ADICCIONES

-Buenas tardes.

-Buenas…

-Vengo a recoger un pedido.

-A nombre de…

-R[…] C[…].

-Un momentito… -busco en nuestro fantástico programa de gestión de librerías-. Sí, tiene cinco libros para recoger…

-Ya, pero sólo me voy a llevar dos -me corta el cliente; debo de poner cara de interrogación, pues enseguida se explica-. Como llegue a casa con más libros, mi mujer me mata…

Me río.

-Se sorprendería si supiera la cantidad de clientes que tenemos con ese mismo problema -le digo-. Mi propia mujer me ha dicho: libro que entra, libro que sale. Así que he optado por no llamar mucho la atención sobre mis últimas adquisiciones… Ayer mismo, un cliente nos dejó la bolsa con los cuatro o cinco libros que había comprado, porque decía que si volvía a casa con ellos, su mujer no le iba a dejar entrar. Así que le hemos guardado la bolsa para que se la lleve otro día.

El cliente resopla y lanza una mirada apesadumbrada al infinito, confirmando que ese es el pan suyo de cada día.

-Está claro que es una infidelidad con la que tendremos que cargar por el resto de nuestras vidas… -reflexiona, filosófico-. Yo he hecho de todo ya. Lo de dejar la bolsa en la librería, por supuesto. En cierta ocasión, llegué a esconder los libros que había comprado en la sala de calderas de nuestro edificio…

Me vuelvo a reír y le doy los dos libros que se llevará hoy. Queda el resto a la espera de mejor ocasión. El cliente se marcha con una tragicómica mezcla de alegría y miedo.

Hasta que el mono le haga buscar de nuevo a su hombre: que soy yo.

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