El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: EL ENEMIGO

EL ETERNO DILEMA

Dudar entre madre y perro es completamente lógico y natural.

Una madre, símbolo de la máxima capacidad de entrega y amor que puede alcanzar un ser humano, puede, en su libre arbitrio, tomar la decisión de eliminar la vida que crece en su vientre.

Un perro, sin embargo, representa la entrega y el amor sin límites. Precisamente porque el perro, como animal, carece de la capacidad de juzgarnos. Nos amará seamos como seamos, hagamos lo que hagamos. Bastará con darle de comer y sacarlo a ensuciar el barrio varias veces al día para que nos profese un cariño sin fisuras.

Sólo una madre puede hacernos dudar y convencernos de que aceptemos relacionarnos con esa cosa tan nefasta y destructiva: el ser humano. Sólo eso nos puede separar de lo que realmente queremos hacer: vivir rodeados de perros que nos lamen y nos quieren a pesar de todas nuestras imperfecciones, a pesar de todos nuestros pecados, a pesar del patético ejemplo de seres humanos que nosotros mismos podemos llegar a ser.

Occidente se vacía de niños y se llena de perros. Millones de perros. Pablo Iglesias pide en el debate electoral el descenso del IVA en productos veterinarios. Aun siendo él mismo padre, sabe que ese IVA preocupa a más gente que el IVA de los pañales.

Sustituimos familias por jaurías caseras. Sustituimos madres por perros. Las familias son incómodas, repletas de individuos que limitan nuestros deseos, nuestro tiempo libre. Nos exigen sacrificios. De los de verdad, de los que apenas te dejan tiempo para exponer tu vida en Facebook.

Un perro nos acompaña y nunca nos traiciona.

Nunca nos traiciona. He ahí la clave de todo.

El pavor a la posibilidad del inmenso dolor que puede provocar la traición de un ser querido. Nada puede hacer más daño que un Judas.

Nada puede hacer más daño que un ser humano.

Elijamos, pues, a los perros.

Elige perro. Vota PACMA.

Advertisements

LA NUEVA SOMBRA

La puerta bajo el porche estaba abierta, pero la casa se hallaba a oscuras. Los sonidos habituales del atardecer parecían haber desaparecido, sólo había un suave silencio, un silencio mortal. Entró, algo extrañado. Llamó, pero no hubo respuesta. Se detuvo en el estrecho pasadizo que recorría la casa y le pareció que la oscuridad lo envolvía: ni un destello de la luz del crepúsculo del mundo de fuera brillaba allí. De repente lo olió, o creyó olerlo, aunque le pareció que iba de dentro hacia fuera: sintió el antiguo Mal y lo reconoció como lo que era.

La nueva sombra, de J.R.R. Tolkien; en Historia de la Tierra Media. Los Pueblos de la Tierra Media; Minotauro, 2002; pg. 475.

Así termina uno de los tres esbozos del único relato que Tolkien trató de escribir situando la acción en un tiempo posterior (algo más de un siglo) al del final de El Señor de los Anillos. En sus propias palabras, escritas el 13 de mayo de 1964, se trataba de una historia siniestra y deprimente. Como que tratamos de Hombres, es inevitable que nos centremos en el rasgo más lamentable de su naturaleza: su rápida saciedad con el bien.

A pesar de que nunca escribió más de una docena de páginas, llama la atención que llegase a realizar hasta tres intentos. Este relato le acompañó durante casi veinte años (el último borrador es de 1968). Y según su biógrafo Humphrey Carpenter, meditar sobre el mismo llegaba a quitarle el sueño.

Para mí, son páginas fascinantes. Básicamente, se trata de la conversación entre un viejo soldado, capitán bajo las órdenes de Faramir, y un amigo de su hijo, de ocupación desconocida (aunque el viejo cree que se dedica a comerciar con madera). El relato destaca, no sólo por este fugaz apunte de economía real (son muy raros los personajes comerciantes en los relatos de Tolkien), sino también porque es el único caso que yo conozco en que dos habitantes de la Tierra Media tienen una discusión en la que se incluye un plano teológico (de la teología inventada por Tolkien, evidentemente).

El viejo soldado es un creyente, básicamente por haber conocido y luchado contra el mal de Mordor. El joven comerciante, sospechoso en el relato de formar parte de una conspiración contra el reinado del hijo de Aragorn, habla como un nihilista de Turguénev.

Pero la narración se detiene ante la presencia del Mal. Ante el reconocimiento de la presencia del Mal. El viejo soldado se sorprendía al principio del relato por su perseverancia: Profundas en verdad son las raíces del Mal -dijo Borlas-, y la savia negra fluye con fuerza en su interior. Ese árbol no morirá nunca. Por mucho que lo talen los hombres, volverá a brotar en cuanto se den la vuelta. Ni siquiera en la Fiesta de la Tala habría que colgar el hacha.

El viejo soldado parece uno de esos hombres honestamente buenos, convencidos de la pureza  de sus creencias, incapaces de concebir el mal en su propia alma salvo por culpable dejadez propia. Un hombre humildemente en gracia.

Nunca he dudado de la existencia de tales hombres. De hecho, creo haber conocido a algunos. Pocos, por supuesto. Extraordinarios.

Tengo la sensación de que Tolkien era un poco así. Aunque consciente también de las limitaciones de una excesiva inocencia: ¡Ay! -se queja el viejo del relato- todos cometemos errores. No me considero sabio, joven, excepto quizás en lo poco que se puede aprender con el paso de los años. Gracias a los cuales sé demasiado bien que quienes tienen buena intención pueden hacer más daño que los que dejan las cosas estar.

Reconocer el mal y callar. La frontera del misterio. Como los coches negros de lunas tintadas que recorren las calles de la Santa Teresa de Bolaño, a cuyos ocupantes nunca vemos.

El mal encarnado. El hombre malo. Ese misterio.

Tengo un recuerdo bastante claro del primer momento de mi vida en que fui conscientemente malo y disfruté con ello. Era niño y aún vivía en Ferrol. Creo que era Nochebuena. Íbamos a cenar en casa y después nos acercaríamos a casa de la abuela de mi amigo Richi, para juntarnos con toda su familia (nuestras madres eran muy amigas).

Mi madre había preparado gambas al ajillo, plato que me encantaba. No sé exactamente cómo se desarrolló la escena, pero recuerdo que le hice un feo a mi madre, precisamente por las gambas. Recuerdo ser plenamente consciente de que le estaba haciendo daño a mi madre adrede.

Y cuando vi que mi madre lloraba, me sentí turbado por mi propio poder. Era una turbación placentera. Me sentía poderoso por ser capaz de hacer llorar a mi madre. Y ese sentimiento me hacía sentir bien.

El mal encarnado. El niño malo. Ese misterio.

Desde muy temprano en mi vida he tenido claro que yo necesitaba practicar la bondad. No era algo que me saliese de forma natural, era algo que me suponía un esfuerzo consciente.

Cada vez que he bajado la guardia, durante mi vida, el sufrimiento se ha extendido a mi alrededor.

Creo que el Cristianismo está pensado para el común de los mortales que, como yo, tienen que combatir constantemente contra una multitud de demonios. Jesús pasa buena parte de los Evangelios combatiendo demonios, cosa a la que la Iglesia Católica de los últimos cincuenta años trató de prestar menor atención. No es extraño, se puede pensar, que la Iglesia esté ahora como está.

No hay que ocultar el mal. No hay que callar su descripción. No hay que eliminar a los monstruos de los cuentos infantiles. Hay que enseñar a los niños a luchar contra ellos. Hay que enseñar a los niños que los monstruos te pueden poseer y obligarte a hacer lo que ellos quieren. Que si uno no está en guardia día y noche, se puede convertir en orco.

En el documental Examen de conciencia podemos ver la entrevista realizada a un cura abusador de niños. Creo que es algo que toda persona debería ver. Desde luego, no es agradable. Es siniestro y deprimente. Como toda la situación actual en la Iglesia Católica. Como toda la situación actual en el mundo. Como toda la historia humana.

Toda persona debería ver la película Spotlight. Toda persona debería ver el documental The Keepers.

Todo joven cristiano debería ser consciente del poder del mal, de lo que el mal es capaz de hacer. Es la única manera de descubrirlo, de saber enfrentarlo. Aún sabiendo que, en muchísimas ocasiones, uno perderá. En su vida mortal. Como la hermana Cesnik.

Que el mal lo puede corromper todo, porque en todo corazón puede morar.

Y que el principal deber de un hombre es combatir contra los demonios de su propia alma.

LA PUERTA DE LA CIUDAD

En la puerta de la ciudad se abandonaban cadáveres y bebés recién nacidos.

Trabajar en la sala de vistas de un juzgado es vivir atrapado en una eterna repetición de Rashomon.

