El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: EL ENEMIGO

Y NO ME DEFIENDO, POR NO MOLESTARTE

Me levanto y, como todos los días, me pongo a Alsina para enterarme de cómo están las cosas. Y las cosas están como siempre.

Pero, entre el barullo de noticias repetidas, me llama la atención una, no tan común.

Vivimos saturados de peroratas públicas de nuestros representantes políticos, especialmente en el sector progresista, sobre los derechos de las mujeres. Se votan decenas de leyes de igualdad, contra la violencia de género, contra el machismo.

Asistimos a un continuo rasgado de vestiduras por los desmanes del patriarcado occidental.

Pero llega la delegación iraní  de visita a la principal institución de nuestra democracia y el único partido que se opone a que las mujeres sean tratadas como seres inferiores (o peligrosos para las frágiles virtudes de los machos iraníes) es VOX. Y (un poquito, pero sin pasarse) Ciudadanos.

Dicen fuentes del Congreso que ese protocolo de (no) saludo es típico cuando nos visitan países árabes.

Árabes.

Uno ya no sabe si la correción política les ha deconstruido el cerebro o es que son unos simples ignorantes. Este protocolo no lo ponen en marcha los países por ser árabes, sino por ser musulmanes.

Musulmanes. Repitan conmigo: musulmanes. Mu-sul-ma-nes.

Mu

sul

ma

nes.

Y los únicos que se han opuesto a que las representantes de nuestra democracia sean tratadas como seres inferiores han sido VOX y (un poquito, pero sin pasarse) Ciudadanos.

Que cada palo aguante su vela.

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DENTRO DE UN PAR DE SEGUNDOS

José observaba los meandros del río desde lo alto del cañón, de pie junto al abismo. La brisa del atardecer daba vida a los faldones de su abrigo. A su espalda, Iván y Thomas se sentaban apoyando la espalda en el tronco de un inmenso roble.

Esperaban el regreso de Abraham y Lope, que habían ido a cazar.

-¿Cuál es la diferencia fundamental entre los cristianos de las Casas y los cristianos katejónicos? -preguntó Iván, que llevaba un rato con gesto abstraído.

El viejo Thomas levantó la cabeza del libro que estaba leyendo.

-Los cristianos katejónicos -respondió- creen que los hombres y sus comunidades políticas tienen la capacidad de retrasar el Apocalipsis; es decir, el Juicio Final.

Iván volvió a quedarse pensativo. José se dio la vuelta, miró por unos breves instantes al joven y al viejo, y volvió a dirigir la mirada hacia abajo, hasta las aguas del río, donde se ahogaban los últimos rayos de sol.

-¿Y por qué quieren retrasarlo? -volvió a preguntar Iván.

Thomas enarcó las cejas.

-Buena pregunta -dijo el viejo-. Es una cuestión de cantidad, supongo. Instaurando repúblicas cristianas, creen que incrementarán el número de almas que se podrán salvar. Los estados cristianos son el katejón. Retrasan la llegada del Anticristo. Retrasan el Juicio Final. Dicen.

-¿Piensas que están equivocados? -pregunta Iván.

-Pienso que es una forma torticera de recaer en el mesianismo, en buscar la construcción del paraíso en este mundo; su mala conciencia les obliga a buscar excusas para sus ansias de poder, haciendo caso omiso de la Tercera Tentación del Desierto.

-¿Cuándo crees tú que ocurrirá el Apocalipsis? -insistió Iván.

-Cuando Dios quiera -respondió Thomas-. Pero, sin ninguna duda, cuando yo muera. Y cuando tú mueras. Y cuando José muera.

Iván miró extrañado al teólogo.

-El fin de la Creación -continuó Thomas- será un suceso que, se nos ha dicho, conllevará el inicio del Juicio universal de todas las almas que han sido; ocurrirá, por lo tanto, en un momento temporal de la historia humana -el teólogo se detuvo un momento antes de continuar-. Pero, a nivel individual, lo único que nos separa del Juicio Final, es nuestra muerte. Así que el Juicio Final puede ser dentro de un millón de años y, al mismo tiempo…

-Dentro de un par de segundos -terminó José.

Que permanecía con la mirada fija en la oscuridad creciente en las profundidades del cañón, mientras el sol de invierno se dejaba morir tras las montañas.

TU PUTO GRUPO POMPIER

Enterado del último debate entre las huestes de la intelligentsia católica, me entretengo en los intermedios de estudio y trabajo siguiendo sus pormenores.

Ciertamente, la tensión entre cristiano y Mundo es un elemento crucial de esta religión. Buena parte de la motivación para escribir Las Casas proviene del incansable reflexionar sobre esa agonía fundamental del ser cristiano. Que tiene una derivada muy importante al tratar de pensar qué pueda llegar a ser, concretamente, una política cristiana.

En la obra, intento que todas las posiciones tengan su voz, aunque yo pueda tener más afinidad con algunas de ellas. Porque puedo tener más afinidad, pero lo que no tengo es la Verdad absoluta.

Pero es cierto que siempre me resultan chocantes las posiciones cristianas que tratan de usar a Cristo como excusa para cambiar el mundo. Yo creo que la enseñanza cristiana fundamental es que el mundo no se cambia, el mundo se sufre. Hasta la cruz, si es necesario. Que de ese sufrimiento pueda surgir un cambio a mejor del mundo, creo que es cosa de poco interés para el auténtico creyente. O, por lo menos, de bastante menor interés que la vida eterna.

También tengo que reconocer que me hacen gracia los cristianos que se quejan de que ahora es más difícil ser un buen cristiano. Vamos, que ahora mismo es muy difícil ser bueno. Porque el mundo ha cambiado mucho.

Claro, como Cristo vivió durante el imperio carolingio, rodeado de monasterios.

Según esa bobada de argumento, Cristo nunca hubiese podido ser Cristo en la época en la que nació.

En fin, que cada cual haga lo que crea menester para salvar su alma. Incluido criticar a los grupitos rivales que conforman las huestes de la intelligentsia católica. No sé si servirá de algo, pero al menos pasamos el rato.

EL MONSTRUO DE LA CUEVA

El niño asomó la cabeza. Al parecer, en aquel local en reformas, que aspiraba a convertirse en pub, estaba su padre. Con el que nunca había hablado.

El niño intentó ver o escuchar algo, pero nada parecía acontecer en aquel interior oscuro. Su corazón palpitaba acelerado, como si se encontrara a la entrada de una cueva donde morase un monstruo mitológico. Un dragón o un minotauro.

Le acompañaba Richi, su amigo. Quien, de repente, a modo de broma, empezó a gritar el nombre del niño, para anunciar su presencia a la entrada de aquella cueva.

El niño salió corriendo, diciéndole a Richi que se callara, entre risas nerviosas.

Nada salió de la cueva.

Y el niño no volvió.

El monstruo se había escondido en aquella cueva huyendo de una casa que había confundido con una prisión. Y en su huida fue arrastrando, al interior de aquella cueva oscura, a todos los que le querían.

Cuando, mucho tiempo después, quiso salir al mundo, la luz del sol le cegó. Y, presa de la desesperación, se precipitó por el acantilado que se encontraba a escasos metros de la cueva.

Así supo el niño de la existencia de aquel acantilado.

Y de aquella cueva.

Y agarrando de la mano a su hija, que caminaba ya en su alma, rogó a Dios que le mantuviese alejado, por toda la eternidad, de aquel lugar.

CRIATURAS DE DIOS

El gusano va creciendo dentro de la mantis religiosa.

De nada sirve al insecto su dura coraza de quinina.

Cuando llega el momento, el nematomorfo adulto toma control del sistema nervioso central y obliga a su anfitrión a tirarse al agua.

El gusano abandona entonces el cuerpo de la mantis, para vivir plenamente su vida de gusano.

Vacía y muerta queda la bella e inútil forma de la mantis religiosa:
insospechado continente
(mas perfecto hogar)
de su enemigo.

LA CULPA DE TODO LA TIENE LA HERENCIA JUDEOCRISTIANA (bis)

Así que, además de ir a tiendas de juguetería erótica y hablar abiertamente de qué cosas nuevas nos gustaría probar, decidimos empezar a grabar en vídeo nuestros encuentros sexuales. Vernos como si fuésemos actores porno nos excitaba mucho y nos animó a innovar y a dejarnos llevar. Desde que lo hacemos, el sexo ha mejorado notablemente y ha pasado de ser algo monótono a convertirse en una aventura. Nunca pensé que algo tan sencillo podría ser tan beneficioso. No solo tenemos mejor sexo, sino que siento que como pareja somos aún más fuertes de lo que lo éramos antes.

Luis, 50 años, empresario. El resto del artículo, aquí.

EL ETERNO DILEMA

Dudar entre madre y perro es completamente lógico y natural.

Una madre, símbolo de la máxima capacidad de entrega y amor que puede alcanzar un ser humano, puede, en su libre arbitrio, tomar la decisión de eliminar la vida que crece en su vientre.

Un perro, sin embargo, representa la entrega y el amor sin límites. Precisamente porque el perro, como animal, carece de la capacidad de juzgarnos. Nos amará seamos como seamos, hagamos lo que hagamos. Bastará con darle de comer y sacarlo a ensuciar el barrio varias veces al día para que nos profese un cariño sin fisuras.

Sólo una madre puede hacernos dudar y convencernos de que aceptemos relacionarnos con esa cosa tan nefasta y destructiva: el ser humano. Sólo eso nos puede separar de lo que realmente queremos hacer: vivir rodeados de perros que nos lamen y nos quieren a pesar de todas nuestras imperfecciones, a pesar de todos nuestros pecados, a pesar del patético ejemplo de seres humanos que nosotros mismos podemos llegar a ser.

Occidente se vacía de niños y se llena de perros. Millones de perros. Pablo Iglesias pide en el debate electoral el descenso del IVA en productos veterinarios. Aun siendo él mismo padre, sabe que ese IVA preocupa a más gente que el IVA de los pañales.

Sustituimos familias por jaurías caseras. Sustituimos madres por perros. Las familias son incómodas, repletas de individuos que limitan nuestros deseos, nuestro tiempo libre. Nos exigen sacrificios. De los de verdad, de los que apenas te dejan tiempo para exponer tu vida en Facebook.

Un perro nos acompaña y nunca nos traiciona.

Nunca nos traiciona. He ahí la clave de todo.

El pavor a la posibilidad del inmenso dolor que puede provocar la traición de un ser querido. Nada puede hacer más daño que un Judas.

Nada puede hacer más daño que un ser humano.

Elijamos, pues, a los perros.

Elige perro. Vota PACMA.

LA NUEVA SOMBRA

La puerta bajo el porche estaba abierta, pero la casa se hallaba a oscuras. Los sonidos habituales del atardecer parecían haber desaparecido, sólo había un suave silencio, un silencio mortal. Entró, algo extrañado. Llamó, pero no hubo respuesta. Se detuvo en el estrecho pasadizo que recorría la casa y le pareció que la oscuridad lo envolvía: ni un destello de la luz del crepúsculo del mundo de fuera brillaba allí. De repente lo olió, o creyó olerlo, aunque le pareció que iba de dentro hacia fuera: sintió el antiguo Mal y lo reconoció como lo que era.

La nueva sombra, de J.R.R. Tolkien; en Historia de la Tierra Media. Los Pueblos de la Tierra Media; Minotauro, 2002; pg. 475.

Así termina uno de los tres esbozos del único relato que Tolkien trató de escribir situando la acción en un tiempo posterior (algo más de un siglo) al del final de El Señor de los Anillos. En sus propias palabras, escritas el 13 de mayo de 1964, se trataba de una historia siniestra y deprimente. Como que tratamos de Hombres, es inevitable que nos centremos en el rasgo más lamentable de su naturaleza: su rápida saciedad con el bien.

A pesar de que nunca escribió más de una docena de páginas, llama la atención que llegase a realizar hasta tres intentos. Este relato le acompañó durante casi veinte años (el último borrador es de 1968). Y según su biógrafo Humphrey Carpenter, meditar sobre el mismo llegaba a quitarle el sueño.

Para mí, son páginas fascinantes. Básicamente, se trata de la conversación entre un viejo soldado, capitán bajo las órdenes de Faramir, y un amigo de su hijo, de ocupación desconocida (aunque el viejo cree que se dedica a comerciar con madera). El relato destaca, no sólo por este fugaz apunte de economía real (son muy raros los personajes comerciantes en los relatos de Tolkien), sino también porque es el único caso que yo conozco en que dos habitantes de la Tierra Media tienen una discusión en la que se incluye un plano teológico (de la teología inventada por Tolkien, evidentemente).

El viejo soldado es un creyente, básicamente por haber conocido y luchado contra el mal de Mordor. El joven comerciante, sospechoso en el relato de formar parte de una conspiración contra el reinado del hijo de Aragorn, habla como un nihilista de Turguénev.

Pero la narración se detiene ante la presencia del Mal. Ante el reconocimiento de la presencia del Mal. El viejo soldado se sorprendía al principio del relato por su perseverancia: Profundas en verdad son las raíces del Mal -dijo Borlas-, y la savia negra fluye con fuerza en su interior. Ese árbol no morirá nunca. Por mucho que lo talen los hombres, volverá a brotar en cuanto se den la vuelta. Ni siquiera en la Fiesta de la Tala habría que colgar el hacha.

El viejo soldado parece uno de esos hombres honestamente buenos, convencidos de la pureza  de sus creencias, incapaces de concebir el mal en su propia alma salvo por culpable dejadez propia. Un hombre humildemente en gracia.

Nunca he dudado de la existencia de tales hombres. De hecho, creo haber conocido a algunos. Pocos, por supuesto. Extraordinarios.

Tengo la sensación de que Tolkien era un poco así. Aunque consciente también de las limitaciones de una excesiva inocencia: ¡Ay! -se queja el viejo del relato- todos cometemos errores. No me considero sabio, joven, excepto quizás en lo poco que se puede aprender con el paso de los años. Gracias a los cuales sé demasiado bien que quienes tienen buena intención pueden hacer más daño que los que dejan las cosas estar.

Reconocer el mal y callar. La frontera del misterio. Como los coches negros de lunas tintadas que recorren las calles de la Santa Teresa de Bolaño, a cuyos ocupantes nunca vemos.

El mal encarnado. El hombre malo. Ese misterio.

Tengo un recuerdo bastante claro del primer momento de mi vida en que fui conscientemente malo y disfruté con ello. Era niño y aún vivía en Ferrol. Creo que era Nochebuena. Íbamos a cenar en casa y después nos acercaríamos a casa de la abuela de mi amigo Richi, para juntarnos con toda su familia (nuestras madres eran muy amigas).

Mi madre había preparado gambas al ajillo, plato que me encantaba. No sé exactamente cómo se desarrolló la escena, pero recuerdo que le hice un feo a mi madre, precisamente por las gambas. Recuerdo ser plenamente consciente de que le estaba haciendo daño a mi madre adrede.

Y cuando vi que mi madre lloraba, me sentí turbado por mi propio poder. Era una turbación placentera. Me sentía poderoso por ser capaz de hacer llorar a mi madre. Y ese sentimiento me hacía sentir bien.

El mal encarnado. El niño malo. Ese misterio.

Desde muy temprano en mi vida he tenido claro que yo necesitaba practicar la bondad. No era algo que me saliese de forma natural, era algo que me suponía un esfuerzo consciente.

Cada vez que he bajado la guardia, durante mi vida, el sufrimiento se ha extendido a mi alrededor.

Creo que el Cristianismo está pensado para el común de los mortales que, como yo, tienen que combatir constantemente contra una multitud de demonios. Jesús pasa buena parte de los Evangelios combatiendo demonios, cosa a la que la Iglesia Católica de los últimos cincuenta años trató de prestar menor atención. No es extraño, se puede pensar, que la Iglesia esté ahora como está.

No hay que ocultar el mal. No hay que callar su descripción. No hay que eliminar a los monstruos de los cuentos infantiles. Hay que enseñar a los niños a luchar contra ellos. Hay que enseñar a los niños que los monstruos te pueden poseer y obligarte a hacer lo que ellos quieren. Que si uno no está en guardia día y noche, se puede convertir en orco.

En el documental Examen de conciencia podemos ver la entrevista realizada a un cura abusador de niños. Creo que es algo que toda persona debería ver. Desde luego, no es agradable. Es siniestro y deprimente. Como toda la situación actual en la Iglesia Católica. Como toda la situación actual en el mundo. Como toda la historia humana.

Toda persona debería ver la película Spotlight. Toda persona debería ver el documental The Keepers.

Todo joven cristiano debería ser consciente del poder del mal, de lo que el mal es capaz de hacer. Es la única manera de descubrirlo, de saber enfrentarlo. Aún sabiendo que, en muchísimas ocasiones, uno perderá. En su vida mortal. Como la hermana Cesnik.

Que el mal lo puede corromper todo, porque en todo corazón puede morar.

Y que el principal deber de un hombre es combatir contra los demonios de su propia alma.

LA PUERTA DE LA CIUDAD

En la puerta de la ciudad se abandonaban cadáveres y bebés recién nacidos.

Trabajar en la sala de vistas de un juzgado es vivir atrapado en una eterna repetición de Rashomon.

Sin necesidad de mentir, cada testigo ofrece tal diversidad de matices que uno sólo puede concluir que hay pocas cosas en el mundo más complicadas que la verdad.

La historia de nuestra existencia individual determina tanto nuestras miradas y entendimientos que a veces resulta imposible creer que dos personas estén hablando del mismo hecho.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?

Mientras tanto, a las puertas de la ciudad se siguen acumulando muertos y niños abandonados.

Y niños muertos. Y muertos aún ni siquiera niños. Y niños violados. E infancias destruidas. Y cadáveres de fes.

Y Dios parece haber decicido hacer uso de los tribunales seculares para limpiar su casa, visto que sus sacerdotes han aprovechado la jerarquía institucional para institucionalizar el pecado.

Aprovechemos mientras se siga teniendo claro que está mal. Aunque no siempre ha sido así. Y quizás algunos (¿como se insinúa en Doubt?) ya prevén el retorno a un pasado mejor: aquellos maravillosos siglos griegos en los que bellos y poderosos ciudadanos protegían y educaban a hermosos adolescentes, ayudándoles a promocionarse en sociedad y preparándolos para grandes responsabilidades políticas y militares.

En realidad, es tan clásico lo que sucede en la Iglesia Católica actual…

Todos tienen su verdad, todos cuentan su verdad en el juzgado. Y quizá ninguno mienta. Quizá todos estén equivocados.

Dice el chiste: cuatro polacos, cinco opiniones.

Y en la puerta de la ciudad se amontonan los cadáveres de viejas verdades y se abandonan revoluciones recién nacidas.

Pero, ¿tan difícil es saber dónde está el bien? No creo.

El bien es un leñador, padre de seis hijos, que se lleva a casa un recién nacido abandonado, para criarlo como si fuera suyo.

A cambio de nada.

CALLE EL HOMBRE

“Más silencio. Silencio. Sobre todo, más silencio. El ruido es un invento moderno. Pero ni siquiera estoy de acuerdo: el ruido es la voz del pecado original. La modernidad, simplemente, le ha puesto altavoces.”

Escrito en mi diario el viernes 2 de noviembre de 2018.

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