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Categoría: EL ENEMIGO

CAMARADA LECTOR

Aprovecho mi último día libre en una buena temporada para vagabundear por Madrid durante la sobremesa. Cerrada por vacaciones la cafetería a la que pretendía llegar, alargo el vagabundeo hasta dejarme caer por Martín de los Heros. Le echo un vistazo a los carteles de novedades cinematográficas, me ayudo del google telefónico para tomar una decisión y opto por ver la última película de Zhang Yimou.

Salgo del cine con la sempiterna sensación de que pertenezco a una generación de carácter extremadamente débil.

Pero, a continuación, pienso que quizá haya elementos en el mundo occidental contemporáneo que tengan más potencia para derrotar a las personas que los métodos espectacularmente fríos de cualquier totalitarismo; que la libertad ególatra de los individuos que componen las democracias de mercado pletórico, que su ideal de éxito vital meramente económico, acaban destruyendo más familias que la represión salvaje de una dictadura.

Cuando la condena de mi bisabuelo fue finalmente cumplida, lo que él hizo fue volver a casa, como el protagonista de la película. Pois un día apareceu polo camiño… me dijo mi bisabuela, muy anciana ya, cuando le pregunté por la escena con la que terminó aquella larga ausencia durante -y muchos años después de- la Guerra Civil.

Había hogares a los que volver, por muy destruido y derrotado que uno estuviera.

Pero en esta extraña sociedad libre que nos hemos dado, los hogares se diluyen por presiones aparentemente mínimas. Si uno se empeña en ser ciego a los auténticos enemigos reinantes, no hay familia que aguante en pie.

Y continúa así el formidable espectáculo de supernovas familiares, arrojando al vacío social millones de nuevas partículas elementales.

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LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

“No hay duda de que ya se habían realizado importantes invenciones en épocas pasadas, como también se había registrado, antes de la Revolución Industrial, más de un período de crecimiento económico acelerado en varias regiones del mundo. Sin embargo, ninguno de esos ciclos de auge había generado un mundo en el que la revolución misma quedara convertida en una característica permanente de la existencia, un mundo en el que el crecimiento económico se revelara capaz de impulsar su propia expansión, pese a los periódicos desplomes. En los mil años anteriores al arranque del siglo XIX no se había constatado, ni en Europa ni en ningún otro lugar, el surgimiento de un solo período de aceleración radical del crecimiento económico, y de haberse producido alguno no habría tardado en encallar en los bajíos de la limitación de recursos, la escasez de alimentos o las enfermedades. Ahora, el capitalismo industrial estaba generando un mundo sometido a un perpetuo cambio, y el algodón, siendo la industria más importante del planeta, pasó a actuar como principal elemento impulsor de esta aceleración sin precedentes de la productividad humana.”

El imperio del algodón, de Sven Beckert; Crítica, 2016; pg. 91.

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LUCHA DE GIGANTES

Las partículas elementales han confundido el verdadero combate con una deposición de papel, mientras aplauden la valentía de acusar a las ovejas de los desmanes de los lobos -a los que se someterán como harén en cuanto fuere necesario-.

La fidelidad ha sido saldada en un supermercado de caprichos.

La imaginación ha tomado el poder: hombres y mujeres se diluyen en una sopa monstruosa de géneros absurdos y abortos cobardes.

Saruman ha cambiado su capa blanca por un pareo arcoíris.

Nosotros no creemos que la libertad moderna libere nada, salvo un ejército innumerable de demonios.

En nuestros intempestivos sueños de patriarcas heterosexuales, nuestro mejor amigo rechaza al Enemigo en nombre de la sangre recién nacida.

Somos los cruzados que defienden espalda contra espalda el minúsculo reino asediado de sus familias menguantes, armados con ridículos rosarios de cinco misterios.

Sabemos que nada nos ha sido pedido, comparado con lo que se nos ha de pedir. Para ello nos preparamos. Cada tribulación es un entrenamiento para soportar un castigo mayor.

Y en el castigo -con expresión de fiesta bella y cruel- nos crecemos.

Somos la mala hierba
que pisoteada por gigantes
se transforma en la sal de la tierra
empeñada en defender todo lo bello y bueno que Dios creó en su mundo.

LA APUESTA CRISTIANA

¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche! ¡Hermosa como el Mar y el Sol y la Nieve en la Montaña! ¡Terrible como la Tempestad y el Relámpago! Más fuerte que los cimientos de la tierra. ¡Todos me amarán, y desesperarán!

Galadriel alzó la mano y del anillo que llevaba brotó una luz que la iluminó a ella sola, dejando todo el resto en la oscuridad. Se irguió ante Frodo, y pareció que tenía de pronto una altura inconmensurable y una belleza irresistible, adorable y tremenda. En seguida dejó caer la mano, y la luz se extinguió, y ella rió de nuevo, y he aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste.

-He pasado la prueba -dijo-. Me iré empequeñeciendo, y marcharé al oeste, y continuaré siendo Galadriel.”

El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien; Minotauro, 2001; pg. 491.

“Agustín sabe todo esto de la fragilidad del tiempo, conoce todo lo que el tiempo profano puede dar de sí, recuerda los ciclos de la fortuna y del hado y los desprecia de entrada al situarse en otro ámbito. Su lógica todavía procede del combate contra sus propias pulsiones, narrado en Confesiones. Sin ese desprecio, no encuentra motivos para la gran aceptación cristiana, que se basa sobre todo en tener a Dios como testigo de su conciencia (CD XIV, 28). Lo que brinda el mundo humano sin la iluminación de la gracia, en tanto naturaleza de las cosas, no puede producirle sino hastío. La estructura más básica de su insatisfacción reside en un tiempo vital que no puede vincularse con fuerza a nada de lo ocurrido en el tiempo histórico. La idea apologética básica de Agustín, su defensa frente al argumento de la política, consiste en desvincular la religión cristiana de todo lo que sucede en el tiempo. Lo que el tiempo acoge es obra del hombre porque el propio tiempo es consecuencia de la libido insatisfecha del hombre. El amor a algo que no puede ser satisfecho es la estructura misma de la ciudad de la tierra. La frialdad estoica de Agustín, fruto de su viejo hedonismo experimentador, no puede apagar un afecto que ha quedado vacío, demasiado valioso para el hombre a pesar de no disponer de un objeto mundano que lo cumpla. Si alguien identifica un objeto para ese afecto, entonces entra en la lógica de la ciudad de la tierra. Ese es el fundamento de la civitas terrae, el amor a sí, el narcisismo (Kent, 2001, 217). Y este es el argumento del central pasaje de CD [La Ciudad de Dios] XIV, 28: Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. Si Agustín aborda un argumento político, es porque lo hace depender de esta antropología de la libido. El narcisismo, como estructura de la ciudad terrena, está regido por los hombres dominados por la libido dominandi. Esta libido afecta a las naciones o a los príncipes, pero en su estructura es idéntica. Se trata del ansia que los poderosos tienen por aumentar la propia fuerza, lo único que pueden forjar para estabilizar el aspecto huidizo de todos los bienes profanos. Eso particulariza a los seres humanos y les impide que puedan aceptar el ser todo en todas las cosas de Dios. En efecto, el narcisista querrá él estar en todas las cosas, como sucedía con los celos. El paradigma de este narcisismo es el propio Satán, que quiso estar en lugar de Dios, al que le siguió Caín, el primer príncipe del mundo, que quiso estar en lugar de su hermano para quedarse como único poder (Kent, 2001, 218). El sí mismo no puede ser objeto adecuado de amor. Esa es la tesis más básica de Agustín. Solo por la mediación del amor a Dios, y al prójimo, el sí mismo puede encontrar un camino adecuado para amarse (CD XIX, 14). De ahí la apuesta cristiana, tan paradigmática.”

Teología política imperial y comunidad de salvación cristiana. Una genealogía de la división de poderes, de José Luis Villacañas; Trotta, 2016; pgs. 570-571.

'Sinfonía en blanco', de James Abbott McNeill Whistler (1862)

‘Sinfonía en blanco’, de James Abbott McNeill Whistler (1862)

SANTA Y PECADORA

Ser miembro de la Santa (y Pecadora) Iglesia Católica es cualquier cosa menos aburrido.

Si alguno de los lectores de este blog está dándole vueltas a la posibilidad de volver a la Fe o de convertirse, pensando que entre católicos hallará la paz y una barricada firme contra el mundo contemporáneo, ya puede seguir buscando en el variado mercado de espiritualidades nirvanescas.

A la Iglesia se viene a combatir. Y el que no haya sido capaz de forjar cierta reciedumbre en su caminar por la vida, mejor que se quede en casa.

El último ejemplo del desasosiego propio de toda vida católica nos lo ha proporcionado Michael Voris. Michael Voris es la cabeza visible de un interesante proyecto de apostolado, que el pasado 22 de febrero publicó un vídeo clarificador (aquí con subtítulos) sobre el valor magisterial real que poseen las declaraciones públicas de cualquier Papa, tratando de poner cierto orden en las distorsionadas mentes de tantos fieles católicos, papólatras hasta la herejía.

Ayer, Michael Voris se vio obligado a hacer una confesión pública de los pecados de su vida pasada (anterior a su retorno a la Fe católica). ¿La razón? Adelantarse a las filtraciones sobre el tema que estaba preparando la Archidiócesis de Nueva York (institución que se supone católica).

El Sosiego Acantilado quiere mostrar su apoyo a Michael Voris y ofrecer oraciones para que permanezca firme dando la buena batalla que da.

Que Deus lle teña no seu colo.

IDÓLATRAS

“De pronto, sin saber cómo, se encontró al lado del Reichstag. La enorme plaza estaba repleta de banderas y de antorchas, de ruido y de hombres desfilando. Desde vehículos abiertos, los nuevos líderes de la nación uniformados arengaban a los que allí estaban congregados. Las masas coreaban, respondían con alzamiento de brazos, y gritaban como presas de histeria. Yegor sintió que la sangre le subía a la cabeza y le transmitía una fuerza interior que nunca había tenido. Quería realizar grandes hazañas, excepcionales y heroicas. Se encontró a sí mismo alzando el brazo, vociferando y repitiendo las consignas, al unísono con los miles de entusiastas.

Por primera vez sintió que la vida tenía sabor y sentido, un gran sentido.”

La familia Karnowsky, de Israel Yehoshua Singer; Acantilado, 2015; pg. 289.

Manifestación de Queremos Galego, esta mediodia en Santiago

POLUCIONES DIURNAS

La niebla se deslizaba por la superficie del río. Parecía salir de la pipa que fumaba la figura que reposaba en las ruinas del molino. Sentado sobre las losas medievales, dejaba balancearse la pierna derecha sobre el curso del agua, mientras iba pasando las cuentas de un rosario de cinco misterios. Su caballo se entretenía mordisqueando la vegetación de la ribera. Su galgo de tres patas observaba adormilado el sosegado fluir de las aguas.

-¡Arrodillao! -se oyó desde la otra orilla.

El galgo levantó la cabeza y miró en dirección al grito. El fumador arqueó una ceja para ayudarse a enfocar. El caballo siguió mordisqueando sin prestar mayor atención.

Una figura apareció dando saltos en la otra orilla. Barba recogida en tres coletas y cabello recogido en otras dos. Un calzoncillo de color caqui cubriendo vagamente la entrepierna y otro calzoncillo del mismo color encasquetado en la cabeza. Cazadora de camuflaje cruzada por un arco y un carcaj lleno de flechas a la espalda.

-¡Humillao! -volvió a gritar, antes de volver a saltar, esta vez en medio de la corriente; pareció hundirse, pero reapareció para subirse en una piedra que hacía de isleta en medio del cauce-. ¿Qué estás haciendo, Humillao? -el personaje señaló histéricamente en dirección al rosario que el fumador portaba en su mano-. ¿Rezando otra vez, Arrodillao? Rezar es de curas, Humillao. Los curas son todos pederastas. Por lo tanto, rezar es de pederastas. Bueno, la verdad es que yo no se lo voy a echar en cara a los curas…. Yo también me follaría unos cuantos niños lindos; estoy harto de las ovejas de ese granjero idiota de Monterromo. ¿Te van los muchachillos, Arrodillao?

El galgo había dejado de prestar atención y volvía a mirar el irse del río. El fumador devolvió la ceja a su sitio. El caballo acababa de descubrir unas hierbas bien sabrosas.

El ser de la isleta se había excitado con su propia conversación, así que se sacó su enorme falo del exiguo calzoncillo caqui y empezó a masturbarse con entusiasmo.

-¡Mira, Arrodillao! Si nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, dejémonos llevar por todas las corrientes -dicho lo cual, eyaculó con ruidosa satisfacción-. ¡Nuestro semen también va a dar al mar, Amargao!

El fumador dejó de fumar un momento, dejó de pasar las cuentas de su rosario e hizo un gesto como dando a entender que iba a decir algo. El personaje de la isleta se sentó con curiosidad en su roca, tras devolver con mucha dificultad su enorme falo a los límites del calzoncillo caqui.

-Un día, cuando aún vivía en la ciudad, pasé por delante de un banco en el que un indigente se había construido su refugio de cartón. Era pleno día y la ciudad tenía la actividad propia de nuestro contemporáneo mercado pletórico. Justo cuando pasé a su lado, noté un movimiento extraño a la altura de la cintura: miré un momento y vi que el hombre se estaba masturbando sin recato. Su mirada parecía perdida, en una extraña mezcla de concentración y ausencia. Justo cuando yo pasaba delante del indigente, una abuela hacía lo mismo en dirección contraria con sus dos nietas. Pero creo que ellas no se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El personaje de la isleta estalló en una sonora carcajada.

-¿Y tú qué hiciste, Humillao? -preguntó con alegre curiosidad.

-Nada -respondió el fumador, antes dar otra chupada a su pipa-. Quería sentirme enfadado y decirle algo; ponerle en su sitio, o algo por el estilo. Suponía que era eso lo que debía hacer. Pero sólo era capaz de sentir una inmensa pena. ¿Qué infiernos tiene que haber conocido un hombre para actuar así…?

El ser de las cinco coletas se quedó mirando con repentina seriedad al fumador durante unos largos segundos.

-¡Qué profundo eres, Amargao! -estalló, antes de carcajearse nuevamente.

El fumador vació su pipa en el río, se puso el rosario al cuello y metió la escopeta en la funda que colgaba a un lado de la silla de montar. El galgo se alejó del río dando saltitos, siguiendo a su amo que ya cabalgaba entre los árboles.

El ser de las cinco coletas se quedó en el río, pescando a flechazos desde la isleta.

'Las tentaciones de San Antonio' (detalle), de El Bosco (entre 1500 y 1525)

‘Las tentaciones de San Antonio’ (detalle), de El Bosco (entre 1500 y 1525)

NUESTROS MARAVILLOSOS ALIADOS

“En 1976, 18 países musulmanes con representación diplomática en España firmaron un acuerdo para erigir una mezquita en Madrid. Sin embargo, el proyecto quedó postergado durante 11 años, hasta que el rey Fahd de Arabia Saudí aportó la financiación necesaria (2.000 millones de pesetas) para ejecutar la construcción. Tras cinco años de obras, el 21 de septiembre de 1992, el monarca saudí y Juan Carlos I de España inauguraron el edificio.”

Del artículo de la wikipedia Centro Cultural Islámico y Mezquita de Madrid.

LO QUE SOY SIN TI

Saberse aún juguete de dioses menores
a los que antaño ofrecí magníficos holocaustos.
Aguardar sentado el próximo combate
conociendo su habilidad para ignorar todas las defensas.
Pues la tentación soy yo:
tú me defines, pecado de mis entretelas;
forma de mi alma, vacío infinito del deseo;
sólo la gracia de un dios mayor puede truncar tus designios.
En el paso de las cuentas del Rosario pido la conversión de todas las afroditas.
Y dejo que un dios de luz torture al sátiro que mis entrañas anhelan ser.
Así me hiciste, para probarme;
para probarme lo que soy sin Ti.

'Apolo desollando a Marsias', de José de Ribera (1637)

‘Apolo desollando a Marsias’, de José de Ribera (1637)

EL AMOR ALTERA EL HÁBITAT DE LAS ABEJAS

Empieza a convertirse en amable tradición que José Luis me muestre un poema tras la misa dominical. Poema que también hoy me veo en la obligación de compartir con el hiperespacio.

En esta oportunidad, el dicho poema me refrescó una anécdota escuchada en la Taberna de ayer, cuando Fernando nos contó lo que les suele decir a sus alumnos: no sólo Dios es trinitario, también lo es el diablo; y sus tres personas son: Marx, Nietzsche y Freud.

El poema pertenece a la Historia de la Filosofía de Ibáñez Langlois, y dice así:

Un hombre camina por la luz de un jardín
corta una flor de luz y la ofrece a una mujer
la mujer y la flor son muy hermosas
los científicos observan ocultos en el follaje
sus pensamientos zumban bajo el sol
para las ciencias ocultas no cabe ni la menor duda
es un truco burgués muy conocido dice el marxista
las flores ya se sabe retardan la revolución
ese lírico gesto transfiere a lo irreal
una contradicción no resuelta en la infraestructura
en el régimen de propiedad privada de la luz del jardín
para el psicoanalista en cambio es un Edipo vaya
sí un Edipo señores por donde se lo mire
lo que la flor sublima es el destete
lo que la flor actúa es la muerte del señor padre
el sabio estructural ejem dice yo voy más lejos
pues todo lo que hemos visto es puro lenguaje
aquí el texto de La bella durmiente ha conversado
por el morfema flor con el capítulo 2º del Génesis
a través de una pareja que en el fondo no existe
sino en estado de pura significación
el ecólogo el verde aclara esto es un crimen
esa flor nunca jamás debió ser cortada
el amor altera el hábitat de las abejas
el teósofo parapsicólogo susurra la flor no existe
por el jardín sólo ha pasado el Pensamiento puro
el jardín y el amor son las dos caras del Pensamiento
la Eternidad emigra por la flor hacia Sí mismísima
silencio y entretanto el hombre dice amor mío
yo no pretendo decir nada especial pero mira aquí tienes
una flor que se parece extrañamente a ti
la mujer dice gracias más con los ojos que con la voz
los científicos ocultos desaparecen en el follaje
ah las ciencias ocultas del siglo XX
ah los ojos astutos que acechan en la espesura
del bosque que no existe sino en el amor.

En Oficio, antología seleccionada y prologada por Enrique García-Máiquez; Cuadernos de Poesía Númenor, 2006; pgs. 157-158.

'Idilio', de William-Adolphe Bouguereau (1851)

‘Idilio’, de William-Adolphe Bouguereau (1851)

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