El sosiego acantilado

Categoría: EL ENEMIGO

LOS CACHORROS DE LA MANADA

Son innumerables los artículos y estadísticas de estos últimos días que inciden en el creciente problema de la violencia sobre la mujer.

En uno de ellos, descubrimos lo acostumbrados que parecen los jóvenes españoles a la presencia de tales sucesos.

En otro, el doctor en Psicología Javier Urra dice lo siguiente: El problema hoy es que la agresión grupal está aumentando. Es un punto de inflexión. El grupo genera combustión por sí mismo. ¿Cometen los hechos por el alcohol y las drogas? ¿O toman las drogas para desinhibirse y salen de caza y cometen el acto? La respuesta es la segunda.

El discurso hegemónico considera que esta violencia masculina sobre las mujeres es causada principalmente por posiciones propias de actitudes y religiones incapaces de ponerse a la altura de los tiempos. El famoso patriarcado.

Pero lo que contemplamos es que estos datos de violencia crecen en sociedades en las que, como la española, se han aprobado leyes, con amplio consenso social, sobre el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo; sociedades en las que la secularización de la mayoría de la sociedad es un hecho completamente triunfante. Es sabido que los peores datos de violencia de género los proporcionan los progresistas y socialdemócratas países escandinavos.

Así las cosas, el discurso hegemónico contesta que lo que ocurre, entonces, es que las estadísticas sobre violencia machista se disparan por el éxito de las campañas contra el silencio autoimpuesto por las mujeres que sufren tales hechos.

Con lo cual, el discurso hegemónico siempre tiene razón, y su forma de encarar el problema siempre es la adecuada. Suban o bajen las cifras de la violencia, las soluciones que se están poniendo en práctica son las correctas.

Pero la manada no para de crecer.

Así que mi pregunta es:

cuál es la razón de que, en estos tiempos de amplísima y fomentada libertad sexual, en los que somos educados en las maravillas de todo tipo de actos y relaciones orgasmáticas, en los que las campañas en contra de la violencia machista se han hecho sitio en todas las instituciones sociales y estatales, en los que la igualdad de derechos se ha plasmado en todos los textos legales;

¿por qué, justo ahora, la manada no para de crecer?

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SOBRE EL DIÁLOGO

Al parecer, una de las causas de la actual situación es la ausencia de diálogo entre los diversos actores políticos involucrados en la misma. Según este planteamiento, la discusión racional entre las diversas posiciones enfrentadas implicaría, de suyo y por pura inercia, el logro de una solución correcta del conflicto.

Esta creencia metafísica en las virtudes de la conversación es uno de los lugares comunes de la Modernidad; época caracterizada, sin embargo, por el genocidio, las guerras con pérdidas masivas de población civil y el terrorismo de estado. Dime de qué presumes…

La expresión derecho a decidir es un eufemismo del concepto legal conocido como derecho de autodeterminación. Según cierto sector de la población catalana (y parte del resto de la población española), en base a tal derecho, el censo electoral de dicha comunidad autónoma tendría derecho a votar en referéndum la posibilidad de que ese territorio deje de formar parte del Reino de España. Lo cual no es posible en el actual marco legal. Así las cosas, el derecho de autodeterminación sería un derecho natural del ente político formado por el censo electoral catalán, que el resto de ciudadanos españoles deberíamos aceptar por su autoevidente existencia real.

Pero que tal derecho tenga una superioridad jerárquica sobre el derecho del censo electoral español a decidir la constitución política de toda su geografía actual es cualquier cosa menos evidente de suyo.

¿Por qué razón un habitante de Olot tiene más derecho a decidir el destino político de la ciudad de Barcelona que un habitante de Alcañiz?

Por lo tanto, existe una contradicción fundamental entre dos posiciones políticas: la de aquellos que consideran que el destino político de la comunidad autónoma de Cataluña ha de ser decidido por el censo electoral catalán y la de aquellos que consideramos que tal decisión incumbe a la totalidad del censo electoral español.