Sin necesidad de mentir, cada testigo ofrece tal diversidad de matices que uno sólo puede concluir que hay pocas cosas en el mundo más complicadas que la verdad.

La historia de nuestra existencia individual determina tanto nuestras miradas y entendimientos que a veces resulta imposible creer que dos personas estén hablando del mismo hecho.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?

Mientras tanto, a las puertas de la ciudad se siguen acumulando muertos y niños abandonados.

Y niños muertos. Y muertos aún ni siquiera niños. Y niños violados. E infancias destruidas. Y cadáveres de fes.

Y Dios parece haber decicido hacer uso de los tribunales seculares para limpiar su casa, visto que sus sacerdotes han aprovechado la jerarquía institucional para institucionalizar el pecado.

Aprovechemos mientras se siga teniendo claro que está mal. Aunque no siempre ha sido así. Y quizás algunos (¿como se insinúa en Doubt?) ya prevén el retorno a un pasado mejor: aquellos maravillosos siglos griegos en los que bellos y poderosos ciudadanos protegían y educaban a hermosos adolescentes, ayudándoles a promocionarse en sociedad y preparándolos para grandes responsabilidades políticas y militares.

En realidad, es tan clásico lo que sucede en la Iglesia Católica actual…

Todos tienen su verdad, todos cuentan su verdad en el juzgado. Y quizá ninguno mienta. Quizá todos estén equivocados.

Dice el chiste: cuatro polacos, cinco opiniones.

Y en la puerta de la ciudad se amontonan los cadáveres de viejas verdades y se abandonan revoluciones recién nacidas.

Pero, ¿tan difícil es saber dónde está el bien? No creo.

El bien es un leñador, padre de seis hijos, que se lleva a casa un recién nacido abandonado, para criarlo como si fuera suyo.

A cambio de nada.

CALLE EL HOMBRE

“Más silencio. Silencio. Sobre todo, más silencio. El ruido es un invento moderno. Pero ni siquiera estoy de acuerdo: el ruido es la voz del pecado original. La modernidad, simplemente, le ha puesto altavoces.”

Escrito en mi diario el viernes 2 de noviembre de 2018.

HUIR

Patricia desayunaba sin ganas cuando su madre entró en la cocina.

-Buenos días, hija -saludó, de buen humor-. ¿Y esa cara? ¿Mala noche?

Patricia negó con la cabeza y se quedó mirando su tazón de leche, sin decidirse a llevárselo a la boca.

La criada entró en la cocina y le preguntó algo a su jefa. Patricia no les prestó atención. La mujer se fijó entonces en la muchacha y se acercó a ella.

-¿Se ha quedado fría la leche, señorita? -preguntó con voz dulce-. ¿Quiere que se la caliente?

-No, Thomasine, gracias -respondió Patricia-. Es que no tengo mucha hambre.

-Mmm -refunfuñó la mujer-. Usted lee demasiado, señorita; tiene que estudiar menos por las noches y dormir más. Tanto leer la está poniendo melancólica.

La Primera Magistrada comía una manzana, mientras observaba divertida la regañina de su criada a su hija.

-¿Es eso cierto, Patricia? -preguntó su madre, con una sonrisa pícara en la cara-. ¿Estás melancólica? ¿No te habrás enamorado?

Thomasine miró a Patricia con un gesto de sorpresa. Pero la cara de la muchacha daba a entender que el comentario de su madre le parecía una soberana tontería.

-Mamá, intenta no comportarte como una de esas madres de las obras de teatro para adolescentes…

La Primera Magistrada torció su sonrisa y tiró el resto de la manzana a la basura.

-Me voy -dijo, tras limpiarse las manos-. Tengo un estado libre que liderar.

Se acercó a su hija, le apretó juguetona la cara entre sus manos, y le dio un beso en la frente. Patricia no cambió su gesto taciturno.

Cuando sonó la puerta de la calle al cerrarse, Patricia seguía con la mirada sumergida en la leche.

-No me puedo creer que una muchacha inteligente y bella como usted no empiece cada día con ganas de comerse el mundo, señorita -comentó Thomasine, mientras se preparaba para empezar a planchar-. Si yo hubiese tenido de joven las oportunidades que usted tiene, creo que no podría dejar nunca de sonreír.

Patricia se quedó mirando a su criada, una mujer de unos sesenta años, cuyo rostro aún mostraba una vitalidad envidiable. Llevaba el pelo gris recogido en un pañuelo y vestía completamente de negro, en recuerdo de su difunto marido.

-¿Tan aburrido era vivir en la Casa de Penn Ar Bed? -preguntó Patricia, que apoyaba la cabeza lánguidamente sobre la mano derecha, mientras trataba de desmenuzar migas en la mesa con una uña de su otra mano.

Thomasine se mostró un poco sorprendida por la pregunta; no era un tema de conversación común en aquella casa.

-La única gran emoción que sentí durante los años que viví allí me la produjo el momento en que me marché -respondió la criada-. No es fácil vivir sabiendo exactamente, desde que tienes conciencia, cómo va a ser el resto de tu vida. El aburrimiento también puede matar.

Patricia se quedó pensando en las palabras de Thomasine. Una miga se partió en pedazos bajo su dedo.

-¿La señorita no tiene ningún sueño que perseguir? -preguntó la criada-. Por Dios, si tiene usted toda la vida por delante. Tantas cosas por hacer, por descubrir.

Patricia se echó hacia atrás en la silla y se apoyó en el respaldo, al tiempo que se cruzaba de brazos.

-Sí, el mundo está lleno de diversiones… -comentó Patricia con la mirada perdida.

-Y no sólo diversiones -dijo Thomasine-. También hay muchas cosas por las que luchar. ¡Mire a su madre! Todo lo que está haciendo por la Unión, por todos nosotros. Para mí es un auténtico honor trabajar para ella.

Patricia resopló, como si de repente se sintiese agotada.

-Sí, así se divierte mi madre -dijo-. Otros hacen deporte, salen a bailar por las noches… Mi madre se entretiene siendo poderosa.

A Patricia le hizo gracia su propio comentario y dejó escapar un bufido con aspiraciones a risa.

-Su madre es un ejemplo para todas las mujeres del mundo -dijo Thomasine, un poco enfadada.

Patricia se levantó de la mesa y abandonó la cocina sin despedirse de la mujer.

Como no tenía clase hasta la tarde, decidió salir a pasear por el centro de Nan. Las calles estaban atestadas de gente, coches y carros, caballos y mulas. Los vendedores de periódicos gritaban sus titulares en una tensa competencia por el espacio sonoro; casi todos hacían referencia a la futura guerra. El barrio financiero de Nan, sin embargo, no parecía sentir demasiado temor ante las funestas perspectivas ofrecidas por la prensa; o quizá precisamente por lo que ésta presagiaba, la atmósfera era más febril, si cabe, entre los trabajadores de los grandes bancos y corporaciones de la Unión. Toda la maquinaria de la sociedad de Nan parecía en efervescencia, dispuesta, incluso con alegría, a encarar los escollos sin ningún miedo a la derrota.

Patricia no era impermeable a ese entusiasmo colectivo y empezó a sentirse menos apagada según avanzaba por las calles, sorteando excrementos de caballo y coches atascados.

Por fin llegó hasta su destino, la librería La Thrace. Al entrar, como siempre, penetró en una nube de incienso y tabaco de Latakia. Humbert, el dueño, fumaba y leía sentado tras el mostrador. Saludó a Patricia con una cálida sonrisa y continuó leyendo. Un par de personas más se encontraban en ese momento en el interior de la librería, investigando entre sus anaqueles; subiendo por las escaleras de caracol hacia las estanterías superiores, que se elevaban hasta el alto techo amarillo.

Patricia se sumergió en aquel pequeño universo de caoba y empezó a pasear la mirada por los lomos y las portadas, fijándose en las últimas novedades, acudiendo a su cita inicial con la sección de Historia, para acabar escudriñando hasta el último rincón de la librería.

Tras el primer reconocimiento general, Patricia regresó a la sección de Historia, y cogió un libro.

-Magnífica elección -dijo una voz-. Pero no se lo diré a Michel, porque odia a ese historiador: son compañeros de departamento en la Facultad. Y seguro que le entristecería saber que a su alumna favorita le resulta interesante.

Patricia descubrió a Ramos-Hollande junto a ella. La muchacha sonrió y saludó al escritor.

-¿Me permites regalártelo? -dijo Peter.

-Oh, no, por favor, no es necesario… -protestó Patricia.

-Mejor aún, si no hay necesidad -replicó el escritor-. Así no lo entenderás como un favor que estás obligada a devolver. A pesar de lo cual, aceptaré encantado cualquier invitación a café y cruasanes que me puedas hacer en los próximos instantes.

-Por supuesto, profesor -dijo Patricia, divertida.

-Fantástico; paguemos, pues, y vayamos a por ese café.

Patricia salió a la calle con el libro regalado bajo el brazo, acompañada de Ramos-Hollande. Se había levantado un viento frío, que agitaba el largo flequillo del escritor.

-Este otoño viene especialmente invernal, por lo que se ve -comentó burlón-. Pero conozco un sitio magnífico para estos casos. Seguro que ya tienen la chimenea encendida.

Efectivamente, en el Café Aurore ya habían encendido la chimenea. Patricia pudo sentir el agradable olor de la madera ardiendo, antes de notar cómo su cuerpo se caldeaba rápidamente. Se sentaron en dos mullidos sillones, uno enfrente del otro, junto al fuego. Un camarero de uniforme les tomó nota y no tardó en volver con sus cafés y los cruasanes. Ahora Patricia sí sentía apetito.

La conversación comenzó por las clases en la Universidad, mostrando Ramos-Hollande especial interés por los profesores que tenía Patricia. A su vez, el escritor le habló a ella de algunos alumnos que le estaban sorprendiendo gratamente por su inteligencia y talento para la escritura. La conversación continuó en el ámbito de la literatura y tomó un pequeño desvío a través de los viajes que cada uno había hecho o quería hacer.

Finalmente, fue necesario hacer un descanso, que ambos se tomaron de la misma manera: posando la mirada en la danza del fuego.

-¿Crees que la Unión vencerá a Penn Ar Bed? -preguntó de repente Patricia, sin desviar la mirada de las llamas.

-Por supuesto -respondió Peter-. ¿Qué diablos puede hacer una aldea neolítica contra un estado industrial?

Patricia dejó de mirar el fuego y bajó la mirada hasta el suelo. Peter la observó con interés.

-No parece producirte demasiada alegría mi profecía -comentó el escritor.

-No parece producirme demasiada alegría nada -dijo Patricia, elevando las cejas-. Todo el mundo a mi alrededor parece entusiasmado por vivir en la Unión, en este preciso momento histórico, con tantos retos interesantes por los que luchar.

-¿Todo el mundo? -preguntó Ramos-Hollande.

-Salvo vosotros… -respondió Patricia, sonriendo.

El escritor también sonrió.

-¿Qué buscas, Patricia?

-No lo sé. Sólo sé que no busco… todo eso.

Ramos-Hollande se quedó un momento callado, mirando a Patricia, que volvía a dejarse hipnotizar por el fuego.

-Es realmente un momento formidable para los habitantes de la Unión, Patricia -dijo Peter-. Forman parte de un estado joven, repleto de energía; repleto de un montón de personas ansiosas de poder, gloria y dinero. Y, aunque la Unión está rodeada de enemigos, éstos son más bien ridículos. Quizá todos juntos puedan suponer algún tipo de problema, pero no durante mucho tiempo. La Unión ha apostado al caballo ganador. Antes que nadie. Así que vencerá.

-Pero, ¿es bueno que la Unión venza? -preguntó Patricia.

Ramos-Hollande no pudo evitar sonreír al oír la pregunta.

-¿Te hago gracia? -Patricia parecía enojada-. ¿Sólo digo tonterías?

-Por supuesto que no, Patricia. Haces exactamente las preguntas que han de hacerse.

Patricia miró al escritor con gesto dubitativo, sin saber si hablaba en serio.

-El mundo ya se precipitó una vez en el abismo, montado en el mismo caballo ganador -continuó Ramos-Hollande-. No parece que hayamos aprendido demasiado de aquello. Aquí estamos, repitiendo los mismos errores.

-Pero, ¿qué hacer, entonces? ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo… cómo salir de… esto?

A Patricia le costaba encontrar las palabras. Tenía la sensación de que era incapaz de hacerse entender.

-Creo; insisto, creo, porque no tengo nada claro todo lo que te voy a decir; creo, pues, que la única rebelión coherente contra el mundo actual es negarse a ser productivo, en la medida de lo posible. Es decir: hay que obligarse a ser un fracasado. Lo que toda la gente a nuestro alrededor entiende que es fracasar: o sea, no tener éxito. No tener mucho dinero, no tener mucho sexo, no tener mucho poder. Que no te conozca todo el mundo. No buscar la admiración de todo el mundo. Amar a unos pocos seres; porque sólo unos pocos seres podrán ser atendidos adecuadamente por ti. Limitarnos voluntariamente, para potenciarnos en los que están más cerca de nosotros. Huir de la fama, huir de la gloria. Huir de las largas distancias. Huir de los grandes destinos. De los grandes negocios, de las grandes batallas. Huir, nada más. Huir, con aquellos que amas.

