El sosiego acantilado

non mea voluntas

Categoría: DOSTOYEVSKI

EL ÚLTIMO APUNTE

Nunca podemos contar con el que no se mira a sí mismo con mirada de entomólogo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 502.

“Por la mañana en el jardín, un alegre día de poco antes de primavera. El acónito florece alrededor del cenador y bajo el haya roja; el jazmín de invierno está marchito. El croco apenas saca sus primeras puntas. En el estanque dos cisnes, fochas y muchos patos, los verderones pican en el árbol de la vida.

Anoche fue la fiesta de la matanza en El león; por la noche sueños intranquilos, entre otros en compañía de Florence Gould. Frente a mí un noble elegantemente vestido; no pertenecía al sueño, sino que era palpable en la habitación. A lo mejor la intensa lectura de Dostoievski me vuelve susceptible ante tales apariciones.”

Último apunte de los diarios de Ernst Jünger, escrito en Wilflingen el 17 de marzo de 1996; el autor moriría casi dos años después, el 17 de febrero de 1998, cerca ya de cumplir los 103 años de vida; en Pasados los setenta V; Tusquets, 2015; pgs. 195-196.

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

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LA VENENOSA FICCIÓN DE CORMAC McCARTHY

[De la entrevista realizada por Richard B. Woodward, publicada el 19 de abril de 1992 en The New York Times; traducción propia]

[…] La novela depende para su vida de las novelas ya escritas. Su lista de los que él llama buenos escritores — Melville, Dostoyevski, Faulkner — excluye a cualquiera que no trate cuestiones de vida y muerte. Proust y Henry James no pasan el corte. No los entiendo, dice. Para mí, eso no es literatura. Hay un montón de escritores que me resulta extraño que sean considerados buenos.

[…] No existe la vida sin derramamiento de sangre, dice McCarthy filosóficamente. Creo que la idea de que la especie puede ser mejorada de alguna forma, de que todo el mundo podría vivir en armonía, es una idea realmente peligrosa. Los que creen tal cosa son los primeros en rendir sus almas, su libertad. Tu deseo de que las cosas sean así acabará haciendo de ti un esclavo y vaciando tu vida.

Obra de Andrew Wyeth

Obra de Andrew Wyeth

INDICADORES

¿Es cierto, príncipe, que usted dijo en cierta ocasión que el mundo será salvado por la ‘belleza’? ¡Señores -vociferó dirigiéndose a todos-, el príncipe asegura que la belleza salvará al mundo!

El idiota, de F. M. Dostoyevski; Alianza, 2003; vol. 2; pg. 543.

El objetivo de todo detective salvaje es hallar belleza. Porque el detective salvaje cree que donde hay belleza, hay bondad. Hay verdad. Hay salvación.

Porque cree tal cosa, el detective salvaje no puede evitar hacer uso de su dedo índice cada vez que Dios le regala un éxito en la búsqueda. El detective salvaje, en el fondo, desea ser un indicador.

No hay mayor placer que indicar a otros dónde cree uno haber descubierto belleza.

Y uno de las cosas más bellas que un detective salvaje puede encontrar es otro detective salvaje.

Elisenda me señaló uno de esos lugares, como tantas veces hace también en su blog, y yo os enseño lo que ella me enseñó.

Si descubrís algo bello y bueno en esta película, dadle las gracias a ella.

UN VISTAZO AL ANIMAL

…¿Un hombre? Usted no ha visto nunca un hombre de verdad. No sabe lo que es verse deseada por un hombre de verdad. Y agradézcale a su suerte que no lo ha sabido ni lo sabrá nunca, porque entonces se enteraría de lo que vale en realidad esa carita de mosca muerta, y todas las otras cosas de las que cree estar tan orgullosa y que sencillamente la dan miedo. Y si es lo suficientemente hombre para llamarla puta, usted dirá Sí Sí y se arrastrará desnuda por el polvo y por el fango para que se lo siga llamando…”

Santuario, de William Faulkner; Orbis, 1982; pgs. 66-67.

…Cape & Smith publicaron Santuario el 9 de febrero de 1931. Hubo desde el principio dos reacciones principales: horror ante la materia temática y admiración renuente por el vigor de la obra. En una crítica del Sun de Nueva York del día 13, titulada Una cámara de horrores, Edwin Seaver lo calificaba de uno de los libros más aterradores que he leído en mi vida. Y uno de los más extraordinarios. Dos días después, John Chamberlain decía en The New York Times Book Review que el libro lo había dejado exhausto. El comentario crítico se titulaba La sombra de Dostoievsky en el Sur profundo. (Nueve semanas después, cuando Bennett Cerf le escribió diciendo que quería ver obra suya en The Modern Library y le ofreció ejemplares de volúmenes de la serie, Faulkner contestó: Si me enviaras lo que tengas de Dostoievsky en la lista te lo agradecería mucho. He visto varias críticas de mis libros en las que se apreciaba una influencia de Dostoievsky. Nunca he leído a Dostoievsky, así que me gustaría echarle un vistazo al animal).

Faulkner. Una biografía, de Joseph Blotner; Destino, 1994; vol. I, pgs. 487-488.

'Sigillum', de Roberto Ferri (2013)

‘Sigillum’, de Roberto Ferri (2013)

LA MIRADA DEL ESCRITOR

“En los tiempos del leninismo y del estalinismo más terribles, las gentes que leían, clandestinamente, Demonios de Dostoievski se preguntaban: ¿Y cómo lo sabía? Quizás pensaban en una documentación histórico-social excepcional, o quizás en alguna especie de profetismo, adivinación, o talante visionario. Pero hay que responder que lo sabía sencillamente porque era escritor. Y, para aclarar esta afirmación, me gustaría recordar lo que escribe Henry James acerca de lo que podríamos llamar el misterioso o enigmático modo de configurarse una narración. Se lo leo; dice:

Recuerdo a una novelista inglesa, una mujer genial, quien me contó que la alabaron mucho la impresión que había sabido dar en sus relatos sobre la naturaleza y forma de vida de la juventud protestante francesa. La preguntaron dónde había aprendido tanto sobre estos seres recónditos, y ella se había congratulado de sus propias oportunidades. Estas oportunidades consistían en que una vez, en París, cuando subía por una escalera, había pasado frente a una puerta abierta, donde unos jóvenes protestantes, en la casa de un Pastor, estaban sentados alrededor de una mesa, una vez terminada la comida. De un vistazo captó el cuadro; sólo duró un momento, pero ese momento fue una experiencia. Había captado una impresión personal directa, y había formado su modelo… Estaba adornada con la facultad de recoger el ciento por uno, lo que para el artista es una fuente de energía mucho mayor que algo accidental como la residencia o la posición en la escala social. El poder de imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella.

Así funciona un escritor, realmente. Éstos fueron toda la documentación y el método para escribir y dar en el corazón del asunto. Y Dostoievski seguro que sólo tenía la conciencia de estar escribiendo una fábula sobre el mal que veía, que luego resultó profética, porque la mirada había sido profunda y por la parte de atrás, sencillamente, que es la que a veces se concede a un escritor. Y se le había concedido, verdaderamente.”

José Jiménez Lozano, en el prólogo a la antología de cuentos de Flannery O’Connor Un encuentro tardío con el enemigo; Encuentro, 2006; pgs. 19-20.

'Sunlight in a Cafeteria', de Edward Hopper (1958)

‘Sunlight in a Cafeteria’, de Edward Hopper (1958)

EL CERRO DE LOS LOCOS Y DE LAS BALAS

Una intempestiva brisa mañanera convierte en caricia el sol de mayo.

Abro los ojos y me dejo inundar de azul, que se cuela entre las ramas desde el hermoso cielo castellano.

Paso a posición de sentado en el banco de abdominales y fijo la mirada en el hombre que está regando. No es del ayuntamiento. Es uno de los locos por los que este cerro se llama como se llama. Riega y planta porque le da la gana. Para hacer más bello el cacho de mundo en el que le tocó vivir.

Me acerco a charlar. El hombre deja de remover el suelo con la azada y atiende educadamente a mis preguntas.

-Unos treinta años… Todo esto lo hemos plantado nosotros… También esos árboles de ahí, sí… Y ese romero, para hacer una barrera natural y evitar que se pierdan las pelotas con las que jugamos ahí…

Sonrío. Uno de mis sueños de vida es ver jugar a mis nietos y bisnietos bajo las ramas de los árboles que yo mismo he plantado. Va a ser difícil de cumplir ya. No tengo hijos y sólo he plantado un árbol. Mi limonero. El próximo 18 de junio cumple 9 años. Pero vive en una maceta. No da mucha sombra.

-¿Es usted de Madrid?

-Sí.

-Es decir, que su pasión por la jardinería no es porque venga de algún pueblo y lo eche de menos…

-No; es simple amor a la naturaleza.

Yo hago abdominales, que es otra forma de jugar, a la sombra de los árboles que estos hombres han plantado. En cierta forma, es como hablar con los abuelos de los que nunca disfruté. Me gusta la sensación.

-Lo del cerro de los locos era porque, cuando había sólo dos gimnasios en Madrid, muchos nos veníamos aquí para hacer ejercicio; y nos duchábamos en la fuente de ahí abajo. En invierno también. Y la gente nos veía empapados en la fuente, en pleno invierno, y nos decía que estábamos locos. De ahí viene.

-¿Y lo del cerro de las balas?

-Porque ahí abajo había un campo de tiro. Y como no había control, volaban las balas por aquí que no veas. Murió un torero que venía a la Dehesa a practicar, por una bala perdida de ésas…

La noticia me sorprende.

-Pensé que el nombre venía de cuando la Guerra Civil…

-Sí, mucha gente piensa eso.

-Porque por aquí pasaba la línea del frente, ¿no?

-Sí, se reforzó toda esta zona, porque pensaban que entrarían por donde la carretera de La Coruña…

-Pero al final entraron por ahí, ¿no? -señalo hacia Ciudad Universitaria.

-Sí… Y en la zona del Clínico estaban a tiros todos los días.

Nos quedamos callados, mirando hacia Moncloa. Hace unos días, durante una conversación sobre literatura española, alguien dijo que estaba harto de leer novelas sobre la Guerra Civil. Completamente de acuerdo. Pero añadí: y, sin embargo, la gran novela sobre la Guerra Civil está por escribir…

Eso pienso, sí. El ejemplo a seguir quizá sería Vida y destino de Grossman. El Tolstoi de Guerra y Paz. Y la profundidad psicológica de Dostoyevski o Roth. Mejor, de ambos. Novela coral, con gran cantidad de personajes. Los protagonistas, deberían encarnar las principales ideologías en lucha; pero el autor debería hacer el esfuerzo de tratar de hacer de todos ellos buenas personas, con buenas intenciones. Irán aprendiendo y desarrollando sus personalidades en las vicisitudes de la guerra, por supuesto, y conocerán el horror, la desilusión y el sacrificio; pero aquél debería de ser el punto de partida para hacer una gran novela sobre nuestra Guerra Civil.

Alguien me contó una anécdota, creo que real. No recuerdo bien los detalles, así como no recuerdo quién me la contó. Puede que la reconstruya mal, pero trataré de transmitir la misma sensación que me transmitió a mí cuando la escuché. Un extranjero visita una zona rural de España, poco después de la Guerra Civil. Se encuentra con un campesino. El extranjero se acerca a charlar, como yo me acerqué a charlar con el loco de la Dehesa. Le dice al campesino que es una tierra muy bella y que es una pena que haya corrido tanta sangre entre hermanos. En el fondo, dice el extranjero, una guerra así no vale la pena.

Entonces el campesino levanta la mirada y la clava en los ojos del extranjero.

-Aquí se luchó por el destino del mundo.

Sin decir más, el campesino se va. El extranjero se queda callado, no sabemos qué piensa exactamente. Como nosotros, no puede saber si el campesino ganó o perdió la guerra.

Su frase es como una oración por el honor de los muertos. De todos los muertos. Así debería ser la gran novela sobre la Guerra Civil española.

-¿Cómo se llama usted?

-Ángel.

Nos damos la mano.

-Yo, Xacinto.

-¿Jacinto?

-Sí, Jacinto.

Nos despedimos.

-Bueno, nos seguiremos viendo por aquí -me dice-. Porque tú vienes mucho por aquí, ¿no?

-Todo lo que puedo.

Cerro de los locos

TESIS

Era también febrero. Fue también viernes. Viernes 13, exactamente. De 2004.

Había ido con mi madre al médico a primera hora para que se hiciera unas pruebas, en compañía de mi madrina. Me sobró tiempo para llegar a la Facultad de Filosofía. Iba a asistir a una defensa de tesis doctoral.

En mi diario apunté un mes después, el 15 de marzo, que acababa de terminar de leer el Tolstoi o Dostoyevski. Fue esa tesis la que me dio a conocer a Steiner.

Siempre he sentido una inclinación natural hacia los detectives salvajes. Hacia los perseguidores de verdades. He tratado de acercarme a este tipo de personalidades. Pero suelen ser relaciones volátiles, siempre a punto de saltar por los aires. Las apuestas son altas en todo momento. A veces los caminos divergen; las verdades encontradas por unos y otros, resultan ser contradictorias. Los egos chocan y estallan.

He vivido, como Koestler, en una frenética cacería de absolutos. Las amistades eran medios para hallar y pulir verdades; herramientas que podían facilitar el descubrimiento del papel perfecto a interpretar.

No digo que sea una buena actitud; digo que era la mía. Probablemente lo sigue siendo, aunque algo sosegada por la experiencia.

La defensa fue prodigiosa. El doctorando ya era uno de los mejores rétores que he conocido. Dignísimo discípulo de su maestro. El desarrollo de la sesión había mutado a mis ojos: no era un tribunal poniendo en aprietos a un estudiante, sino un profesor de Filosofía dando una clase magistral a cinco señores de una cierta edad.

Pero el recuerdo más vivo de aquel día es otro. Una de las escenas más bellas que he contemplado en lo que llevo de peregrino en este mundo. Como dice mi diario: A imaxe do seu pai, nervoso -aquel remexer as maos, esas maos de arranxar oliveiras… Esas manos gigantescas, de trabajador. De emigrante a la gran capital, desde una provincia pre-moderna. De campesino de asfalto. Manos que se acariciaban recíprocamente, como queriendo marear los nervios, como buscando entretener la mirada que apenas se atrevía a fijarse en lo que ocurría. Pero cuando esa mirada se clavaba en su hijo y en los miembros del tribunal, se encendía un orgullo seco, profundo como la raíz de un olivo, sin emotividades superfluas.

El exceso de emoción ya lo ponía yo, que siempre he sido un llorica, al contemplar esa imagen de amor de un padre a su hijo.

Ese día, España valía la pena. España era, en ese momento, un país formidable. Un país en el que los hijos de los obreros, por su propio talento y esfuerzo, llegaban a ser doctores en Filosofía. Fue un día maravilloso.

Mañana, mi amigo hace su segunda defensa de tesis. También en febrero. También en viernes. Esta vez, en la Facultad de Sociología. Allí estaremos, Dios mediante.

Que Deus che teña no seu colo, Fernando.

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GENIALIDAD

“T. E. Lawrence colocó Moby Dick en un ranking junto a Los endemoniados Guerra y paz. Sin duda, uno puede añadir a éstos Billy BuddMardiBenito Cereno y otros. Esos libros angustiados en los que el hombre está abrumado, pero en los que se exalta la vida en cada página, son fuentes inagotables de fuerza y piedad. Encontramos en ellos insurrección y tolerancia, amor eterno e invencible, pasión por la belleza, un lenguaje del orden más elevado: en resumen, genialidad.”

Albert Camus

Cita obtenida en la biografía de Melville de Andrew Delbanco; Seix Barral, 2007; pg. XXII.

'Pescador remendando redes', de Abbott Handerson Thayer (1883)

‘Pescador remendando redes’, de Abbott Handerson Thayer (1883)

EL VERDADERO TALENTO

“El talento del escritor es indispensable para causar impresión. Se puede conocer el hecho, haberlo presenciado personalmente centenares de veces y, sin embargo, no haber recibido la misma impresión que otra persona mostrará ante el mismo hecho, pero que, a su modo, lo explicará con sus palabras, y le obligará a mirarlo con sus propios ojos. Por este influjo se reconoce el verdadero talento.”

Diario de un escritor, de Fiódor Dostoievski; Páginas de Espuma, 2010; pg. 139.

'El gran roble', de Andrew Wyeth

‘El gran roble’, de Andrew Wyeth

STRANNIK

“Un verano, en el mes de julio, nos apresurábamos a llegar al monasterio de la Virgen para una fiesta. Cuanto más nos acercábamos, más gentes se nos iban reuniendo, y nos encontramos por fin cerca de dos centenares, ansiosos todos por besar las santas y venerables reliquias de los dos grandes taumaturgos Anice y Gregorio. Pasamos la noche en un campo, y abrí los ojos muy de mañana, cuando todo el mundo dormía aún y ni siquiera el sol había salido todavía del bosque. Pues bien, hijo mío, levanté la cabeza, abracé con una mirada el horizonte y suspiré: ¡por todas partes una belleza inefable! Todo está tranquilo; el aire, ligero; la hierba brota, ¡brota, hierbecita del buen Dios!; el pajarito canta, ¡canta, pues, pajarito del buen Dios!; el niñito lloriquea sobre los brazos de su madre, ¡Dios te guarde, hombrecito, crece y sé dichoso! Y, quizá por primera vez en toda mi vida, encerré todo aquello en mí mismo… Me volví a acostar de nuevo, ¡y me dormí con un sueño tan ligero! ¡Se está bien aquí abajo, querido mío! Yo, si estuviese mejor, me pondría en camino desde que empieza la primavera. Tanto mejor que haya misterios. Es terrible para el corazón y es maravilloso, pero este miedo alegra el corazón: ¡Todo está en Ti, Señor, yo mismo estoy en Ti, recíbeme! No murmures, joven: lo más bello es ser misterio.”

El adolescente, de Fiodor Dostoyevski; Juventud, 2011; pgs. 406-407.

"Él no era esperado" (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)

“Él no era esperado” (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester