El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: EL ENEMIGO

VIVA EL LENIN ESPAÑOL

“En el mes siguiente [agosto 1933], los principales líderes socialistas tuvieron la oportunidad de definir sus preferencias políticas en los discursos pronunciados en la escuela de verano de las Juventudes Socialistas en Torrelodones. En primer lugar intervino Besteiro y fue recibido con frialdad. En julio había señalado la responsabilidad de los socialistas italianos y alemanes al provocar que la burguesía de sus respectivos países se inclinara hacia el fascismo debido al uso prematuro del poder socialista, aunque en Alemania esto hubiera revestido la forma de participación en el gobierno parlamentario. Todavía peor, la introducción de un régimen socialista en España a través de la dictadura y la violencia de tipo bolchevique desembocaría simplemente en un baño de sangre, la República más sanguinaria que se ha conocido en la historia contemporánea. Besteiro, como Casandra, estuvo extrañamente acertado en sus predicciones, siendo la suya una visión correcta de la situación que se desarrollaría en la zona republicana durante los seis primeros meses de la Guerra Civil en 1936, donde la proporción de ejecuciones políticas superaría con mucho las llevadas a cabo por los bolcheviques durante la guerra civil rusa. En Torrelodones, una vez más, advirtió de la locura del extremismo, cuyos resultados diferirían bastante de los que sus partidarios imaginaban: Si un estado mayor envía su ejército al combate en condiciones desfavorables, se hace totalmente responsable de la consiguiente derrota y desmoralización, y añadió que a menudo es más revolucionario resistir a la locura colectiva que dejarse arrastrar por ella.

Prieto resultó mucho menos provocador, pero también advirtió de la existencia de límites definidos a lo que el socialismo español podía lograr dado su nivel de desarrollo y las cambiantes relaciones entre las fuerzas políticas tanto en Europa como en España. Destacó la falacia de las comparaciones fáciles que el ala izquierda del movimiento había establecido entre la Rusia de 1917 y la España de 1933. En Rusia, las instituciones clave ya se habían derrumbado con anterioridad a la toma comunista del poder, mientras que en España, el gobierno, la Iglesia y las Fuerzas Armadas permanecían intactas y la burguesía era más fuerte.

Desde finales de 1932 Largo había sido cada vez más consciente de la radicalización del sentimiento obrero, pero en su alocución de Torrelodones defendió de nuevo la participación en el gobierno, a la que denominó marxismo ortodoxo. Se refirió a una carta de Engels a Kautsky, fechada en 1875, en la que el primero destacaba que una república democrática era la forma específica que conduciría a la dictadura del proletariado. Yo mismo he tenido siempre fama de hombre conservador y reformista. Han confundido las cosas, declaró, subrayando que hoy estoy convencido de que es imposible llevar a cabo una tarea socialista dentro de una democracia burguesa, y añadió: Vamos a suponer que llega el momento de intentar la instauración de nuestro régimen. No sólo fuera de nuestras filas, sino en ellas mismas, hay quien teme fuera preciso instaurar una dictadura. Si esto ocurre, ¿cuál sería nuestra situación? Porque nosotros no podemos renunciar ni podemos realizar acto alguno que tienda a impedir el logro de esta aspiración.

Volvió a citar a Marx en el sentido de que la definitiva transición hacia el socialismo no podría producirse por medios distintos a la dictadura del proletariado. Respecto al único modelo existente, la Unión Soviética, declaró que pese a no simpatizar con su política exterior estaba plenamente de acuerdo con su política interna y todo ello en el momento álgido de la campaña genocida contra el campesinado soviético, lo cual revelaba que, probablemente, Largo ignoraba en gran medida de qué estaba hablando. El viejo líder sindicalista había entrado en aguas políticas profundas que sus facultades mentales y emocionales no le permitían navegar, pero contó a los jóvenes militantes lo que deseaban oír y se supone que, en ese momento, se escucharon los primeros gritos de ¡Viva el Lenin español!.”

El colapso de la República, de Stanley G. Payne; La Esfera de los Libros, 2005; pgs. 63-65.

EL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL Y LA SEPARACIÓN DE PODERES EN ESPAÑA

La Constitución Española, en el tercer apartado del artículo 122, dice:

El Consejo General del Poder Judicial estará integrado por el Presidente del Tribunal Supremo, que lo presidirá, y por veinte miembros nombrados por el Rey por un período de cinco años. De éstos, doce entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, en los términos que establezca la ley orgánica; cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados, y cuatro a propuesta del Senado, elegidos en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros, entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión.

De esta redacción, se sobreentendía que Congreso y Senado sólo podían elegir a 8 de los 20 vocales, dejando a la mayoría (12) fuera del alcance de los partidos políticos. Era una forma de proteger la separación de poderes de la democracia española.

Y así lo entendió el primer gobierno democrático surgido de las urnas, como bien explicaban Santiago Sánchez y Pilar Mellado en su libro Organización del estado central y justicia constitucional (Centro de Estudios Ramón Areces, 2004; pgs. 226-228):

 

“La primera LOPJ [Ley Orgánica del Poder Judicial] postconstitucional, de 10 de enero de 1980, estableció el siguiente sistema:

Los 12 vocales serán elegidos entre Jueces y Magistrados pertenecientes a todas las categorías judiciales. Integrarán el Consejo 3 Magistrados del Tribunal Supremo, 6 Magistrados y 3 Jueces (art. 8). Los Vocales serán elegidos por todos los Jueces y Magistrados que se encuentren en servicio activo (art. 12).

La elección se llevará a cabo mediante voto personal, igual, directo y secreto. La circunscripción electoral será única para todo el territorio nacional (art. 13).

Las candidaturas habrán de ser completas, con un candidato titular y un suplente para todos los puestos a cubrir en cada elección. Las candidaturas serán siempre abiertas, pudiendo cada elector combinar nombres dentro de cada categoría, procedentes de candidaturas distintas. Las candidaturas habrán de estar avaladas por un 10% de los electores, que comprenda, a su vez, un 5% al menos, de cada categoría o por una asociación válidamente constituida. El sistema electoral será el mayoritario corregido para permitir la representación de un sector minoritario (art. 14).”

 

Poco duró, sin embargo, este mínimo respeto a Montesquieu, como nos siguen explicando los autores:

 

“El sistema cambió al producirse la victoria abrumadora del PSOE en las elecciones generales de 1982, que dio paso a diversas reformas legislativas varias y, entre ellas, la de la justicia. Reforma que, por lo que concierne al tema objeto de nuestro estudio, no fue más allá de tratar de asegurar un cierto control político de la misma justicia. Con ese fin, el PSOE, que había logrado una nutridísima representación parlamentaria, decidió atribuir también a las Cortes la elección de los Vocales de origen judicial. La (nueva) Ley -6/1985- rezaba su Exposición de Motivos, informada por un principio democrático, partiendo de la base de que se trata del órgano de gobierno de un poder del Estado, recordando que todos los poderes del Estado emanan del pueblo y en atención al carácter de representantes del pueblo soberano que ostentan las Cortes Generales, atribuye a éstas la elección de dichos miembros de procedencia judicial del Consejo General. Y, añadía, la exigencia de una muy cualificada mayoría de 3 quintos garantiza […] la convergencia de fuerzas diversas y evita la conformación de un Consejo General que responda a una mayoría parlamentaria concreta y coyuntural.

La oposición interpuso recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica 6/1985 y el Tribunal Constitucional lo desestimó, no sin advertir del riesgo de frustrar la finalidad señalada en la Norma Fundamental, si las Cámaras, a la hora de efectuar sus propuestas, (atendieran) sólo a la división de fuerzas existentes en su propio seno y (distribuyeran) los puestos a cubrir entre los distintos partidos, en proporción a la fuerza parlamentaria de éstos (STC 108/1986, fundamento jurídico 12).

Cuando el PP alcanzó el poder con una mayoría holgada en el año 2000, (183 diputados en el Congreso), volvió a cambiar el procedimiento de elección de los Vocales del Consejo de procedencia judicial, aunque en esta ocasión se pactó una solución intermedia, que en apariencia satisfizo a los dos partidos mayoritarios, y que es la que actualmente está en vigor.”

 

Posteriormente, la Ley Orgánica 4/2013 volvería a modificar la estructura del Consejo General del Poder Judicial, pero sin afectar apenas a la elección de los vocales, que sigue estando en manos, básicamente, de los partidos políticos con mayor presencia en las Cortes Generales.

Fue por tanto el ansia de control de los poderes del estado del PSOE de Felipe González la que provocó esa interpretación torticera de nuestra carta magna, avalada por la vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional de 1986.

Y ningún gobierno posterior ha hecho el más mínimo intento de volver a la letra de la Constitución. Lo que ha llevado a creer a más de uno, por lo que estoy leyendo en las últimas horas, que es anticonstitucional bloquear la renovación del CGPJ. Como si la Constitución defendiese el derecho de los partidos políticos a turnarse en la elección de todos los vocales del Consejo, dependiendo de quién ocupe el poder en cada momento.

Pero no. La Constitución Española, en este tema, fue escrita con otra intención.

Con la intención de mantener el Poder Judicial independiente de los vaivenes de la política de partidos.

Todos aquellos que ahora se rasgan hipócritamente las vestiduras en defensa de la democracia, con el ánimo evidente de exigir su turno de controlar el Poder Judicial (o de mantener el control que ya poseen), son el auténtico peligro para nuestro régimen de libertades.

Sabemos que sólo el afán de poder les mueve, no el respeto a un estado de derecho donde se estructure adecuadamente la tan necesaria separación de poderes.

Lo realmente preocupante es que esos hipócritas parecen ser la inmensa mayoría de la población española.

Que Deus nos teña no seu colo.

GRANDES MOMENTOS DE LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES

“La larga secuencia de contactos personales culminaría con Ahmadinejad besando el féretro de Chávez, y abriendo la caja de Pandora porque la desconsolada madre se echó en sus brazos. Tocar a una mujer que no sea familiar de primer grado está prohibido en cualquier circunstancia, sea dar la mano o tocar la mejilla, recordó el ayatolá Muhammad Taqi Rahbar, que lidera la plegaria del viernes en Isfahán, y ni siquiera se justifica en el caso de una mujer mayor, por contrariar la dignidad del presidente de la República Islámica de Irán…”

Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad, de Antonio Escohotado (vol. III); La Emboscadura, 2018; pg. 617.

SEMÁNTICA DEL ACANTILADO

“La idea del paraíso comprende algo más que el ‘lugar previo de estabilidad’. Es, de hecho, todos los lugares previos de estabilidad, concatenados en una representación simple. Todo lugar previo de estabilidad se convierte, así, en orden como tal, perfectamente equilibrado con potencial: se vuelve existencia sin sufrimiento, en Edén o Paraíso, en el ‘jardín tapiado de las delicias’ (en hebreo, edén significa ‘delicia’, ‘lugar de delicias’… Nuestra propia palabra, paraíso, que deriva del persa pairi (alrededor) y daeza (muro, tapia), significa exactamente un recinto cerrado. Así pues, al parecer, el Edén es el jardín tapiado de la delicia). El paraíso es el lugar en el que la perfecta armonía del orden y el caos elimina el sufrimiento al tiempo que satisface las necesidades y placeres de la vida sin trabajo ni esfuerzo. El caos y el orden están integrados perfectamente en el estado paradisíaco.

Por tanto, el paraíso también participa del estado del ‘cosmos’ antes de su división en los elementos, siempre en guerra, constitutivos de la experiencia. Esa condición o estado urobórico, conceptualizado como una manera de ser que está libre o más allá de la oposición, también es necesariamente ese lugar o estado del ser en el que el sufrimiento -como consecuencia de limitación o de oposición- no existe. Esa forma de representación simbólica parece algo paradójica, pues es el ‘dragón del caos’ el que genera la ansiedad temible cuando se manifiesta inesperademente. Sin embargo, el contexto determina la prominencia -determina el significado- en la mitología también, como en cualquier parte. Las condiciones de la experiencia, es decir, el equilibrio obtenido por las fuerzas del orden, el caos y la consciencia, parecen no con poca frecuencia como intolerables en y por sí mismas (en un estado de ansiedad y dolor caracterizado por una tristeza o una depresión severas, por ejemplo). Desde esa perspectiva, el estado del no-ser (equivalente a la identificación con el caos precosmogónico) es la ausencia de toda posibilidad de sufrimiento. En el estado de ideación que caracteriza el suicidio, por ejemplo, la Gran Madre llama. Un alumno mío, que había pasado por una crisis de identidad bastante severa, me contó la historia siguiente:

Me fui de viaje hasta el mar. Detrás de la playa había unos acantilados. Estaba de pie sobre uno de ellos, mirando las aguas. Mi estado mental era depresivo. Fijé la vista en el horizonte. Vi la figura de una mujer hermosa en las nubes. Gesticulaba para que me acercara. Estuve a punto de caer por el precipicio. De pronto salí de mi ensoñación.

Mi mujer me relató algo parecido. Cuando estaba en su última adolescencia y se sentía algo inestable, se fue a acampar en el margen de un río profundo, cerca de su ciudad. Pasó la noche en un repecho que daba a la pronunciada pendiente. A la mañana siguiente, la niebla se elevó desde el río y fue cubriendo todo el valle. Ella se acercó hasta el borde del repecho.

Veía las nubes más abajo. Parecían una almohada grande y mullida. Me imaginé zambulléndome en ellas, donde estaría abrigada y cómoda. Pero una parte de mí sabía que no.

El estado de no-existencia -el estado anterior a la apertura de la caja de Pandora- puede parecer, en muchas condiciones, un estado digno de ser (re)alcanzado.”

Mapas de sentidos. La arquitectura de la creencia, de Jordan B. Peterson; Ariel, 2020; pgs. 465-466.

NO ERA UNA MODERNA ABSOLUTA

Yo era feliz, nunca había sido tan feliz y nunca volvería a serlo tanto; sin embargo, no olvidaba en ningún momento el carácter efímero de la situación. Camille solo estaba de prácticas en la DRAF, inevitablemente tendría que marcharse a finales de enero para reanudar sus estudios en Maisons-Alfort. ¿Inevitablemente? Podría haberle propuesto que dejara sus estudios, que se convirtiera en ama de casa, o sea, que fuese mi mujer, y con la distancia cuando pienso en ello (y pienso en ello continuamente), creo que ella hubiera dicho que sí, sobre todo después de la granja industrial de gallinas. Pero no lo hice y sin duda no podía hacerlo, no había sido formateado para una propuesta semejante, no formaba parte de mi software, yo era un moderno y para mí, como para todos mis contemporáneos, la carrera profesional de las mujeres era algo que debía respetarse ante todo, era el criterio absoluto, la superación de la barbarie, la salida de la Edad Media. Al mismo tiempo yo no era un moderno absoluto, puesto que había podido, al menos durante unos segundos, pensar en eludir este imperativo, pero una vez más no hice nada, no dije nada, dejé que los acontecimientos siguieran su curso, a pesar de que en el fondo no tenía la menor confianza en aquel regreso a París; París, como todas las ciudades, estaba hecha para engendrar soledad, y no habíamos pasado suficiente tiempo juntos en aquella casa, un hombre y una mujer, solos y frente a frente, durante algunos meses habíamos sido el uno para el otro el mundo entero, ¿conseguiríamos mantener eso? Ya no lo sé, ahora soy viejo, no consigo recordarlo bien pero me parece que ya tenía miedo, y que había comprendido, ya en aquella época, que el entorno social era una máquina de destrucción del amor.

Serotonina, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2019; pgs. 140-141.

Escolio:

sin duda el miedo; y ésta es una historia de seres jóvenes. Pero, ¿y aquéllos que ya portan varias vidas sobre la espalda? Su miedo se ha incrementado de forma geométrica, los dolores sufridos los ha convertido en animales condicionados por descargas eléctricas.

Y la electricidad destruye sus cuerpos en el mismo momento en que sus almas se atreven a rememorar sus aspiraciones y deseos más profundos.

Impidiendo precisamente aquello que hace posible la auténtica felicidad: la valentía para arriesgar nuevos dolores, para superar las adversidades que se interponen en el camino hacia lo deseado.

Y nadie se puede engañar eternamente sobre su propia cobardía e impotencia, sin que su cuerpo -materia de su alma- enferme.

Seres ya condenados a la infelicidad y a la tristeza.

Sucesivos amores fracasados los ha hecho desconfiados para siempre.

Mas, ¿cómo amar
sin confiar?

ESTABLOS PECAMINOSOS

Por encima de cualquier otra cosa, me sorprende el hecho de que consideren sus acciones publicitables, compartibles.

Es decir, son incapaces de sentir vergüenza ante el mal perpetrado.

Y es lo que más me perturba: la estúpida ignorancia de su maldad. La formidable nada a la que reducen a un ser humano extremadamente débil.

Están absolutamente perdidas, en este momento de sus vidas.

Me sosiega algo la respuesta indignada de la sociedad telemática.

Pero no mucho, la verdad.

Esa anciana en la más solitaria de las soledades. Esas jóvenes mujeres tan patéticamente sumergidas en el mal.

Residencias de ancianos, establos pecaminosos. Solución aceptable, bien lo sé, incluso para esos indignados telématas.

Poco sufrimos, para lo que merecemos.

INFATUATION

El recuerdo de un amor que las circunstancias hicieron imposible produce una melancolía cuya belleza e intensidad dependen precisamente de su incumplimiento.

Que la vida no haya podido hacer su trabajo de desgaste sobre tales sentimientos y pasiones permite a éstos modelar una fantasía repleta de promesas cuya posibilidad nadie puede negar.

Que nadie, tampoco, puede confirmar.

Las circunstancias, además, a veces no son más que meras decisiones tomadas por nosotros mismos. Que enseguida nuestra memoria transforma en crueles engaños del destino.

Esa melancolía aprovecha las pequeñas heridas de la cotidianidad para lacerar el alma de forma desmesurada; como demonio que es, pretende engañar al ser humano mintiéndole sobre la realidad de su existencia, prometiéndole lejos de sus responsabilidades presentes una felicidad armoniosa e imperecedera -más propia de jardines edénicos-.

Que llamemos amor a aquella cosa, que ni siquiera ha probado su capacidad de convertirse en rutina y soportar el paso del tiempo, dice ya poco de nuestras propias convicciones.

Confundiendo pasión y amor, nos reconocemos compartiendo uno de los más graves errores modernos.

UN BOTE DE PASTILLAS AZULES

Creo que aún no tengo veinte años y estoy en el baño, mirando fijamente un bote de pastillas azules que me devuelve la mirada.

Es un bote de diazepam, si mal no recuerdo, prescrito por el psiquiatra de la Seguridad Social a cuya consulta había acudido.

Llevaba unos días sintiendo un extraño nerviosismo, ubicado en la boca del estómago, que no tenía relación alguna con ninguna causa concreta. Estaba nervioso, todo el tiempo, sin saber por qué. Cosa que nunca me había ocurrido.

El doctor de cabecera me mandó al especialista en psiquiatría. En algún momento de la consulta, el psiquiatra me preguntó qué estudiaba. Filosofía, en la Complutense, respondí. Aquello le encantó, pues le daba pie para hablarme de los Diálogos de Platón, que le gustaban mucho; creo que su favorito era El Banquete.

Sin solución de continuidad, el psiquiatra empezó a escribir en un recetario. Me dio el papel, con la dosis prescrita de diazepam. Y ahí acabó todo. Ningún análisis del posible origen de aquel nerviosismo raro. Soma y nada más.

Aquello no me cuadraba. No sé si ya había ido a clase con Fuentes y había empezado a desarrollar mi desconfianza hacia la Psicología y la Psiquiatría. No sé si había leído ya la Historia general de las drogas de Antonio Escohotado, que me hizo entender lo voluble, arbitraria y, en no pocas ocasiones, irracional que puede llegar a ser la artificial línea de separación entre drogas legales e ilegales.

No sé cuál fue la razón, exactamente. Pero decidí no tomar esas pastillas azules y quedarme con mis nervios raros.

Un compañero de la Facultad me dijo que él también sentía algo parecido y se había acabado acostumbrando a vivir con ello. Pensé que quizá yo también podía hacer lo mismo.

Finalmente, le di el bote de pastillas azules a un amigo, que me lo pidió tras saber que yo no iba a hacer uso de él; amigo al que le encantaba experimentar con todo tipo de drogas.

Y al que tuve que visitar varias veces, durante los años siguientes, en diversos pabellones psiquiátricos. Un amigo cuya amistad fui incapaz de mantener, porque se había transformado en Gollum, y yo ya no daba más de mí.

Experiencia que tampoco ayudó a mejorar mi opinión sobre el entramado farmacéutico-psiquiátrico actual.

Hoy ha vuelto el bote de pastillas azules por mor del vídeo que os comparto más abajo, en el que hemos podido ver otra vez al bueno de Jordan Peterson, aún en proceso de recuperación de su adicción a las benzodiacepinas.

Parece que empieza a ver la luz al final del túnel. De lo cual me alegro sobremanera.

Y también me ha hecho sentirme agradecido. Porque, a estas alturas de la vida, parece que uno siempre está pensando en el tiempo perdido y en los errores cometidos.

Pero recordar el bote de pastillas azules me ha hecho pensar otra vez en aquella decisión. Que apenas puedo llamar así, pues fue más bien una intuición; la cual me hizo sospechar de ese camino tan fácil para superar aquella molestia que no acababa de entender.

Un regalo de Dios, sin duda alguna, aquella intuición.

APUNTE SOBRE EL RETORNO DE LOS DIOSES

Un dios era un resumen de experiencias milenarias. Una voluntad extraña que se podía apoderar de los actos y pasiones de los mortales. La realidad de estos dioses, y la pequeñez de la voluntad humana frente a ellos, es una constante en la historia de las civilizaciones.

La reacción -a escala mitológica- ante el poder de los dioses, supone la aparición de un nuevo tipo de religiones: el monoteísmo occidental (el no-sacrificio de Isaac), el budismo oriental. En Occidente, los dioses son rebautizados como demonios, contra los que se da un combate eterno. El mortal ha percibido (o ha querido percibir) un orden superior al de los dioses y pone en él sus esperanzas, sus actos y sus devociones. Ese orden superior conlleva una disciplina de las almas (Aristóteles vs. Platón), que es la única forma de liberarse de la acción de los dioses/demonios.

Estos dioses/demonios son la sustantivación mítica de las determinaciones -límites- fundamentales en toda comunidad humana: físicas, químicas, biológicas, etológicas… todas aquellas que han ido conformando el proceso de antropogénesis y, posteriormente, el trato dentro de, y entre, las comunidades humanas.

Las civilizaciones post-politeístas están estructuradas para generar individuos con la capacidad de generar actos voluntarios liberados, en la máxima medida posible, de la acción de los dioses/demonios.

Su estructura trágica fundamental radica entonces en que su mera idea implica la liberación del ser humano de todo aquello que lo determina como ser humano. Por ello, el éxito de tal liberación sólo puede acontecer fuera de este mundo (en otro mundo, en Occidente; en ningún mundo, en Oriente).

[excurso: la tragedia/contradicción fundamental de la salvación cristiana: la dramaticidad de la existencia humana como causa de todos los bienes y de todos los males; pero, si se elimina la dramaticidad, se elimina el mal, y también el bien; el bien ha de ser redefinido: como el éxtasis eterno de la contemplación de la belleza divina -Dante-; ejemplo: no vivir una vida “al modo terrestre” con el hijo aún niño que murió, sino compartir con su alma una eterna contemplación de la bella verdad oculta -y ya comprensible para el salvado- tras esa dolorosa muerte temprana]

Olvidado el momento histórico y la necesidad ontológica del combate contra los dioses/demonios, las sociedades modernas que pretenden liberarse de las disciplinas de las religiones bíblicas para lograr la autonomía de la voluntad individual, lo que en realidad logran es volver a dejar la voluntad individual bajo el poder de los dioses/demonios. Con la peculiaridad de que el individuo nuevamente sometido al albur de los dioses/demonios se cree libre, porque su nueva educación le hace ciego a los dioses/demonios; como un cuerpo que, empujándose a sí mismo en un espacio absoluto sin fricción, pudiese ir rápidamente a cualquier lugar sin ningún tipo de resistencia a su voluntad de movimiento. Pero esta falsa imagen es enseguida opuesta, en la existencia del individuo, por las determinaciones fundamentales de toda comunidad humana (las cuales, evidentemente, no se han evaporado): es decir, el individuo vuelve a toparse con los dioses/demonios sin ni siquiera saber de su presencia.

Sin artesanías conductuales [disciplinas, modales, maneras; disciplina > necesidad de rutinas > y su posterior elevación estético-sagrada a la categoría de “ritos”] a su disposición, cercenados en muchos casos los accesos a los conocimientos de las vías tradicionales de existencia, el individuo actual liberado recae en lo que él considera un caos de insoportable dolor, que le lleva a desesperar de su condición. Ese caos no es otra cosa que El Mundo (el imperio de dioses y demonios), en el cual se encuentra aún más perdido que el primer mono recién bajado del árbol; pues éste aún mantenía una cautela respetuosa -primariamente sagrada- ante lo desconocido, mientras el individuo actual se enfrenta al Mundo creyendo que nada ha de sorprenderle, que nada puede escapar al designio de su voluntad.

No alcanza por lo tanto, ni siquiera, la categoría de “salvaje”: ese primer mono sabía más que él.

ESTATUA ERGUIDA EN HOMENAJE A LA ADOLESCENCIA ETERNA

Mientras esperábamos el autobús que nos iba a llevar de vuelta a Marsella, tras nuestra declaración de no aptitud, aconteció un hecho que apenas merecería el apelativo de anécdota.

Uno de los aspirantes declarados no aptos, de oscurísima piel negra, muy enfadado, empezó a gritar acusando de racistas a los que habían decidido su no aptitud.

Desde donde yo estaba, la situación resultaba tragicómica: aquel aspirante rechazado llamando racistas a voz en grito al multicultural elenco de caporales (cada uno de un color distinto) que allí se encontraban, quienes observaban la escena divertidos.

La conclusión que uno sacaba en aquel momento era que la propia reacción del tipo explicaba su declaración de no aptitud. Básicamente, que no se aceptan desequilibrados en la Legión Extranjera.

A la luz de los últimos acontecimientos, la anécdota parece devenir signo de los tiempos.

Lo que en aquel momento no era más que una ridícula pérdida de papeles, ha resultado ser intuición fundamental de la mejor juventud para cambiar el mundo: ningún mal que me ocurre es culpa mía, cualquier cosa que me limita es de suyo injusta.

Exactamente así razona mi hija.

Que aún no tiene tres años.

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