Patricia miraba a Ramos-Hollande con los ojos muy abiertos. Profundamente sorprendida de escuchar lo que había escuchado, como si la burbujeante lava de su alma hubiese encontrado un modo de salir al mundo y comunicarle lo que pensaba de él. No es simplemente que estuviera de acuerdo con el escritor; es que lo que acababa de decir era su exacta forma de ver las cosas.

Peter terminó su café, aunque ya se había quedado frío. Algo se removía aún dentro de Patricia.

-Pero, ¿no somos un poco ridículos? -preguntó al escritor-. Mi criada se fue de Penn Ar Bed hace veinticinco años, antes de que estuviese prohibido, y vive muy feliz trabajando para nosotros, orgullosa de su ciudadanía, alegre de que sus cuatro hijos hayan prosperado en Nan. ¿No somos ridículos con nuestras melancolías? ¿Cuántos seres humanos hay en el mundo que se cambiarían ahora mismo por nosotros, por vivir nuestras vidas?

-Por supuesto, hay millones -admitió Ramos-Hollande-. Hay millones dispuestos a ser millonarios, millones dispuestos a subir todo lo posible por la escalera del poder, millones dispuestos a follarse a otros millones. No digo que haya que abandonar la Unión. La Unión puede proporcionar la felicidad a muchos, como estoy seguro que también lo puede hacer una Casa, o una polis esclavista. Aquello de lo que hay que huir, Patricia, está en todas partes. Porque va con nosotros. Somos nosotros mismos. Lo que podemos llegar a ser, si no huimos constantemente del caos de nuestros deseos. Sólo la renuncia y el sacrificio nos permiten huir. Y sólo esta huida puede salvar al mundo.

Patricia se reclinó sobre el sillón, absorta en las palabras de Ramos-Hollande.

-El problema de la Unión, su caballo ganador -continuó el escritor-, es que este caballo ganador es, precisamente, desquiciar todos los deseos. Prometer a todo el mundo que ella puede otorgarles todos sus deseos, si están dispuestos a perseguirlos apasionadamente, locamente. Todo está a nuestro alcance. Todo es posible en la Unión. Nada te será vedado, nada te será prohibido. Basta desear algo para que este algo sea bueno. Toda la Unión es una máquina inmensa que trabaja con un único combustible: el deseo desatado. Por eso vencerá cualquier batalla, por eso es más fuerte que cualquier otra sociedad humana. Por eso no tiene rival -Ramos-Hollande hizo una pausa y se recogió el flequillo con una mano-. Por eso, quizá, acabe siendo el desencadenante del apocalipsis definitivo del ser humano.

-¿Qué esperanza queda, entonces? -musitó apenas Patricia.

-Sólo un dios puede salvarnos, me temo -respondió Peter, con una sonrisa apagada.

Los dos se quedaron callados durante un largo rato. El camarero se acercó, echó un par de maderos más al fuego y recogió su mesa.

-Venga, vamos a la Universidad -dijo Peter, levantándose-. Los dos tenemos faena esta tarde.

Patricia cogió el libro que le había regalado, se abotonó bien el abrigo, y salió a la calle tras el escritor.

LA TABERNA SATÁNICA

Chesterton: al verte, cualquiera diría que hay hambre en Inglaterra.

Bernard Shaw: al verte a ti, cualquiera diría que la has provocado tú.

“Clemente [de Alejandría] habría rechazado la idea; las personas que disfrutaban de una buena comida eran, escribió, nada menos que bestias parecidas al hombre, imagen de la bestia golosa. Satán merodeaba entre las golosinas. Después estaba el vino, que en opinión de Clemente era más pernicioso que la comida. Este líquido cálido, escribió, calentaría aún más los cuerpos sobrecalentados de los jóvenes añadiendo fuego sobre fuego, por lo que se inflaman los instintos salvajes, los deseos ardientes y el ardor temperamental […]. De ahí que […] desborde los límites del pudor. Clemente tronaba furioso contra esos desgraciados cuya vida no era sino fiesta, embriaguez, baños, vino puro […], inercia y bebida y, de manera algo intrigante, orinales.