Otra cosa es que el censo electoral español decida dar su apoyo a un cambio constitucional que transforme el estado español en una entidad política confederal, en la que a alguno o algunos de sus territorios se les reconozca el derecho de autodeterminación.

Cosa que parece empezar a flotar en el ambiente y que no me extrañaría que se llegase a consumar, teniendo en cuenta la situación actual. Teniendo en cuenta, sobre todo, el grado de delirio sentimental de las masas nacionalistas catalanas, su elevado nivel de organización y la entusiasta entrega a su mitología patriótica particular.

Yo, sin delirio ni entusiasmo de ningún tipo, pediría que alguien me explicara en qué modo sería el mundo mejor con una Cataluña independiente de España.

Pero, como ya he dicho, la creencia mitológica en las virtudes del diálogo lleva ya un par de siglos coexistiendo, curiosamente, con el mayor grado de irracionalidad y salvajismo de la historia humana. Así que nada bueno espero del diálogo de estos actores.

Si Cataluña se independiza de España, no será un triunfo del diálogo y la democracia, sino del delirio sentimental provocado por una mitología que considera mejor a un ser humano que habla en catalán que al que lo hace en castellano. Y que, en su masiva pataleta de niño mimado, obliga a negociar la rendición de una organización política, para mí, claramente mejor y superior.

Pero, a estas alturas de la película, comprenderán ustedes mi total escepticismo con respecto al mito del progreso en la historia.

Nada más peligroso y cutre que una masa de seres humanos.

CATALUÑA, ESA DIOSA MENOR

Sostengo a Ana Ofelia en brazos, tratando de que eructe, mientras sigo las novedades en Cataluña a través de radio y televisión.

De las muchas imágenes que están produciendo estas primeras horas del día, sin duda la que más me ha llamado la atención es la de ese padre nacionalista que llevaba a su hijo en hombros en Sant Julià de Ramis y que era expulsado de la entrada del colegio electoral, con exquisito cuidado y profesionalidad, por los miembros de la Guardia Civil allí desplegados.

Tengo no poca experiencia en manifestaciones y cargas policiales, así que me resulta evidente que ese padre está arriesgando el bienestar de su hijo.

Lo cual me lleva a preguntarme por sus razones para arriesgar tal cosa.

Y también me hace preguntarme por las razones que a mí me llevarían a arriesgar la vida de Ana Ofelia. Me cuesta trabajo encontrar alguna. Más bien, se me ocurran muchas situaciones en las que mataría por defenderla.

Así que he de concluir que la independencia de Cataluña es más importante para ese padre que la vida de su hijo.

Ese hombre adora a una diosa llamada Cataluña; que le puede llegar a exigir la vida de su hijo, como cualquier Baal del antiguo Oriente Medio.

Nunca me ha caído bien el nacionalismo catalán, ni siquiera en mi época de militante nacionalista gallego. Por la simple razón de que siempre lo he considerado un nacionalismo de ricos. De hecho, uno de los fundamentos de mi postura política en aquella época se sostenía en el atraso económico gallego y en la consiguiente injusticia social que eso suponía para nuestro pequeño país, en comparación con el resto de España. Cosa que jamás ha ocurrido con Cataluña, como sabe cualquiera que haya leído dos libros de historia. Cataluña ha sido siempre una de las regiones más favorecidas de España, franquismo incluido.

En la España actual, además, cualquier gallego, vasco o catalán puede vivir sin problemas en sus lenguas particulares, sin ningún tipo de impedimento; al contrario, con amplio apoyo del dinero público.

Por lo tanto, ese padre arriesga la vida de su hijo para lograr un estado separado del resto de España, que permita que la riqueza material de Cataluña no sea redistribuida con otras zonas de España de menor bienestar económico.

Pero, sobre todo, lo hace para cumplir con el guión de la mitología nacionalista y obtener los réditos sentimentales y heroicos que el relato proporciona a las existencias de sus actores.

Desaparecidos otros dioses mayores, el sentido de las vidas de muchos occidentales ha descendido, desde la explosión romántica de la primera mitad del siglo XIX, hasta esas deidades menores, pero más visibles, llamadas naciones.

Las vacías vidas occidentales, ansiosas de algún tipo de espiritualidad o criterio último existencial, encuentran un modo de vida interesante en esta lucha por la independencia de sus oprimidas patrias.

Y ahí está ese padre, devoto máximo de su profanada diosa, arriesgando la vida de su hijo para mayor gloria de una Cataluña libre, rica, egoísta e insolidaria.

Así que mis oraciones hoy son para todos esos agentes de policía y Guardias Civiles que van a arriesgar sus propias vidas para impedir los caprichos de esa diosa menor.

LA SUPERIORIDAD ESPIRITUAL DE LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA

Durante siglos, el poema central en la vida de todo bautizado fue el relato de la Pasión de su Dios. Un Dios de naturaleza humana que encarnaba la verdad de su mensaje, no con el sacrificio de la vida de otros -al modo mahometano-, sino con el sacrificio de la vida propia.

A través de su dolor, a través de su forma de dar sentido al dolor, Jesús de Nazaret regaló una potencia inigualable a los afanes de sus seguidores.

Presente su recuerdo constante en la existencia cotidiana, todo bautizado alcanzaba a ver la figura de su Dios sufriente tras el velo de los problemas de cada día. En la vejez de los padres, en la lejanía de los esposos, en la enfermedad de los hijos, siempre brillaba humilde la verdad profunda de un Dios que había sufrido como ellos.

Y una frase fue repetida en millones de ocasiones: “si Él soportó lo que soportó en este mundo, ¿no voy a ser yo capaz de soportar esta pequeña tribulación que me entorpece?”

Una y otra vez, millones de hombres y mujeres, durante siglos, fueron capaces de superar los afanes de su existencia apelando al ejemplar sacrificio supremo de su Dios.

Pues no hay nada semejante a la fe del cristiano para soportar y dar sentido al dolor, que siempre nos acaba alcanzando en la vida.

El budista hace todo lo posible para estar por encima del dolor.

El musulmán lo acepta sumiso porque su dios lo quiere.

Sólo el cristiano se abraza a su dolor como la clave de bóveda de su existencia, como el momento cumbre de su vida. Hace de soportar el dolor propio una artesanía majestuosa; cauce para la limpieza de su alma corrompida y mil veces caída; patética y crucial antesala del Paraíso. El cristiano fiel espera deseoso el trance de la prueba para saber de qué está hecho realmente.

Una civilización forjada con esta clase de hombres y mujeres es indestructible.

A no ser que esa civilización deje de creer en ese Dios. Que es precisamente lo que lleva ocurriendo desde hace un tiempo.

Pero ese avance de la incredulidad no es gratis.

¿A quién puede extrañar que la depresión se extienda como una pandemia por Occidente, si cada vez está menos presente el cristianismo en su vida espiritual? En esta época en la que somos educados para vivir en un interminable parque de atracciones, ¿qué sentido puede tener soportar las penurias de la vida?

Mas, ¿qué vida hay que no tenga que soportar, al fin y al cabo, una buena cantidad de penurias?

Surgen psicólogos, motivadores, expertos en coaching y mil supersticiosas parafernalias más para intentar evitar el derrumbe generalizado. Parches inútiles.

Sin el impulso de su creencia cristiana, Occidente es una cáscara vacía, que no tardará en ser ocupada por algún otro contendiente espiritual de auténtica altura civilizatoria.

El Islam, por ejemplo.

Pero que no se entiendan estas palabras como una exhortación política, como un plan de regeneración concebido para poner en marcha no se sabe qué movimiento social. Son sólo las reflexiones de un cristiano débil, que sabe que no hay lucha más importante que la que uno porta dentro de su propia alma.

Que, como decía don Nicolás, no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar. Y que no hay mejor invitación que el ejemplo inigualable.

FANTASÍA DE UNA FEMINISTA COHERENTE

Entraron en el recinto cuando el imán contaba, por enésima vez, la anécdota en que Mahoma le explicaba a aquella mujer vestida de manera inapropiada cómo debía hacerlo:

-…y el Profeta le dijo: ¡Oh, Asma!, una vez la mujer alcanza la edad de la menstruación ninguna parte de su cuerpo ha de ser vista salvo esto… Y el Profeta le señaló la cara y las manos…

Sus manos se deslizaron bajo las cazadoras. Dos se quedaron en las primeras esquinas, mientras el resto seguía caminando con calma hacia el estrado. Los hombres observaban sin entender aquella irrupción. El imán, concentrado, siguió perorando sin darse cuenta de lo que sucedía.

-…porque Dios ha querido proteger a las buenas musulmanas de las debilidades del hombre y es por ello que les concede la posibilidad de taparse y evitar así las intemperancias masculinas…

La figura que dirigía la marcha se descubrió la cabeza, dejando caer una bella melena rubia hasta la altura de las caderas. Con la otra mano apuntaba hacia la cabeza del imán. Los gritos brotaron de la concurrencia. Mientras tanto, las otras figuras descubrían también sus cabezas y apuntaban con sus armas a la multitud histérica.

La mujer rubia subió al estrado y se quedó mirando directamente a los ojos al imán, a pocos centímetros de su cara. Un hombre intentó levantarse, gritando, para protegerlo; pero una de las mujeres se acercó rápidamente y le disparó en la rodilla. El hombre cayó de nuevo al suelo, gimiendo y agarrándose la herida con las dos manos, mientras el resto de hombres se apretujaba aterrado contra las paredes, vigilados por las otras mujeres.

El imán observaba catatónico los gestos de dolor del hombre baleado, sin percatarse de que la mujer rubia se estaba desnudando de cintura para arriba. Al quedar sus pechos al aire, el imán se tapó los ojos con las manos. Nuevos gritos e insultos arreciaban desde los montones de hombres.

La mujer rubia apoyó el cañón de la pistola en la frente del imán.

-Abre los ojos -dijo.

El imán seguía con las manos en la cara. Otro hombre intentó acercarse. En esta ocasión, la bala le atravesó el cráneo y se incrustó en la pared. El suelo empezó a encharcarse de sangre, en la que intentaban no mancharse los más cercanos, ahora sí definitivamente silenciosos.

-Abre los ojos -insistió la mujer rubia.

Como el imán no obedecía, la mujer le golpeó con la culata en un lateral de la cabeza. El hombre dobló una rodilla.

-Abre los ojos.

El imán apartó temeroso las manos, pero seguía sin dirigir la mirada hacia la mujer. Así que ésta decidió agacharse para hablar de nuevo con él cara a cara.

-No necesito que tu dios me proteja -dijo ella-. Si tu ojo te hace pecar, arráncatelo. Y si no eres capaz de arrancártelo, yo te ayudo.

La mujer se irguió y disparó dos veces al imán, una en cada ojo.

Después se dirigió al centro de la estancia. Desde allí miró a su alrededor con parsimonia.

-No os daremos paz hasta que acabe el mundo. Vosotros o nosotras. Y hoy ganamos nosotras.

Levantó su arma y comenzó a disparar a discreción, como el resto de sus compañeras.

ÁTAME

“El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con su captor. Principalmente se debe a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del agresor. Según datos de la Federal Bureau of Investigation (FBI), alrededor del 27 % de las víctimas de 4700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción.​ Las víctimas que experimentan el síndrome muestran regularmente dos tipos de reacción ante la situación: por una parte, tienen sentimientos positivos hacia sus secuestradores; mientras que, por otra parte, muestran miedo e ira contra las autoridades policiales o quienes se encuentren en contra de sus captores. A la vez, los propios secuestradores muestran sentimientos positivos hacia los rehenes.”

Extraído de la Wikipedia.

MUERTE AL PATRIARCADO

Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos sobre otros y en virtud de lo que (en ellas) gastan de sus riquezas.

Las habrá que sean rectas, obedientes y que guarden, cuando no las vean, aquello que Allah manda guardar.

Pero aquéllas cuya rebeldía temáis, amonestadlas, no os acostéis con ellas, pegadles; pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas.

Allah es siempre Excelso, Grande.

El noble Corán; Sura 4ª (de la Mujeres), aleya 34.

SÓLO VINE A COMPRAR PAN Y ME ENSEÑASTEIS EL CORÁN

“[…] la Declaración [Universal de Derechos Humanos] va a reconocer expresamente el derecho a la libertad de creencias en el art. 18 al declarar que:

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto o la observancia.

[…] El delegado del Líbano pidió que se incorporara la libertad de cambiar de religión o de creencia debido a la situación de numerosos refugiados del Líbano que habían sufrido persecuciones por razón de la fe profesada o de haber cambiado de creencia. Sin embargo, los países de creencia islámica se opusieron, ya que el Islam no acepta el derecho a abjurar de la religión de Mahoma, porque el creyente que hace esto sufre una muerte civil. Finalmente, Arabia Saudí se abstuvo de votar la Declaración en su conjunto y Pakistán e Irak la votaron formulando reserva a esta cláusula.”

Derecho eclesiástico del estado; VVAA; Tirant lo Blanch, 2012; pgs. 49-50.

LOS CABALLOS DESBOCADOS DE DIOS

Es una casa pequeña. No necesita más.

Los chicos acaban de irse. Se ha quedado solo. Sentado en su sofá. Piensa en los chicos. Los chicos son buenos chicos. Buenos musulmanes. Entregados a la oración. Se mantienen puros en medio de la depravación occidental. Son disciplinados. Nadie fuera del grupo conoce lo que están pensando hacer.

Expulsadlos de donde os hayan expulsado. 

Sí, son buenos chicos. Educados. No fuman, no beben. Bajan la mirada cuando pasan las mujeres, casi desnudas, que es como suelen vestir aquí. Poco mejores que prostitutas.

Cuidan de los suyos. Ayudan a recaudar dinero para las familias musulmanas que atraviesan problemas económicos. Y, ¿quién no tiene problemas económicos, en este occidente vendido a la usura?

Son buenos chicos. Con la fuerza y el empuje de la juventud. Desean entregar su vida en pos de algo más grande que ellos mismos. Cada día que pasan en este mundo podrido se envilecen. Mil tentaciones les agobian. Las mil tentaciones del incrédulo occidente. Pero ellos son la ira de Dios. Son sumisos instrumentos de su justicia.

Atropellaremos su hedonismo asqueroso, sus mil impías perversiones, su ilimitada codicia. Su continuo escupir a las órdenes de Dios. Idólatras.

Nos lanzaremos a sus calles como caballos desbocados, cercenando todas estas ramas podridas que ocultan la belleza del mundo creado por Dios. Son los sacrificios que ofrecemos al Perdonador y Compasivo, sus vidas y las nuestras, sangre que limpie los excrementos de los injustos e incrédulos.

Porque no hay nada como Él. Nosotros no somos nada. Todo es por y para Él.

Todo.

YA QUE NO TENEMOS MIEDO

Ya que no tenemos miedo, propongo dos medidas al gobierno de mi país:

1ª. Prohibición de toda financiación de carácter religioso o cultural proveniente de países que no respeten la libertad religiosa en su propio territorio; como, por ejemplo, Arabia Saudí.

2ª. Aplicación del artículo 510 del Código Penal a todas aquellas personas responsables de las mezquitas salafistas que actualmente funcionan en España.

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester