El sosiego acantilado

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Categoría: FERNÁNDEZ FLÓREZ

ULTÍLOGO

“Y transcurrieron los días. Y los años.

Y vino la Muerte y pasó su esponja por toda la extensión de la fraga y desaparecieron estos seres y las historias de estos seres.

Pero detrás todo retoñaba y revivía, y se erguían otros árboles y se encorvaban otros hombres, y en las cuevas bullían camadas recientes y la trama del tapiz no se aflojó nunca.

Y allí están con sus luchas y sus amores, con sus tristezas y sus alegrías, que cada cual cree inéditas y como creadas para él, pero que son siempre las mismas, porque la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz la que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito.”

El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez; Austral, 1996; pg. 249.

MEMORIAS DE UN PORTERO MARXISTA: LA MOSCA

La asamblea ha terminado, hermanas; diseminaos y cumplid con vuestro deber de ahuyentar la paz de entre los seres y de ensuciarlo todo.

El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez; Austral, 1996; pg. 153.

“Una mosca juega el eterno y tonto juego de las moscas y los cristales; lleva ya varias horas. Supongo que morirá, de hambre y agotamiento. El sentido del tacto tiene que ser algo insignificante para las moscas; por mucho que sientan la oposición física del cristal, la percepción de la transparencia gana a cualquier otra sensación. He ahí el materialismo palurdo de las moscas: si el mirar no mira nada, entonces es que no hay nada (materialismo ocular). […] La mosca, tras más de 7 horas empotrándose contra el cristal, dejó de intentar ir hacia el norte y voló hacia el sur. No sé cómo fue exactamente que tomó la decisión; la tomó y nada más. Da que pensar. ¿Hay un límite temporal para la gilipollez de las moscas? No se les puede negar una increíble constancia. Para las moscas resulta tan ilógica la idea de un sólido transparente que, simplemente, no la pueden pensar. Cando topan con un cristal, tan sólo la suerte puede salvarlas.”

Escrito en mi diario el 19 de agosto de 2002 (traducido del gallego original); ese mismo día, terminé de leer el primer volumen de La Revolución Bolchevique (1917-1923), de E. H. Carr.

Fotograma de la película 'Hunger', de Steve McQueen (2008)

Fotograma de la película ‘Hunger’, de Steve McQueen (2008)

EL LIBRO MÁS AMADO POR MI MADRE

“-He notado que no adoptó usted ningún nido, señor. Quizá porque no conoce aún a los pájaros que aquí viven y no ha hecho su elección. Me gustaría orientarle, pues supongo que usted sostendría un nido con agrado. Nos convierten en algo así como un regazo maternal. Yo alojo a unos cuervos. No molestan, pero confieso que son poco decorativos. Quisiera recomendarle a usted las oropéndolas. Ya habrá visto que hay oropéndolas en Cecebre. Pues bien, cuelgan sus nidos con tanta belleza y originalidad que no desmerecerían de las que a usted le ennoblecen.

El poste crujió:

-¿Para qué quiero yo sostener nidos de pájaros y soportar sus arrullos y aguantar su prole? ¿Me ha tomado usted por una nodriza? ¿Cree que soy capaz de alcahuetear amoríos? Puesto que usted me habla de ello, le diré que repruebo esa debilidad que induce a los árboles de este bosque a servir de hospederos a tantas avecillas inútiles que no alcanzan más que a gorjear. Sepa de una vez para siempre que no se atreverán a faltarme al respeto amasando sobre mí briznas de barro. Los pájaros que yo soporto son de vidrio o de porcelana, y no les hace falta plumaje de colorines, ni lanzarán un trino por nada del mundo. ¿Cómo podría yo servir a la civilización y al progreso si perdiese tiempo con la cría de pajaritos?

[…] Pasado cierto tiempo, volvieron al lugar unos hombres muy semejantes a los que habían traído el poste; lo examinaron, lo golpearon con unas herramientas, comprobaron la fofez de la madera carcomida por larvas de insectos, y lo derribaron. Tan minado estaba, que al caer se rompió.

El bosque hallábase conmovido por aquel tremendo acontecimiento. La curiosidad era tan intensa que la savia corría con mayor prisa. Quizá ahora pudieran conocer, por los dibujos del leño, la especie a que pertenecía aquel ser respetable, austero y caviloso.

-¡Mira e infórmanos! -rogaron los árboles al pino.

Y el pino miró.

-¿Qué tenía dentro?

Y el pino dijo:

-Polilla.

-¿Qué más?

Y el pino miró de nuevo:

-Polvo.

-¿Qué más?

Y el pino anunció, dejando de mirar:

-Muerte. Ya estaba muerto. Siempre estuvo muerto.

Aquel día el bosque, decepcionado, calló. Al siguiente entonó la alegre canción en que imita a la presa del molino. Los pájaros volvieron. Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar, sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir.”

El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez; Austral, 1996; pgs. 48, 50-51.

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