En los escritos de un predicador cristiano tras otro, quedaba claro que casi todo lo relacionado con la comida era sospechoso. Si se salía a cenar, uno podía verse afectado por la perniciosa envidia ante la casa de otro hombre, y volver a la casa propia más descontento que antes de partir. [San] Juan Crisóstomo recomendaba evitarlo y acudir en su lugar a funerales. ¿Es mejor -tronó ante su congregación- ir donde hay llanto, lamentación, y gemidos, y angustia, y tanta tristeza, o donde se encuentran la danza, los címbalos, la risa, el lujo, la comida y la bebida? No es necesario conocer demasiado la obra de Crisóstomo para saber que la respuesta esperada a su pregunta retórica era un entusiasta ¡Sí, claro que sí!. En una casa feliz se podían envidiar el atrio bien dispuesto del vecino o su encantador comedor; en una casa de luto, dijo Crisóstomo, es más probable que se exclame: ¡No somos nada, y nuestra maldad es inexpresable!.”

La edad de la penumbra, de Catherine Nixey; Taurus, 2018; pgs. 189-190. Clemente de Alejandría fue venerado como santo hasta el siglo XVII por la iglesia católica (su fiesta era el 4 de diciembre); San Juan Crisóstomo fue declarado Doctor de la Iglesia en 1568 por el Papa Pío V.

LA MANADA DE GREY

…hablo de las lectoras, de mediana edad, que habían empobrecido su sexualidad y que gracias a esta propuesta de relación sadomasoquista de baja intensidad se han permitido fantasear con un hombre que está desapareciendo, que es el hombre que tiene poder sexual…

El hombre con poder sexual. Desaparece.

Y las mujeres lo echan de menos.

Este curioso análisis del psicólogo clínico, sexólogo y terapeuta de pareja Antonio Bolinches lo he podido leer en este artículo del pasado febrero, publicado aprovechando el estreno de una nueva película basada en los libros de la saga erótica 50 sombras de Grey, éxito editorial sin precedentes (incluyendo el récord histórico mundial de descargas en su versión como libro electrónico), sobre todo entre mujeres.

En esta semana de manadas, uno ya no sabe qué manada le produce más asco.

Yo reconozco mi perplejidad. La bipolaridad de nuestro siglo resulta un fenómeno misterioso en sí mismo. Un nivel de desquiciamiento tal explica, de suyo, los crecientes datos de consumo de antidepresivos.

Un compañero de trabajo me contó una anécdota esta semana. Un marroquí había violado a una mujer y por tal hecho había sido detenido y juzgado. Y finalmente sentenciado a sus correspondientes años de cárcel.

El tipo se fue al trullo convencido de que no había hecho nada malo -me dijo mi compañero.

Desde sus parámetros culturales, el marroquí consideraba que al haber aceptado irse con él a la orilla de un lago cercano, la mujer tenía que someterse a sus deseos, ya evidentes por el mero hecho de irse los dos a un lugar apartado. Así que, posteriormente, ella no tenía ningún derecho a negarse a tener relaciones con él.

Mi compañero me contó que el juez, que provenía de la jurisdicción militar, estuvo a punto de perder los nervios con el tipo durante el juicio.

Reacciones parecidas tuvieron los miembros de la manada durante el suyo, incapaces también de entender que hubiesen hecho algo malo. Desde sus parámetros culturales, esa muchacha realmente estaba deseando ser follada por 5 hombres de tan gran poder sexual; algo que, según se dice, está desapareciendo de nuestra sociedad, con gran pena de las mujeres.

Algún mínimo remordimiento debió de sentir al menos uno de ellos, el que robó el móvil. O quizá fuera el acto culminante de sometimiento. De poder sexual. De sadismo.

Y así vamos. Las mujeres de nuestra civilización moribunda deseando que el poder sexual las someta, las mujeres de nuestra civilización moribunda en shock cuando el poder sexual las somete.

Detalle de ‘El sueño de la mujer del pescador’, de Katsushika Hokusai (1814)

LITERATURA ADMINISTRATIVA III

Lo tonto no está en criticar el medio en que se vive, está en pensar que todo medio no merece vituperación semejante.
La crítica que no llega al corazón podrido del hombre resulta pronto ingenua.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1186.

“En lo que atañe al análisis del audio de este vídeo, apreciamos que al comienzo del mismo entre los segundos 00:00 a 00:07 y en coincidencia con la acción que acabamos de describir de Jesús Escudero se escuchan sonidos de golpes secos, cortos y rápidos solapándose con otro registro de sonido de fondo consistente en gemidos y jadeos con tono de voz femenino. A la vez que suenan estos golpes se oye una voz masculina que no puede ser individualizada, que dice ‘sshhh, tranquilo, tranquilo, tranquilo’ y otra dice ‘un poco más flojito tú, coño’. En el intervalo de comprendido entre los segundos 00:07 a 00:24 se escuchan registros de sonido de respiraciones y gemidos; en concreto registros de sonido de varón, con expresiones ‘ven aquí’ ‘hala, hala‘; ‘a ver illo vamos a organizarnos… me la ha chupado dos veces‘. En el intervalo de tiempo comprendido entre los segundo 00:25 a 00:27 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘chupa aquí, mira, ven‘, coincidiendo este registro, con la actuación de José Ángel Prenda que hemos reflejado anteriormente.

En el intervalo comprendido entre los segundos 00:29 a 00:32 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘Quita quillo, espérate, no la levantes tanto, chupa ahí

Durante esta secuencia, la denunciante permanece en todo momento con los ojos cerrados, observamos un enrojecimiento en sus pómulos, no se produce ningún dialogo , ni intercambio de palabras con los procesados.

Se muestra ausente y durante la mayor parte del tiempo exterioriza una actitud pasiva; apreciamos que en ningún momento adopta ninguna iniciativa para la realización de actos de contenido sexual. En algunas secuencias, comprobamos que alguno de los procesados le agarran del pelo por la parte superior de la cabeza, así en concreto : en el segundo 00:32, visualizamos como una mano le agarra del pelo en este momento se observa como un pene está parcialmente introducido en la cavidad bucal de la denunciante; a continuación en el segundo 00:33, se aprecia como el pene sale de la boca. Entre los segundos 00:36 a 00:39 , es decir ya a la finalización de vídeo se observa un primer plano de una mano que agarra el pelo a la denunciante.”.

Sentencia 38/2018 dictada en el Procedimiento Sumario Ordinario 426/2016 de la Sección 2ª de la Audiencia Provincial de Navarra; pgs. 70-71.

AMOR PAGANO

Huye de los dioses, pequeño mortal.
No te vayan a amar.

La diosa de las vírgenes quiso salvar al hijo sin padre
y menospreciando el poder de sus otros hermanos
se sorprendió sintiendo el deseo de su templo violar.

Tanto deseaba la salvación del hijo sin padre
que escupió mil veces en la misma cara de la primera divinidad.

Huye de los dioses, hija mía.
No te vayan a amar.

La diosa de las vírgenes dijo al hijo sin padre que sólo con ella tenía sentido el infierno arriesgar.

El hijo sin padre abandonó la corte celestial,
donde diez mil almas cantan alabanzas a la dulce diosa de las vírgenes,
y regresó a su mundo mortal.

Un cuervo gris habló desde el cielo al hijo sin padre.
Olvida, hijo sin padre, tu amor paternal. Para los dioses sólo fruta podrida tu rama ha de dar. Se te prohíbe sonreír entre dioses.

Sea, respondió el hijo sin padre. Entre dioses no estaré más.
No más amores paganos.

No te acerques a los dioses, hija mía.
Quizá te quieran salvar.

CATALUÑA REPLICANTE

Todo lo malo que pueda acontecer a manos del hombre, acontece.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1239.

Cataluña siempre ha tenido fama de ser una de las regiones más modernas de España. Y en el documental de la BBC que enlazo más abajo (sólo se puede ver si se tiene cuenta en YouTube o Gmail) se vuelve a demostrar. Perfectos angloparlantes, jóvenes y dinámicos emprendedores catalanes nos muestran que Barcelona es una de las ciudades más avanzadas del mundo. En cuanto a libertad de costumbres, en cuanto a libertad de empresa. Capaces de competir con los japoneses en el creciente negocio de los robots sexuales, de los burdeles con muñecas.

Aunque siempre quedarán escollos legales y morales que salvar. Porque en Japón ya es posible hacer y vender ciertas cosas. Nunca podremos agradecer lo suficiente el trabajo de destrucción civilizatoria que hizo en Japón el capitalismo estadounidense.

No quiero parecer ingenuo a estas alturas de la película, pero, tras ver el documental, sigo preguntándome cómo es posible que allí ya se puedan hacer y vender ciertas cosas.

El único elemento de esperanza que ofrece este documental es el hecho de que incluso sus autores parecen un poco asustados por el futuro que se nos viene encima.

Bien pensado, es una esperanza de mierda. Que Deus nos teña no seu colo.

The Wanderer

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

De libros, padres e hijos

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino