El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Categoría: EL COLUMPIO ASESINO

SOTUTAKO LOREAK EZ DIRA USAINTZEN

Los vacíos que limitan las palabras:

oración muda
-silencio sacrificial-
súplica de sentido.

Que no sea yo el que hable.
Te lo ruego, que no sea yo el que hable.

 

EL CAMINO DEL HÉROE

Es de noche. El coche está parado, en medio de un aparcamiento casi vacío. Muy cerca de donde vivo ahora con Bea y mi hija.

-Es que yo deseo ser un héroe -le confieso a mi amigo, sentado a mi izquierda.

Él lo sabe. Y por eso me advierte del peligro de convertirme en carne de cañón de otros. De los dirigentes del partido político en el que militaba por aquel entonces, por ejemplo.

Creo que fue poco después de que me detuvieran en una manifestación. Quizá aún tuviera el ojo morado, tras recibir un porrazo por gritar, ya detenido, ¡Viva la lucha de la clase obrera!.

Me vienen a la cabeza estos recuerdos, mientras pienso en el artículo escrito por Leyre Iglesias. Que nos confirma, una vez más, que la violencia en Occidente no es causa directa de la exclusión social y la pobreza. Que puede surgir perfectamente en el seno de familias acomodadas. Que para comprender ciertos fenómenos es necesario atender a ciertos aspectos más profundos del alma humana.

En las escenas de combate nocturno que Cataluña nos está ofreciendo estos días yo contemplo una religiosidad desatada y desquiciada: cientos de jóvenes tratando de realizar sacrificios a sus dioses personales. Arriesgando la propia vida, la integridad de sus cuerpos, para cumplir con el sagrado éxtasis de ofrendarse a sí mismos a aquello que consideran más importante que sus propias existencias individuales. Éxtasis real como la adrenalina que se desata en tu cuerpo cuando esquivas el golpe de un policía, cuando soportas sin gemir sus intentos de producirte dolor. El éxtasis de desobedecer sus órdenes a pesar de las amenazas físicas ciertas.

Es el camino del héroe, arquetipo sobre el que tanto escribieron Jünger y Mishima. Que hace tan fácil entender que los hijos de padres perfectamente integrados en el sistema sean tan fácilmente atraídos por las promesas de épica y combate.

El acto estético definitivo: la entrega gratuita de la propia existencia a aquello que es principio y fin de nuestro mundo.

He ahí la estructura formal básica: vale lo mismo para el mártir cristiano y para el nacionalista catalán (o español o gallego o argentino o…).

Las diferencias, por lo tanto, estriban en los dioses adorados. Estamos, como siempre, ante una teomaquia. Un combate entre divinidades (las ideologías son meras creencias incapaces de aceptar su núcleo religioso).

Como los miembros de cualquier tribu prehistórica, que limitan el concepto de ser humano a los componentes de la propia tribu, los nacionalistas articulan la narrativa de sus existencias alrededor de los conceptos que estructuran su mundo; y su mundo, en este caso, se llama Cataluña. Más allá, sólo mora el caos.

Desde el punto de vista de un cristiano, en el que el mundo a tener en cuenta es el cosmos en su totalidad, la adoración de dios tan pequeño y limitado no puede ser considerada otra cosa que pura, simple e infantil idolatría.

Como ya comenté en una entrada anterior, llevo un tiempo reflexionando sobre el cambio que supone en la existencia humana el hecho de ser padre. El arquetipo del héroe parece tener una profunda conexión con la soltería y el celibato: entregado hasta la muerte a las exigencias de sus dioses, el héroe no puede estar limitado por otro tipo de responsabilidades o ataduras terrenas. Su vida ha de poder ser ofrendada en cualquier momento.

¿Por eso son solteros los nueve miembros de la Fellowship de Tolkien?

¿Por eso la princesa sólo se puede alcanzar tras matar al dragón?

La vida del héroe y la vida del padre parecen estar separadas por un abismo ontológico, aunque aparentemente se puedan presentar entremezcladas en la existencia de todo ser humano. Pero si el padre se ve obligado a marchar como soldado para defender a su patria, automáticamente ha de abandonar el hogar: son, pues, exigencias contradictorias, que sólo pueden ser resueltas en un plano metafísico, sacramental; en definitiva, misterioso.

Contradicciones capaces de agrietar incluso la unidad de Dios dentro de la teología católica, alejándola del monoteísmo reduccionista de judíos y musulmanes, haciendo necesaria la conceptualización de una diferencia entre dos planos: el del Padre y el del Hijo. El dador de vida y el que la entrega. Sellando ese abismo con un tercer elemento, misterioso, que mantiene la unidad divina a pesar de todo: el Espíritu Santo.

Siempre me ha dado mucho que pensar el final de El Señor de los Anillos. ¿Por qué se marcha Frodo, exactamente? ¿Por qué, como le dice Sam, no se queda a disfrutar de lo que su sacrificio ha logrado salvar?

Frodo parece sentir su existencia tras la derrota de Sauron como una anomalía. Se da una incomodidad metafísica en él, como si percibiese injusto e impío que él pudiese disfrutar de aquello que su entrega ha salvado: el héroe máximo no puede sobrevivir al sacrificio que ha reinstaurado el orden del universo. El auténtico héroe sabe que esas son las verdaderas reglas del juego humano.

Es como si Frodo se preguntase: ¿por qué pasa de mí este cáliz?

Es tras la derrota del dragón que la princesa puede ser desposada por el héroe. Que entonces deja de ser héroe, para ser rey. Patriarca.

Es tras la caída de Mordor que Aragorn se convierte en padre.

Como Sam.

Pero no es ése el camino del héroe máximo.

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Paseamos por el barrio. Yo voy delante, empujando el carro de la nena. Detrás de mí, Bea lleva de la mano a nuestra hija.

Pasamos al lado del aparcamiento, donde cada domingo hay mercado.

Mientras la nena se queda alucinada al descubrir un caracol, yo fijo la mirada en el centro de la explanada casi vacía, y recuerdo a aquel joven que yo era, confesándole a su amigo que deseaba ser un héroe.

TELÉMACO

En la foto salimos desenfocados, augurio de confusión y errancia.

Éramos niños y éramos como niños. Nos sabíamos predestinados, concebidos en la mente de Dios, ya desde la eternidad, hasta siempre. El uno para el otro.

No había dudas. Hasta que las hubo. Y fuimos expulsados (primera vez, de tantas) del Paraíso.

Nos reencontramos, muchas vidas después, en la cueva de nuestros fracasos. Alimañas apenas, desfigurados por las cicatrices.

Y desde el delirio de nuestras soledades nos aventuramos en los terrenos de la locura, persiguiendo una estrella desquiciada, eco cacofónico de nuestros dioses infantiles.

Y bajo la estrella encontramos un portal precioso e inmerecido. Decidimos refugiarnos allí. Y que fuera lo que Dios quisiera.

Y mil veces pienso, mientras la observo abrazada a nuestra hija, ¿y si aquel niño desenfocado hubiese sabido amar como un hombre? ¿Y si el hombre naciente hubiese sabido seguir creyendo como el niño moribundo?

Porque sigo creyendo, a pesar de la suciedad cometida, en morir a su lado. En que se muera a mi lado. En que seamos una sagrada familia. Para los nuestros. Para los que nos trajeron. Para la que trajimos. Para los que, Dios mediante, traigamos. Para siempre.

En embellecer nuestro pequeño portal, donde la estrella parece menos desquiciada, incipiente armonía reverberando desde nuestros dioses infantiles.

Para que esto se esté dando así, de esta manera, entonces… ¿fue todo necesario?

¿Realmente hacían falta nuestras odiseas?

Y lo más importante:
¿eres tú, Telémaco,
por fin?

TAMBIÉN ELLOS

También ellos rieron con cada nueva palabra que su hija de dos años aprendía a decir. También a ellos les sonrió el alma al verla correr, torpe, pero rebosante de alegría. También ellos lloraron de felicidad mientras su hija dormía tranquilamente sobre su pecho.

Ahora esperan sentados, frente a la Sala de Víctimas.

Él la abraza a ella, aunque ambos están muy lejos, en algún lugar de sus recuerdos donde quizá está la clave de la situación actual, o quizá no, o quién sabe; quizá aquello fue un error o no, está seguro de que fue un error, pero cómo no cometerlo. Que cómo hemos llegado a esto o cómo no íbamos a llegar a esto.

Su hija está ahí dentro y es lo más cerca que la han tenido en meses, porque ya no quiere estar con ellos.

Pero ellos sí están aquí. Esperando. Frente a la Sala de Víctimas.

Y entonces pasa él, escoltado por dos agentes, inflado producto de gimnasio y cocaína.

Y su hija está ahí dentro, sin querer saber de ellos, víctima de la ansiedad, la depresión, el alcohol, la marihuana, la cocaína. Víctima quizá también de ese inflado producto de gimnasio y farlopa.

Víctima de ella misma. Víctimaquizá, piensan ellos, de nosotros.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Hoy me gusta el viento.
Pienso en que hace mucho tiempo que no estoy en La Coruña. Me encanta La Coruña. Me gustaría pasear por La Coruña con mi pequeña familia.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Sólo la cruz ayuda a soportar el fracaso.
A veces ni siquiera la cruz ayuda a soportar el fracaso.
Lo cual es terrible, porque el fracaso es la verdad y la vida.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Las bellas flores que alguien ha puesto en ese lindo balcón de la plaza.
Le doy gracias a Dios por ese alguien
que ha puesto esas bellas flores
en ese lindo balcón de la plaza.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

MIS PERLAS ACUMULADAS

Han sido tantos
los errores
acumulados
que podría hacerme un collar.

Un collar de perlas
de grandes perlas premiadas.
Así son mis perlas.
Mis perlas acumuladas.

Sé que no
lo hice bien.
Ahora sé que mal
es lo mejor que lo puedo hacer.
No pretendo arreglar
el daño que está hecho ya.
Pero por favor
ábreme la puerta hoy.
Por favor
concédeme tregua hoy.

Intenté
militar en el amor.
Deserté.
Dices que me falta valor.
Una vez más
me engañé
por querer pasar
por animal de corral.

Por animal de corral.

Un animal
es lo que soy.

Animal
es lo que soy
con un enorme collar
de perlas acumuladas.

Animal
es lo que soy
con un enorme collar
de perlas acumuladas.

Estas son mis perlas
mi collar de perlas
mis perlas acumuladas.

 

Letra de la canción Perlas, del grupo El Columpio Asesino, incluida en su disco Diamantes (2011); escrita por los hermanos Álbaro y Raúl Arizaleta.

 

DENTRO DE UN PAR DE SEGUNDOS

José observaba los meandros del río desde lo alto del cañón, de pie junto al abismo. La brisa del atardecer daba vida a los faldones de su abrigo. A su espalda, Iván y Thomas se sentaban apoyando la espalda en el tronco de un inmenso roble.

Esperaban el regreso de Abraham y Lope, que habían ido a cazar.

-¿Cuál es la diferencia fundamental entre los cristianos de las Casas y los cristianos katejónicos? -preguntó Iván, que llevaba un rato con gesto abstraído.

El viejo Thomas levantó la cabeza del libro que estaba leyendo.

-Los cristianos katejónicos -respondió- creen que los hombres y sus comunidades políticas tienen la capacidad de retrasar el Apocalipsis; es decir, el Juicio Final.

Iván volvió a quedarse pensativo. José se dio la vuelta, miró por unos breves instantes al joven y al viejo, y volvió a dirigir la mirada hacia abajo, hasta las aguas del río, donde se ahogaban los últimos rayos de sol.

-¿Y por qué quieren retrasarlo? -volvió a preguntar Iván.

Thomas enarcó las cejas.

-Buena pregunta -dijo el viejo-. Es una cuestión de cantidad, supongo. Instaurando repúblicas cristianas, creen que incrementarán el número de almas que se podrán salvar. Los estados cristianos son el katejón. Retrasan la llegada del Anticristo. Retrasan el Juicio Final. Dicen.

-¿Piensas que están equivocados? -pregunta Iván.

-Pienso que es una forma torticera de recaer en el mesianismo, en buscar la construcción del paraíso en este mundo; su mala conciencia les obliga a buscar excusas para sus ansias de poder, haciendo caso omiso de la Tercera Tentación del Desierto.

-¿Cuándo crees tú que ocurrirá el Apocalipsis? -insistió Iván.

-Cuando Dios quiera -respondió Thomas-. Pero, sin ninguna duda, cuando yo muera. Y cuando tú mueras. Y cuando José muera.

Iván miró extrañado al teólogo.

-El fin de la Creación -continuó Thomas- será un suceso que, se nos ha dicho, conllevará el inicio del Juicio universal de todas las almas que han sido; ocurrirá, por lo tanto, en un momento temporal de la historia humana -el teólogo se detuvo un momento antes de continuar-. Pero, a nivel individual, lo único que nos separa del Juicio Final, es nuestra muerte. Así que el Juicio Final puede ser dentro de un millón de años y, al mismo tiempo…

-Dentro de un par de segundos -terminó José.

Que permanecía con la mirada fija en la oscuridad creciente en las profundidades del cañón, mientras el sol de invierno se dejaba morir tras las montañas.

Quod Vidimus

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