SACRIFICIO

…todo intento de restablecer la armonía en el mundo sólo puede tener éxito a partir de la renovación de la responsabilidad individual.
…sólo puede llamarse creyente a aquel que está dispuesto a sacrificarse.

Andréi Tarkovski

 

En esas habitaciones boreales sólo parecen habitar el frío y el vacío.
Pero la mirada,
que se desplaza del mismo modo por esos cuartos
en Offret y en Ordet,
está repleta de una presencia ardiente.

Se aviva un recuerdo. Soy niño y veo con los demás el “parte” de la noche, en mi casa ferrolana, que me parece estar llena de gente -quizá sea una visita de familiares-. La voz del telediario explica los efectos de una guerra nuclear. Son mediados los ochenta, más o menos la época en que Tarkovski rueda “Sacrificio”.
La descripción del apocalipsis me impresiona sobremanera: corro desde la sala hasta mi cercana habitación, me arrodillo ante la cama, y comienzo a llorar de forma histérica.
Y repito sin cesar, entre hipos: no quiero morir, no quiero morir…

Erbarme dich,
mein Gott, um meiner Zähren willen!
Schaue hier,
Herz und Auge weint vor dir
bitterlich.

Nadie me ve. Lloro solo.
Y eso es todo: la memoria se desdibuja si intento ir más allá.
Creo que conservo este recuerdo porque, por primera vez en mi vida, fui profundamente consciente de mi condición mortal.

Mientras tanto, hemos ido aprendiendo a vivir en el acantilado,
esperanzados y confiados,
regando
con la terquedad del rito
un árbol seco.

Sabedores
de que sólo nuestra sangre
lo hará florecer de nuevo.

29 de abril de 2014