo menos, en una posición previa a cualquier toma de partido. Ahora bien, partidismo no significa ‘invención voluntaria de los hechos’, u ocultación deliberada de los mismos: desde cualquier partido hay que enfrentarse con los hechos. Lo que ocurre sencillamente es que los hechos, por sí mismos, si no mudos, son tartamudos, y su organización o interpretación sólo puede llevarse a cabo desde premisas partidistas. Éstas no pueden ir contra los hechos, desde luego, pero permiten interpretarlos de modo que al partido o partidos opuestos puedan llegar a parecerles gratuitos o fantásticos. ¿Es que no cabe, según esto, un debate puramente científico, teórico, puramente ‘racional’? No, porque la Historia política no es una ciencia, y el propio historiador, cuando juzga sobre estas alternativas, y toma partido obligadamente, ya no lo hace en cuanto historiador estricto.”

El profesor Bueno nos quiere convencer de su postura con un truco retórico típico: nos muestra una pareja de opuestos supuestamente contradictorios en la que, al ser negado uno de ellos, debe dar como resultado la verdad del otro. Estamos de acuerdo en que la Historia ni es ni puede ser una ciencia estricta. Pero eso no implica que uno deba situarse en la obligación de tomar partido. Tomará partido si ve razones suficientes para ello. Gustavo Bueno nos pide que nos comportemos en el debate histórico como nos situamos los católicos en el debate teológico. Los católicos asumimos determinadas verdades por autoridad de la Revelación: por Fe. Y desde ellas discutimos y batallamos contra otras posiciones teológicas. Pero es falso que existan tales verdades reveladas en el ámbito de la historia, salvo aquellas que se refieren a la Historia de la Salvación (por ejemplo: la Encarnación de la segunda persona de la Trinidad en determinado momento, en determinado lugar). Con respecto a la historia de España, no hay verdades reveladas, ni verdades científicas. El que dice lo contrario, en el primer caso, es un nacionalista; en el segundo, es un positivista.

Lo cual no quiere decir que no haya grados de falsedad a la hora de hablar sobre la historia. Los hay. Se pueden decir cosas con sentido y se puede delirar hasta el infinito.

Uno de los casos más interesantes que conozco de delirio histórico es la reconstrucción realizada por el nacionalismo gallego de la vida del mariscal Pardo de Cela.

Cuenta el mito galleguista que esta figura representaría la resistencia de la Galicia del siglo XV a la asimilación por la España que estaba siendo construida por los Reyes Católicos. Momento culminante de la doma y castración del Reino de Galicia.

Se amontonan conceptualizaciones fantásticas sobre hechos que realmente nos aportan conocimientos pertinentes sobre la época. Lejos de ser un independentista gallego, Pardo de Cela representa a la perfección una figura histórica que, en tales momentos, se encuentra en grave peligro de desaparición: el noble, ajeno a la corte en proceso de centralización, que trata de mantener la jurisdicción en sus territorios: frente a otros nobles, a las villas y al propio poder real.

Vasallo mediano que ve acrecentados sus dominios a la sombra del vasto poder de los Andrade, Pardo de Cela afronta la primera crisis de su tiempo en la Gran Guerra Irmandiña que se desata en Galicia en 1466. La formación de Hermandades en las ciudades gallegas, a las que se unen pequeños hidalgos y campesinos, trata de poner orden ante lo que éstas consideran como desafueros por parte de los grandes señoríos. La violencia se desata y son destruidas más de 100 fortalezas en todo el Reino. El propio Pardo de Cela se ve obligado a huir durante un tiempo. Recompuestas sus fuerzas y mermado el empuje de las Hermandades, regresa Pardo de Cela a sus dominios con esa famosa exhortación a llenar los carballos con los cuerpos colgados de los vasallos. Siendo el mito Irmandiño uno de los dogmas de fe de todo nacionalista gallego, empieza a resultar chirriante la benevolencia con la que la historiografía galleguista trata al mariscal.

Repuesto en su señorío, Pardo de Cela se aquieta hasta que recibe la visita, varios años después, de un enviado de los futuros Reyes Católicos, que le pide su apoyo en la guerra civil contra los seguidores de la Beltraneja. Dicen las crónicas que el mariscal recibió de malas maneras al enviado isabelino; pero, ante los hechos consumados del conflicto en marcha, Pardo de Cela decide tomar partido por Isabel y Fernando. Y por ello será debidamente recompensado.

Pero, pasada la guerra sucesoria y los beneficios que los vencedores le otorgaron, el mariscal no ceja en la defensa de sus fueros y jurisdicciones, incluso frente a las prerrogativas reales. Así que nuevamente recibirá la visita de emisarios regios; pero esta vez con compañía armada. No será el único noble gallego, como no será el único noble castellano, que trate de resistir al moderno proceso de centralización política que los Reyes Católicos pretenden. Pero el mariscal lo pagará con su vida: detenido en su fortaleza de la Frouxeira en 1483, será degollado públicamente en Mondoñedo, por cruel y poderoso.

El recuerdo del señor permanecerá vivo entre los vasallos que más le amaron; y surge así la poesía, cuyo autor desconocemos, conocida como el Pranto da Frouxeira:

De mîn a triste Frouseyra,
que por treyçon foy vendida,
derribada na ribeyra,
ca jamais se veo vencida.
Por treyçon tamben vindido
Jesus nosso redentor,
e por aqueestes tredores,
Pero Pardo meu señor.

Pero no son gallegos irredentos los que transmiten y cantan este poema, sino los vasallos que le amaron. Pues los vasallos que le odiaron, también gallegos, habían sufrido su ira de caballero. Todo en su vida se explica, fundamentalmente, por su calidad de señor de hombres, no por su condición de gallego. Noble, cuando tal condición se iba retirando de la tierra que rodea el castillo propio, para arremolinarse en la medrante corte real. Noble, cuando el burgués y el villano tomaban conciencia de su propia fuerza y se aprestaban a defender sus intereses con su propia sangre.

Noble en un tiempo de transición. Su historia ofrece mucha verdad a quien la quiera escuchar tal cual es, no a quien la pretenda reconstruir de una forma partidista. Si acaso, el partido se tomará tras escuchar la historia, no antes.

domado

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester