EL OCASO DE LA EDAD MODERNA

“Cuanto mayor sea la decisión con que el incrédulo niegue la Revelación, y cuanto más consecuente sea en la práctica de esa negación, tanto mayor será la claridad con que se verá lo que es ser cristiano. Es preciso que el incrédulo salga de la niebla de la secularización, que renuncie al beneficio abusivo de negar la Revelación, apropiándose, sin embargo, los valores y energías desarrollados por ella; que ponga en práctica seriamente la existencia sin Cristo y sin el Dios revelado por Él y tenga experiencia de lo que eso significa. Ya Nietzsche advirtió que el hombre no cristiano de la Modernidad no sabe realmente lo que significa no ser cristiano. Las décadas pasadas han proporcionado un esbozo de ello, y sólo constituyeron el comienzo.

Se va a desarrollar un nuevo paganismo, pero de naturaleza distinta que el primero.

[…] La época futura tomará en serio aquellos aspectos en que se opone al cristianismo. Hará ver que los valores cristianos secularizados no son sino sentimentalismos, y el ambiente se hará transparente: lleno de hostilidad y peligro, pero puro y sincero.

En el mismo sentido actuará también la disminución de la energía religiosa directa, al igual que la capacidad de experiencia y de creación religiosas de que hemos hablado. La omnipresencia de la religión ayuda a creer; pero también puede oscurecer y secularizar el contenido de la fe. Si esa omnipresencia disminuye, la fe se hará más rara, pero en cambio más pura y vigorosa. Recibe una mayor capacidad para percibir lo que existe realmente, y su centro de gravedad se aloja más hondamente en la esfera de lo personal: en la opción, en la sinceridad y en la abnegación.

[…] El patrimonio cultural de la Iglesia no podrá sustraerse a la ruina general de lo tradicional, y en aquellos aspectos en que todavía perdura, se verá agitado por muchos problemas. Por lo que hace al dogma, pertenece ciertamente a su esencia el sobrevivir a todos los cambios temporales, ya que se funda en lo supratemporal; no obstante, puede presumirse que el sello de la forma de vida se dejará sentir en él con especial claridad. Cuanto mayor sea el rigor con que el cristianismo se reafirme como lo no evidente, cuanto más hondamente haya de distinguirse de una concepción dominante no cristiana, tanto más firmemente hará su aparición en el dogma el elemento existente y práctico, al lado del teórico. Desde luego, no es necesario advertir que, al hablar así, no me refiero a renovación alguna, a ninguna clase de debilitación, ni de su contenido ni de su valor. Por el contrario, se acentuarán con mayor agudeza su carácter absoluto, la incondicionalidad tanto de sus afirmaciones como de sus exigencias, pero en ese carácter absoluto, la definición de la existencia y la orientación del quehacer se harán sentir, creo yo, de un modo especial.

[…] La soledad en la fe será espantosa. El amor dejará de ser una actitud común (Mt 24, 12). Ni será comprendido ni practicable. Se hará tanto más valioso cuanto que pondrá en contacto a un solitario con otro solitario. Será fortaleza del corazón procedente de la relación directa con el amor de Dios. Quizá se sienta este amor de una forma totalmente nueva, con la soberanía de su carácter originario, su independencia respecto del mundo, el misterio de su último por qué.”

El ocaso de la Edad Moderna [1950], de Romano Guardini; en Obras; Ediciones Cristiandad, 1981;  “pgs. 113, 116-117, 117-118, 119.

'Night Guard', de Odd Nerdrum (1985)

‘Night Guard’, de Odd Nerdrum (1985)

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